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Ce qui existe peut venir s'enregistrer, mais l'inexistence de Vinti&

tant ne s'enregistre pas36. .. !.VJλ

• • . • - (Devolved al conocimiento su carácter exclusivamente1 den o filosófico, suponed, en otros términos, que la realidad se por sí sola en un espíritu que sólo se preocupa por las cosas se interesa por las personas; afirmará que tal o cual cosa ^ ai afirmará que una cosa no es [...] Lo que existe puede regisl pero la inexistencia de lo inexistente no se registra). El pensamiento negativo, según él, sólo interviene si uno se jn por las personas, es decir, si argumenta.

Sólo en algunos casos bien determinados, cuando úniá se le presentan a la mente dos posibilidades, el rechazo por ne* una de entre ellas viene a elegir la otra, que aparece así cómo\i... mal menor. A veces, la negación no corresponde a ninguna s' ción precisa, sino que revela un orden de preocupaciones, témonos, junto con Empson y Britton, lo que significa la fráse^ Otelo: «Sin embargo, no derramaré su sangre» 37. El oyente; .«., tal caso, debe adivinar si se trata del rechazo como género o cotíl especie, es decir, si se debe interpretar este acto rechazado c o n a r ^ glo a un género de actos del que sería una especie, una manirá de matar o una manera de vengarse, entre otras que se han vistpj- o si este enunciado representa un género y qué genero, es decir. si no se cometerá ningún asesinato, si no se llevará a cabo venganza. Según se adopte una u otra interpretación, la negación ; podría enunciar la venganza o el perdón. Pero, el interés de la for- v- ma negativa proviene del hecho de que, sea cual sea la interpretó-, ción, se evoca ía muerte irresistiblemente.

Se encuentra la misma ambigüedad cuando la negación se apli- ca, nó a una aserción, sino a una noción, mediante la aposición ;

36 Bergson, L'évohttion créatrice, págs. 315-3!6.

37 «Yet FU not shed her blood», Shakespeare, Otelo, acto V, escena 2.\- cfr,

W. Empson, Seven types of ambiguity, págs. 185-86; K. Britton, Communication,

y prefijo. Así, en «inhumano», la negación puede aludir al ^o y designar lo que es completamente ajeno al hombre o refe- Éá laespecie de hombres o de conductas humanas que no cum- in el ideal humano. La formulación negativa deja en la inde-

el concepto en cuyo seno se opera el recorte. |üando disponemos de cierto número de datos, vastas posibili-

se nos ofrecen en cuanto a los nexos que estableceremos entre ^íflasi A menudo, el problema de la coordinación o de la subordina-

elementos depende de la jerarquía de los valores admiti- Sin embargo, dentro de los límites de estas jerarquías de valo- ^jÉIfodemos formular enlaces entre los elementos del discurso que

tipifican considerablemente las premisas; haremos entre los nexos É|íb!es una elección tan importante como la que operamos por plpa&fícación o la calificación.

t;;Eii francés, los gramáticos conocen conjunciones coordinantes, ͧɻ: ét(y), mais (pero), ou (o), car (pues), done (pues, lue- |||^ w (ni), y conjunciones subordinantes, como: bien que (aun-

|¡$),malgré que (a pesar de que), puisque (puesto que). Pero, si

examinamos la naturaleza de los enlaces expresados de este modo, k ' debemos reconocer que la subordinación entre las proposiciones es : indispensable, sea cual sea la conjunción utilizada. En efecto, las conjunciones de coordinación —como et, ou, ni, done— pueden : ser consideradas el exponente de una relación lógica. No obstante, |||ól(y en ciertas condiciones bien determinadas, esta relación lógica PJdejará las proposiciones enlazadas de esta manera sobre una base t-ijáe igualdad. Generalmente, se comprueba que, en la práctica del discurso, casi siempre, con la forma de una coordinación, se inserta . una intención de subordinación.

Tomemos un caso muy sencillo, el de una sucesión de aconteci- mientos: J'ai recontré ton ami hier; il ne m 'a pas parlé de toi (Me encontré a tu amigo ayer, no me habló de ti). La primera proposi- ción es un hecho, que mi interlocutor no cuestiona; la segunda, 1o mismo. Estas proposiciones podrían unirse por la conjunción et. Pero, en algunas situaciones, la interpretación normal será: ton ami

2 5 2 Tratado de la argumentâcià^Ê{^t Modalidades en la expresión del pensamiento 2 5 3

ne m'a pas parlé de toi bien qu'il en ait eu l'occasion (tu - ^

no me habló de tí, aunque tuvo ocasión de hacerlo). La inserción J j ; de esta primera proposición —en este sitio y antepuesta a la segufr| da, a la cual está efectivamente subordinada— modifica, pues, modo considerable la impresión que produciría la afirmatíóií á ^ ® ^

estos dos hechos coordinados simplemente. Los juicios de hecñiflpl

se adornan, por consiguiente, con una interpretación implícita, les da toda su significación.

