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QUE ES EL FUNDAMENTALISMO?

In document Arens Eduardo - La Biblia Sin Mitos.pdf (página 144-147)

Se denomina fundamentalismo a la actitud mental que a firma sostener y defender los “fundamentos” de una determinada creencia —sea política, religiosa u otra—, y lo suele hacer de una manera casi fanática, cerrada a todo diálogo. Esos “fundamentos” son dogmáticos y son simple y llanamente incuestionables No se trata, pues, de una secta o de una religión, sino de una actitud mental (y emotiva). El fundamentalista se remite a los orígenes de su creencia y se aferra a ellos rechazando (y atacando) todo cambio que haya ocurrido en el tiempo y toda interpretación que no concuerde con lo que él cree que ha sido el credo original. El fundamentalismos está corriendo como reguero de pólvora en el mundo musulmán, y también se está extendiendo en el cristianismo. En ambos es un rechazo virulento de toda interpretación crítica del libro que para ellos es la única fuente de autoridad, sea el Corán o la Biblia. No nos detendremos aquí en todos los rasgos del fundamentalismo como fenómeno ideológico, sino tan sólo en aquellos que dentro del Cristianismo conciernen a su actitud e interpretación como única autoridad.

El fundamentalismo admite la Biblia como única autoridad para sus doctrinas y costumbres. Afirma la autoridad exclusiva de la Biblia, sosteniendo que es la Palabra de Dios en el sentido estricto del término, libre de todo error y condicionamiento. Para el fundamentalista, Biblia, Revelación y Palabra de Dios son sinónimos.

Para el fundamentalista, la afirmación de la absoluta y total inerrancia e infalibilidad de la Biblia es de capital importancia. De ello depende, en su opinión, la autoridad de la Biblia y su total confianza en ella y en última instancia, en Dios mismo. Si se admite que la Biblia contiene errores —argumenta— entonces no merece nuestra total confianza como norma suprema y no podemos estar seguros de lo que Dios quiere de nosotros y para nosotros. Para el fundamentalista, el texto de la Biblia es la única norma objetiva (por ser escrita) que acepta, y esa norma (la Biblia) viene de Dios mismo, quien la “dictó” a los escritores. Puesto que tiene a Dios como su autor, La Biblia no puede tener error alguno, incluso en materias de historia y de ciencia. Esta es la tesis “fundamental” sobre la que reposa toda la estructura doctrinaria del fundamentalismo.

En realidad, el fundamentalista no parte de la Biblia misma, aunque afirme insistentemente que su único fundamento es la Biblia. De hecho parte de una idea previa que tiene acerca de la Biblia: de que es el “dictado” de Dios, que por lo tanto no puede contener ningún tipo de error, y que es la Palabra de Dios dirigida a él e inalterablemente es válida tal cual está escrita, para todos los siglos. Obviamente. para el fundamentalista su interpretación de la Biblia es la única válida y legítima. y por lo tanto toda otra interpretación tiene que ser errónea. Lógicamente. el fundamentalista rechaza el concepto mismo de la tradición, incluso ignora la tradición oral previa a la escritura de la Biblia, rechaza el estudio crítico de la Biblia, ignora toda consideración histórica y cultural con respecto a la composición de la Biblia, y reduce al escritor a una especie de instrumento inerte de Dios (incluso de los relatos, no sólo de las palabras que aparecen en boca de Dios).

El fundamentalista interpreta textos bíblicos utilizando otros textos bíblicos. Pero esos textos ya han sido previamente interpretados según los cánones dados por su líder o guía espiritual — ¡no por la Biblia! En último análisis, el fundamentalista no se basa en la Biblia, sino en su idea acerca del mundo de la Biblia. Cree que sus ideas corresponden a las ideas de los tiempos bíblicos, sin darse cuenta de que sus ideas son producto del desarrollo del Cristianismo, de los conocimientos que hemos adquirido con el tiempo y de nuestra visión occidental ( no Palestina) de la vida y del mundo. El fundamentalista es, pues, en buena medida un ingenuo. Además, se basa en las interpretaciones que le ofrece su líder espiritual, las cuales acepta ciegamente como verdades absolutas e incuestionables —casi como si viniesen de Dios mismo. Así, por ejemplo, los Adventistas leen la Biblia a partir de las interpretaciones y doctrinas adelantadas por Elena White, y los Testigos de Jehová (que, además no aceptan otra traducción que no sea la suya) leen la Biblia a través de los ojos de la “Watchtower Society”. ¡No es, pues, una lectura e interpretación a partir de la Biblia misma!

El fundamentalismo, que es característico de ciertas ramas del Protestantismo, de muchas sectas, y que se encuentra en algunos “círculos de estudio bíblico”, es eminentemente doctrinal en su fundamento y

no permite el cuestionamiento crítico. La doctrina de la infalibilidad absoluta de la Biblia es incuestionable, y la palabra de Dios. Está tan seguro de comprender la Biblia correctamente y de poseer la verdad, que es incapaz de escuchar o leer estudios críticos sobre la Biblia —a menos que el líder los apruebe—tildándolos de impíos, dañinos para la fe. Cualquier cuestionamiento es inmediatamente rechazado con la acusación de que se está negando de que la Biblia es la Palabra de Dios, y para apoyarlo salen a relucir a los pocos segundos tres o cuatro textos bíblicos—desencarnados de todos sus contextos (literario, situacional, cultural)— que supuestamente fundamentan sus doctrinas: “la Biblia dice....” viene a ser equivalente a “Dios mismo dice... y no se puede cuestionar”. El fundamentalista es simplemente incapaz de discutir acerca de la Biblia o de algún pasaje bíblico, sin sacar a relucir media docena de textos, los cuales, además, deben ser interpretados incuestionablemente de acuerdo a su manera de entenderlos. El fundamentalista se mueve en base a un conjunto de textos que considera claves, y subordina u “olvida” los demás, mayormente palabras que aparecen en boca de Dios o de algún profeta— esa priorización de ciertos textos no viene en la Biblia; ¡se la dio su líder! El fundamentalista se llena la boca de textos bíblicos, bien aprendidos, concatenados de manera que se apoyen los unos a los otros, casi en forma circular, y no sale de ellos.

