¿Qué significa este adiós? Significa la despedida de la aceptación de esta división, mantenida por ambas partes por mil años. Significa dirigirse al otro y dedicarse al trabajo inacabado de resolución del cisma, aunque las explicaciones de las dos partes del cisma y las mutuas reprobaciones fueron derogadas formalmente al final del Concilio. ¿Qué nos dice desde el punto de vista del contenido y teológicamente esta convivencia cismática durante unos mil años?
Un primer rasgo: en Occidente se forma una Iglesia monocultural, que exige validez universal para su forma monocultural. Esbozamos primeramente la forma monocultural de la Iglesia católica-romana que se forma en el milenio del “estar tranquilo uno al lado del otro”.
Momentos importantes, en los que esa unidad monocultural se manifiesta, son: (i) la unidad de la teología dentro de la Iglesia latina, fundamentada concretamente en la validez centenaria de las sentencias de Pedro Lombardo, que solo en la época de la Contrarreforma fueron sustituidas por la Summa de Tomás de Aquino; (ii) la unidad del derecho canónico fundamentado en las fuentes del derecho romano incluidas en las Decretales de Graciano; (iii) la forma franco-romana de la liturgia, con su lenguaje latino, comprendida desde los tiempos carolingios como culto a la soberanía de Dios; (iv) la unidad del orden único, sacro y público, con las estructuras de vasallaje eclesial y secular. Aquí se diferencia estrictamente entre el ámbito espiritual y temporal. La red de monasterios y de universidades —que refuerzan esta figura monocultural— es un elemento esencial de esta infraestructura.
Un segundo rasgo: el reemplazo de la unidad plural del primer milenio por la estrecha concentración y enfoque de la Iglesia en la posición central del sucesor de Pedro. Desde el comienzo del siglo XII hasta la época de la Contrarreforma muchos teólogos enseñan que Jesucristo consagró como obispo exclusivamente a Pedro. El argumento se apoya en Mt 16 y Jn 21. Los demás apóstoles habrían recibido su ordenación episcopal de Pedro12. En lo sucesivo, hasta el Vaticano II, se mantiene la doctrina de que los obispos reciben su poder de jurisdicción de manos del papa. Pío XII habla en estos términos en su encíclica Mystici corporis.
Apelando a Pedro como princeps ecclesiae y princeps apostolorum, esta figura monocultural de comprensión de la revelación, de la Iglesia y de la teología se exige como un criterio incondicional en los escasos encuentros entre la Iglesia oriental y occidental. Esto se manifiesta en la disputa del Filioque, en la recepción del II concilio de Nicea, en las discusiones sobre los eschata durante el concilio II de Lyon, en el concilio de Ferrara y Florencia, en el que se trataba de la unión con los griegos, con los armenios, los jacobitas y los coptos. Durante las últimas sesiones en Roma se cerraron uniones con otros orientales (los sirios en Mesopotamia, los caldeos y los maronitas en Chipre). A todos se les impuso como obligación la doctrina de los sacramentos elaborada en Occidente.
¿Qué perspectiva abre el Concilio al decir adiós a esta división? En principio, es conmovedor leer con este trasfondo las declaraciones que se han hecho respecto a las Iglesias católicas orientales en Orientalium ecclesiarum:
Es deseo de la Iglesia católica que las tradiciones de cada Iglesia particular o rito se mantengan salvas e íntegras, y ella misma quiere adaptar su forma de vida a las varias necesidades de los tiempos y los lugares (OE 2).
En Unitatis redintegratio el significado positivo de esta despedida es tematizado todavía con más claridad. Sobre todo se confirma expresamente a las Iglesias patriarcales
que en parte tienen sus orígenes en los mismos apóstoles y que tienen “un tesoro del que la Iglesia occidental ha tomado varias cosas de la liturgia, de la tradición espiritual y del orden jurídico”. Expresamente esto significa que:
La herencia transmitida por los Apóstoles fue recibida de diversas formas y maneras y, en consecuencia, desde los orígenes mismos de la Iglesia fue explicada diversamente en una y otra parte por la diversidad del carácter y de las condiciones de la vida (UR 14).
A continuación se nombran las diversas tradiciones espirituales orientales, sus usos y costumbres, que no van “en contra de la unidad de la Iglesia”, sino, que la enriquecen13. Y se habla expresamente de las diferentes teologías y de las formas de vida correspondientes14.
Características de un nuevo perfil
La unidad en la diversidad de la Iglesia es mencionada a menudo en los documentos del Vaticano II. La afirmación central es que la Iglesia está constituida en y por las iglesias15. La Iglesia solo podrá cumplir su misión para los hombres y mujeres de toda la tierra, si garantiza en sí misma un espacio para la pluralidad y la legítima diversidad16.
Una segunda característica: es importante que en Unitatis redintegratio se aclare expresamente que —para restaurar y salvaguardar la comunión y la unidad— “es preciso ‘no imponer ninguna otra carga más que la necesaria’ (Hech 15, 28)” (UR 18). El primado del papa es caracterizado como pastorale gobernium, un gobierno pastoral. Al mismo tiempo se dice a esas Iglesias que disponen de la misma dignidad, de forma que, en base al rito, ninguna de ellas precede a las demás. Todas tienen las mismas obligaciones y derechos.
En relación a los patriarcas, se confirma su jurisdicción autónoma en Orientalium
ecclesiarum y se describe el papel del papa como el de un árbitro en caso de disputas y
discusiones entre las diversas Iglesias. Con vistas a las Iglesias orientales, se dice expresamente que el papa puede intervenir, pero en Orientalium ecclesiarum 4 se dice que el papel del papa ha de ser ejercido con “espíritu ecuménico” —in spiritu
oecumenico— y así podrá eventualmente tomar decisiones, dar decretos u órdenes17. Finalmente, respecto a los patriarcas se acentúa que allí donde sea necesario establecer nuevos patriarcados su fundación esté reservada al sínodo ecuménico o al obispo de Roma. Se está describiendo claramente un nuevo perfil del ministerio de Pedro.
DESPEDIDA DE QUINIENTOS AÑOS DE DIVISIÓN ENTRE CATÓLICOS Y PROTESTANTES. LA