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El Texto Inspirado.

In document Arens Eduardo - La Biblia Sin Mitos.pdf (página 78-82)

PALABRA DE DIOS

D) Significado del Canon.

2. El Texto Inspirado.

Guiados por una gran preocupación por defender el prejuicio de que la Biblia no contiene error alguno y que las palabras de la Biblia son sacrosantas, algunos han puesto el peso de su explicación de la inspiración en el texto mismo. Su argumentación es simplista y responde a las objeciones y críticas que surgen de las ciencias y de los estudios críticos de la Biblia que, lejos de sacralizar el texto bíblico, destacan sus limitaciones humanas. Es la posición del “fundamentalismo”.

Para el fundamentalista, los autores humanos —que ni siquiera son mencionados como tales— son considerados simplemente como instrumentos de Dios, como “su mano” que escribió, ni más ni menos, todo lo que les “dictaba”, de modo que las palabras son estrictamente de Dios. El modelo al que recurren para su explicación es el profeta extático y visionario, que era poseído por el Espíritu de Dios hasta el punto de no comprender plenamente lo que decía o escribía. Según esta simple explicación, lo que realmente cuenta es la relación Dios—texto. Es la denominada inspiración verbal, que, en su forma extrema, adjudica a Dios incluso “las Vocales del texto hebreo (el hebreo se escribe sin vocales; una vocalización se introdujo en el texto escrito en el s. VI d.C.)” —como lo afirmó la “Fórmula de Consenso de la Reforma Suiza” en 1675. Se trata de afirmar al máximo la autoría del texto y la infalible ausencia de cualquier tipo de error. Eso es lo que, a menudo inconscientemente, se afirma cuando se dice “Dios es el autor de la Biblia” o “la Biblia está/es inspirada” —sin mención alguna del autor humano, como se observa en esas afirmaciones tan corrientes. Otro tanto ocurre con la frecuentemente usada expresión “la Biblia dice...”, que generalmente viene a significar lo mismo que “Dios

dice...”.

[Valga la aclaración terminológica. se habla de “inspiración instrumental” cuando se fija la atención en el escritor y a éste se le ve como un instrumento de Dios, “su mano”. Cuando la atención está exclusivamente concentrada en el texto y se piensa que cada palabra ha sido comunicada por Dios, entonces se habla de “inspiración verbal” Al final de cuentas como se puede observar, el autor humano no recibe la debida atención y lo único que interesa es el texto “dictado” por Dios.]

Esa concepción libresca de la inspiración es vulnerable considerados como una colección de verdades eternas, totalmente aisladas a una serie de objeciones. Por un lado, los escritos de la Biblia son o independientes de su contexto histórico y cultural —no son entendidos como productos de vivencias y experiencias humanas en diálogo histórico con Dios. Por otro lado, el autor humano es prácticamente anulado al ser reducido a mero instrumento, de modo que poco importaría que haya sido pronunciado por Isaías o Amós, o que haya sido vivido por el pueblo judío en el siglo X o el siglo V. Lo único que importa es el texto en sí mismo, como si se tratase de las mismísimas palabras de Dios escritas para mí. Pero ¿cómo explicar los innegables errores gramaticales, las diferencias en estilo y las contradicciones entre diversos textos?; ¿sería Dios inconsistente consigo mismo? No hasta decir que Dios “se adaptó” a su auditorio, pues ¿sería el Creador ignorante de la naturaleza de su propia creación y de la historia? ¿habría permitido primero la esclavitud, la poligamia, etc., para luego abolirlas? ¿por qué habría dejado a su pueblo en la ignorancia en cuanto a la resurrección de los muertos, hasta la época de los Macabeos? etc. Como se observa, al final de cuentas, lo que está en juego es una determinada imagen de Dios (un Dios inconsistente, que juega, oculta, etc.).

La explicación libresca que ofrecen los círculos fundamentalistas llega a afirmar que la inspiración divina concernía a los textos originales, autógrafos — ¡los cuales no poseemos!— y no a las copias, en las que se basa nuestro texto de la Biblia (sobre lo cual ya hablamos).

Finalmente, la inspiración verbal implícitamente identifica Revelación con Biblia: la Biblia sería la Revelación misma — ¿qué decir de los acontecimientos reveladores? Aunque la idea de una inspiración verbal no niegue que Dios se haya revelado en acontecimientos y no en textos, los que afirman que la inspiración fue verbal (lo inspirado son las palabras escritas) insisten en que el texto es un reportaje preciso y exacto de lo que sucedió (el equivalente al video—cassette de hoy), de modo que el acontecimiento pasa a segundo plano; ya no es importante sino su reportaje —que es identificado con la Revelación. Incluso más que el mensaje transmitido mediante el texto, es el reportaje mismo el que recibe toda la atención, es decir, predomina la importancia concedida a “qué pasó o se dijo” sobre “qué significa lo que pasó o se dijo”.

