1.2. ENFOQUES TEÓRICOS DEL DESARROLLO
1.2.3. La etología y sus aplicaciones
Los fundadores de la etología son Lorenz y Tinbergen (1951). Lorenz, reveló a través de estudios con patos y gansos que las aves podían desarrollar un fuerte vínculo con la madre (teoría instintiva) sin que influyera el alimento. Sin embargo, la etología se abre al campo del comportamiento humano con los experimentos que Harlow (1958) comienza a realizar con monos Rhesus y los trabajos paralelos de Bowlby (1944) con el bebé humano (Marcelli, 2007).
Estudios de Harlow
Harlow (1955) demostró, a través de sus investigaciones, la existencia indiscutible de una necesidad precoz de vinculación entre el bebé Rhesus con su madre, y las secuelas duraderas e incluso definitivas que una carencia precoz de este vinculo podrían provocar en la cría. Harlow observó que cuando el aislamiento social era total durante los tres primeros meses de vida, tras la interrupción de éste se observaban algunas lagunas en el desarrollo social de la cría, aún cuando el desarrollo de las funciones cognitivas fuese
satisfactorio. De igual modo, cuando el aislamiento social duraba más de 6 a 12 meses se observaba una incapacidad total del desarrollo social (Marcelli, 2007). Sin embargo, cabe destacar que cuando Harlow le proporcionaba a las crías de Rhesus distintos tipos de madres sustitutas (artificiales), ya fuese ante situaciones de estrés, peligro o inseguridad, éstas preferían a las revestidas de trapo suave en vez de las recubiertas de hilos metálicos; elección que no cambiaba incluso si las madres metálicas estaban provista de un biberón. Esto llevó a Harlow a enfatizar en la idea de que el consuelo o la vinculación con la madre constituían una variable de gran importancia dentro de la relación, concluyendo que para la cría era más importante las sensaciones de protección y seguridad que le proporcionaba la madre de felpa, que el propio alimento. Del mismo modo, observó que las crías de Rhesus separadas de su madre pero criadas juntas presentaban un mejor comportamiento social que las mantenidas en aislamiento y que las hembras criadas en aislamiento total mostraban a posteriori, un comportamiento de rechazo hacia sus propias crías (Lecannelier, 2006; Marcelli, 2007).
Estudios de Hofer
A partir de 1969, Hofer ha realizado investigaciones con ratas con el fin de explicar los efectos de la separación maternal durante el desarrollo (tanto en humanos y algunos primates). A través de sus estudios ha puesto de manifiesto que el vínculo entre una madre y su cría comprende múltiples sub-sistemas en los que la madre modela y regula las funciones fisiológicas, neurofisiológicas y psicológicas de su cría (Hofer, 2003). Cabe destaca el hecho de que Hofer empezara a enfocarse en los efectos de la separación maternal en el desarrollo, ocurrió de un modo absolutamente casual. Inicialmente, su objetivo consistió en comprender los efectos de las experiencias tempranas en el desarrollo, centrándose en un solo rasgo fisiológico: la regulación cardiaca. Según sus palabras:
“Un día fui al laboratorio a buscar una rata madre que había escapado de su jaula la noche anterior. Cuando empecé a medir la tasa cardiaca de sus crías, los niveles estaban solo a la mitad del rango normal de descanso. Más aún, las crías no respondían, se movían lentamente y parecían deprimidas, y su temperatura corporal estaba a 2 ó 3° C bajo lo normal (que es 36° C)” (Hofer, 1995, p.206).
Después de una serie de testeos e hipótesis, Hofer descubrió diferentes respuestas asociadas a la separación que incluyen baja en la temperatura, disminución o aumento de la actividad motórica y baja en la tasa cardiaca. De igual modo encontró que estas respuestas estaban asociadas a diversos aspectos de la relación con la madre, como la provisión de leche, el calor corporal, la estimulación de los sentidos olfatorios y táctiles. Por ejemplo, si se les suprimía la leche, la tasa cardiaca disminuía a los mismos niveles como cuando se les separaba de la madre; o si se les suprimía el contacto táctil se volvían hiperactivas (pero la tasa cardiaca no se veía alterada) (Lecannelier, 2006).
De acuerdo con Lecannelier (200), para demostrar que cada sub-sistema biológico estaba siendo controlado de forma independiente por determinados aspectos específicos de la relación entre la madre-cría, Hofer proporcionó a estas últimas, los elementos que le faltaban cuando se les separaba de la madre, y revisó si los demás sub-sistemas se veían alterados. Por ejemplo, si se les proporcionaba leche, la tasa cardiaca variaba y mejoraba, sin embargo su nivel de actividad no. Sus estudios le llevaron a concluir que cada componente de la interacción regulaba un determinado sub-sistema en la cría de forma independiente. De igual modo concluyó que el término regulación implicaba que los sistemas de las crías eran controlados en sus niveles, tasas o ritmos por determinados y específicos componentes de la relación madre-cría. De este modo, postuló que la respuesta a la separación podía ser mejor comprendida como la respuesta a la pérdida de estos aspectos específicos de la regulación (Hofer, 1995).
