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Por qué las minidevaluaciones se han mantenido por veintidós años?

Como se indicó arriba, el sistema de minidevaluaciones ha servido bien durante veintidós años. En este período Costa Rica no ha enfrentado una crisis cambiaria, a pesar del déficit de sus autoridades para resolver problemas de política económica que se han convertido en estructura- les, como la fragilidad de las finanzas públicas y las pérdidas del Banco Central. Lizano (2004) ha expuesto esta línea de razonamiento en for- ma amplia y clara. Esta sola circunstancia podría esgrimirse como ra- zonamiento fundamental para explicar la permanencia de dicho régi- men por más de dos décadas.

La credibilidad y la certidumbre para los agentes económicos es un bien muy preciado. Tanto lo es que mientras existan esas condiciones hay poco espacio para una crisis de balanza de pagos. Una vez que se ha di- vulgado el interés del BCCR de valorar la evolución hacia un sistema

cambiario más flexible, cuando el tema se abre a la conversación con personas de negocios, la primera pregunta que surge es ¿por qué y pa- ra qué cambiar? “If it works, don’t fix it”, según reza el aforismo del idio-

ma inglés. De inmediato surge también el espectro del desorden cam- biario durante la crisis financiera del período 1980-1982. Estas observaciones empíricas aisladas, si bien insuficientes para cualquier ti- po de inducción científicamente aceptable, permiten plantear la hipóte- sis de que los agentes económicos costarricenses tienen más conciencia de las ventajas de las minidevaluaciones, que de sus desventajas. A es- to se regresará en el apartado siguiente.

Más allá de la observación aislada antes referida, en los años recientes se destaca la circunstancia de que Costa Rica ocupa hoy un poco honro- so segundo lugar en inflación en Latinoamérica. A la vez, esto tiende a conectarse con la proclividad hacia la inflación inercial causada por las minidevaluaciones. Pero esa línea de argumentación podría tener flan- cos débiles. Al menos debe contrastarse con la afirmación de que dicho régimen persiste a lo largo de tantos años porque, en lo sustancial, el país no ha resuelto los problemas por los cuales se justificó su adop- ción.18 De acuerdo con este razonamiento, la causa de la inflación cró-

nica no estaría en el sistema cambiario y, consiguientemente, sería insu- ficiente suplantar el sistema cambiario para tratar de bajar la inflación sin atacar sus más profundas causas estructurales.

Un razonamiento a favor de replantear el sistema cambiario costarricen- se es el de “dejar de vivir en el filo de la navaja”. Desde hace quince años, en una conversación sobre estos temas con Guillermo Calvo, cuando recién empezaba a publicar sus desarrollos sobre movimientos de capital, sudden stops y crisis de balanza de pagos, mencionaba él que

algunos indicadores de la economía de Costa Rica resultaban preocu- pantes, como la reducida proporción de reservas internacionales respec- to a indicadores monetarios relevantes y la fragilidad de las cuentas fis-

18. Este argumento está tomado de manifestaciones de Alberto Trejos, en conversacio- nes sostenidas sobre el tema. Naturalmente su razonabilidad en modo alguno con- duce a descartar el efecto inercial sobre la inflación provocado por el sistema de minidevaluaciones, sino sólo a poner en la balanza problemas más estructurales en los equilibrios macroeconómicos de Costa Rica, que deberían enfrentarse junto con el efecto inercial del régimen cambiario.

cales, incluidas las pérdidas del Banco Central. Bajo esta línea argu- mental, si bien el país ha vivido veinte años sin crisis, podría estarlo ha- ciendo en el filo de la navaja permanentemente, por lo que el riesgo de un desenlace permanecería. Lizano (2004, p. 117) busca traer este tema a la validación empírica, al recordar la importancia de evaluar las con- diciones bajo las cuales podría materializarse ese riesgo.19

Es claro que, bajo el análisis de la “trinidad imposible”, la política mo- netaria está sujeta a limitaciones para mantener la inflación bajo control, factor que habría estado presente durante los años de vigencia del siste- ma de minidevaluaciones. Pero durante poco menos de la mitad de ese período, el Banco Central ha mantenido otra restricción importante en su accionar, representada por el tamaño de sus pérdidas. Mientras és- tas persistan, la limitación de la “trinidad imposible” podría pasar a un segundo lugar y concebirse como un tema de manejo fino (fine tuning)

de la política monetaria, lo cual tendería a percibir el régimen cambia- rio como un problema de relevancia menor.

