Parte II. Fundamentos teóricos para un modelo didáctico de la competencia de comunicación oral
2. Comunicación y lenguaje El discurso
2.3. Participantes y funciones: expresión y recepción
La comunicación tiene como objeto transferir información. La información tiene la finalidad de representar o dar forma a la realidad. El lenguaje (o los lenguajes u otros medios semejantes) es el instrumento principal para representar, conservar o transmitir la información, el conocimiento, aunque existen otros medios también muy relevantes. Saber para qué podemos utilizar el lenguaje es importante para determinar la naturaleza de las habilidades lingüísticas y para valorar su aplicación didáctica. Parece pertinente analizar lo que podríamos denominar como las macrofunciones y microfunciones del lenguaje.
Atendiendo a las macrofunciones, podemos señalar que el lenguaje es un universal antropológico, en cuanto está a disposición de todos los seres humanos, incluso con graves deficiencias. De forma genérica, el lenguaje presenta dos funciones principales e interdependientes: representativa (simbólica) y comunicativa. El lenguaje es un medio de representación que permite codificar, conservar (recordar) y transferir conocimiento de todo tipo, tanto el relativo al contexto inmediato como, aún más importante, la referencia a lo no presente (in absentia), distante o conceptual. Por otra parte, el lenguaje está al servicio de la persona y la sociedad, para la comunicación, tanto en la expresión personal como en la interpretación de los mensajes que recibimos de otros (función expresiva y receptiva).
Estas dos funciones genéricas permiten el desarrollo de otras tres algo más específicas, íntimamente relacionadas entre sí, y subsidiarias de las anteriores macrofunciones: la función cognitiva, la función emocional y la función cultural. La función cognitiva (o funciones), en el sentido de que el lenguaje permite desarrollar actividades intelectuales complejas: el acceso a la información o a las ideas de otros (input), a estructuras lógicas elevadas o complejas (formales, abstractas, etc.), libres del contexto inmediato, que sin su implementación serían inaccesibles. También operar y reflexionar sobre la información, la elaboración intelectual (procesamiento) y, finalmente la propia expresión del pensamiento (output), trasladar a otros la información. No es desdeñable tampoco, la función mnemónica o memorística del lenguaje tan relevante para conservar la información sintetizada y codificada mediante el lenguaje oral y, especialmente, el escrito. Pero también presenta una función
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metacognitiva para regular, valorar y dirigir la conducta propia o de los otros,
facilitando la consciencia de las propias ideas, así como la planificación y supervisión de los propios procesos cognitivos, comunicativos y representativos, modificando de manera significativa la conducta individual y social de nuestra especie.
La función emocional se refiere al hecho de que el lenguaje, como medio de representación y comunicación, facilita la expresión y percepción de las sensaciones, ideas o emociones y afectos, propios o de los otros, facilitando a la persona la conexión con el medio, la interacción, y su integración en la comunidad al poder expresar a sus congéneres sus pensamientos, sentimientos y necesidades, y a la vez autoafirmarse y hacerse valer en el entorno social.
La función sociocultural se refiere al papel que tiene el lenguaje como mecanismo de
socialización que facilita al niño la interacción con el medio social y su integración en
la comunidad y de enculturación, facilitador del acceso al conocimiento, ya que por su mediación el grupo va a instruir al sujeto en un conjunto de conocimientos, habilidades, creencias, actitudes, valores, costumbres e incluso roles sociales que van a dirigir su comportamiento.
Por todo lo dicho, el lenguaje puede verse como un objeto de incalculable valor, quizás la capacidad principal y singular del ser humano, no solo un instrumento, sino también un fin, una meta que debe alcanzarse en el marco del mundo social y educativo para que la comunidad y el individuo avancen hacia la integración, el progreso y la construcción cultural, social y personal. Un objetivo esencial del sistema educativo ha de ser el de desarrollar la competencia comunicativa de los ciudadanos. No obstante, vistas estas macrofunciones de la comunicación lingüística es necesario detallar algo más las funciones del lenguaje.
