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CAPÍTULO I. LA EDUCACIÓN SECUNDARIA (ES)

1.3. ELEMENTOS BÁSICOS DE LA EDUCACIÓN SECUNDARIA

1.3.3. El profesorado de Enseñanza Secundaria

1.3.3.2. El perfil profesional del profesor de Enseñanza Secundaria

Como consecuencias de las transformaciones sociales que se producen, el nuevo contexto educativo está inmerso en un conjunto de retos que demandan profesores de secundaria con una sólida formación intelectual y disciplinar, complementaria de la formación profesional que nos demanda el mundo de la educación y con capacidad de adaptación a las nuevas situaciones sociales (Tribó, 2008).

Formar docentes competentes, profesionales del campo educativo, especialistas en su materia, implica darle un carácter profesionalizador a la formación de docentes de Secundaria, formar profesores de Secundaria especialistas en matemáticas, historia, lengua, inglés et., y no profesores de matemáticas, historia o lengua. Es fundamental que el docente sienta y reconozca la importancia y transcendencia de su labor, lo que significa formar a adolescentes para ayudarles al tránsito a su vida de adulto, y que se identifique con el nuevo perfil docente (Galvís, 2007).

El perfil profesional de un profesor de secundaria podría definirse como un conjunto de competencias, conocimientos, cualidades, comportamientos y actitudes deseables que deberían formar parte de la identidad profesional del mismo (Cruz, 2010). Entendiendo por competencia la capacidad general o potencialidad adquirida por una persona, que le permite seguir aprendiendo y utilizar esos conocimientos para encarar otras situaciones y resolver problemas reales (Rul y Cambra, 2007). Ser competente no es sólo ser hábil en la ejecución de tareas y actividades concretas, sino ser capaz de afrontar, a partir de habilidades adquiridas, nuevas tareas o retos que supongan ir más allá de lo aprendido (Moreno, 2006; Monereo y Pozo, 2007).

Según Galvis (2007), las competencias que deben conformar el perfil profesional de los docentes, en la sociedad de las próximas décadas, serían de tres clases:

1º Las intelectuales, referidas a lo cognitivo, lógico, científico y pedagógico-didáctico, que sirven para facilitar procesos de aprendizaje cada vez más autónomos.

2º Las sociales, entre las que se encuentran todas las que involucren procesos sociales, afectivos y comunicativos, la tolerancia, la convivencia, la cooperación, así como también la capacidad de asociarse, de negociar, de emprender y concretar proyectos.

3º Las interpersonales, incluyendo las productivas que permiten al docente estar abierto e inmerso en los cambios para orientar y estimular el aprendizaje, y las especificadoras, que fomentan la capacidad de aplicar los conocimientos fundamentales a la comprensión de los sujetos y la institución, así como también a observar las situaciones de la realidad pedagógica y actuar en consecuencia.

En tal sentido, esta situación sobre el desarrollo de determinadas competencias en el docente nos obliga a replantear el papel de la escuela del futuro y el perfil que debe tener el profesorado de secundaria del siglo XXI, considerando diferentes perspectivas (Cruz, 2010):

1º Perspectiva institucional: El profesor como persona que desempeña un cargo docente. El profesor o profesora de un centro de enseñanza secundaria es una persona que además de impartir su materia, puede ser el tutor o tutora de un grupo de alumnos y alumnas, jefe de departamento, miembro del equipo Directivo, etc. Dada la variedad de funciones, el tutor o tutora es una figura esencial para el grupo, siendo referencia obligada para el alumnado y puente entre familias y centro educativo15.

Sin embargo, estudios recientes destacan el descontento general del profesorado español, especialmente del personal docente que trabaja en la ESO (Pedró, 2006; Enguita, 2008; Marcelo, 2009), debido a la sobrecarga de tareas que están llamados a desempeñar.

2º Perspectiva académica: El docente como educador y como profesional que imparte clases. Está centrada en la importancia

de la vertiente académica realizada directamente con los alumnos. Un perfil profesional que integra al docente como persona que facilita el aprendizaje de otros. De aquí la necesidad de la formación específica disciplinar adquirida en los estudios universitarios, más la formación inicial adquirida sobre conocimientos relativos a pedagogía, psicología, didáctica, legislación etc., que forman partes del Máster FPES (Imbernón, 2010a). Motivar a los discentes de la ESO no es fácil por las características especiales de la adolescencia y la heterogeneidad de los grupo como consecuencia de una escolarización obligatoria (Alonso, 2005; Escaño y Gil de la Serna, 2006; Vaello, 2007; Fernández, Anaya y Suárez, 2012).

