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Hacia una Descripción Global de la Inspiración.

In document Arens Eduardo - La Biblia Sin Mitos.pdf (página 86-90)

PALABRA DE DIOS

D) Significado del Canon.

7. Hacia una Descripción Global de la Inspiración.

Tomando en cuenta las aclaraciones hechas, intentaremos describir la inspiración, tanto en su sentido global como en el bíblico en particular, de tal modo que se comprenda la intervención de Dios en la formación de la Biblia. Anteriormente anotamos que lo mínimo que se debe decir de la inspiración es que con ese término se designa una comunicación de Dios al hombre de algo vital o vivencial. A eso añadimos que el hombre (autor) no debe ser considerado separado de su comunidad y de sus condicionamientos y circunstancias histórico culturales.

En su sentido amplio, la inspiración está estrechamente relacionada a la presencia activa y orientadora de Dios en el seno de su pueblo, que se manifiesta explícitamente mediante la “iluminación” de determinadas personas que actuaban como guías e intérpretes de la voluntad divina. Y esa presencia divina no ha cesado: Dios ha seguido y sigue inspirando a determinadas personas, pensemos, por ejemplo, en los grandes santos, en los fundadores de órdenes religiosas, o en el mismo Concilio Vaticano II. La inspiración se dio mucho antes que se escribiese un solo renglón de la Biblia, y se proyecta más allá de ella, hasta el presente.

Ahora bien, si Dios guiaba a su pueblo en su caminar histórico hacia Él, entonces también quiso de una manera especial que, los testimonios de su actuación histórica y de su inspiración a determinadas personas, se pusieran por escrito a fin de que sirvieran de orientación para su pueblo en las generaciones futuras. Esto nos lleva a considerar la inspiración en un sentido más estrictamente relacionado con la composición de la Biblia, es decir, la inspiración BÍBLICA propiamente dicha.

[No podemos subrayar suficientemente la importancia que tienen los escritos bíblicos como testimonio de la Revelación histórica mediante la cual Dios se dio a conocer y expresó su voluntad salvífica para él hombre. Evidentemente, nosotros no hemos sido testigos de esa Revelación histórica (p. ej. del éxodo, de la conquista, de las voces proféticas, incluso de la vida histórica de Jesús. Es sólo mediante los testimonios bíblicos que tenemos acceso a esa Revelación, cuya importancia radica, no sólo en el hecho de ser Revelación divina, sino de ser fundacional: tanto la fe judía como la cristiana se fundamentan en esa Revelación histórica de los tiempos bíblicos.]

Hemos indicado que la inspiración es la comunicación divina de “algo vital o vivencial” ¿qué es? Fundamentalmente, la capacidad de reconocer, comprender e interpretar la Revelación como tal. El Espíritu guió a algunos de los que vivieron las experiencias, a las que se refiere la Biblia, en reconocerlas, comprenderlas e interpretarlas como manifestaciones de la presencia orientadora de Dios, y a transmitirlas como tales. Dios inspiró, es decir, iluminó y guió las capacidades mentales, a determinadas personas para que reconociesen que, por ejemplo, el éxodo (de Egipto) revelaba el papel liberador de Dios, y no simplemente que era el resultado de la astucia de ese grupo de hebreos o de la debilidad de los egipcios. Inspiró a ciertos profetas a hablar en nombre suyo, de modo que orientasen a su pueblo por el camino de la Alianza. inspiró a otros para que se dirigiesen a Él por medio de Salmos. Igualmente, el Espíritu fue guiando a su pueblo en la transmisión oral y la reinterpretación de esas vivencias pasadas, sin tergiversarlas, pero sí actualizándolas. El mismo Espíritu inspiró en particular a algunas personas para que pusieran por escrito esas tradiciones, guiándolas en su tarea redaccional. El mismo Espíritu, además, guió a su pueblo a reconocer la normatividad de los escritos que constituyen la Biblia, y eventualmente a tomar la decisión acerca del Canon. De no haber sido así, ¿cómo podremos estar seguros de que el relato del Éxodo, varios siglos más tarde, ha preservado su verdadero significado revelador? Igualmente, ¿cómo podremos estar seguros de que la decisión sobre el Canon bíblico ha sido correcta, de que no excluyeron escritos que deberían haber Sido incluidos, y al revés? La única respuesta que podemos dar nos viene de la fe:

“Dios les inspiraba”, estaba con ellos guiándoles de un modo especial.