La subordinación rio se expresa únicamente mediante conjt|i|

• (Todo se convierte en bien para los elegidos, hasta las oscurida- des de las Escrituras; pues ellos las honran, a causa de las claridades ¿divinas [...I).

vkinisma primacía se expresa mediante la proposición relativa: «la

ui mérite qu'on révère les obscurités» (la claridad que consi-

gue se reverencie la obscuridad) 40. En muchas ocasiones, el Jl^Mmmizar

ciones, pues otras formas gramaticales pueden desempeñar el mis- /< mo papel. Fr. Rostan establece el parentesco entre expresiones cfr

ciertos elementos se señala con la preposición sinon (si- ti con la expresión à l'exception de (con excepción de). A conti- pación, veamos cómo se refleja curiosamente la benevolente indul- g j p l i s m del apóstata Juliano con respecto a los judíos

mo: belle, car modeste (bella, luego modesta), belle, parce

deste (bella, en tanto que modesta), belle par la modestie .

por la modestia), embellie par la modestie (embellecida por la destia), d'une beauté créée par la modestie (de una belleza creada^

por la modestia) 38. Cada una de estas fórmulas expresa, aunqtp!

de manera ligeramente diferente, la dependencia entre beUezaff modestia.

Con frecuencia, la calificación misma se presta a juegos ¿© su- bordinación. Según la subordinación que establezcamos, habíat¿||

Están de acuerdo en todo con ios gentiles, con excepción de su creencia en un único Dios. Esto los caracteriza y nos resulta extraño. Todo lo demás nos es común [...] 41.

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Por último, expresiones como bien que (aunque), malgré (a pe- nsar de), saris doute (sin duda), señalan que se hacen ciertas conce- siones, pero indican sobre todo, especialmente según su colocación

¿ la frase, cuál es el grado de importancia que se atribuye a lo w , u m , u u' o cs "u m suooroinacion que establezcamos, hablatgm£|é se concede,

mos ú& piense douleur (piadoso dolor), o de piété ayuda de estas técnicas, el orador puede incluso guiar al

dad dolorosa). ; \;--Jí4»íílSti&Arfft fnrms» PYtrpmadamente eficaz hacia lo que quiere que

Las diferentes técnicas de presentación permiten llamar la aten-U ción, entre elementos diversos, sobre los que son importantes: Jas v i fórmulas pour l'amour de (por el amor de), en considération de (en consideración a), à cause de (a causa de), indican a qué térmi- nos se les da la primacía;

Tout tourne en bien pour les élus, jusqu'aux obscurités de VÉaî*y4

ture; car ils les honorent, à cause des clartés divines [...]39.

Uditorio de forma extremadamente eficaz hacia lo que quiere que jámila. Asimismo, Auerbach 42 ha subrayado con razón el carácter ¿stratègico de la construcción que establece relaciones precisas entre • íos elementos del discurso y que se ha calificado de hipotáctica.

A esta última, se opone la construcción paratáctica, la cual renun- cia a todo enlace preciso entre las partes. El ejemplo típico que presenta Auerbach es la frase latina de la Vulgata: Dixitque Deus:

l fiat lux, et facta est lux43. El oyente es libre de imaginar entre

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38 Fr. Rostand, Grammaire et affectivité, pâg. 66.

39 Pascal, Pensées, 580 (137), «Bibl. de la Pléiade», pâg. 1016 (n.° 575, d.

Brunschvicg).

45 ib., Pensées, 400 (465), pâg. 533 (n.° 598, ed. Brunschvicg).

41 C. Gai, 306 B, citado por J. Bidez, La vie de l'empereur Julien, pâg. 305.

Auerbach, Mimesis, pâg. 92. 43 Ib., pàg. 74. W

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los acontecimientos una relación que, por su imprecisión adquiere un carácter misterioso, mágico; por consiguiente, a y; puede producir un efecto muy dramático. A la construcción táctica es preciso —creemos— vincular, al menos en algunos^ sus usos, la enumeración. Ésta atrae, con toda razón, la atenciÓ^ de E. Noulet en el soneto de las vocales de Rimbaud. ¿Expié!

extrema del movimiento? 44. Tal vez. Pero también la manérai

expresar el triunfante misterio de las relaciones que el poeta ... crear sin que conozca su contenido exacto. ' "vW

La construcción hipotáctica es la construcción argumentativa^ excelencia. Según Auerbach, sería —en oposición con la constro ción paratáctica propia de la cultura hebrea— característica de escritos grecorromanos. La hipotaxis establece unos límites, sigú' ca adoptar una posición. Ordena al lector, le obliga a ver ciei _ relaciones, reduce las interpretaciones que podría tener en comí! ración, se inspira en el razonamiento jurídico bien construido.; parataxis deja más libertad, no parece que quiera imponer punto de vista. Así pues, sin duda porque es paratáctica, Ja Jfí compuesta, construida, da, en los escritores ingleses

—como apunta R. M. Weaver— una impresión filosófica ^ d | ¡ | ¡ mos más bien descriptiva, contemplativa, imparcial, r

Generalmente, se admite que las modalidades, en el sentidotjp nico de lingüista, son cuatro: asertiva, imperativa, interrogativa;; optativa.