15 ORDEN de 27-7-2006, por la que se regulan determinados aspectos referidos al Plan de Orientación y Acción Tutorial en los Institutos de Educación Secundaria. (BOJA 8-9-2006). Actualmente normativa derogada, pendiente de nueva resolución.

Algunos importantes informes internacionales (Eurostat, 2010; OCDE, 2012;) consideran que la competencia, la motivación y la dedicación del profesorado son los elementos cen trales para impulsar el funcionamiento del sistema educativo de un país.

3º Perspectiva formativa: El docente que mejora sus competencias profesionales. La vertiente formativa recoge

el hecho de que el profesor o profesora es un trabajador de la enseñanza que necesita una formación permanente dirigida a actualizar y complementar su formación inicial; participación en proyectos, reflexión personal sobre la práctica, actividades de formación, implicación en procesos de investigación didáctica (Gil,1991; Perrenoud; 2004; Gairín, 2011).

4º Perspectiva adaptativa: El docente ante los cambios del sistema educativo. Los cambios que se producen en

el sistema educativo afectan al modelo de profesor, el cuál debe asumir esta renovación. Esta perspectiva apunta hacia el desarrollo de un nuevo perfil profesional docente en el que destacan aspectos como:

- La formación docente y la adaptación a los cambios educativos16, se considera la formación permanente del profesorado como un derecho y una obligación del profesor o profesora. Desde esta concepción y con los apoyos precisos, ha de abordarse esa renovación continuada del docente como medio de adaptación a los cambios.

- La autonomía de los centros y del profesorado para mejorar el desarrollo del currículum, ligada al fomento de la innovación y la investigación. Se reconoce que los centros educativos tienen

autonomía pedagógica para concretar su programación docente. Esto requiere desarrollar autonomía profesional para mejorar los conocimientos, con la finalidad, entre otras, de ser capaz de programar e innovar en la planificación (Lorente, 2006).

- La importancia de la orientación del alumnado y de la acción tutorial. La tutoría y la orientación, como se

ha indicado anteriormente, forman parte de las funciones del docente (Domingo, 2006; Negro, 2006).

- La evaluación como instrumento de mejora de la educación17. Se considera que la actividad evaluadora es fundamental para analizar en qué medida los distintos elementos del sistema educativo están contribuyendo a la consecución de los objetivos previamente marcados (Rosales, 1990; Alonso, Gil y Martínez-Torregrosa, 1996).

La formación de los docentes que van a trabajar en esta etapa educativa, que van a ser profesionales de la Educación Secundaria, no puede estar al margen de esta realidad, sino que debe aportar las herramientas necesarias para que los futuros profesores sean docentes competentes capaces de guiar y ayudar a sus alumnos a la adquisición de las competencias básicas.

Cualquiera que sea el perfil del docente como profesional de la educación, sus competencias y funciones constituyen un problema teórico y práctico difícil de resolver, que se encuentra, además, influenciado por las condiciones contextuales y personales de cualquier proceso de enseñanza aprendizaje. En la investigación desarrollada por la Universidad de Málaga (Márquez, Díaz, Gámez, 2012), se realizó un análisis conceptual de la formación y del perfil de los docentes de secundaria a través de un grupo de discusión con el alumnado del Máster de Secundaria. El objetivo era conocer al inicio de su formación, los requisitos que creen ellos que

16 MEC. (2012). Propuestas de mejora. Informe 2012 sobre el estado del sistema educativo.

17 La formación permanente, definida en el artículo 102 de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE), como derecho y obligación de todo el profesorado

debe tener un profesor de secundaria. Entre las conclusiones más destacables, ponen de manifiesto un modelo de formación docente centrado en ser; un experto en un área de conocimiento y en su didáctica (modelo academicista). Un profesor transmisivo preocupado por el aprendizaje de sus alumnos y alumnas más que de la materia (modelo técnico). Y un docente capaz de reflexionar sobre sus propias acciones y sobre la de sus alumnos (modelo práctico-reflexivo).