Por un lado la concepción de la inspiración como verbal, tal como la hemos expuesto, nos alerta al hecho de que la Biblia no es un libro más entre otros de inspiración religiosa. Pero por otro lado la afirmación que “la Biblia está/es inspirada” será correcta solamente cuando se entiende que es así porque es producto de autores inspirados, y no a pesar de ellos. Estricta y correctamente hablando, lo inspirado son los autores, y no sus escritos al margen de ellos.

[Los estudios exegéticos han puesto de relieve que, por un lado, la inspiración no se puede definir limitándose exclusivamente al escritor (hagiógrafo). Y, por otro lado, han puesto en evidencia que no se puede hablar de un texto inspirado sin afirmar previamente la inspiración de su autor. Reconocer el papel del autor humano como verdadero autor, no niega la autoría divina. Por eso es frecuente hablar de dos autores: Dios y el hombre, el inspirador y el inspirado. El texto viene a ser, entonces, resultado de esa interacción.]

3. ¿Qué dice la Biblia?

La presencia del Espíritu de Dios como garantía de la autenticidad del testimonio expresado en los escritos de la Biblia, se menciona en diversas ocasiones, p. ej. en lsaías 48,16; 61,1ss; Ezequiel 2,2; Mateo 10, 20; Jonás 16, 7ss; 1 Corintios 7,40. De todos los textos que se pueden citar hay dos a los que invariablemente se apela para afirmar “bíblicamente” que los escritos del Canon fueron inspirados por Dios. Esos dos textos vienen del Nuevo Testamento (¡ninguno del Antiguo!): 2 Timoteo 3,16 y 2 Pedro 1 ,20s. Detengámonos brevemente en ellos.

a) 2 Timoteo 3,16 es el único texto donde aparece la palabra “inspirado (por Dios)” (theopneustos). Gramaticalmente, el sentido del texto no es unívocamente claro debido a que en el griego no siempre es necesario incluir el verbo “ser”, como sucede en ese texto. Dependiendo del lugar donde mentalmente se le sitúe cambia el énfasis en la frase. Además, el griego no empleaba signos de puntuación, y la conjunción griega “Kai” puede traducirse por “y” o “también”. En consecuencia 2 Timoteo 3,16 se puede traducir (literalmente) de dos maneras:

(1) “Toda escritura es inspirada y (es) provechosa para enseñar, para reprender, para corregir,...” o (2) “Toda escritura inspirada es también provechosa para enseñar,...”. La segunda es la traducción que se

lee en la Vulgata, y de hecho es la que corresponde a la intención del autor por dos razones:

Primero, su construcción es paralela al versículo anterior: v. 15: “las sagradas escrituras (...) tienen el poder de instruirte ...”, v. 16: “Toda escritura inspirada (es) también provechosa para enseñar...”

Segundo, el contexto temático de 2 him 3,16 indica claramente que la intención (mensaje) del autor era afirmar que la Escritura es provechosa, útil, en materia de ética (enseñar, reprender, corregir, instruir), y no pronunciarse sobre la inspiración de la “escritura”. La mención de la inspiración es pasajera, estableciendo una distinción entre la “escritura” inspirada y la no—inspirada —si es inspirada, es “provechosa para enseñar...”. La atención está centrada en la utilidad pedagógica de la “escritura inspirada”, no en el hecho de su inspiración divina.

Si bien el texto expresa el reconocimiento del origen divino (theopneustos = “soplado por Dios”) de ciertos escritos, no define la Biblia como inspirada (que todavía no había sido delimitada; cf. “Canon”); no explica cómo entiende “inspirada”; no dice que la Biblia sea infalible o no contenga errores; y no sabemos qué escritos tenía en mente al hablar de “escritura” —no podía incluir al NT, pues todavía no existía como tal cuando se escribió 2 Timoteo, y los escritos cristianos todavía no eran considerados como “Escritura” (ciertamente no en el mismo nivel

que el AT). El término utilizado es “escrito, documento” (graphe), lo que no equivale a decir “la Biblia” (incluso el texto griego no lleva el artículo definido, “la” escritura), y por lo tanto no se pronuncia en términos de un Canon.

