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Fase III. A partir de los 3 años los enunciados son notoriamente multifuncionales,

I. Vila (1999: 15) resume la teoría innatista de principios y parámetros:

4. Procesamiento de los datos: frecuencias, comparación, porcentajes, etc 5 Interpretación de los resultados.

2.6.4. Discurso y contexto

2.6.4.1. El contexto desde una perspectiva etnográfica

La atención preferente sobre la competencia lingüística, sobre las formas del lenguaje y la corrección, no tienen en consideración el papel del lenguaje en la realidad comunicativa. Se centran en el estudio del producto olvidando las características del proceso, de la situación, del discurso, de estudiar el texto en su contexto de uso. La atención al medio social y a los factores extralingüísticos se consideró, al menos teóricamente, como un hecho importante ya desde Saussure, pero con una mayor profundidad a partir de los trabajos en Inglaterra de los etnólogos Bronislaw Malinowski (1923, 1935) y John R. Firth (1957a y 1957b).

Bronislav Malinowski estudió las lenguas melanésicas desde una perspectiva etnológica y conductual. La lengua es una conducta con una función propia y autonomía, sin estar subordinada a la función de transmitir ideas o ser un simple reflejo de la realidad. Un detalle crucial es que observó la imposibilidad de la traducción textual de una a otra lengua, ya que es imprescindible considerar la situación o la cultura en que un texto es producido. En toda cultura hay palabras que generan actos: promesas, palabras rituales, fórmulas legales, etc. que solo pueden utilizarse en determinadas circunstancias. Todas las lenguas, no solo las de los pueblos primitivos, están determinadas por las necesidades e intereses de la sociedad, por lo que la lengua y sus expresiones concretas deben estudiarse e interpretarse en su contexto situacional. Estos conceptos serán desarrollados por Firth y la gramática sistémica de Halliday.

Firth, continuando las ideas de Malinowki, subrayó la necesidad de estudiar la semántica en el marco del contexto de la situación y los roles o las relaciones sociales: de forma que el significado requiere una visión global y depende no solo de la

estructura formal (la gramática, la morfología, el léxico, la fonología y la fonética) sino también de factores como el contexto social o la prosodia que no pueden obviarse a la hora de interpretar un enunciado. Firth sugirió la importancia de no confundir el mero contexto físico con aquel conjunto de categorías relevantes para la interpretación del texto. Para entender el sentido de un texto es preciso considerar varias dimensiones: los participantes (personas, personalidades y sus características, incluyendo su acción verbal y no verbal), los objetos y hechos (no verbales) que rodean a la situación y el efecto de la acción verbal.

Halliday continuó los trabajos de Firth, hablando de la “semiótica social, o necesidad de estudiar el lenguaje y el significado en su contexto de uso y considerando las funciones que desempeña desde el niño hasta el adulto (como ya hemos expuesto anteriormente, apdo. 2.3.1). Para Halliday, (1982; véase también Gimeno Menéndez, 1990: 236), la situación es un factor complejo que juega un papel fundamental de cara a seleccionar el tipo de discurso y las unidades lingüísticas apropiadas, lo que puede denominarse de forma genérica el registro lingüístico. La elección del registro apropiado al momento y la situación en el marco de la estructura semiótica de cada cultura forma parte de la competencia comunicativa. La combinación de tres factores situacionales determina la selección del uso lingüístico: campo, tenor y modo (Véase Casalmiglia y Tusón, 2002, 328 y ss.). El campo se refiere a la esfera de actividad y la temática tratada en la situación comunicativa. El registro será diferente, más o menos especializado, según el tema o en qué lugar o momento se utiliza un léxico, estructuras o enunciados diferentes (oficio, deporte, argot, vida profesional, etc.). El tenor incluye tres ámbitos: personal, interpersonal y funcional. El tenor personal afecta a la posición de cada persona: identidad, posición, implicación en el mensaje, etc. y las marcas lingüísticas que se producen en el discurso. Por ejemplo, se puede realizar un discurso muy personalizado y humano mediante pronombres personales, exclamaciones, etc. o uno despersonalizado mediante pasivas e impersonales. El tenor interpersonal se refiere a la relación entre los interlocutores, de forma que el lenguaje utilizado marca de alguna manera relaciones de distancia o proximidad y de jerarquía o solidaridad, así como el nivel de conocimiento compartido. Es importante el tratamiento social (señor,

don usted, tú, etc.) de forma que según la relación entre los comunicantes será más

pertinente seleccionar unas formas u otras. El tenor funcional se refiere al propósito o las intenciones comunicativas, a las funciones del lenguaje o a la intención discursiva:

