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Red de apoyo urbano

In document La cia Contra Elche (página 70-72)

Los servicios secretos bolivianos y la CIA lograron detener a algunos miembros de la red de apoyo urbano a la guerrilla,

sa represión. En la capital boliviana permanecieron Rodolfo Saldaña, Estanislao Villca, Juan Martín Tejada Peredo, Horacio Rueda Peña y Osvaldo Ucasqui Acosta, con el propósito de re- organizar la red, por lo que continuaron el trabajo, pero ya en condiciones muy difíciles. Ellos recibieron el apoyo, la ayuda y la solidaridad de familiares, parientes, amigos, compañeros de lucha y simpatizantes que residían en la capital boliviana, quienes, a riesgo de ser víctimas de la intensa represión, cola- boraron. Un destacado papel en este sentido lo proporcionó doña Geraldine Córdova de Coronado, madre del guerrillero Benjamín Coronado.

Algunos de los locales y casas de seguridad fueron allanados, otros permanecieron intactos; tal fue el caso de un taller de mecá- nica, ubicado en el barrio de Alto Obrajes. En este lugar se prepa- raron y adaptaron las armas que se enviaron a la zona guerrillera. Allí eran convertidas las M-1 en M-2; se confeccionaban carga- dores para distintos tipos de armas; se fabricaban bombas para ser lanzadas con fusiles y tromblones para fusiles máuser con lanzagranadas.

En cierta ocasión, los encargados de proteger el taller observaron una desusada vigilancia policíaca; con toda la ur- gencia requerida, avisaron a Rodolfo Saldaña, quien dispuso que las armas fueran trasladadas en un auto pisicorre a lugar seguro. Como algo anecdótico de la acción, Saldaña recuerda que cuando llegaron a la importante avenida “Hernando Si- les”, se encontraron con extremas medidas de seguridad por el paso de una caravana de vehículos que escoltaba al presidente Barrientos. Enseguida se incorporaron al final de esta como si fueran parte de ella, aprovecharon el tránsito expedito es- tablecido para burlar los posibles controles y evadir la zona

guridad, militares y policías fuertemente armados. Después de llevar el comprometedor cargamento volvieron por los tornos, maquinarias y equipos de soldadura del taller, para evitar con ello que el local y los equipos cayeran en poder de las fuerzas represivas.

Los miembros de la red urbana que trabajaban como ca- mioneros desde las ciudades de Sucre, Santa Cruz y Camiri hasta importantes lugares de la zona guerrillera, nunca fueron descubiertos, a pesar de los intensos y sistemáticos controles establecidos en todos los caminos, pueblos y ciudades.

En medio de la intensa represión y los severos controles en aeropuertos y puntos fronterizos, llegó a la capital bolivia- na un enlace guerrillero que respondía al seudónimo de Nata- cha. Ella pudo entrevistarse secretamente con Rodolfo Saldaña en un local que funcionaba como sastrería en uno de los ba- rrios pobres de la capital. De este local no supieron nunca su existencia ni tampoco la identidad de los dos compañeros que trabajaban en él como miembros de la red de apoyo urbano. Burlando los servicios secretos, un grupo de 50 revolucionarios bolivianos, debidamente entrenados, estaban listos para inte- grarse a la guerrilla.

Los servicios de Inteligencia bolivianos y la CIA no pu- dieron ocupar una planta de radio clandestina ubicada en la ciudad de La Paz y que, incluso, logró establecer comunicación con radioaficionados en Argentina; tampoco lograron detener al radiotécnico que la manejaba. Los depósitos de armas ubica- dos en las zonas donde la guerrilla del Che tenía previsto ope- rar y los de la ciudad de La Paz, no fueron descubiertos.

Varios de los contactos establecidos con personas que trabajaban dentro de los cuarteles, dependencias del Estado

armas y vituallas, aún permanecen en el anonimato. El grupo de apoyo a la red urbana, de la ciudad de Puno —próxima a la frontera con Bolivia—, tampoco fue identificado. De igual forma, los radicados en Argentina y Chile, o en las propias ciu- dades de Bolivia como Santa Cruz, Oruro, Cochabamba, Tarija, Sucre o en otras localidades.

En poblaciones cercanas a la zona guerrillera se forma- ron redes de apoyo. Tal fue el caso de Lagunillas, capital de la provincia Cordilleras, en cuyo territorio se establecieron los campamentos guerrilleros. El 20 de diciembre de 1966 el Che escribió: “En definitiva, se resuelve que Ricardo, Iván y Coco salgan en avión desde Camiri y el jeep se quede aquí. Cuando vuelvan, hablarán por teléfono a Lagunillas e informarán que están allí; Jorge irá por la noche para requerir noticias y los buscará si hay algo positivo.” Esta anotación presupone que alguien en Lagunillas, que tenía teléfono, era el enlace de los guerrilleros o gozaba de la confianza de estos, porque si no, el Che no orienta que cuando ellos llegaran a Camiri, llamaran por teléfono, ni que el guerrillero Jorge Vázquez Viaña iría por la noche a buscar noticias.

Entre quienes recibían los mensajes telefónicos en Lagu- nillas estaban el señor David Herrera —jefe de la policía del lugar— y su esposa Rebeca Bello. Estas personas no fueron las únicas que ayudaron a los guerrilleros en esa población, tam- bién el doctor Hugo Bleischner Taboada, médico militar, y el señor Mario Chávez, quien aparece en el diario del Che como el explorador o el lagunillero.

Ese día también el Che escribió: “A la una no se pudo cap- tar nada desde La Paz.” Es decir, que alguien desde la capital boliviana enviaba noticias por radio a la zona guerrillera.

In document La cia Contra Elche (página 70-72)

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