En el escenario optimista, los riesgos señalados en el escenario base dis- minuyen su probabilidad de ocurrencia. La disminución del déficit fis- cal haría que la relación deuda pública a PIB puede bajar más rápido de lo que lo ha hecho en los últimos años, el que el Gobierno asuma los pa- sivos del BCCR permitiría bajar las tasas de inflación y devaluación en forma más significativa. Como resultado, la relación base monetaria a PIB podría subir y la dolarización podría empezar a reducirse a medida que se empiece a reestablecer la confianza en la moneda nacional y la vulnerabilidad del sistema bancario disminuiría. Además, la economía podría mejorar su competitividad y productividad con la profundiza- ción del acceso a mercados internacionales por la aprobación de trata- dos de libre comercio con EE.UU. y, posiblemente, Europa.
Evidentemente, desde el punto de vista de manejo monetario/ cambia- rio, se presentaría la oportunidad para bajar la tasa de inflación a nive- les más cercanos a la de los socios comerciales de Costa Rica. Por ello, y a pesar de que se reducen las vulnerabilidades que en el escenario ba- se justificaban salirse del régimen del crawling peg, en este escenario
también hay buenas justificaciones para pasarse a un sistema cambiario más flexible. La justificación provendría precisamente de la baja en la tasa de inflación. Si bien la baja en la tasa de inflación podría efectuar- se con un sistema de crawling pegcomo el que se ha tenido en Costa Ri-
ca hasta la fecha, al discutir el escenario base se mencionó que esas es- trategias no han sido muy exitosas, especialmente en ambiente actuales de integración a los mercados de capitales internacionales. Por ello, y para mejorar la probabilidad de éxito en la transición de la situación ac-
tual de inflación moderada de dos dígitos bajos, a una inflación de un dígito cercana a la de lo socios comerciales, es conveniente también bus- car un régimen monetario que amarre al BCCR y le otorgue credibilidad a su política. Por ello, también en este escenario se justifica moverse ha- cía un sistema de tipo de cambio más flexible, y establecer un ancla a la política monetaria por medio de un compromiso con niveles de infla- ción que gradualmente irían tendiendo a los internacionales, en la me- dida que se consoliden las acciones en materia fiscal, financiera y co- mercial, que permitan bajar las expectativas de inflación y construir la credibilidad en la política económica en general y la monetaria en par- ticular. Sin embargo, igual que se advirtió en el caso del escenario base, el cambio puede entrañar fuertes riesgos, que se discuten más adelante.
¿Qué sigue después: flexibilidad o unión monetaria?:
la estabilidad del tipo de cambio real versus la inflación
36Sin embargo, una vez se consolide los nuevos regímenes económicos con la baja en la inflación y la reducción de los riesgos fiscales, dolari- zación de hecho, etc. y se profundicen la reformas comerciales se abre la interrogante de si conviene o no que Costa Rica y, posiblemente Cen- troamérica y algunos países del Caribe, pasen a formar una Unión Mo- netaria con el dólar estadounidense como moneda central. Lo anterior porque probablemente en una economía pequeña como la costarricen- se, y como lo advierten Eichengreen (1996) y Eichengreen et al., (1999),
la volatilidad del tipo de cambio nominal en un sistema más flexible puede acarrear una volatilidad indeseada y no permisible en el tipo de cambio real de corto plazo, y conducir a usar la política monetaria para estabilizar el tipo de cambio nominal con el fin de que no introduzca las fluctuaciones indeseadas en el tipo de cambio real a pesar de que ello conlleve violar las metas de inflación.37 Si esto ocurriera, se podría per-
36. Frankel (1999) plantea que el sistema cambiario para un país no tiene que ser el mismo a lo largo del tiempo.
37. Véase el Anexo para citas de Eichengreen (1996). En Eichengreen et al.,(1999) los
autores señalan:
“It is unlikely; however, that many emerging-market economies moving towards greater exchange-rate flexibility would accept benign neglect of the exchange rate. The exchange rate is the single most important asset price for a small open eco-
der parte de las ventajas del sistema de metas de inflación38o, en un ex-
tremo, volver a un sistema de tipo de cambio fijo o ajustable. Por ello, la pregunta relevante en esas condiciones sería si la economía costarri- cense no clasificaría para una unión monetaria con otros países de la re- gión con el dólar como moneda o para una dolarización de derecho. Es- te es un tema que quedaría abierto para dentro de unos diez años, cuando se haya consolidado la rebaja en la inflación y la eliminación de los riesgos macroeconómicos mencionados antes y se haya profundiza- do la apertura comercial. Sin embargo, hay razones para pensar que puede convenir ese tipo de régimen. Por un lado, está el pequeño tama- ño de la economía y su baja, aunque creciente, diversificación. Si se rea- lizan reformas como las planteadas en el escenario optimista, Costa Ri- ca podría reunir los criterios planteados por Eichengreen et al.,(ver el Cuadro 4.1) para una dolarización de derecho o unión aduanera.
nomy. Policymakers in such countries are understandably reluctant to eschew all foreign-exchange market intervention and subordinate all exchange-rate policy to other targets.”
38. Eichengreen al plantear claramente la opción de un sistema de matas de inflación modificado para incorporar metas sobre el tipo de cambio, la descarta por incon- veniente:
“It is tempting to argue that an inflation target should be articulated as part of an eclectic monetary-policy operating system in which the relative stability of the ex- change rate also plays a role. In theory, a nominal exchange-rate target could coe- xist with an inflation target ‘as long as it is clear that the inflation target has prio- rity if a conflict arises’ (Leiderman and Svensson, 1995, p. 1). In practice, however, such coexistence could be problematic, because the authorities would be unable to conveyex-antethose priorities to the public in a credible manner. … [T]here is no
assurance that either of the two main course of action open to the authorities in si- tuations of exchange rate pressure –that is, to adjust the instrument settings too preserve the nominal exchange-rate target or to allow the exchange rate to move beyond the reestablished range– would convey the appropriate signal to the public or increase the credibility of the authorities. Without question, the surest way of avoiding these problems is to refrain from making strong commitments about the time path of the nominal exchange rate. Eichengreen et al., (1999, p. 34).