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Los estudiantes se rebelan contra el régimen de Barrientos

In document La cia Contra Elche (página 42-44)

La masacre en las minas y la despiadada represión tuvie- ron una inmediata repercusión en las universidades, las que efectuaron cabildos abiertos para discutir los acontecimientos. La policía cercó las calles que daban acceso a estas y se atrin- cheró en posición de combate.

En la Universidad Mayor de San Andrés, de la ciudad de La Paz, el 4 de julio se realizó una combativa reunión, en la cual tomaron varios acuerdos, que pueden resumirse en: pe- dir el inmediato retiro de las tropas militares de los centros mineros; indemnización por parte del gobierno a todos los deudos de los muertos durante la masacre de la Noche de San Juan; reposición de los sueldos y salarios que el gobier- no disminuyó a los mineros; inmediata libertad para los diri- gentes y trabajadores detenidos; devolución de las emisoras

radiales y sedes sindicales ocupadas e indemnización a las que fueron bombardeadas o destruidas; garantías para ejer- cer la dirección sindical; levantamiento del estado de sitio; la renuncia de Barrientos, y la defensa intransigente de la autonomía universitaria.

Los estudiantes se lanzaron a las calles con el propósito de llegar hasta la sede del gobierno en el Palacio Quemado. Durante la manifestación, gritaban: “¡Debemos unirnos con los sindica- tos!” “¡Todos contra el gobierno!” “¡Sangre de mineros, semillas de guerrilleros!” La respuesta fue la represión brutal, utilizaron chorros de agua, gases lacrimógenos y perros policías.

Los estudiantes de la Universidad Mayor de San Francis- co Xavier de Sucre también salieron a las calles en combativa marcha de repudio al régimen y de apoyo a los mineros. Detu- vieron a varios jóvenes por colocar en los muros de la ciudad carteles con Vivas a las guerrillas.

La Confederación Universitaria de Bolivia inauguró el 6 de julio su VI Consejo Extraordinario Nacional de Dirigentes Universitarios, con la finalidad de analizar la problemática na- cional y los horribles sucesos ocurridos en las minas. En la re- unión tomaron el acuerdo de elaborar un documento público afirmando que estaban comprometidos con el pueblo y que la crisis política, económica y social por la que atravesaba el país, no era más que el resultado de la agudización de las contradic- ciones con el gobierno. Terminaron declarando a Barrientos enemigo del pueblo y exigiendo su renuncia.

En la Universidad San Simón de Cochabamba se efectuó la asamblea el 7 de julio. También se adoptaron resoluciones si- milares a la de La Paz, pero añadieron a la solicitud de renuncia de Barrientos, la de Ovando.

En la Universidad de Oruro realizaron colectas públicas de alimentos y medicinas para llevar a los centros mineros ma- sacrados. Enviaron una delegación para visitar las minas de Ca- tavi y Siglo XX.

Los estudiantes de la enseñanza media y secundaria en las ciudades de La Paz y Santa Cruz se lanzaron a las calles en franca oposición al régimen: la represión no se hizo esperar. El 17 de julio se produjeron nuevas manifestaciones en las princi- pales ciudades de Bolivia, donde las calles fueron bloqueadas con piedras y variados objetos que impedían el tránsito. Los partidos de izquierda, desde la clandestinidad, llamaron a la lucha planteando que Bolivia vivía una especie de guerra civil desatada en forma de guerrillas en el sudeste boliviano y en acciones callejeras en las más importantes ciudades.

Los estudiantes de la ciudad de Santa Cruz destrozaron e intentaron quemar las oficinas del Partido Revolucionario Au- téntico, uno de los que apoyaba al mandatario boliviano.

Otro hecho se sumó a estos enfrentamientos: la explosión de una potente carga de dinamita que causó serios daños a un motel donde se encontraban alojados oficiales de las tropas especiales norteamericanas. Todas las ventanas quedaron des- truidas y los autores dejaron un letrero que decía: “Abajo los yanquis, vivan las guerrillas”.

Ante esta actitud del pueblo boliviano, la embajada norte- americana en La Paz comenzó a distribuir gratuitamente en las universidades, escuelas, poblaciones campesinas, comunidades indígenas, minas y ciudades, miles de folletos con historietas en colores llamativos, donde aparecía la isla de Cuba llena de cárceles, rodeadas de alambradas y armas por todos lados, gue- rrilleros barbudos con rostros feroces, chorreando sangre por

la boca, comiendo niños en festines, atropellando y asaltando a campesinos, quemando chozas, violando mujeres, amordazan- do a los estudiantes, asesinando a mujeres, ancianos y niños.

Frente a tanta infamia, los dirigentes universitarios tra- taron de contrarrestar esa sucia propaganda anticubana. Para ello, en la ciudad de Cochabamba publicaron clandestinamen- te, a mimeógrafo, los discursos del Comandante en Jefe Fidel Castro, del Che Guevara y muchos otros materiales que podrían ser de interés para el estudiantado. El libro de Regis Debray,

Revolución en la Revolución, lo editaron con una tirada de 1 000

ejemplares, pero la demanda fue tanta que se vieron obligados a realizar treinta ediciones más. En esta tarea trabajaron varios dirigentes universitarios, entre estos, Jorge Ríos Dalence, máxi- mo dirigente de la Federación Universitaria de Cochabamba, admirador profundo de la Revolución Cubana, de Fidel Castro y del Che Guevara.

La actividad política dentro de los universitarios alcanzó un gran nivel en ocasión del desfile patrio del 6 de agosto: los estudiantes, en señal de protesta, viraron la cara en el momento en que desfilaban frente a la tribuna; por esta patriótica acción, la policía los reprimió inmediatamente.

Muy frustrado debió sentirse el oficial de la CIA William Anderson, quien había viajado a Bolivia en varias ocasiones y cuya misión era la de reclutar a dirigentes de ese alto centro de estudio, con el propósito de dividir, penetrar y neutralizar al movimiento estudiantil.

Contradicciones entre los funcionarios norteamericanos

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