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F Hoyle, The nature of the universe, pág 90.

EL PUNTO DE PARTIDA DE LA ARGUMENT ACIÓN

A) LOS TIPOS DE OBJETO DE ACUERDO

7 F Hoyle, The nature of the universe, pág 90.

ción jurídica de negligencia: las discusiones relativas a dicha noción harán que /aparezca la existencia de estos grupos.

Se cree que el acuerdo basado en ia presunción de lo normal es válido para el auditorio universal con el mismo título que el acuer- do sobre los hechos comprobados y las verdades. Con frecuencia, también resulta difícil discernir dicho acuerdo del que alude a los hechos. Los hechos supuestos aparecen, en un momento dado, tra- tados como equivalentes a hechos observados, y pueden servir, igual que ellos, de premisa para las argumentaciones, por supuesto, hasta que se inicia la discusión sobre la presunción. Por tanto, se ha ope- rado un salto, por el cual lo normal llega a coincidir con algo úni- co, que sólo ha sucedido una vez y que nunca más ocurrirá. Cabe señalar que precisando cada vez más las condiciones que deben cum- plir los miembros del grupo de referencia, se podría conseguir, efec- tivamente, reducirlo a un único individuo. No obstante, incluso en- tonces, no se confunden la presunción relativa a la conducta de este individuo y su conducta real, y el extraño salto en cuestión, el cual permite razonar sobre los hechos supuestos de la misma kanera que sobre los hechos observados, aún subsistirá.

§ 1 8 . L o s VALORES

Junto a los hechos, las verdades y las presunciones, caracteriza- das por el asentimiento del auditorio universal, hay que dejar sitio, en nuestro inventario, a objetos de acuerdo a propósito de los cua- les sólo se aspira a la adhesión de grupos particulares: son los valo- res, las jerarquías y los lugares de lo preferible.

Estar de acuerdo con respecto a un valor es admitir que un ob- jeto, un ser o un ideal debe ejercer sobre la acción y las disposicio- nes a la acción una influencia concreta, de la cual puede valerse en una argumentación, sin que se piense empero que este punto de vista se imponga a todo el mundo. La existencia de los valores,

como objetos de acuerdo que posibilitan una comunión entre for-- > mas particulares de actuar, está vinculada a la idea de multiplicidad ;

de los grupos! Para los antiguos, los enunciados relativos a lo que denominamos valores, en la medida en que no se consideraban ver- dades indiscutibles, se englobaban con todo tipo de afirmaciones verosímiles en el grupo indeterminado de las opiniones. Así los exa- mina Descartes en las máximas de su moral provisional: J; ;

Et ainsi, les actions de la vie ne souffrant souvent aucun délai, c'est une vérité très certaine que, lorsqu'il n 'est pas en notre pouvoir i de discerner les plus vraies opinions, nous devons suivre les plus , probables; [...] et les considérér après non plus comme douteuses, en tant qu'elles se rapportent à la pratique, mais comme très vraies et très certaines, à cause que la raison qui nous y a fait déterminer se trouve telle 8.

(Y dado que las acciones de la vida no toleran con frecuencia ningún plazo, es una verdad muy cierta que, mientras no este en ) nuestro poder distinguir las opiniones más verdaderas, debemos ser guir las más probables; [...] y, en lo sucesivo, considerarlas no du- dosas, en cuanto que aluden a la práctica, sino muy verdaderas..yyM muy ciertas, ya que la razón que nos ha determinado a seguirlas >J¡

se halla en la misma línea). /

En esta máxima, Descartes destaca el carácter al mismo tiempo pre- cario e indispensable de los valores. Alude a opiniones probables, pero, en realidad, se trata de una opción sobre lo que llamaríamos hoy valores. En efecto, lo que Descartes califica de razón muy ver- dadera y muy cierta, es, en espera de la certeza filosófica, el valor aparentemente incuestionable que se le atribuye a una conducta eficaz.