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informar, dirigir la conducta de otros, entrar en contacto, narrar, argumentar, etc., que repercuten en la organización del texto y la elección de un tipo determinado. El modo se refiere a las diferentes formas de presentación del mensaje de manera que requieren la elección de un registro determinado: lenguaje oral y escrito, canales diversos (televisión, radio, teléfono, vídeo, papel, libro, revista, conferencia, etc.), comunicación auditiva, visual, directa o diferida, inmediata o aplazada, medios tecnológicos, etc. Cada situación requerirá una mayor o menor planificación, improvisación, espontaneidad, etc.

Con el norteamericano William Labov surge el interés por la variación lingüística, por los dialectos y sociolectos en las áreas urbanas de los Estados Unidos. Labov adopta una postura materialista y empirista (estudios de variación fonética, dialectológicos, sociolingüísticos, etc.), cada vez más distante de las posturas formalistas, idealistas y racionalistas defendidas por los generativistas. No obstante, estos planteamientos más próximos a la dimensión social y de uso real del lenguaje tuvieron un sesgo fuertemente cuantitativo, estudiando las frecuencias de uso de las unidades lingüísticas según diferencias sociales. Será el lingüista y antropólogo Dell Hymes, con la publicación en 1964 del libro Language in Culture and Society, el que planteará la necesidad de estudiar el lenguaje desde la perspectiva del uso en el marco del contexto social y cultural. Desde la perspectiva etnográfica, la comunicación se estudia como un todo en su contexto natural, se estudia el discurso en situación. El investigador describirá los modos de hablar, los repertorios verbales, los roles y los significados del lenguaje a partir de una observación y participación en cada grupo. La situación juega un papel primordial. La lengua es una parte fundamental de la cultura y realidad del grupo, es un

síntoma que nos permite inferir los valores y normas del grupo.

La etnografía de la comunicación supera el determinismo sociolingüístico-educativo de Bernstein (teoría de los códigos) y el análisis sociolingüístico estricto de Labov para alcanzar una visión más profunda y global, apegada al contexto social y cultural en que se produce la comunicación. Para Duranti (1992: 253) la etnografía del habla “estudia el uso del lenguaje tal y como se presenta en la vida cotidiana de una comunidad lingüística concreta”.

Desde la perspectiva de la etnografía de la comunicación educativa, se cuenta con el contexto en el mismo grado que con el mensaje y su forma. Se atiende a todos los

parámetros de la situación comunicativa. El investigador interviene en la situación de comunicación y recoge las aportaciones y opiniones de los miembros del grupo con la finalidad última de mejorar la comunicación dentro del grupo. Titone (1986: 125) recogía el interés educativo de la etnografía de la comunicación:

El análisis etnográfico permite identificar las causas de una comunicación deficitaria o inadecuada en los amplios espacios, no colmados de significado, que separan a enseñantes y alumnos y que podríamos definir como "vacíos culturales". Con la identificación de tales "vacíos" y de su carácter cultural y el ofrecimiento de los instrumentos conceptuales para llenarlos de significado, la etnografía de la comunicación agota, al menos por ahora, su función.

Duranti (1992: 256) plantea cuatro focos de interés para los etnógrafos del habla en el ámbito del lenguaje:

[…] (1) en el establecimiento, cuestionamiento y recreación de la identidad y las relaciones sociales por y a través del lenguaje; (2) en explicar, a uno mismo y a los demás, por qué el mundo es como es y qué se puede, o se debe, hacer para cambiarlo; (3) en la estructuración de los eventos comunicativos en un nivel tanto social como individual; (4) en la ruptura, o más frecuentemente el refuerzo, de las barreras físicas, políticas y culturales.