En síntesis, 2 Timoteo 3,16 no afirma que (toda) la Biblia está inspirada, ni era esa la intención del autor, sino más bien destaca la utilidad ética—pedagógica de la “escritura inspirada”. Si menciona la inspiración es porque el concepto como tal había entrado en la teología cristiana, y se entendía como comunicación vital (pneustos/soplado) de Dios, que se plasmaba en la “Escritura”.

b) 2 Pedro 1, 20s, “..ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia, porque nunca profecía alguna ha sido pronunciada por voluntad humana, Sino que hombres hablaron de parte de Dios movidos (pheromenoi) por el Espíritu Santo”. Como se observa, el texto se refiere a las profecías, no a los relatos históricos. Que las profecías son “de parte de Dios” no es nada novedoso, pues es frecuentemente afirmado en la Biblia.

Tomando en cuenta el contexto literario del texto, se deduce que se trata de una advertencia acerca de la manera en que se deben interpretar las profecías: no de una manera personalista, caprichosa y arbitraria, al margen de la comunión con la comunidad de creyentes —eso había desembocado en interpretaciones erróneas, algo que precisamente muchos desoyen aún hoy. Un poco más adelante el autor de esta epístola advierte que, en las cartas de Pablo “hay cosas difíciles de entender, que los indoctos y vacilantes interpretan torcidamente, como lo hacen con las otras escrituras, para su propia perdición” (3, 16).

La mención del origen divino de las profecías, que muchos interpretan como una definición de la inspiración de la Biblia, no es aquello sobre lo cual el autor de 2 Pedro se de tenía o ponía el acento. Aquellos que apelan a este texto

para “demostrar” que la Biblia está inspirada, evidentemente lo hacen porque tienen una idea de inspiración basada en el modelo profético, cuyas limitaciones e insuficiencias ya hemos puesto de relieve.

Como se puede observar, los dos textos en los que muchos se apoyan para su idea de la inspiración bíblica, no se pronuncian directa y claramente sobre ella, pero sí reafirman la antigua convicción de que Dios es el origen del

Antiguo Testamento —y quizás de uno que otro escrito del Nuevo. No se pronuncian sobre una supuesta ausencia de

errores, limitándose al contenido ético y doctrinal (no histórico u otro) de un cierto grupo de escritos sagrados.

[Que Dios está al origen de ciertos escritos bíblicos se afirmaba implícitamente, p. Ej., cuando se dice que Dios mismo ordenó escribirlos ( vea p. Ej. Éxodo 17, 4; 34, 27; Deuteronomio 31, 19; Isaías 8, 1; 30, 8; Jeremías 36, 2) o hablar en su nombre (vea p. ej. Éxodo 4, 30: 7, 1ss; y a menudo en los profetas). En el NT se expresa la convicción de que (al menos parte de) el AT era producto de la presencia activa del Espíritu de Dios: vea Marcos 12, 36; Mateo 1, 22; Lucas 1, 70; Juan 10, 35; Hechos 1, 16; 3, 21; 28, 25; 1 Tesalonisenses 2, 13; Romanos 16, 26; etc.]

Ningún escrito de la Biblia se autodefine como inspirado, y ninguno nos dice nada explícitamente sobre la inspiración misma. Más aún, observando la manera en que los autores de los escritos del Nuevo Testamento citaban los textos del Antiguo, alterándolos, adaptándolos y muy pocas veces siguiendo el texto original hebreo (más a menudo la traducción griega), podemos deducir que, al menos para ellos, lo “inspirado” no eran las palabras mismas (inspiración verbal), Sino la capacidad de ser Palabra de Dios aquí y ahora. ¡Ciertamente no eran literalistas! Lo único que se puede deducir de la Biblia es que lo que llamamos inspiración, es una comunicación divina. Lo demás, la discusión sobre la naturaleza y la extensión de la inspiración, la relación Dios—autor—texto, parece haberles sido innecesaria. Por eso no debe extrañarnos que considerasen como “sagrados” a textos que fueron compuestos utilizando a otros textos, como por ejemplo, Crónicas que se “inspiró” en Reyes, o Mateo y Lucas en Marcos —por no mencionar los empleos de mitos y de proverbios populares. Lo “inspirado” era el mensaje, no las palabras o los datos históricos —con la rara excepción donde se menciona que Dios mismo habría escrito el Decálogo: Ex 31,18; 32,16; 34,1. Por eso tampoco debe extrañarnos que incluso los profetas pudiesen hablar en nombre de Dios en sentidos opuestos, como por ejemplo Maq 1,12 y 3,12 que contradice a 1s 31, 4ss y 37, 3ss con respecto al fin

de Jerusalén —cada uno siendo una adaptación a las necesidades del momento y de su modo de entender las cosas. La inspiración divina no era considerada como un fenómeno exclusivo de los autores del pasado, sino que se seguía dando, es decir, no era estática sino dinámicamente entendida.

In document Arens Eduardo - La Biblia Sin Mitos.pdf (página 78-82)