Los valores intervienen, en un momento dado, en todas las ar- gumentaciones. En los razonamientos de carácter científico, no se

§ 18. Los valores 133

ini« general, al principio de la formación de los concep- tos y de las reglas que constituyen el sistema en cuestión ni al final

.M

Descartes, Discours de la méthode, parte III, pág. 75.

del razonamiento, dado que éste indica el valor de la verdad. El desarrollo del razonamiento está, en la medida de lo posible, exen- tó; esta purificación alcanza el grado máximo en las ciencias forma- les. Pero en los campos jurídico, político y filosófico, los valores intervienen como base de la argumentación a lo largo de los desa- rrollos. Se utiliza este recurso para comprometer al oyente a hacer ; unas elecciones en lugar de otras y, principalmente para justificar- las, de manera que sean aceptables y aprobadas por lo demás. En una discusión, no podemos apartarnos del valor negándolo í fisa y llanamente: lo mismo que, si discutimos acerca de si algo

és un hecho, tenemos que explicar las razones de esta alegación

(«No lo percibo» equivale a «percibo otra cosa»), también, cuando :-se trata de un valor, podemos descalificarlo, subordinarlo a otros c interpretarlo, pero nunca rechazar en bloque todos los valores: Estaríamos, entonces, en el campo de la fuerza y no en el de la - discusión. El gángster que da prioridad a su seguridad personal puede hacerlo sin explicación alguna, si se limita al campo de la acción. Sin embargo, en cuanto quiera justificar esta primacía ante los de- más o ante sí mismo, deberá reconocer los demás valores que se le oponen para poder combatirlos. En este sentido, los valores son comparables a los hechos: desde el momento en que uno de los interlocutores los plantea, hay que argumentar para librarse de ellos,

so pena de rehusar la conversación y, por lo general, el argumento implicará la aceptación de otros valores.

Nuestra concepción, que entiende por valores los objetos de acuerdo que no aspiran a la adhesión del auditorio universal, se enfrenta a diversas objeciones.

; ¿No descuida, en beneficio de esta distinción, otras diferencias

más esenciales? ¿No puede contentarse con afirmar que los hechos y las verdades expresan lo real mientras que los valores conciernen & una actitud con lo real? Pero si tal actitud fuera universal, no se la distinguiría de las verdades. Sólo su aspecto no universal per- mite concederle un estatuto particular. En efecto, resulta difícil creer que criterios puramente formales puedan tenerse en cuenta. Pues,

k, 134 Tratado de la argumentación

se puede comprender que un mismo enunciado» según el lugar que ocupe en el discurso, según lo que anuncie, niegue o corrija» ¿s relativo a lo que, comúnmente, se considera hecho o valor. Por otra parte, el estatuto de los enunciados evoluciona: los valora, insertados en un sistema de creencias que se procura ensalzar ante los demás, pueden ser tratados como hechos o verdades. En el trans- curso de la argumentación y, a veces, por un proceso bastante len- to, quizás se reconozca que son objetos de acuerdo que no pueden . aspirar a la adhesión del auditorio universal. No obstante, si ahí está, a nuestro parecer, la característica de los valores, ¿qué decií de lo que consideramos de entrada valores universales o absolutos; '

como lo Verdadero, el Bien, lo Bello, lo Absolutol ;; La pretensión al acuerdo universal, en lo que a ellos se refiere,

nos parece que resulta únicamente de su generalidad; sólo se los ; puede considerar válidos para un auditorio universal si no especifi- t

camos su contenido. A partir del momento en que intentamos p¡r& • cisarlos, sólo encontramos la adhesión de auditorios particulares.

Los valores universales merecen, según E. Dupréel, el apelativo de valeurs de persuasion (valores de persuasión), porque son: .

des moyens de persuasion qui, au point de vue du sociologue, ne sont que cela, purs, sorte d'outils spirituels totalement séparablès „

de la matière qu'ils permettent de façonner, antérieurs au moment . de s'en servir, et demeurant intacts après QU'US ont servi, disponi-

bles, comme avant, pour d'autres occasions 9.

(medios de persuasión que, desde el punto de vista sociológico, sólo : son eso, puros, una especie de instrumentos espirituales totalmente

separables de la materia que permiten moldear, anteriores al mor (

mentó de emplearlos, y que permanecen intactos después de haber servido, disponibles, como antes, para otras ocasiones).

Esta concepción pone de manifiesto, de manera admirable, el papel argumentativo de estos valores. Estos instrumentos, como los