Parte II. Fundamentos teóricos para un modelo didáctico de la competencia de comunicación oral
2. Comunicación y lenguaje El discurso
2.2. Mensaje: datos, información y conocimiento
El concepto de información es clave en el ámbito de la comunicación, pues esta se basa en la transmisión de un mensaje constituido necesariamente por información. La información es la materia concreta que se comunica o se comparte entre el emisor y el receptor. Por otra parte, la información se enmarca también en un continuum jerárquico de valor humano e intelectual que podríamos enumerar en orden ascendente: datos,
información, conocimiento y sabiduría (aplicación del conocimiento profundo, así
como de la inteligencia y la experiencia para desarrollar una actuación prudente, previsora, juiciosa y acertada ante las diversas circunstancias de la vida o en un campo de conocimiento). Los datos son representaciones a menudo simbólicas (habitualmente codificadas mediante el lenguaje, los sistemas de numeración, etc.) de las características o atributos de la realidad, los seres, los hechos, los sucesos, etc. Solo se convierten en información disponible para la comunicación si son adecuadamente procesados o estructurados coherentemente en un marco contextual determinado. Los datos así elaborados se constituyen en información y material para los procesos cognitivos o comunicativos (análisis, toma de decisiones, planificación, interacción, etc.) que llevan al desarrollo del conocimiento de la persona. Iramain (2000: 111) subraya la necesidad de dar forma a la realidad, de encodificarla, de convertirla en un signo con significado (nivel semántico) y una forma (nivel sintáctico y fonológico) como factor esencial de la comunicabilidad y la memoria (conservación):
Sin realidades "informadas", provistas de una forma organizativa, no hay acción posible de informar. Así, la información como dato cuantificable, estático, es, en rigor, el resultado de la encodificación estandarizada de una realidad activa. La posibilidad de traducir los niveles sintáctico y semántico de un mensaje, a un sistema binario, por ejemplo, aún con los riesgos de una cierta degradación, potencia su maleabilidad, transmisibilidad, e incluso su conservación física, de manera exponencial.
En este sentido, la procedencia etimológica (in-formare, en latín; morphe en griego) nos sugiere la idea de dar forma, organizar o introducir el orden en algo, y aún más allá: nombrar y hacer patente o explícita una realidad o darle una apariencia y mostrar su naturaleza. Se trata de un proceso cognitivo en el que los datos disponibles a través de los sentidos (sensaciones) son dotados de sentido y coherencia (percepciones). Así, la información es la forma que damos en la mente a nuestras percepciones entendidas en un sentido muy amplio: objetos, paisajes, sensaciones, textos, etc.; en definitiva, son datos que seleccionamos como significativos en nuestra existencia y que se constituyen en información.
Sin embargo, cabe diferenciar dos dimensiones de la información que nos parecen relevantes desde la perspectiva de la comunicación y la educación: una estática y otra dinámica (seguimos esa diferenciación propuesta por Iramain, 2000). La estática concibe la información como un producto, un objeto, como algo externo, incluso susceptible de procesos de cuantificación o medición. Un ejemplo de esta perspectiva es la “teoría matemática de la información”, en la que Shanon y Weaver (1949) presentaron un modelo de comunicación o telecomunicación, basado en la cibernética (partiendo de Wiener). Este modelo, aun siendo incompleto, sigue siendo muy útil ya que enumera los elementos técnicos de la comunicación entre máquinas o, para ser más precisos, de la transmisión de señales entre un emisor y un receptor. Se destaca la idea de que la información es entendida como una unidad cuantificable (en bits de información) sin tener en cuenta el contenido semántico o pragmático que transporta. El modelo se representa por un esquema compuesto por cinco elementos:
-fuente: destinador, emisor, humano o no, que produce un mensaje mediante palabras u otros signos.
-transmisor: transforma el mensaje a un código válido para el canal a través del cual va a ser enviado, por ejemplo, transforma las palabras en impulsos eléctricos. -canal: medio a través del cual circula la señal, por ejemplo, el aire o un cable en la comunicación telefónica.
-receptor: elemento técnico que recibe la señal y la decodifica para ser captada por el destinatario.
-destinatario: persona o personas a las que se dirige el mensaje.
-ruido: todo elemento que perturba la llegada de la señal desde el emisor hasta el receptor (ruidos, manchas, etc.).
La comunicación se produce si todos los elementos técnicos funcionan apropiadamente y la fuente y el destinatario disponen de los códigos necesarios para codificar y decodificar la información, y de manera idónea si ello se realiza sin “ruido”
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y con el menor coste. Esta concepción centrada en el código es un paso decisivo en la descripción del hecho comunicativo y útil por su carácter genérico y aplicación a cualquier sistema de codificación (banderas, semáforos, lenguaje, etc.) o ámbito técnico, y resulta útil para medir los aspectos formales o computacionales del idioma susceptibles de fácil medición, centrados en los mismos signos sin ir más allá (fonología, morfología o sintaxis). No obstante, se trata de una descripción incompleta que difícilmente sirve para explicar la complejidad de la comunicación humana, los aspectos semánticos (signos con significado) y pragmáticos (signos con sentido, consciencia e intención en el contexto personal, social o cultural), por lo que hay que tener en cuenta otras perspectivas (Trujillo, 2001: 224).
La perspectiva dinámica de la información considera la información como un proceso intelectual, una acción cognoscitiva de penetración en la realidad o aprehensión de la misma. Iramain (2000: 110) defiende la necesidad de una visión equilibrada de la información como producto u objeto y a la vez como proceso:
No es difícil apreciar el problema de reduccionismo que se presenta al aplicarse, sin matices, este criterio: la exclusiva consideración del hombre como "procesador de información" limita extremadamente al sujeto humano, por un lado, y desconoce la naturaleza misma de la información, aún entendida como dato, por el otro. El dato, como contenido disponible susceptible de ser "procesado", requiere de una actividad previa de organización: es inteligible -procesable, en la terminología mecanicista- sólo si antes ha sido inteligentemente dispuesto. Y ese acto de disposición y organización no es otra cosa que el concepto activo de información: la dotación de una nueva forma. Como se ve, la noción sustantiva de información necesita de la verbal. De otro modo, su origen permanece incógnito.
Pero puede decirse que la acción de dar una nueva forma tampoco se explica cabalmente sin su fin: el mensaje in-formado. El "producto" del acto de informar, de dar nueva forma a un texto, por ejemplo, es el texto mismo: realidad material - cargada de contenido semántico- que es, de algún modo, transmisible, medible, cuantificable. Esa misma realidad es, además, causa de una nueva actualización: la de la mente del destinatario, que es informada por esa información. Sin la noción sustantiva u objetiva de información, la potencia cognoscitiva no encuentra formas que la actualicen y no llega a producirse nunca, por tanto, la acción de informar.
Es necesario, a partir del concepto general de información, situarse en el momento actual, en la sociedad contemporánea, calificada como: “sociedad de la información”, como “sociedad del conocimiento”, incluso como “sociedad cognitiva”. Pero de ello trataremos con detalle en el estudio del contexto actual y sus repercusiones sobre la competencia comunicativa y la formación requerida para la preparación del ciudadano del siglo XXI (cap. 4).