Fenómenos especiales
14. Estupor frente a los símbolos sexuales (Bohm)
Se da cuando nos encontramos frente a manifestaciones verbales que evidencian una perturbación, de distinta intensidad, ante lo que habitualmente se consideran «zonas sexuales» de las láminas, ya que en ellas algunas personas dan respuestas de genitales masculinos o fe-
meninos. En el caso de este Fenómeno especial, no es necesario que el examinado dé antes o después una respuesta sexual directa (de hecho, difícilmente ello sucede), pero la deducción igualmente es que la per- turbación tuvo como origen una asociación de la zona con el órgano sexual que, como dice Bohm, puede ser consciente o inconsciente.
También, como en el caso de los shocks, la persona puede o no sobreponerse a posteriori, dando algunas respuestas en esa localización. No podemos, en cambio, consignarlo como Fenómeno especial cuando meramente existe una actitud silenciosa contemplativa hacia dichas zonas, aunque sospechemos lo que puede estar tapando ese silencio. Muchas veces recién en el Examen de Límites surge la asociación sexual, primeramente censurada. Bohm igual lo consigna como F. E. cuando se dan varias respuestas en algunos de esos sectores, interpretando esto como una sobre compensación.
Como hay zonas femeninas y zonas masculinas, este fenómeno se desdobla en dos: Estupor frente al símbolo sexual femenino (EFSSF) y Estupor frente al símbolo sexual masculino (EFSSM), respectivamente.
Aunque las zonas más claras o donde más se destaca habitualmente el estupor son en el detalle central inferior de la Lámina VII como zona femenina y el detalle central inferior de la Lámina IV o el superior de la VI como zona masculina, existen también otras zonas que con cierta frecuencia se asocian a contenidos sexuales, como por ejemplo:
Lámina I: Zona central: femenina. Puntas: masculina (más raro).
Lámina II: Zona central inferior: femenina (puede acá también haber shock al rojo y a veces hay que discriminarlo).
Lámina III: Parte media del detalle gris central inferior: femenina. «Piernas» y sus salientes medias: masculina.
Lámina IV: Parte central superior, puntas laterales y zona central inferior: masculina (a veces, excepcionalmente, se interpreta la primera zona como femenina).
Lámina V: Es difícil el estupor sexual en esta lámina; de todos modos, puede tomarse la parte central como zona femenina y las prolongaciones como masculinas.
Lámina VII: Parte central inferior: femenina (muy frecuente). Salientes superiores: masculina.
Lámina VIII: Zona central inferior: femenina.
Prolongaciones y «piquitos»: masculina (poco frecuente). Lámina IX: Zona central inferior: femenina (y a veces también el espacio blanco central).
Columna central: masculina.
Lámina X: Zonas medias de los detalles centrales (excepto el superior): femeninas.
Parte central superior: masculina.
Se consideran asimismo femeninas las zonas blancas de las lámi- nas II, VII y como ya dijimos, IX, debiéndose a veces diferenciar en ellas (lo cual es muy difícil) si se trata de estupor sexual o de shock al blanco o al vacío.
Ejemplos:
Lámina IV (detalle central inferior): «Esto no sé qué es; lo saca- ría». EFSSM.
Lámina VII (detalle central inferior): «La unión que tienen aquí abajo no la entiendo. No tendría que estar; parece un cierre». EFSSF.
Lámina III (saliencia de piernas): «Esta prolongación que parece un pene no sé por qué está; si son mujeres». EFSSM.
En líneas generales, podemos decir que el estupor sexual habla del rechazo de la sexualidad propia o ajena (de acuerdo a si el estupor es frente al símbolo sexual del mismo sexo que el administrado, o al otro), de represión, de conflictos con la sexualidad propia o del otro sexo, de ansiedad de castración y, muchas veces, de desconocimiento, miedo y angustia frente a la genitalidad, además de una identidad se- xual problemática y hasta de posible homosexualidad (en el caso en que el estupor sea al propio sexo del administrado y que, por supuesto, existan otros índices concurrentes).
Se da en adolescentes y en cualquier neurosis, según Bohm, con mejor pronóstico terapéutico que cuando se dan respuestas sexuales directas, a veces encubriendo una caracteropatía.
Es más frecuente en histéricos y en fóbicos. En los hombres, el estu- por frente al símbolo sexual femenino puede ser índice de retraimiento
sexual por angustia ante el contacto con las mujeres y/o misoginia (aversión al sexo femenino) paranoide.
15. Evidencia
Este fenómeno se da generalmente como respuesta a nuestro interrogatorio, buscando los determinantes de una respuesta o, más raramente, de modo espontáneo cuando el sujeto justifica lo que percibió trayendo una referencia externa, o su propio criterio a veces ilógico. Suele estar acompañado de autorreferencias, aunque esto no es excluyente.
Ejemplos:
Lámina I: «Una cadera» (?). «Y… porque es así».
Lámina IX (en global): «Un mapa; así parece en los libros de geografía».
Lámina X (G): «París, porque así lo muestran las películas que he visto».
Lámina VIII (todo lo central): «El interior del cuerpo humano». (?) »Porque es como lo dibujan los libros de anatomía que estudiaba en el liceo».
Se da fundamentalmente en niños, ya que indica un pensamiento concreto e infantil. Cuando se encuentra en adultos se habla de per- sonas que sustentan una lógica un tanto personal (o hasta autista), o que tienen una convicción muy lábil, tratando de adecuarse por ello a ciertos cánones externos, en la búsqueda de seguridad.
