PALABRA DE DIOS
D) Significado del Canon.
6. La Inspiración a la Luz de los Estudios Bíblicos Actuales.
Los estudios bíblicos de los últimos decenios, que han integrado los aportes de las ciencias sociales, de la lingüística, de la sociología, de la antropología y la arqueología, entre otros, nos han obligado a repensar nuestra idea de la inspiración, desde el momento en que tomamos en serio la variedad de factores que intervinieron en la composición de la Biblia, y en consecuencia, han mostrado cuán defectuosas son las explicaciones tradicionales de la inspiración.
Por lo pronto, en lugar de partir de supuestos previos, de ideas preconcebidas y proyectadas sobre la Biblia, se ha comprendido la necesidad de invertir el camino, como lo hemos hecho en nuestro estudio. Se procura ofrecer una explicación de la inspiración que tome en cuenta todos los aspectos de la formación de los escritos bíblicos, que resumiremos a continuación. Se ha revalorado la humanidad de la Biblia, sin por ello negar el origen y la relación con Dios. Es así que se propone entender la inspiración de modo que se considere al autor humano en términos de su situación histórica, cultural y social, y la intervención de Dios en términos históricos y dialogales.
Al hablar de la inspiración, los siguientes aspectos deben ser tomados en cuenta y deben ser coherentes con la explicación que se dé:
a) La inspiración, siendo comunicación divina, se dirige a personas y no a escritos. El texto dícese ser inspirado por serlo su autor, no a pesar de él.
b) No todos los escritos bíblicos hablan de la intervención de Dios en la historia. Los Salmos y algunos escritos sapienciales expresan más bien la apelación del hombre a Dios: ¿están igualmente inspirados por Dios’?
c) El término “autor” debe incluir a todos los que intervinieron en la transmisión oral, que va desde el primer relato del acontecimiento o vivencia en cuestión, hasta su puesta por escrito.
d) La explicación de la inspiración que se dé debe tomar en cuenta el hecho de que, en el curso de la transmisión oral, lo comunicado sufría modificaciones, adaptaciones, reinterpretaciones. Igualmente, el (o los) escritor seleccionó, adaptó y reinterpretó las tradiciones recibidas. Toda explicación de la inspiración debe cubrir el proceso de comunicación, con sus implicaciones, especialmente la pregunta por la garantía de que lo transmitido ha sido correctamente interpretado a lo largo del tiempo, hasta su puesta por escrito.
e) Algunos escritores utilizaron otros escritos como fuentes o tomaron material del mundo en que vivían (mitos, expresiones, proverbios). Los libros históricos, y también Lucas 1 ,3, lo dicen expresamente. ¿Cómo entra en consideración la inspiración si usaron material ajeno?
f) Debe referirse tanto a discursos como a relatos (mitos, leyendas, etc.).
g) Los escritos de la Biblia no solo cubren una variedad de géneros literarios y estilos propios de esos tiempos, sino que muestran diferentes maneras de entender a Dios: ¿fue Dios cambiando de idea?
h) Puestos en el orden cronológico de su composición, los escritos de la Biblia muestran un desarrollo incluso una evolución en el pensamiento religioso, y sin embargo se afirma que todos han sido igualmente inspirados por el mismo Dios: ¿a quién se debe ese desarrollo conceptual’?
i) En la Biblia hallamos una innegable serie de inconsistencias y también errores, como veremos más adelante: ¿a quién se deben y cómo se puede conjugar con la idea de una inspiración divina?
j) Los acontecimientos son la base de los relatos sobre los mismos. Más que un conjunto de discursos o pronunciamientos divinos, la Biblia contiene testimonios de vivencias reales, humanas e históricas, y por lo tanto, no puede reducirse a un conjunto de inspiradas “verdades eternas”. Más aún, la Biblia no es un tratado de teología —y menos aún perfecto (hay mucho que corresponde a conceptos imperfectos, tanto de Dios como del mundo y del hombre).
k) Ningún autor, tanto en lo oral como en lo escrito, vivió aislado de su comunidad, sino que estuvo inmerso en ella: allí se transmitieron y vivieron las tradiciones —algunas de las cuales se consignaron por escrito. Todo autor ha estado influenciado tanto por su entorno (circunstancias) como por su historia personal. Y el escritor compuso su obra con su estilo, según su visión teológica, sus concepciones y su comprensión de las tradiciones. Es decir, toda explicación de la inspiración debe tener presente la dimensión social, además de la histórico— cultural y las limitaciones conceptuales.
l) Los diferentes escritos de la Biblia fueron compuestos para un público concreto, el del tiempo de su composición, tomando en cuenta sus vivencias, problemas, intereses y necesidades, es decir, responden a circunstancias concretas y se refieren a ellas. No fueron escritos desde una torre de marfil y para un público imaginario.
m) No pocos escritos muestran ser productos de más de una única redacción. La inspiración debe, pues, haber incluido tanto al primer como al último redactor de esos escritos. Es decir, todos los que participaron en la
composición escrita deben ser considerados como inspirados de alguna manera.
n) La inspiración divina ¿puede restringirse a la composición de los escritos autógrafos originales, que no poseemos? El texto de nuestras Biblia se ha establecido en base a las copias existentes, y no está libre de problemas.
o) La Biblia es el resultado de las decisiones sobre el Canon. Los autores de muchos escritos bíblicos no tenían la intención de que fueran normativos para todos los tiempos, como es evidente en el caso de las cartas. La decisión de constituir un canon —cuáles son los escritos normativos— tiene algo que ver con la inspiración divina.
p) La inspiración divina no puede haber concluido con la composición del último escrito de la Biblia, pues Dios no ha dejado de guiar a su pueblo. A lo sumo se puede hablar de una inspiración bíblica que concluyó en un determinado tiempo —y ello obliga a diferenciar entre inspiración en general e inspiración bíblica. El hecho de que los escritos de la Biblia no se hayan perdido , que hayan sido reconocidos como Palabra de Dios, y la decisión misma de fijar un canon, se deben a la inspiración divina, es decir, a la presencia activamente orientadora del Espíritu en el seno de la comunidad de creyentes — presencia que repetidas veces es afirmada en la Biblia —. La inspiración como tal precedió a la composición de los escritos que constituyen la Biblia, y se proyecta más allá de ellos —hasta nosotros —.
En síntesis, una concepción de la inspiración que considera al autor humano como instrumento o secretario de Dios, que olvida la libertad humana y el sentido de la comunicación, que lo aisla de su comunidad histórica e ignora los múltiples condicionamientos e influencias situacionales y que permite aparecer a Dios como si fuese inconsistente e incluso se contradijese, es miope en cuanto a la naturaleza de los escritos bíblicos y en cuanto a la manera de actuar de Dios. Una concepción de la inspiración que olvida el proceso evolutivo de las tradiciones y de la Biblia misma, que pone su atención exclusivamente en el texto final, es ciega en cuanto al dinamismo histórico de la Palabra de Dios.
[La explicación de la inspiración bíblica que se dé, debe ser aplicable a cualquier escrito de la Biblia, pues se está hablando de la inspiración en referencia a la Biblia como totalidad. No puede limitarse a una explicación que se aplique solamente a los escritos proféticos, como se a mentido el caso (y ya destacamos), sino que se debe comprobar como explicación de la inspiración de escritos tan variados como Josué, Crónicas, Qohelet y Salmos, y debe tomar seriamente en cuenta el problema de la inerrancia (que desarrollaremos luego).]