PARTE I LOS ELEMENTOS DE LAS EMOCIONES
1. TEORÍAS DE LAS EMOCIONES
1.2 Expresiones y conceptos: el entorno social de las emociones
A finales de los años setenta comienza a renovarse el interés por el estudio de las emociones, y a rescatarse la escasa atención que grandes figuras de la filosofía habían prestado a las mismas. Tanto Brentano (1874/2009) como Wittgenstein (1953) habían reflexionado sobre ellas, el primero las había integrado en defensa de su noción de intencionalidad, y el segundo a través de su crítica al lenguaje privado, en una línea muy parecida al análisis que hace Ryle (1949) de las emociones en su “The concept of mind”. Trabajos como el de Sartre (1939/1980), que sí ofrece a las emociones un tratamiento autónomo y sistemático, son escasos hasta las últimas décadas del siglo XX.
Juicios emocionales y evaluaciones
La obra de Kenny (1963/2003) “Action, emotion and the will” retoma estas influencias en un libro que, si bien esta más bien centrado en la comprensión de la acción humana, trata de manera extensa el tratamiento filosófico de las emociones, inaugurando la idea de tomar los pensamientos como el elemento distintivo de las emociones:
“Going pale, for instance, is a symptom of fear only if it occurs in the face of at least putative danger; and danger is itself a backward-looking reason for actions which are motivated by fear. Thus feeling is linked to symptom, symptom to circumstance, and circumstance to action. The connection is round-about, but every link in the chain is necessary. The verbal expression of fear is linked to symptom, circumstance, and action; and once established, becomes itself a new criterion for the feeling.” (Kenny, 1963/2003, pg. 69)
Kenny defiende que un sujeto sólo tiene verdaderamente una emoción en el momento en el que éste se vea naturalmente inclinado a articular verbalmente el concepto de
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esa emoción5
La fuerte influencia de las contribuciones en materia de intencionalidad y emociones de Brentano
. Para ello, debe a su vez haber ya vinculado el concepto de dicha emoción a otros conceptos no emocionales. Estos conceptos lo son de diferentes síntomas, circunstancias y acciones que acompañan normalmente a una emoción determinada. Las emociones se definen entonces como estados mentales que se articulan sobre otros estados mentales que no son emocionales. De este modo, parte de los elementos de las emociones que hemos descrito hasta este momento se transforman: los cambios corporales son síntomas y las percepciones son circunstancias, que contribuyen a articular conceptualmente los estados mentales emocionales.
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Independientemente de los problemas que suscitan las emociones “inadecuadas”, que trataremos posteriormente, la descripción de carácter intencional de las emociones por parte de Kenny obliga a considerar que los dos únicos elementos de las mismas son los siguientes: un estado mental y un objeto al que se dirige. Kenny reestructura entonces los elementos esenciales de las emociones de la siguiente forma: sustituye las percepciones por las circunstancias que acompañan a una emoción y por los objetos de las mismas; en segundo lugar, los cambios corporales son síntomas que acompañan también a las emociones y; por ultimo, los pensamientos son entendidos como estados mentales con un contenido proposicional articulado mediante conceptos asociados a los síntomas, las circunstancias y las acciones que acompañan a cada emoción.
se observa en el modo en el que Kenny define las emociones a través de su contenido intencional y en la presentación que hace de ellas como adecuadas o no adecuadas en virtud de si se corresponden correctamente con el objeto al que se dirigen. Con objetos no se refiere a los objetos del entorno, sino al objeto de nuestra emoción, que puede ser parte del entorno pero también estar conformado por ideas y pensamientos. Por este motivo, las percepciones no sólo pierden su papel como elemento de las emociones, en tanto que circunstancias relacionadas con el estado de la emoción, sino también ceden su protagonismo por los objetos emocionales, es decir, por las representaciones de aquello a lo que va dirigida la emoción.
El modo en el que Kenny presenta los objetos, no en tanto que objetos del entorno sino como objetos verbales, le obliga también a hacer un análisis de los juicios verbales que contienen dichos objetos. En este punto, el desarrollo de su trabajo pasa a centrarse en la acción y la voluntad, pero su concepción de las emociones deja una impronta fundamental para la investigación de éstas en años posteriores. La idea de que las emociones, en tanto que estados mentales, son juicios de distintos tipos, desarrollará varios programas de
5 Kenny deja claro este punto de vista en la siguiente afirmación: “We might say that the absolute
minimum which is required in order that a man’s state of mind should be rightly called “fear” is that it should be a state of mind in which the verbal expression of fear comes naturally to a man who has learnt and customarily exercises the normal use of the word “fear” (Kenny, 1963/2003, pg. 47)
6 Una diferencia fundamental entre el tratamiento de Brentano y el de Kenny está en que este último
otorga a las emociones un papel esencial y autónomo, mientras que el primero las sitúa en relación a los diferentes modos en el que se nos presentan los objetos.