En pocas palabras, la inspiración bíblica: (1) es un carisma o don de Dios a los “autores” (desde la tradición oral hasta la fijación de la Biblia), (2) que les guiaba de tal modo que reconociesen, comprendiesen e interpretasen determinados acontecimientos y vivencias en su dimensión Reveladora (acerca de Dios y su voluntad), (3)y los comunicasen correcta y adecuadamente a su auditorio, (4) para su edificación y orientación en la fe a lo largo del tiempo, por el camino que conduce a la salvación, y atrayese a otros a esa comunidad de creyentes.

Todo carisma es un don gratuito de Dios a ciertas personas para la edificación de su comunidad (vea 1 Cor 12 y 14). El carisma de la inspiración es, además, para la orientación futura de esa comunidad: para guiarla por el camino que conduce a la salvación a la que Dios llama a los hombres de todos los tiempos. No se limita, pues, a la comunidad inmediata, ya que los testimonios bíblicos, al ser puestos por escrito, adquieren una objetividad que se proyecta más allá de la comunidad del momento de su composición escrita: atraen a otras personas ajenas a ella y a las generaciones futuras, —le “hablan” a todos los hombres de buena voluntad”—. Esto lo intuyeron, tanto las generaciones que actualizaron las tradiciones antes de ser fijadas por escrito, como las generaciones que siguieron actualizando esa Palabra de Dios después de

su escritura. La inspiración bíblica, que es una forma excepcional del carisma general de la inspiración, hizo que el mensaje que el texto encierra se extendiese más allá de la intención inmediata del autor: Dios previó que sirviese de guía para el futuro; lo cual no significa que expresamente respondiese a todos los problemas de todos los tiempos o que las instituciones allí expresadas fuesen perfectas. Dios, que inspiró a determinadas personas en los tiempos bíblicos, concedió ese carisma con el fin de guiar a otros hacia Él. Por eso, la inspiración bíblica desembocó en la fijación por escrito de la Revelación que. históricamente, Dios concedió a su pueblo. Recordemos que la Biblia es, entre otros, un conjunto de testimonios de vivencias reveladoras, y no la Revelación misma: Dios no se reveló en libros, sino en acontecimientos”. Y, la inspiración bíblica incluye la decisión sobre el Canon, pues recién con esa decisión se tuvo “Biblia”.

La inspiración bíblica es un carisma especialmente de comprensión e interpretación Al margen de la redacción de los textos bíblicos, la inspiración tenía por finalidad guiar a ciertos individuos (1) a descubrir la significación salvífica de aquello revelado por Dios mediante acontecimientos y vivencias, que luego fueron relatados y eventualmente puestos por escrito: (2) a interpretar correctamente esos acontecimientos, vivencias, experiencias y reflexiones reveladoras, y a asegurar la fiel transmisión de su significación salvífica, preservándola de interpretaciones erróneas (dentro de los límites de sus capacidades cognitivas), hasta su fijación por escrito, y (3) también a reconocer el valor canónico de los testimonios bíblicos para la orientación de la comunidad y hacia ella. La centralidad de la interpretación la pone de relieve especialmente el frecuente conflicto de interpretaciones entre verdaderos y falsos profetas, ilustrado tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento (vea la definición dada en Deuteronomio 13,2—6, y los casos mencionados en 1 Re 22, 6ss; Jer 23,9ss; 26,7s; 28; Ezeq 13: Mic 3, 5ss; Zac l3, 2ss: Mc 3, 22ss; 13.5s; 2 (‘or 11, 13: Gál l, 8s; 1 Juan 4, lss).

De no ser la inspiración bíblica un don divino con miras especialmente a la comprensión e interpretación correcta de los acontecimientos reveladores, ¿qué garantía tendríamos de la verdad salvífica de los testimonios bíblicos? De no incluir la inspiración la decisión de plasmar por escrito los testimonios bíblicos, ¿qué garantía tendríamos de que nuestra fe es todavía hoy correcta, que no hemos hecho de Dios un ídolo? Y, de no incluir la inspiración la decisión de fijar el Canon, ¿qué garantía tendríamos de que las interpretaciones del acontecimiento—Jesucristo dadas en nuestros cuatro evangelios canónicos, por ejemplo, son correctas, y no aquellas que ofrecen los evangelios apócrifos? Como vemos, la inspiración bíblica se extiende, desde antes de la composición literaria de los escritos bíblicos hasta la decisión sobre el Canon, y es la garantía de que nuestra fe responde a la verdadera revelación histórica de Dios.

Que la inspiración bíblica concernía especialmente la comprensión e interpretación, se deduce (1) del hecho de que muchos acontecimientos y vivencias que podían comprenderse e interpretarse de varias maneras, fueron entendidos como acciones reveladoras de Dios; (2) de la concordancia en la comprensión e interpretación que (teniendo en cuenta las circunstancias y las limitaciones conceptuales del momento, que explican las discrepancias) los diversos escritos muestran en torno a un mismo acontecimiento, como se observa fácilmente en el Nuevo Testamento, y (3) del hecho de que la comunidad de creyentes les reconoció autoridad normativa para la fe a éstos, y no a otros escritos..