Para el fundamentalista; la inspiración es una especie de dictado de Dios a los diferentes escritores, ya sea hablándoles directamente o “dictándoles” al cerebro. El fundamentalista no se percata de que la idea que tiene de inspiración no es afirmada como tal en la Biblia — ¡ciertamente no en el caso de los relatos!— como tampoco está consciente de que la afirmación de que la Biblia no contiene errores no viene de la Biblia misma: ambas son ideas que vienen de fuera de la Biblia y le son proyectadas. De hecho, en ningún texto (!!) se afirma que la Biblia está íntegramente inspirada (ni siquiera en 2 Timoteo 3,16), menos aún se explicita en qué consiste la inspiración, y ningún texto (!!) afirma que la Biblia está libre de errores.

El estudio crítico de la Biblia es rechazado por el fundamentalista. Para él no hay nada que estudiar “críticamente” (lo que le suena a impiedad): le basta con la manera en que él ya cree que debe ser interpretada la Biblia en base a sus supuestos doctrinarios. Para el fundamentalista, la única interpretación válida es la suya; el único sentido del texto es el “obvio”, el que, según él, cualquiera puede deducir, que “se lee directa y literalmente en el texto”. Al no tomar conciencia de que se trata de un texto literario compuesto en la antigüedad, el fundamentalista no toma en cuenta consideraciones de géneros y composición literarios, de situaciones históricas y culturales, de tradiciones orales, etc. Según él, la Palabra de Dios es válida para siempre, lo que viene a significar que no tiene nada que ver con situaciones pasadas o condicionamientos de cualquier índole. Además, suele tomar como histórico todo lo que tenga apariencia de serlo, incluidos leyendas, mitos, discursos figurados, etc. El fundamentalista cree que su interpretación de la Biblia corresponde a la intención original, que no es la del autor humano sino la del Dios, y por eso rechaza toda interpretación que sea producto de estudios críticos (literarios, redaccionales, históricos, etc.). Para el fundamentalista, conocer la Biblia equivale a conocer de memoria el mayor número de textos posibles y la interpretación dada por su líder. Esto sale a relucir en los “concursos bíblicos”. Su fe está más centrada en los textos bíblicos que en la actuación histórica de Dios —por eso suele ser “biblicista”: lo que cuenta son los textos en sí mismos.

A menudo en círculos fundamentalistas se pretende vivir como en los tiempos bíblicos, dando un brinco olímpico de unos cuantos milenios—por eso, su ética proviene de su lectura literal de determinados textos bíblicos, especialmente del Antiguo Testamento, aunque no toma en serio todos los textos pues omite muchos mandatos éticos del Pentateuco. El fundamentalista no admite que haya habido evolución, profundización, adaptación, de la Palabra de Dios, no sólo en los tiempos post—bíblicos, sino incluso en los mismos tiempos bíblicos —como se observa, por ejemplo, en el enfoque de Jesús con respecto a la Ley. El fundamentalista pasa directamente de Dios al texto (Dios es su autor), sin considerar que muchos textos son productos de tradiciones orales, y del texto brinca al presente, como si hubiese sido escrito ayer para él. Como hemos destacado, el fundamentalista cree que sus ideas (occidentales) son iguales a las de los escritos bíblicos (palestinos), pero en realidad proyecta sobre la Biblia sus ideas acerca del hombre, de la naturaleza, del mundo, de la historia, incluso de Dios.

Como se observa, el fundamentalismo no es simplemente un conservadurismo o un tradicionalismo, si bien tiene ambos rasgos. Es un biblicismo a ultranza que concibe la inspiración como un “dictado” de

Dios de verdades infalibles, incuestionables e inalterables para todos los hombres de todos los tiempos. La absoluta e inerrante autoridad de la Biblia es su fundamento. Fundamentalista no es aquel que lee e interpreta la Biblia literalmente, aunque suele hacerlo, pero sí aquel que lee los textos desencarnados de todos sus contextos, especialmente el histórico y el cultural. Su lectura será literal en la mayoría de los casos, pero dejará de ser literal cuando un determinado texto no concuerda con otro y aparecen las discrepancias dentro de la Biblia —que para él no puede tener discrepancias o error alguno.

En último análisis, el fundamentalismo, el conservadurismo y el tradicionalismo, tienen la misma orientación y el mismo principio: la idea o doctrina de la cual parten y que defienden apologéticamente como la única ortodoxa, la cual es proyectada hacia la Biblia y reafirmada desde allí. Todos— fundamentalistas, conservadores y tradicionalistas— se oponen, unos más radicalmente que otros, a los estudios exegético—críticos de la Biblia, pues minan sus “fundamentos”, calificándolos de racionalistas, modernistas, impíos, dañinos para la fe. Para los tres, la Biblia sirve para justificar su posición doctrinaria, la cual es anterior a la lectura de la Biblia misma. Notoriamente, con frecuencia, esa posición doctrinaria es una ideología que busca defender en nombre del Dios de la Biblia ciertos valores tradicionales — sociales, económicos, políticos, etc.— ante los cuestionamientos de aquellos que piensan con espíritu crítico —por eso exigen fe ciega y no toleran cuestionamiento alguno de las ideas o doctrinas que sostienen. Son incapaces de una autocrítica.

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