Fase III. A partir de los 3 años los enunciados son notoriamente multifuncionales,
I. Vila (1999: 15) resume la teoría innatista de principios y parámetros:
10. La sección de Educación y Cultura de la Comisión Europea en el documento El
Marco Europeo de Cualificaciones para el aprendizaje permanente (EQF-MEC),
(2009: 11) diferencia entre conocimientos, destrezas y competencias, y señala que los niveles de competencia de cara a la cualificación se basan en criterios de responsabilidad y autonomía. Concretamente, define la competencia como:
[…] demostrada capacidad para utilizar conocimientos, destrezas y habilidades personales, sociales y metodológicas, en situaciones de trabajo o estudio y en el desarrollo profesional y personal; en el Marco Europeo de Cualificaciones, las competencias se describen en términos de responsabilidad y autonomía.
Un análisis del contenido de las definiciones nos permite subrayar los siguientes rasgos conceptuales:
a) La competencia es compuesta, compleja y dinámica.
- Carácter multicomponencial. Las competencias tienen un carácter compuesto, son una suma o conjunto integrado por una gran variedad de elementos que influyen en la capacidad de actuación (poder actuar). Los componentes pueden ser en líneas generales:
i) Componentes innatos. Son aquellos rasgos o atributos de tipo constitucional genéticos, heredados y biológicos y desarrollados o modificados a través del tiempo, la evolución y el crecimiento personal (maduración) y las circunstancias ambientales. Pueden denominarse como cualidades, capacidades y aptitudes personales (aspecto e imagen, capacidades físicas, inteligencia general, inteligencias múltiples, memoria, atención, creatividad, carácter, etc.).
ii) Componentes adquiridos. Otros componentes, que se amalgaman con los anteriores, son adquiridos y aprendidos de manera formal o informal a lo largo
del crecimiento y los procesos de enseñanza-aprendizaje, dando lugar a la asimilación de conocimientos, destrezas, actitudes, etc.
iii) Saberes. La actuación competente incluye saberes conceptuales: conocimientos y técnicas; saberes procedimentales (saber hacer, saber actuar): habilidades y destrezas prácticas y cognitivas; y saberes sociopersonales (saber
ser, saber estar, saber convivir, querer actuar, etc.): actitudes y valores,
motivaciones, emociones, responsabilidades, autonomía, honestidad, etc.
- Carácter dinámico y complejo. Las competencias tienen un carácter complejo y dinámico, de manera que una actuación depende de la interacción e intervención simultánea de diversos elementos: cualidades, conocimientos, destrezas, actitudes, etc.
b) La competencia es identificable y educable
Las competencias deben ser identificadas, denominadas y descritas de manera explícita y consciente con el objetivo de conocer lo que necesitan las personas para comportarse en los diferentes roles y situaciones propias de la vida humana. La identificación precisa es imprescindible para desarrollar un proceso educativo: enseñar, aprender y evaluar las competencias de modo intencional, patente y sistemático.
c) La competencia es una posibilidad y una realidad, potencia y acto
- Carácter potencial. Las competencias están basadas en rasgos de carácter interno,
potencial, subyacentes en la persona, que permiten actuar de cierta forma (relación causa-efecto). Cada agente tiene unas cualidades concretas, unas capacidades o posibilidades personales de actuación, de “poder actuar”, que determinan que actúe según lo factible, lo que puede hacer una persona concreta: Una persona es
competente en la medida en que hace lo que puede hacer.
- Carácter real. La competencia implica aplicación de lo potencial en la realidad.
“No son los conocimientos en sí los que cuentan sino el uso que se hace de ellos” (Unidad Europea de Eurydice, 2002: 12). El sujeto es competente en la medida en que demuestra que es capaz de combinar, activar, aplicar y movilizar sus cualidades y saberes para “actuar” en la realidad, en situaciones auténticas, para realizar una tarea o resolver un problema. Así, Una persona es competente en la medida en que lo
Para ser competente es necesario poner en juego el repertorio de recursos. Saber, además, no es poseer, es utilizar.
(Aguado et al., 2008) El Real Decreto 797/1995 define competencia como la capacidad de aplicar conocimientos, destrezas y actitudes al desempeño de la ocupación de que se trate, incluyendo la capacidad de respuesta a problemas imprevistos, la autonomía, la flexibilidad, la colaboración con el entorno profesional y con la organización del trabajo.
(Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (1995; en Zabala y Arnau, 2007a: 33)
d) La competencia interviene en diferentes ámbitos y contextos
- Carácter diverso. Cada persona presenta diferentes competencias con diversos
niveles de desarrollo. La competencia puede utilizarse en diversidad de temas, áreas y sectores de la vida: competencias deportivas, manuales, comunicativas, matemáticas, musicales, etc. Una persona es competente en la medida en que
dispone de los saberes necesarios para actuar en un ámbito determinado.