Es decir, que se daría en personas infantiles, inmaduras, depen- dientes y sometidas, que no pueden asumir su propia percepción, y con rasgos esquizoides, muy comúnmente. Dependen de reglas externas o carecen de ellas interiormente.
Para Piotrowski, es común en los adolescentes.
16. Fabulación (Portuondo)
Se da cuando una persona parte de algo de la lámina agregando elementos que no están en la misma, haciendo un cuento o fábula, como su nombre lo indica, por medio de un ejercicio imaginativo.
Ejemplos:
Lámina III: «Dos personas con armaduras que están peleando con zuecos de madera que encontraron en un cofre en el altillo de su casa».
Lámina VIII: «Dos osos que acaban de salir del fuego». Lámina IX: «Dos brujas conjurando un maleficio».
Una forma más atenuada de este fenómeno es lo que este autor llama «sobrelaboración». Sería una fabulación simple, dado que se agrega algo que no se infiere de la Gestalt de la mancha.
Ejemplos:
Lámina II: «Animales horribles que están peleando».
Lámina VII: «Dos ancianas vecinas conversando animadamente». Lámina IX: «Una mujer en motoneta que pasa contenta».
La dan personas con tendencia a mentir y a fantasear, que adornan lo que las rodea. Personalidades inmaduras e infantiles que buscan gra- tificaciones en la fantasía, más que en la realidad (sobre todo cuando utilizan personajes de cuentos clásicos). Proyectan su mundo interno sin tener en cuenta la realidad externa.
Se da especialmente en histéricos, en fóbicos y en adolescentes. La sobrelaboración también puede darse en obsesivos.
17. Fracaso (Bohm)
Se consigna ante la imposibilidad de un sujeto de dar alguna respuesta ante una lámina (o varias) y se lo coloca como Fenómeno especial todas las veces que eso suceda.
Es necesario distinguir cuándo, además de un fracaso, hay un rechazo. La persona que simplemente fracasa en el intento de dar respuestas en una lámina, puede quedarse largo tiempo observándola, tratando de resolverla sin lograrlo.
El que rechaza, además de no dar ninguna respuesta en esa lámina, la repudia explícitamente, a menudo sin alcanzar a observarla casi, devolviéndola inmediatamente, verbalizando que no puede ver nada y pidiendo que se la saquemos de la vista (Ej. Lámina IX: «¡Qué ho- rrible que es!» – Lámina II: «Sáquenmela, esta lámina no me gusta»).
En cualquiera de los casos hay que registrar el fracaso, pudiéndose aclarar entre paréntesis si además hay rechazo. La distinción es válida más para la interpretación.
Ante un fracaso en la Lámina I conviene repetir la consigna, y en segunda instancia mencionar que la mayoría de la gente puede ver algo, porque puede ser producido por un shock de adaptación (o shock inicial). Esto no corresponde hacerlo, cuando se da en cualquier otra lámina que no sea la primera.
El fracaso, sobre todo si hay también un rechazo, es el índice más intenso de shock; por eso hay que ver dónde se presenta para distin- guir, en un principio, si puede ser un shock al color o al gris. En el primer caso, indicará una represión afectiva intensa; en el segundo, la existencia de un gran monto de angustia. En ambos casos se hallará en protocolos neuróticos. Deberemos considerar también si no tiene relación con el significado de la lámina en que se produce. Por ello es importante analizar ante cuál se presenta. Se da más frecuentemente en las láminas II, IV, VI y IX; sobre todo en las tres últimas.
En la Lámina II, puede deberse a un shock al color, al rojo o al blanco. En las láminas IV y VI, a un shock al gris, determinado por la oscuridad masiva de las manchas. En la Lámina IX, además de asociarse al shock al color y, por tanto, a represión afectiva neurótica, se considera que se halla relacionado con dificultades para resolver problemas de índole intelectual, muchas veces de origen neurótico. Es decir, que puede hablar de pobre rendimiento, no siempre producto de un bajo nivel de inteligencia, sino, frecuentemente, de interferen- cias emocionales a ese nivel. Esto porque la Lámina IX, al ser la más ambigua, es sin duda la más difícil de resolver exitosamente. Conviene poner ambos fenómenos especiales en la correspondiente columna: Fracaso y Shock al Gris o Color.
Es importante considerar, por supuesto, cómo se sobrepone la persona a un fracaso en el período de administración propiamente dicha; es decir, si luego puede o no dar respuestas, indicando si tiene o no posibilidades de reponerse del shock o que la represión ante esa lámina es muy intensa.
Pero el fracaso puede indicar asimismo una interrupción del curso del pensamiento. Como dice Bohm, hay que tener en cuenta el número
de respuestas de todo el test. Si se dan pocas respuestas y hay fracasos, se interpreta como inhibición, pobreza de recurso y escasa productividad en el sujeto. Si se presenta abruptamente en un examinado que venía dando un número adecuado de respuestas, obedecería más probable- mente a una interrupción del curso del pensamiento.
Pueden aparecer en casi todos los cuadros psicopatológicos. De acuerdo a Bohm, se da en depresivos, esquizofrénicos y neuróticos, destacando que los esquizofrénicos pueden fracasar en las láminas «fáciles», como la II y la V, mientras que responden bien a las más «difíciles».
En síntesis: el rechazo implica gran represión. En cambio, puede haber fracaso también por otros motivos: falta de capacidad intelec- tual, depresión, incluso por deterioro psicótico. Ellos son los que, sin rechazar la lámina, frecuentemente no logran responder a ella, aun después de observarla por largo rato.