Los estudios posteriores de Hofer consistieron en seguir aumentando el número de posibles sub-sistemas en la cría, tales como el patrón sueño-vigilia, el llanto y los nutrientes gástricos, que a su vez fueran regulados por diversos aspectos y/o conductas de la madre, tales como la proximidad física, el calor táctil y la textura. Hofer llamó a los elementos de este proceso reguladores ocultos, ya que los cambios fisiológicos de la cría, que eran controlados por acciones y aspectos específicos de la madre, se encontraban escondidos al interior de la interacción observable de la díada (Hofer, 2003; Lecannelier, 2006).
Estudios de Bowlby
Bowlby (1994) fue el primer psicólogo y psiquiatra en desarrollar una teoría de apego. A partir de los conceptos provenientes del psicoanálisis, la etología y la teoría
general de los sistemas intentó explicar el lazo emocional del hijo con la madre con el objetivo de describir y explicar porqué los niños se convierten en personas emocionalmente apegadas a sus primeros cuidadores, así como los efectos emocionales que resultan de la separación. Si bien la teoría del apego empezó a vislumbrarse en la década de los cuarenta, no es hasta los inicios de los años sesenta cuando sus planteamientos empiezan a tener una influencia considerable en diversos sectores del mundo de la salud mental. Bowlby hipotetizó que al parecer existía una tendencia o motivación intrínseca de todos los seres humanos para establecer lazos afectivos continuados con otros seres humanos, considerados seres humanos más ‘sabios”, o con mayores probabilidades de supervivencia, ya que el realizar cualquier tipo de conducta de ayuda o de apego, aumentaba considerablemente la probabilidad de supervivencia de la especie que las realizaba (Fonagy, 2004).
En sus comienzos, Bowlby (1969) describió cinco sistemas de comportamiento que definían la conducta de vinculación: succionar, agarrarse, seguir, llorar y sonreír. Según su teroría, estos sistemas tenían como objetivo mantener al niño en la proximidad de la madre (o la madre en la proximidad del niño, ya que ciertas conductas son conductas de seguimiento pero otras son conductas de llamada como llorar y sonreír). Cabe destacar que este enfoque rechazó específicamente la noción fundamental de la teoría freudiana del establecimiento de la relación de objeto libidinal basada en la satisfacción de la necesidad oral. Por otra parte, inspirándose en parte en los trabajos de Harlow, Bowlby describió las reacciones de los bebés ante una separación de la madre. Identificó, en niños de 13 a 32 meses, tres grandes fases consecutivas a la desaparición de la madre: fase de protesta; fase de desesperación y fase de desvinculación. A raíz de éstas, planteó que la reacción a la separación era la base de las reacciones de miedo y de ansiedad en el hombre.
Si bien se dedicará en esta tesis un apartado específicamente a profundizar en esta teoría, cabe señalar que Bowlby expuso que la fuerza del apego no se extingue al pasar los años, sino que solo va aumentando de complejidad con el paralelo desarrollo de todas las habilidades mentales y biológicas del individuo, lo que hace que el apego sea algo constitutivo de todo el ciclo vital (Lecannelier, 2006).
Otros estudios etológicos
Cada vez hay más equipos que efectúan investigaciones sobre el lactante y el niño pequeño inspirándose en los principios de la etología. Estos estudios se centran principalmente en las interacciones que se generan en la díada madre-hijo o entre niños de la misma edad, tomando como escenario guarderías y/o en algunos casos salas con espejo unidireccional. En general, el foco de atención está en la observación de los comportamientos preverbales del niño, de manera que los trabajos más recientes intentan «descifrar» un verdadero código de comunicación preverbal. Menneson, por ejemplo, ha intentado establecer una correlación entre la gestualidad del niño frente al espejo y el comportamiento del adulto. De este modo, ha observado que cuando un niño está solo frente un espejo se mira a sí mismo, no obstante, en presencia de un adulto el niño deja de lado el espejo si el adulto no se mira en él y, en cambio, se mira en el espejo si el adulto también lo hace (Marcelli, 2007).
Por otra parte, Montagner (1996) ha estudiado los comportamientos entre niños de la misma edad y define algunas secuencias conductuales. De este modo, ha observado que conductas como realizar una ofrenda, una caricia, un beso u otras en esta línea, son secuencias comportamentales cuyo objetivo es tranquilizar y crear vínculo. A su vez, conductas como movimientos bruscos hacia adelante de un brazo o pierna o la abertura de la boca con emisión de una vocalización aguda serían secuencias comportamentales tendientes a la agresividad, distanciamiento o ruptura de vínculo. En función de la frecuencia de presentación de estas conductas, Montagner señala que se podrán identificar diversos tipos comportamentales, pudiendo observarse niños predominantemente líderes, dominantes agresivos, dominantes fluctuantes, dominados temerosos o dominados agresivos; hipotetizando que existe una correlación con el tipo de actitud de la madre (o cuidador) y cambiar con la actitud de ésta, al menos hasta los 3 años.
Es importante señalar que estos autores se enfocan unicamente en las conductas observables, y a pesar de que no ignoran los efectos interiorizados, tampoco los estudian. Intentan aislar unidades de comportamiento significativas que precisen las características del desarrollo (edad de aparición y de desaparición) y ambientales (tipos de desencadenantes, consecuencias sobre el entorno), como sonrisas, risas, la acción de abrir desmesuradamente los ojos, la inclinación lateral de la cabeza, tirar la cabeza hacia delante, entre otras (Marcelli, 2007).