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El relato de Génesis, el «pacto de obras»

In document Teologia Sistematica Buswell II (página 97-100)

Hay un número de evidencias en el mismo relato de Génesis que indican la existencia de un pacto, esto es, un arreglo que incluye dos o más partes, instituido más o menos formalmente. (1) El relato nos dice que cuando Dios hubo creado al hombre, inmediatamente Dios lo bendijo y les dijo: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread sobre los peces del mar, en las aves de los cielos y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer» (Gn 1.28,29).

Debe ser claro de estas palabras que Dios estableció un arreglo que incluía a todos los descendientes de Adán. De otro modo, el decir «fructificad y multiplicaos» en relación con las palabras «llenad la tierra

y sojuzgadla, y señoread...» no tendría sentido. Al considerar la imagen de Dios en el hombre se mostró que el dominio sobre la tierra es un aspecto de la imagen de Dios. Este hecho quedaría negado de negarse la relación original de pacto entre Dios y el hombre para toda la humanidad.

(2) Las palabras de Dios al hombre al establecerse el jardín de Edén implican una relación de pacto que incluye a todos los descen- dientes de Adán. Verdad es que las palabras con referencia a «labrar y guardar el jardín» (Gn 2.15) no mencionan explícitamente la poste- ridad de Adán. Estas palabras se dan en el relato antes de la creación de Eva como lo tenemos en el capítulo segundo. Sin embargo, Eva las entendió como aplicables a toda la humanidad. La prohibición dada a Adán en la segunda persona singular en Génesis 2.17 es citada por Eva en el plural en Génesis 3.3.

Las palabras «el día que de él comieres ciertamente morirás» expresan la condición del pacto de obras y las consecuencias de su violación. Tanto la condición como las consecuencias se han discuti- do anteriormente en relación con el significado del árbol de la ciencia del bien y del mal.

(3) Las consecuencias del pecado de Adán se interpretan muy explícitamente en Génesis 3 como aplicadas a él y a toda su posteri- dad. En realidad los que no aceptan la Biblia como la Palabra de Dios generalmente interpretan a Génesis 3.14-19 como llevando al pasado remoto las condiciones actuales de la vida humana. La ene- mistad entre la humanidad y Satanás (v. 15), el dolor en tener hijos, no solamente en dar a luz sino en todo el proceso de criarlos (v. 16), los espinos y cardos, plagas y pestilencias que vienen con el fruto de la tierra (vv. 17,18), el ganar el pan con el sudor del rostro, el regre- sar al polvo generación tras generación (v. 19), todas estas cosas son hechos obvios de la vida humana. Aceptando la Biblia como la Pala- bra de Dios, consideramos estos versículos no como llevando los asun- tos actuales a la antigüedad en el relato de Génesis sino como una interpretación de los efectos del acto original del pecado.

Ciertamente si estas cosas son como la Biblia declara, las conse- cuencias del pecado de Adán sobre toda la humanidad, tenemos que admitir una relación de pacto entre Dios y Adán para toda la posteri- dad como la base lógica de todo lo que ha ocurrido.

Sin lugar a duda es como Pablo dice, tan claramente: «La creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza ... sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora» (Ro 8.20,22).

(4) El uso de las palabras ellogao y logidzomai en el Nuevo Testamento, las cuales significan ambas «considerar» o «imputar», implica un pacto como la base de la imputación o del arreglo de cuentas. Así Pablo, en el bien conocido pasaje de Romanos 5.12-21, comentado en detalle más arriba, luego de indicar que fue por un hombre que el pecado y la muerte pasaron a toda la especie humana, observa que mientras tanto no se «considera» o «imputa» el pecado donde no hay ley; sin embargo, la muerte, que es el vicerregente del pecado, reinó sobre la humanidad como rey desde Adán hasta Moisés tal como ha prevalecido desde entonces. La implicación clara es que hubo una base legal primitiva para la imputación del pecado a toda la humanidad. Es precisamente esto lo que la interpretación sobre la base del pacto del pecado original enseña. Pablo usa la misma pala- bra ellogao en Filemón 18 cuando dice: «Si en algo te dañó, o te debe ponlo a mi cuenta». La palabra logidzomai se usa constantemente en el Nuevo Testamento para indicar la imputación de nuestro pecado a Cristo como nuestro sustituto en la cruz (Ro 6.10,11), y la imputa- ción de la justicia de Cristo a nosotros por la fe (Ro 4.3,5,6, etc.).

(5) El mismo principio representativo implica una base de pacto para la representación. La Biblia enseña muy claramente que Dios trata en una relación de pacto con un representante de una clase de seres: Adán-y-su-posteridad. Esta clase no es una mera colección de individuos sino que es una clase de seres que tienen una realidad dada por Dios como clase.

Considero que, en lealtad a la Biblia, tenemos que rechazar el «rea- lismo platónico», eso es, el realismo a priori de los universales. (Un «universal» es el nombre de una clase de seres.) Tenemos que rechazar la fórmula universalia ante rem, i.e., el universal tiene realidad antes que la cosa misma. Así pues rechazamos todas las opiniones sustantivas e idealistas de la imputación del pecado de Adán y de la relación que sostenemos a la expiación de Cristo. Estoy convencido de que también tenemos que rechazar el «nominalismo», esto es, la idea de que las relaciones de clase son meros nombres para colecciones de cosas espe- cíficas, la idea expresada en la fórmula universalia post rem. Hay una realidad definitiva en clases de seres. Hay una realidad definitiva en la clase Adán-y-su-posteridad. La realidad de la clase es inherente en las cualidades comunes de los miembros de la clase. La forma tradicional para esta, la opinión de la realidad Aristotélica, es universalia in re. La realidad de la clase está en los individuos que componen esa clase y que tienen las cualidades esenciales comunes de esa clase.

Este tipo de realidad de clase es un concepto que se encuentra en los textos de lógica. Por ejemplo, Copi dice: «Una clase es una colec- ción de todos los objetos que tienen una cierta cualidad común, a la cual nos referimos como «la característica que define la clase»». 18

Me parece que este es el concepto bíblico y lógico del universal —o el nombre de la clase— humanidad-descendida-de-Adán.

Es en términos del nombre de la clase, «humanidad», como se ha definido arriba, que yo concibo el principio representativo como ejemplificado en Adán en el hecho original del pecado humano. Por esto yo considero la teología del pacto y del principio representati- vo en términos de la realidad de la clase, humanidad-descendida- de-Adán. Dios estableció el convenio por el cual tomó el primer antecesor de la raza como su representante, y la acción de este como un hecho representativo y responsable de todo el grupo. Dios hizo esto de la misma manera, lógicamente, que tomó a Cristo como el representante y sustituto de todos sus elegidos. Fundado en estas consideraciones, yo recomiendo que se acepte la declaración del

Catecismo menor de Westminster: «Habiéndose hecho la alianza

con Adán, no para él solo, sino también para su posteridad, todo el género humano descendiente de él según la generación ordinaria pecó en él y cayó con él en su primera transgresión».

IV. E

L PACTODELAS OBRAS YA NO RIGE

Como corolario de la interpretación en pacto del pecado original es importante que nos demos cuenta de que el pacto de obras ya no rige ni siquiera en un sentido hipotético.

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