[La inspiración bíblica concernía especialmente la comprensión e interpretación (lo que significa que se refiere al mensaje), del mismo modo que lo decisivo para que se preservaran, transmitieran y escribieran los relatos y discursos fue la significación que tenían para la comunidad. La centralidad de la interpretación está expuesta en la Biblia misma: todo está interpretado —y en su relación con Dios. No se reportó el éxodo de Egipto como tal, sino lo que el éxodo significaba y todavía tenía de significativo en el momento de su narración escrita. No se narró la muerte de Jesús como si hubiese sido la de cualquier persona, sino interpretada y destacando su significación: era la muerte del Hijo de Dios, fiel a la voluntad divina hasta el final, reveladora del camino que conduce a la glorificación, redentora, etc. Después de todo, lo que los cristianos aceptamos y confesamos como dogma de fe no es una serie de hechos fríos en sí mismos, sino la significación reveladora y salvífica de esos hechos, la cual nos ha sido transmitida en el NT gracias a la interpretación de los autores inspirados. Finalmente, es su significación, y no los hechos o acontecimientos mismos, la que nos sirve de orientación para nuestro caminar hacia la salvación: los tomamos como guías porque reconocemos su significación. Y, como veremos, lo central en la Revelación, no es lo que sucedió o lo que se reporta como pronunciado, Sino lo que eso significa, su mensaje, lo que dice sobre Dios y sobre su voluntad para el hombre.]

La inspiración bíblica condujo a la fijación por escrito de la Revelación histórica (acontecida) de la etapa fundacional o formativa, tanto del Judaísmo como del Cristianismo. La puesta por escrito le dio a los testimonios de la Revelación una objetividad que permite que sean punto de referencia crítico para el futuro, y que se extienda más allá de la comunidad donde se vivió y se escribió. Y, el hecho de tratarse de la Revelación fundacional, le imprime un carácter normativo insustituible para la fe, como veremos al hablar más adelante acerca de la relación Escritura—Tradición. Esto quedó confirmado con la decisión sobre el Canon. Y eso hace que la Biblia sea “documento de identidad”, tanto para el judaísmo como para el Cristianismo (según se trate del AT o de ambos Testamentos).

De lo expuesto, se desprende que la inspiración de los escritos bíblicos no es igual que la de cualquier otro escrito religioso. La inspiración bíblica tenía por finalidad dejar asentada la Revelación histórica que

debería servir de punto de referencia normativo y crítico para la fe posterior. Por cierto, el momento de su escritura representa el grado de comprensión de la Revelación; por eso, ni todo está dicho en la Biblia de forma definitiva y perfecta, ni se excluye la necesidad de interpretarla para el momento actual.

De qué manera inspiró Dios, es algo sobre lo cual se ha especulado mucho; señal de que entramos en terreno desconocido. Ya hemos destacado algunas de las explicaciones comúnmente ofrecidas. Sea como fuese, lo cierto es que Dios estuvo presente de una manera eficaz en el proceso de formación de su pueblo, y ese proceso incluye los escritos “inspirados” que lo edifican y lo orientan.

Si bien la inspiración como tal, en términos generales, no ha cesado —Dios no ha dejado de guiar al hombre, ni se ha ausentado de la historia—, la inspiración bíblica en particular se limita al proceso de formación de la comunidad de creyentes, como hemos visto al hablar del Canon. Por eso no se incluyeron en el Canon otros escritos, y se puso un límite externo: solamente se incluyeron los escritos que expresaban la fe vivida por la comunidad y que testimoniaban las vivencias de la etapa formativa de esa comunidad, los que (como conjunto) definen su identidad, los que determinaron su “personalidad” propia, ya sea judía o cristiana.

Afirmar que los escritores fueron inspirados no significa que lo que ellos escribieron sea automáticamente válido para todos los tiempos, puesto que la inspiración la concedió Dios a individuos que estaban condicionados por las circunstancias del momento y por su limitado horizonte conceptual. La inspiración no convertía a esos individuos en genios o les hacía entender a Dios y la significación de la Revelación de una manera absolutamente perfecta e insuperable, como algunos inconscientemente suponen. La inspiración no eliminaba las limitaciones de los autores humanos ni de los escritos bíblicos (los cuales se dirigían a momentos concretos, que no son precisamente los de hoy, sino del pasado, con los conceptos propios de esos tiempos), y el hecho de haber estado inspirados (en el pasado) no dispensa de la necesidad de reinterpretarlos, de la tarea de buscar el mensaje que pueda tener para hoy. Por eso afirmamos que la inspiración como tal continúa hoy. Cuando hablamos de la inspiración bíblica, hablamos de un tiempo pasado, con todas las limitaciones que eso conlleva.