Por la claridad de la exposición de Lizano (2004, pp. 125-126) sobre las virtudes y defectos del sistema de minidevaluaciones, se incluye de se- guido el resumen de sus apreciaciones al respecto:

Se optó por el sistema del crawling peg, conocido como el de

las minidevaluaciones. Este régimen, en vigencia ya duran- te veinte años, mostró ventajas importantes.

• Se basa en una regla fija, determinada por el BCCR y de conocimiento público: la devaluación nominal correspon- dería a la diferencia entre la inflación local y la internacio- nal. La discrecionalidad de las autoridades del BCCR en este campo ha sido muy reducida.

• Los ajustes en el tipo de cambio nominal se llevan a cabo cotidianamente, mediante pequeños ajustes.

19. En realidad, es válida la pregunta respecto a qué magnitud de shockpodría mate-

rializar el riesgo de una crisis de balanza de pagos, luego de que el país ha podido sortear exitosamente crisis financieras externas tan devastadoras como la de Méxi- co en 1994-1995 y la crisis asiática de 1997-1998.

• Los agentes económicos entienden el funcionamiento del régimen cambiario, es predecible y, por tanto, pueden co- rroborar con facilidad su cumplimiento.

• Las desviaciones reales, en un sentido o en otro, han sido relativamente poco significativas. De hecho, tal como se observó en el Gráfico 4.3, tales variaciones se han manteni- do dentro de una banda de +3 por ciento y –3 por ciento. • Los agentes económicos han percibido que las desviacio-

nes no han sido deliberadas, con el propósito de generar rezagos (apreciación real) para ayudar a los importadores y perjudicar a los exportadores, o, al contrario, de propi- ciar adelantos (depreciación real) para favorecer a los ex- portadores y desfavorecer a los importadores. En reali- dad, las desviaciones han sido pequeñas y transitorias. Por otro lado, el éxito del régimen ha creado sus propios pro- blemas:

• Se genera una cierta inflación “inercial”, en el sentido de que los agentes económicos pueden predecir, con bastan- te certeza, la evolución del tipo de cambio nominal. • El BCCR asume la responsabilidad de mantener un nivel

de reservas monetarias internacionales de rápida disponi- bilidad, para hacer frente a la demanda de divisas al tipo de cambio nominal. Ello implica un costo para la Institu- ción y la obliga a seguir muy cuidadosamente el compor- tamiento de esas reservas.

• El BCCR ha debido esterilizar buena parte de los colones emitidos cuando compra divisas a los agentes económi- cos. Esta esterilización también acarrea costos al BCCR, pues se lleva a cabo mediante operaciones de mercado abierto (OMA), a tasas de interés de mercado.

• Se crea la falsa idea de una estabilidad cambiaria práctica- mente permanente, e incluso, hasta se llega a creer que el BCCR no procederá a ajustes “considerables” del tipo de cambio nominal. Esta expectativa equivocada lleva a los agentes económicos a asumir riesgos cambiarios más allá de lo que puede indicar la prudencia.

En suma, podría mencionarse que el sistema de crawling pegse ha man-

tenido por tantos años en Costa Rica porque: i. Ha funcionado bien.

ii. No se han resuelto los problemas que justificaron su adopción. iii. El tema es muy sensible.

iv. Las principales limitaciones para la política monetaria provienen de problemas estructurales y no necesariamente del sistema cambiario. v. No hay clara percepción sobre las implicaciones de la creciente do-

larización de la economía.