- Carácter contextual y situado. La competencia se manifiesta en un contexto
determinado, en un entorno físico y sociocultural, en una situación concreta. El contexto y la situación limitan la capacidad de actuación, “lo posible”. Posada (2004) subraya en su definición de competencia el papel central del contexto: “El concepto de competencia es diverso, según el ángulo del cual se mire o el énfasis que se le otorgue a uno u otro elemento, pero el más generalizado y aceptado es el de “saber
hacer en un contexto”. El sujeto manifiesta su competencia al actuar si actúa con
arreglo a las características que presenta la situación: Una persona es competente en
la medida en que hace lo que puede hacerse.
- Carácter regulativo. La competencia requiere atender a las normas o reglas de la tarea y del contexto en que se desarrolla. La conducta ha de ajustarse al tipo de actividad que se realiza considerando normas de actuación de tipo social, ético, técnico, académico o laboral: debe ser correcta. Cada actividad tiene unas características determinadas, una complejidad, y unas pautas de acción conformadas socioculturalmente a lo largo del tiempo, que indican las formas de desenvolverse en la actividad (la conducta del experto) que explicitan la actuación oportuna, que limitan de entre todas las acciones posibles lo que debe hacerse, “lo ideal”. El grado en que el agente desarrolla la actuación con arreglo a las normas, modelos o pautas convencionales de la actividad para llegar al objetivo permite calificar la conducta
como correcta: Una persona es competente en la medida en que hace lo que hay que
hacer, en que hace lo correcto.
e) La competencia implica la actuación eficiente del sujeto
- Carácter activo y reactivo. Las competencias implican actuar ante determinadas
situaciones simples o complejas como la realización de una tarea, la atención a una necesidad interna o una demanda externa, la resolución de un problema, etc.
- Carácter bidireccional e interactivo. Las competencias incluyen la interacción de las personas con el medio físico y social, como realizadores o receptores de actuaciones, tanto en procesos activos en los que el agente opera sobre el medio (realizar tareas, resolver problemas, expresarse oralmente) como receptivos, en los que es principalmente el medio el que actúa sobre la persona (recibir información, leer, escuchar, callar, recibir un tratamiento terapéutico, etc. Siempre hay actuación aunque cambie el sentido de la interacción.
- Carácter productivo. Las competencias van dirigidas a un producto, a unos resultados. Se relacionan con una manifestación, intervención, desempeño o conducta externa y observable de carácter eficiente, eficaz, inteligente, adaptativa, adecuada, exitosa, etc. que permite obtener el objetivo propuesto. Una persona es
competente en la medida en que alcanza el objetivo de la actuación.
La competencia se pone de manifiesto mediante los resultados de una actuación. En la medida en que la actuación es inteligente, correcta y adecuada se habla de buen desempeño, de actuación apropiada, exitosa, idónea, eficaz, etc. Algunos autores lo indican explícitamente en su definición de competencias, entre otros:
[…] capacidad efectiva para llevar a cabo exitosamente una actividad laboral
plenamente identificada.
OIT (2004, recomendación 195 sobre el desarrollo de los recursos humanos ; Zabala y Arnau, 2007a: 33)
[…] la capacidad aprendida para realizar de manera adecuada una tarea, función o rol…
Carreras y Perrenoud (2005, en Palmer et al., 2009) […] las competencias son procesos complejos de desempeño con idoneidad en un determinado contexto, con responsabilidad.
Entendemos por competencia el buen desempeño en contextos diversos y auténticos…
Villa y Poblete (2007: 24) Este organismo define las competencias como “las capacidades, conocimientos y actitudes que permiten una participación eficaz en la vida política, económica, social y cultural de la sociedad.
Unidad Española de Eurydice-ClDE (2002; en Zabala y Arnau, 2007a: 38)
Las competencias laborales pueden ser definidas como un conjunto identificable y evaluable de capacidades que permiten desempeños satisfactorios en situaciones reales de trabajo, de acuerdo a los estándares históricos y tecnológicos vigentes.
Catalano et al. (2004)
f) La competencia tiene un carácter inteligente, intencional y reflexivo
La competencia se manifiesta por el establecimiento de las actuaciones necesarias con el objeto de lograr una meta, un objetivo (carácter finalista e intencional). Requiere en mayor o menor medida un proceso intelectual de observación y análisis de la situación y la tarea en el que, mediante la reflexión y el razonamiento, se realice un plan de actuación para alcanzar los objetivos y se tome una decisión sobre cómo actuar. Una persona es competente en la medida en que es consciente de la actuación que realiza, seleccionando los medios pertinentes para lograr el objetivo, piensa lo que hay que
hacer.