• La modalidad asertiva conviene a toda argumentación, no por qué añadir más. . _

La modalidad imperativa se expresa, en nuestras lenguas, p®f" medio del imperativo. Contrariamente a las apariencias, no tie¡K; fuerza persuasiva: todo su poder procede de la influencia de la pit-y sona que ordena sobre la que ejecuta. Se trata de una relación de fuerzas que no implica adhesión alguna. Cuando la fuerza real estll

44 E. Noulet, Le premier visage de Rimbaud, pag. 183. 45 Richard M. Weaver, The Ethics of Rhetoric, pag. 125.

Ipénte o no se considera su utilización, el imperativo adopta el de una súplica.

•:-A causa de esta relación personal contenida en la forma impera- r é , ésta es muy eficaz para aumentar el sentimiento de presencia. Ippjportero de una competición deportiva, por la radio, a veces 11 a los jugadores que hagan esto o aquello. Los jugadores ggwrwrcu estos imperativos, éstos sólo conciernen a los oyentes; pe- íif0, comunicándoles indirectamente juicios respecto a los jugadores ¿¿jjpf ejemplo, admiración por su valor, desaprobación por su :ión—•, dan a la escena un alto grado de presencia debido el que habla parece participar en la acción que describe. Sflíá: interrogación es una modalidad cuya importancia retórica §?considerable. La pregunta supone un objeto, del cual trata, y •S'firi-": " "

qüe hay un acuerdo sobre la existencia de dicho objeto. a una pregunta es confirmar este acuerdo implícito: los socráticos nos enseñan mucho sobre la utilidad y los peli- pK§;ifó:esta técnica dialéctica.

|p§EÍ; papel de la interrogación en el procedimiento judicial es uno de ;'~£*"intos sobre los cuales los antiguos, especialmente Quintiliano,

iaron muchas observaciones prácticas que siguen estando de iidad. El uso de la interrogación pretende, a veces, una confe- sobre un hecho real desconocido por aquel que pregunta, pero

existencia presupone, así como la de sus condiciones. «¿Qué iifao usted aquel día en tal sitio?» implica que el interpelado se lljjÉi&ntraba en un momento determinado en el lugar indicado; si • responde, muestra su acuerdo al respecto. Pero, con mucha fre- f ¿ufihciá, la interrogación, aun siendo real, no tiende tanto a aclarar

8 aquel que interroga como a acorralar al adversario en las incom- falibilidades. A menudo, las preguntas sólo son una forma hábil : de iniciar unos razonamientos, especialmente usando la alternativa, o la división, con la complicidad, por decirlo así, del interlocutor que se compromete por sus respuestas a adoptar este modo de argumentación. í -y vf , jVs V,, , l.V' V^ • V •' . if". ..I . \ . . ' \

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Tratado de la argumentacî&mï 39. Modalidades en la expresión del pensamiento

2 5 7 Los presupuestos implícitos en ciertas preguntas hacen que;||®|Qué piensa usted de Rusia?), adopta como respuesta la eficaz forma interrogativa pueda considerarse un procedimiento bastañfSfifniüla Pouvez-vous le demander? (¿Puede usted preguntarlo?), hipócrita para expresar ciertas creencias. Diciendo «¿qué es ló-^ii|®|íífl lo que muestra que el acuerdo con el interlocutor está fuera ha podido inducir a los alemanes a entablar tantas g u e r r a s ? » , d u d a 50,

f • Quizá sea la modalidad optativa la que se preste mejor a la 'ixpresión de las normas. La acción del deseo —por ejemplo, «¡oja- ijjá pueda conseguirlo!»— es de la misma índole que la del discurso , : ^_j||mostrativo; el deseo expresa una aprobación, e indirectamente

tivo suficientemente explicativo. Por eso, Crawshay-Williams norma. Por consiguiente, se acerca al imperativo expresando ver, en semejantes preguntas, la señal que nos advierte la pres6nÍ|iJtÍf -ruego, u n a súplica.

de un giro de carácter irracional46.

frecuencia se sugiere que deben rechazarse las respuestas que sürj espontánemente. La pregunta versa menos sobre la búsqueda^ un motivo que sobre la búsqueda de la razón por la cual no encontraremos; principalmente, es la afirmación de que no hay :

Según Wittgenstein, la interrogación sería en una frase como; -f ¿No hace hoy un tiempo espléndido? '

| § ¡ f c í El empleo de los tiempos permite, también, influir sobre el audi-

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un simple juicio Rimbaud:

Más aún, según Sartre, en estos versos ç