2.3.1. Las funciones del lenguaje
Karl Bühler (1934), partiendo de un esquema simple basado en la idea del lenguaje como órgano o instrumento de comunicación (emisor, receptor y mensaje o referente) propuso tres funciones del lenguaje respectivamente: expresiva o emotiva (para la expresión de lo personal, un síntoma del estado del emisor); apelativa o conativa (para influir sobre el receptor, un estímulo o una señal) y representativa o referencial (para
transmitir información sobre las cosas, un símbolo).
El modelo fue enriquecido por Jakobson (1960), que también estuvo influido por la teoría de la información, y propuso seis funciones. Como señalan Cantero y Mendoza (2003: 36):
La semiótica clásica distingue, en función de estos elementos, una serie de funciones lingüísticas (v. Jakobson, 1960) según el enunciado se centre en uno u otro: expresiva (emisor), apelativa (receptor), referencial (contexto), metalingüística (código), poética (el propio enunciado), fática (la propia enunciación). En realidad, esta visión presupone un tipo de comunicación unidireccional (como un monólogo), y es mucho más adecuada para referirse al lenguaje escrito que a la comunicación oral, en la que todas las funciones, en el mejor de los casos, interactúan conjuntamente, y en la que apenas pueden distinguirse los papeles de emisor y receptor.
Un tercer modelo de funciones del lenguaje, más atento a la realidad sociocultural de la comunicación, es el propuesto por M. A. K. Halliday (1982), que afirma que el niño utiliza el lenguaje en el marco de la interacción con el entorno humano para resolver ciertas exigencias vitales: satisfacción de necesidades materiales, petición de acción conjunta, manifestación de la propia individualidad, etc. Así pues, las funciones del lenguaje son principalmente de tipo social. El autor estudió en su hijo Nigel de los nueve a los veinticuatro meses el desarrollo de las funciones significadas a través del lenguaje, pero también del protolenguaje, es decir, de todas aquellas manifestaciones comunicativas verbales o no verbales de naturaleza no lingüística. El lenguaje surge de forma evolutiva y progresiva a partir del comportamiento potencial del sujeto, de “lo que el hablante puede hacer” en una situación determinada. Para que se produzca el lenguaje, el potencial de conducta del sujeto debe traducirse en “potencial de significado” o “lo que el sujeto puede significar”. El potencial de significación se transforma mediante el lenguaje en un “potencial léxico-gramatical”, que es lo que “el hablante puede decir”. A diferencia de la competencia chomskiana, el potencial de significado es externo y cultural, no interno del sujeto. El desarrollo del lenguaje se basa en el dominio progresivo del niño de su potencial funcional. Lo importante no es la estructura ya que esta solo sirve para realizar significados.
Otro campo relevante de investigación es el del desarrollo progresivo de las funciones del lenguaje en la ontogenésis. Halliday (1982) partió de la idea de que la comunicación es un hecho anterior al lenguaje y está centrada sobre su naturaleza
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semántica y social, pues lo realmente importante no es lo que el niño dice sino el “potencial del significado” o alternativas de significado posibles para una persona en la situación dada. Describió tres fases de desarrollo comunicativo, en las que se va avanzando en las siete funciones (o microfunciones) descritas por el autor. Son las siguientes:
a. instrumental, para satisfacer necesidades. b. reguladora, para controlar a los demás. c. interactiva, para mantener la comunicación. d. personal, para expresar sentimientos. e. heurística, para explorar la realidad. f. imaginativa, para crear otras realidades. g. informativa, para dar información.
El sistema es evolutivo con respecto a la emergencia de las siete funciones básicas, pero hay continuas reorganizaciones de forma y función a lo largo del desarrollo, y múltiples funciones se asocian con múltiples enunciados. A estas funciones se asocian tres fases:
Fase I. Determinada por el sistema lingüístico del niño. Se da hasta los 16 meses Fase II. Transición al lenguaje adulto. De 16 a 36 meses.
Fase III. Aprendizaje del lenguaje adulto.