g) La competencia es relativa, se enmarca en una escala de valores
La actuación o la evaluación de la misma implican siempre una cosmovisión o escala
de valores desde la que se dispone de un criterio axiológico o un juicio ideológico, ético
o moral, latente o patente. Ello lleva a actuar o a evaluar la ejecución con arreglo a lo que se considera aceptable, válido o deseable, desde una tendencia o perspectiva concreta o subjetiva. Los valores son relevantes pues afectan al agente, la actividad y el contexto y facilitan o dificultan una evaluación positiva del comportamiento. Así, a menudo lo que para unas personas y organizaciones es una conducta inteligente, correcta y adecuada, poniendo de manifiesto la competencia, puede ser valorado de manera opuesta por otras. Piénsese, por ejemplo, en los juicios que pueden realizar diversos ciudadanos sobre la competencia de un político o los lectores sobre las competencias de un escritor. Obsérvese en las definiciones de competencia antes expuestas que algunas presentan connotaciones de neutralidad institucional, son muy “técnicas” (frías); otras son de tipo más mercantilista y centradas en los desempeños
laborales, y finalmente, otras, como la de Coll o la de Zabala y Arnáu, son más psicocéntricas y humanistas.
3.1.3. Componentes de las competencias
Elaborar el plano de un edificio, escribir una novela, dar una conferencia o experimentar una nueva vacuna para una enfermedad son actuaciones humanas que requieren competencias complejas y difíciles de adquirir. Otras actuaciones requieren competencias más accesibles: lavarse los dientes, comprar unas aspirinas en la farmacia o conducir un coche. Esto nos lleva a preguntarnos qué estructura o naturaleza tienen las competencias, cómo se forman, en qué se apoyan. La confusión en este aspecto es notable si observamos el repertorio léxico utilizado de manera sinónima: competencias, capacidades, conocimientos, destrezas, habilidades, aptitudes, cualidades, atributos, etc. Así, compartimos la idea de García-Sáiz (2011: 477): “Todo este batiburrillo conceptual y terminológico dificulta enormemente el necesario análisis y contraste de los diferentes modelos y programas propuestos, lo que, a su vez, impide un desarrollo coherente y contrastado del enfoque, y provoca una mala praxis.”
Muchas definiciones de competencia sustituyen la idea de “conocimiento” por el de “capacidad”, acentuando la dimensión de ejercicio de una habilidad en la práctica:
Una competencia es el desarrollo de una capacidad para el logro de un objetivo o resultado en un contexto dado, esto refiere a la capacidad de la persona para dominar tareas específicas que le permitan solucionar las problemáticas que le plantea la vida cotidiana.
(Romero, 2005: 11) Capacidad efectiva para llevar a cabo exitosamente una actividad laboral plenamente identificada.
(OIT, 2004; en Zabala y Arnau, 2007a: 33. (Recomendación 195 sobre el desarrollo de los recursos humanos)
Sea un conocimiento, una capacidad o ambas cosas, es relevante tener en cuenta que para poder actuar apropiadamente es preciso tener en cuenta un conjunto, suma, sistema o combinación de conocimientos y habilidades. Esta idea es recogida en muchas de las definiciones de competencia consultadas, por ejemplo:
[…] una combinación dinámica de atributos, en relación a conocimientos, habilidades, actitudes y responsabilidades, que describen los resultados del aprendizaje de un programa educativo o lo que los alumnos son capaces de demostrar al final de un proceso educativo.
Un sistema de conocimientos, conceptuales y de procedimientos, organizados en esquemas operacionales y que permiten, dentro de un grupo de situaciones, la identificación de tareas-problemas y su resolución por una acción eficaz.
(Tremblay, 1994; en Zabala y Arnau, 2007a: 35).
Para clarificar el concepto debemos tener en cuenta los componentes que encontramos en cualquier competencia. Como apunta acertadamente Gómez Gras (2006: 31), las competencias:
Ponen en práctica, de forma integrada, aptitudes, rasgos de personalidad y conocimientos adquiridos. Por tanto, las competencias representan un trazo de unión entre las características individuales y las cualidades requeridas para llevar a cabo misiones profesionales precisas
Si una persona debe actuar de forma apropiada, debe disponer de una serie de conocimientos tanto de carácter general como específicos del tema concreto en el que se desenvuelve, que le permitan superar con éxito las situaciones que debe afrontar. Compartimos plenamente la idea de Zabala y Arnau (2007: 40) de que:
La competencia ha de identificar aquello que necesita cualquier persona para dar respuesta a los problemas con los que se enfrentará a lo largo de su vida. Por tanto, competencia consistirá en la intervención eficaz en los diferentes ámbitos de la vida mediante acciones en las que se movilizan, al mismo tiempo y de manera interrelacionada, componentes actitudinales, procedimentales y conceptuales.
Para construir una competencia se integran las cualidades propias de la persona con diferentes tipos de conocimiento. Cualidades y saberes se determinan mutuamente. Podemos clasificar estos conocimientos o saberes (seguimos parcialmente a Coll, 1991) en tres categorías o saberes: saber declarativo, saber procedimental y saber actitudinal.