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El sentido aristocrático del animal soberano.

In document Culpa y responsabilidad en Nietzsche (página 82-84)

PARTE I – RESPONSABILIDAD PROMESA

Capítulo 3 – El hombre soberano: horizonte abierto

3.2. El sentido aristocrático del animal soberano.

Estos seres sanos y excepcionales, el tipo señor, en cuanto tipo activo puede ser encontrado en los modelos aristocráticos y nobles, los cuales son movidos por la facultad de olvidar, de no vengar y de actuar. Fundamentalmente, este tipo es libre de toda estructura de culpa ya que no actúa creando memoria o reflexionando estratégicamente una venganza, simplemente está guiado por la acción, vale decir, es el tipo fundamentalmente libre porque es esencialmente «creación». Su acción es todo. Sus juicios de valor tienen como supuesto una constitución física poderosa, una salud rica y exuberante que se alimenta y se mantiene a sí misma en la guerra, la aventura, la caza, la danza, en fin, vive en acorde a todo aquello que la actividad fuerte conlleva.166 Su comportamiento está determinado por su voluntad afirmadora, desde el que su ser está configurado por la interna convicción de sí mismo como bueno, señor, comandante, poseedor, aria, veraz y guerrero.167 Para los fuertes en los cuales se encarnan la razón y el arte de una raza destructora y creadora, independiente y modeladora, todo está puesto para su dominio y felicidad. Su determinación de lo que sea el concepto «bueno» es fruto de una voluntad elevada y orgullosa. La raza de los aristócratas y su moral, lejos de buscar un sentido para su vida, la afirman hasta las últimas consecuencias, aún que haya que ser cruel y demoledor en vista de una acción concebida como creadora de valores y cultura. Todo lo que viene a ser prejudicial para sí es tenido como un perjuicio en si – es el noble quién determina valores. Todo esto viene a colación de la comprensión nietzscheana del hombre soberano cuyo proyecto fue, de alguna manera, desvirtuado. Bajo la sombra de la misma esperanza, creencia y búsqueda de los hombres superiores, Nietzsche nos presenta al noble – la raza aristocrática como algo existente desde su comprensión genealógica. La tipología del noble, fuerte y aristocrático se confunde en el camino hacia el superhombre y pasa seguramente por la misma imagen del hombre superior. Sin embargo, entre esos casos singulares y el lugar de estos aria no debemos confundir el matiz genealógico del originario

modo de ser de estos últimos en su tarea configuradora de la cultura. Ya veremos, como igualmente es sabido, que esta fuerza configuradora de los aria –un modo de decirse de la voluntad de poder activa y creativa– fue vencida por un peculiar modo reactivo y débil al que Nietzsche nombrará con la metáfora del débil o plebeyo bajo el comportamiento y actitud fundamental del resentimiento.

A propósito, en su relación con la plebe se puede notar que, una vez que se conciben como hombres puros168, los que constituyen la raza de los nobles no se mezclan con la raza de estos débiles y pequeños (hombres de constitución inferior – la voluntad de poder reactiva). Sin ese pathos de la distancia no es posible lograr un otro pathos aún más significativo, como el deseo de siempre aumentar esa distancia, la diferenciación del interior de la propia alma, la búsqueda de estados más elevados y amplios, o sea, el verdadero tipo «hombre» que, en la visión del filósofo, solamente puede ser comprendido como obra de una sociedad aristocrática que, pensando en jerarquías, establece, a partir de escalas, las diferencias de valor entre un hombre y otro o en lenguaje metafísico (si acaso lo anteriormente dicho parezca demasiado antropológico) la misma voluntad de poder que quiere más poder, el ser que es devenir.

En cuanto institutora de sentido, la moralidad aristocrática ve en todo lo que hace su máxima justificativa – incluso aceptando con buena consciencia el sacrificio de otros hombres, que, a servicio del placer de esa clase dominante, deben ser oprimidos y reducidos a seres incompletos, esclavos, meros instrumentos. Entre las fuerzas de mando y las que son inferiores hay una jerarquía de poder. El hombre de raza noble solamente puede comprender los débiles como seres a su disposición, gente «mala» en cuanto raza inferior. Sin embargo, no se concibe tenerlos como enemigos a los mal constituidos. Pero, el hombre de la raza noble procura por sus iguales y, aún que en tiempos de guerra, aspira como enemigo a un otro de tal valor o superior a sí propio. En la relación entre los aristócratas, el abstenerse de la ofensa, de la violencia, de la exploración y la equiparación a la voluntad del otro puede tornarse una costumbre solamente en la medida en que viven las condiciones

de efectiva semejanza en términos de cantidad de fuerza y valor. Tornado principio de sociedad, tal principio se tornaría voluntad de negación, disolución y decadencia, porque la vida es esencialmente apropiación, ofensa, sujeción del débil por el fuerte, opresión, dureza, incorporación y exploración, afirma el filósofo.169 La voluntad de poder, la voluntad noble, afirmadora, el poder encarnado de los individuos fuertes querrá siempre crecer, expandirse, atraer para sí, imponerse, no porque responde a una moralidad o inmoralidad, sino porque es simple afirmación de la vida. La exploración es la esencia de lo que vive, consecuencia de la voluntad de poder que es voluntad de vida.

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