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La enseñanza de la escritura en los primeros ciclos

2. Marco Teórico

2.1. La enseñanza de la escritura en los primeros ciclos

La escritura permite expresar las ideas, sistematizar la información y por ende, mejorar el aprendizaje, por lo tanto debe tener la relevancia que merece. En ocasiones la escritura se ve tergiversada por ciertas concepciones que se siguen replicando en la escuela, por este motivo es necesario apropiarse del siguiente postulado de Teberosky (1992) “estamos convencidas de la conveniencia de comenzar la enseñanza por el lenguaje escrito y no por las unidades y las reglas de la escritura” (p.47). Quien señala que es fundamental lo que se enseña en el aula pero es más importante poder desligarse de ciertos elementos estructurales que lo que hacen en ocasiones es limitar la escritura de los estudiantes, porque se ha dado más relevancia a las tildes u ortografía que al sentido mismo de lo que se plasma.

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Para adentrarse en la escritura Ferreiro & Teberosky (1991) mencionan que: “el aprendizaje de la lectura y la escritura no podían reducirse a un conjunto de técnicas perceptivo- motrices” (p.11) porque esto es lo que generalmente se piensa, que se adquiere un código de modo mecanicista, teniendo como mayor preocupación la imitación del trazo de las letras, creando así la concepción de una lengua que se aprende no por razonamiento propio del estudiante sino que es una copia de lo que otros hacen y generando una reducción de la escritura, haciendo que esta no tenga trascendencia y sea estática.

Es importante realizar la distinción que hace Tolchinsky (1993), entre copiar y escribir, en la que se desconoce la producción y creatividad del individuo, haciendo que la escritura quede en un nivel superficial y no se considere importante o en donde se le da mayor relevancia al hecho de revisar ciertas categorías gramaticales, es decir, “los niños aprenderán a escribir escribiendo, y no sólo copiando. Por lo tanto, hay que diseñar situaciones en las cuales necesiten y quieran escribir” (Tolchinsky, 1993, p.21), por esta razón es que se promueve la escritura de cuentos como una forma de poner en práctica lo aprendido.

Para que la escritura tenga otra connotación se requiere partir de situaciones y personas reales porque las actividades discursivas “derivan de las interacciones entre las representaciones internas de los sujetos y las propiedades externas del lenguaje escrito y de la escritura como sistema connotacional” (Teberosky, 1992, p.76) así que la escritura resulta ser más valiosa cuando se sabe que se dirige a otra persona, llamando el interés del estudiante por escribir y cautivar a sus posibles lectores.

Cada vez que alguien escribe hace un entretejido, es decir que “un texto se produce por capas, con un ir y venir entre intenciones del autor y necesidades lingüísticas del texto” (Jolibert & Jacob, 1998, p. 217) indicando que la escritura permanece en construcción, en reelaboración permanente, ya que esa es la esencia misma de la escritura, nada está completamente acabado la primera vez.

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Por otra parte, se encuentran teóricos como Scardamalia & Bereiter (1992) que hacen la distinción entre un escritor novato y uno experto, que después se van a denominar maduro e inmaduro, a raíz que existe una diferencia en el proceso cognitivo que cada uno de los individuos adquirió. Un escritor novato es aquel que plasma inmediatamente las ideas más importantes del tema que se le ha propuesto y las ideas que no tienen mayor relevancia son las que se encuentran páginas más adelante perdiendo la coherencia, mientras que el escritor experto busca que sus ideas puedan confluir, que tengan sentido.

Según Teberosky (1995) escribir es “una actividad que permite la planificación, la citación, la reflexión, el desdoblamiento y la repetición debe tener como consecuencia la búsqueda de la eficacia total y de la perfección” (p.29) pero lamentablemente estos procesos no se han tenido en cuenta porque no se regresa a lo escrito, tan solo se escribe una vez y se entrega inmediatamente lo solicitado. Posteriormente menciona que algunas veces se regresa al texto construido, pero tan solo es para verificar elementos ortográficos, esto sucede porque se escribe en situaciones que no son reales, que al momento de su creación no tienen mayor relevancia para quien lo hace porque se considera una actividad simplemente motora y que hacen ver a la escritura fragmentada. 2.2. La reescritura como parte de la escritura

La reescritura es importante durante todo el proceso ya que hace que el estudiante sea consciente de aquello que plasma, es decir, que “además del mejoramiento del estilo, el alumno muestra un adelanto estructural importante” (Scardamalia & Bereiter, 1992, p.54) porque logra hacer conexiones y vínculos de los que no se había percatado.

Es vital que el niño encuentre un sentido lúdico a la reescritura para que se convierta en una actividad que realiza con todos los sentidos y no por obligación. Se propende entonces porque el docente y el estudiante no solo vean importante el aprendizaje de la caligrafía, la ortografía u otras normas, sino que trasciendan aspectos lingüísticos,

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pragmáticos y estéticos que son fundamentales, en donde no se dé prioridad a un solo aspecto sino que confluyen en el proceso escritural.

Según Tolchinsky (1993) es pertinente que el estudiante reescriba, entendiendo la reescritura como la fase en la que se generan ideas, se planifica y se plasma por escrito. Lo que indica que la planificación debe realizarse desde los primeros años y de esta forma se facilitará el proceso escritural “Cualquier secuencia de fases puede ser cumplida tanto por un escritor profesional como por un alumno de primer ciclo de escuela primaria” (p.45). Por este motivo se requiere adentrar al niño al aprendizaje de los borradores textuales para que no perciba que esto lo realiza la profesora sino que es un trabajo que hace parte de su escritura.