[Las interpretaciones que encontramos en la Biblia ni son totales ni son perfectas. Son aquellas propias del tiempo en que se dieron, limitadas por el nivel de sus conocimientos y la profundidad de sus percepciones. Esas interpretaciones eran correctas para ese tiempo. Después de todo provienen de personas concretas y limitadas, y los escritores compusieron sus obras para sus respectivos tiempos, convencidos de su validez para las generaciones futuras pero inconscientes de que podrían ser reinterpretadas más profunda y correctamente. Pensemos, por ejemplo, en la manera en que Pablo comprendió la relación entre Dios y Jesucristo. Para Pablo Jesús no era igual a Dios, sino que estaba debajo de El (1 Corintios 15, 22—28, entre otros). Su concepción de Cristo era lo que luego sería una herejía (cuando se tuvo una mejor comprensión), subordinacionista. La interpretación que Pablo ofrecía era correcta hasta donde daban sus conocimientos y su percepción. Sin embargo, podemos afirmar que estaba tan inspirado por Dios como el evangelista Juan, que tenía una comprensión más profunda habiendo percibido la identidad entre Jesucristo y el Padre. La diferencia entre la Cristología de Pablo y de Juan se debe a las limitaciones mencionadas. Cada una era correcta en su momento. Por eso afirmamos que la inspiración divina lo era con miras a ese momento y en ese contexto de un modo directo e inmediato. Por eso afirmamos que los textos bíblicos son limitados, testimonios de la fe de ese tiempo—con la cual nos situamos en continuidad y la tradición siguió profundizando (hasta hoy). Y por eso afirmamos que la inspiración divina va más allá de los escritos bíblicos.]

Hemos afirmado que la inspiración como tal no concluyó en todas sus manifestaciones —solamente concluyó en su expresión bíblica— con la puesta por escrito y la definición del Canon. La presencia orientadora de Espíritu de Dios no ha cesado. Los escritos de la Biblia remiten a las manifestaciones y las vivencias pasadas de esa presencia divina y son promesa y garantía de la continuidad de esa misma presencia. Más aún, las vivencias de fe no han cesado. y la búsqueda de la comprensión de la Revelación es un proceso que no ha concluido con la redacción definitiva de la Biblia. Prueba de ello es que, con el transcurrir del tiempo, se han ido comprendiendo cada vez con mayor profundidad los testimonios bíblicos de la Revelación —algo que se observa ya en la Biblia misma: los escritos más antiguos, por ejemplo, no tenían idea de una vida mas allá de la muerte, y los más recientes hablan incluso de una resurrección. Padres de la Iglesia y teólogos, a lo largo de los siglos, han contribuido a comprender cada vez mejor “la anchura y largura, la altura y profundidad” de la Revelación: ¿han sido inspiradas sus intuiciones?; ¿inspiró Dios al Papa Juan XXIII a convocar el Concilio Vaticano II?

El Espíritu no puede ser aprisionado entre las letras de los escritos bíblicos. Estos son medios de comunicación que remiten a Dios, a su presencia activamente orientadora, presencia que se proyecta al futuro, pasando por el ayer y el hoy. La inspiración divina se dio mucho antes de que se escribiese una sola letra, y es la inspiración divina la que mueve al hombre a comprender y a aceptar el mensaje salvífico que

la Biblia comunica. En suma, si la Biblia es palabra eficaz de Dios para el hombre de hoy lo es porque el Espíritu que inspiró en el pasado sigue inspirando hoy.

No es posible demostrar que los escritos de la Biblia han sido inspirados por Dios, excepto observando el papel que ésta jugado y sigue jugando entre los hombres y en la comunidad de creyentes en particular. Se puede decir que la inspiración de la Biblia se manifiesta en su capacidad de inspirar al hombre: inspira porque fue inspirada. Sólo quien se compenetra y se pone en sintonía con el Espíritu, puede reconocer el carácter inspirado de los escritos bíblicos. Y, valga la observación, aun si se demostrase que la Biblia no contiene error alguno, no por eso se estaría demostrando que fue inspirada. —no más que en el caso de cualquier otro escrito. Ha sido la comunidad de fe, en cuyo seno surgió y se transmitieron e interpretaron las tradiciones, que vivió de ellas y que comprobó su eficacia salvífica, la que reconoció los escritos bíblicos como inspirados por Dios, a la luz de su vida de fe.

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