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CAPÍTULO II. LA FORMACIÓN INICIAL DEL PROFESORADO (FIPS)

2.2. LA FORMACIÓN DEL PROFESORADO: ASPECTOS GENERALES

2.2.2. Principios Básicos de la formación docente

La propia naturaleza de la enseñanza exige que los docentes se comprometan en su formación y desarrollo profesional durante toda la carrera, las necesidades concretas y las formas de llevar la práctica variarán según las circunstancias, las historias personales y profesionales y las disposiciones vigentes del momento (Guerrero, 2010). Day (2006) considera que la carrera profesional docente es un desarrollo profesional continuo que, partiendo de una formación inicial, va evolucionando, mejorando y adaptándose a la realidad.

Compartimos la idea de que la formación de los docentes se extiende a lo largo de toda la carrera profesional, y que, la formación inicial no es más que la primera etapa del trayecto formativo, lo que nos lleva a preguntarnos cómo tiene que ser esa formación al preparar a los docentes para que empiecen a enseñar.

En un estudio presentado para el I Congreso Internacional sobre Profesores Principiantes por Márquez y Tójar (2008), el alumnado del CAP de la Universidad de Málaga, manifiesta, de forma mayoritaria, que el profesor actual necesita unos conocimientos de psicología, de pedagogía y de didáctica, además de la adquisición de las habilidades sociales, que les permita saber cómo son y cómo conocen a aquellos que van a ser sus alumnos y cuáles son sus características. Algunos de estos resultados se han apreciado también en otros estudios relacionados con el pensamiento docente del profesorado en formación (Fraser & Tobin, 1998; Campanario, 1998; Rodrigo, Martín y Otros, 2000; Pontes y Serrano, 2008a).

En otro estudio, realizado por Doménech y Gómez (2003) con alumnado del CAP de la Universidad de Valencia, se observó que las creencias psicopedagógicas implícitas del profesor sobre el proceso de enseñanza aprendizaje pueden ser elementos necesarios para mejorar el proceso formativo inicial del futuro profesor de secundaria, si se trabaja adecuadamente tales ideas, hecho que también se ha puesto de manifiesto en otros trabajos (García Barros y Martínez Losada, 2001; Abell & Lederman, 2007; Pontes y Serrano, 2009).

Cómo señala Grau (1995), en el esquema que se presenta a continuación, adaptado de Marcelo (1994), para el desempeño de una actividad concreta, o para la actualización del profesorado en un tema específico, necesitaremos un modelo formativo que responda a las necesidades concretas del docente. Por este motivo, tendremos que prestar especial atención a una serie de principios que deben estar presentes en el proceso formativo de los profesores. Éstos son:

1. La formación del profesorado se debe concebir como un proceso continuo. La formación del profesorado es un

proceso que, aunque compuesto por fases claramente diferenciadas por su contenido curricular, ha de mantener unos principios éticos, didácticos y pedagógicos comunes, independientemente del nivel de formación del profesorado a que nos refiramos.

2. Integrar la formación del profesorado con los procesos de cambio, innovación y desarrollo curricular. La formación

del profesorado debe contemplarse en relación al desarrollo curricular, y debe ser concebida como una estrategia para facilitar la mejora de la enseñanza.

3. Relacionar los procesos de formación del profesorado con las demandadas del profesorado. Es necesario adoptar

una perspectiva organizativa en los procesos de desarrollo profesional de los docentes. Es evidente la potencialidad que posee el centro educativo como entorno favorable para el aprendizaje de los profesores.

4. Integrar los contenidos de la formación previa del profesorado (académicos y disciplinares) con la formación pedagógica y didáctica. Este conocimiento didáctico del contenido debe ser destacado por su importancia

como estructurador del pensamiento pedagógico del profesor.

5. Integración entre la teoría y la práctica docente. La formación del profesorado, tanto inicial como permanente,

ha de tener en cuenta la importancia de la práctica docente, de forma que aprender a enseñar se realice mediante un proceso reflexivo en el que conocimiento práctico y el conocimiento teórico puedan integrarse en un currículum orientado a la acción.

6. Coherencia entre formación docente y el tipo de educación que el profesorado debe desarrollar. En la formación

del profesorado resulta de gran importancia la congruencia entre el conocimiento didáctico del contenido y el conocimiento pedagógico transmitido, y la forma cómo ese conocimiento se transmite.

7. Individualización y cooperación. El proceso de individualización ha de entenderse no sólo referido al

profesor como individuo, como persona, sino que se amplia para abarcar unidades mayores como pueden ser los equipos de profesores o los grupos de investigación. Entendiendo que la formación del profesorado debe estar basada en las necesidades e intereses de los participantes, debe estar adaptada al contexto en el que estos trabajan, y fomentar la participación y reflexión.

8. La formación del profesorado como un proceso de indagación-reflexión. La indagación reflexiva es una

estrategia para entrenar al profesor, no sólo en formación sino también en ejercicio, a que sea consciente de la problemática de su práctica de enseñanza, ya que analiza las causas y consecuencias de la conducta. En definitiva, cualquier programa destinado a la formación de los profesores, tal y como refleja Torres (1995), tiene que tener en cuenta los aspectos legales, los modelos de instituciones educativas existentes y, por supuesto, el contexto político, económico, cultural y social en el que se enmarcan. Además, Day (2005) también apunta hacia la necesidad de conocer la realidad sobre la que se fundamenta la evolución y el desarrollo profesional de los docentes, y por consiguiente, ser conscientes de una serie de hechos como:

1. El profesor es, junto al alumno, el sujeto activo más importante de la escuela y sólo podrá cumplir sus fines educativos si está bien preparado para la profesión y es capaz de mantener y mejorar sus aportaciones a través de un aprendizaje constante en el transcurso de su carrera.

2. Una de las tareas principales del docente es inculcar al alumno la disposición para el aprendizaje durante toda la vida y, en consecuencia, debe mostrar un compromiso respecto a su aprendizaje continuo. 3. El desarrollo profesional a lo largo de la carrera es necesario para todos los docentes con el fin de renovar

y revisar sus destrezas y conocimientos.

4. El aprendizaje circunscrito sólo a la experiencia acaba limitando el desarrollo profesional del docente. 5. El pensamiento y la acción de los profesores es el resultado de la interacción entre su historia vital, la

fase de desarrollo en la que se encuentren, la estructura del aula y de la escuela y los contextos sociales y políticos en los que trabajen.

6. Las aulas están pobladas por estudiantes con distintas motivaciones, disposiciones y capacidades para el aprendizaje, que proceden de medios distintos. Por tanto la enseñanza es un proceso complejo.

7. El desarrollo profesional del docente va unido a su forma de entender el currículo, en consecuencia, los contenidos y los conocimientos pedagógicos no pueden alejarse de las necesidades personales y profesionales de los docentes ni de sus fines morales.

8. El docente se tiene que involucrar en su proceso de aprendizaje y desarrollo profesional, ya que no es posible formarse de forma pasiva.

9. El pleno desarrollo de la escuela, como hemos reseñado anteriormente, depende del desarrollo satisfactorio de los docentes.

10. La planificación y el apoyo a la formación docente (inicial y continua) es una responsabilidad conjunta de los docentes, las escuelas y las administraciones educativas.