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Emociones en contextoinvestigación a lo largo de las últimas décadas, teniendo a Solomon (1977) como principal exponente:
“I admitted to an oversimplification in the too-brief slogan, "emotions are judgments". Judging, even in the most personal matters, may not have sufficient motivating power to explain the intimate connection between emotions and what James rightly calls "the urge to vigorous action". Furthermore, the notion of judgment by itself does not tell us why our emotions are so often involved in intricate schemes and filled with the cunning so obvious to every novelist, if not to philosophers and psychologists. Accordingly, it is important to add that every emotion is also a system of desires and intentions, hopes and wishes, or what I call the ideology of emotion. Thus in anger, it is essential that there is a desire, no matter how unworkable, to punish.” (Solomon, 1977, pg. 48)
Considerar las emociones en tanto que juicios, significa aproximarnos también a las emociones en tanto que actitudes proposicionales. Solomon intenta despejar el aire de intelectualismo que desprenden. Como consecuencia, y apoyándose nada menos que en Kant, argumenta que los juicios son simplemente un medio de interpretar la experiencia y, en el caso de las emociones, son juicios sobre nosotros mismos y nuestra posición en el mundo. De tal manera que no considera constitutivos exclusivamente de la emoción los cambios corporales y las percepciones, sino un amplio sistema de intenciones, esperanzas y deseos que denomina la ideología de las emociones. Los cambios corporales serán un elemento global de este sistema que conforma la ideología de la emoción, y las percepciones pasarán a formar parte de juicios no emocionales, aunque podrán tener su influencia en el desarrollo de la emoción.
Sin embargo, entender las emociones como juicios conlleva a su vez interpretarlas como evaluaciones (“appraisals”). Esta idea, que ya introdujo en su momento James para criticarla, ofrece una versión cognitiva menos radical de las emociones. Sin embargo, la aproximación contemporánea de las emociones como evaluaciones se relaciona más bien con los primeros trabajos de Lazarus (1966) sobre el estrés. El tipo de problema al que se enfrentaba Lazarus era la ausencia de una relación directa entre las situaciones de estrés y las respuestas de los individuos. Este problema, que sólo es comprensible en una época en la que el conductismo y el esquema estímulo-respuesta eran predominantes, conduce a Lazarus a establecer mediadores entre las situaciones de estrés y sus respuestas. Esta mediación estará constituida a su vez por las evaluaciones que el agente hace sobre cómo le puede afectar el entorno. Este análisis utiliza los elementos propios del paradigma cognitivo: estímulo- cognición-respuesta que viene a responder al proceso de percepciones-pensamientos- cambios corporales que, tal y como defendía James, era el que nos muestra el sentido común, pero el menos razonable según sus argumentos.
En este punto, debemos considerar las diferencias del análisis que ofrecen los psicólogos y los filósofos ante una perspectiva común. Los elementos fundamentales de las emociones tanto para Kenny como para Solomon se encuentran en el contenido de la
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proposición. No niegan la existencia de elementos externos a la misma proposición, pero participan en la emoción en tanto que son articulados de manera conceptual y proposicional. De este modo, los elementos de la emoción son los elementos de la proposición, es decir, básicamente un sujeto, un verbo y un predicado. Por ejemplo, si nos decimos “Me alegro del resultado del partido”, el verbo muestra el estado mental que define la emoción: “alegrarse”, y el predicado es el objeto de dicha emoción “el resultado del partido”. El sujeto siempre será uno mismo y será el elemento de la emoción que nos vinculará, según Kenny, con los síntomas, las circunstancias y las acciones que acompañan y ayudan a configurar el estado mental de la emoción y; según Solomon, con los elementos de la ideología de la emoción, es decir, con un amplio sistema de intenciones, esperanzas y deseos. El verbo es la parte fundamental de la proposición, no en tanto que acción, sino en tanto que formula el estado mental que conforma la emoción y el valor del juicio que establecemos. El objeto es hacia donde va dirigido nuestro juicio, lo que está presente en nuestra mente en tanto que tenemos una emoción.
Este análisis es complementario a la idea de que esas proposiciones son valoraciones de nuestra relación con el entorno, es decir, evaluaciones. Para un psicólogo formado durante la explosión conductista en el campo de la psicología, el tipo de consideraciones vinculadas a la estructuración de nuestros estados mentales y la organización lingüística le es un tanto indiferente. Lo importante es el modo en el que los individuos son capaces de responder ante determinadas circunstancias y el modo en que lo hacen. De esta manera, volvemos a saltar al exterior para encontrarnos con que el tipo de procesos cognitivos que realizamos dependen de una manera mucho más constitutiva del entorno y de los cambios corporales.
Para recapitular los elementos de las emociones en este punto de la historia, podríamos decir que la estructura se mantiene, pero hay cambios en la manera en la que se entienden estos elementos. Por un lado, tenemos un conjunto de conceptos que parecen tener cierto aire de familia: las percepciones, los objetos intencionales, las circunstancias particulares, el entorno y los estímulos, parecen jugar un parecido papel en todas las teorías que hemos visto hasta ahora. Se contraponen de alguna manera a los individuos y o bien inician el proceso emocional, o bien éste está dirigido de alguna forma a ellos. Pueden ser tanto elementos del entorno como objetos en un sentido más abstracto, como pensamientos, recuerdos o imaginaciones. En segundo lugar, tenemos un conjunto de síntomas, de respuestas, de cambios corporales, de activaciones, de estrés que pueden ser entendidos como característicos de las emociones o como un reflejo o expresión de las mismas, pero que, en todo caso, están asociadas a un amplio sistema de procesos que nos preparan para la acción. Por último, hay un conjunto de ideas, pensamientos, cogniciones, proposiciones, juicios y evaluaciones que expresan necesariamente la posición que tenemos en el mundo, desde una perspectiva existencial hasta una perspectiva más concreta, centrada en los elementos que nos rodean.
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Emociones en contextoConstrucciones sociales
El análisis de Solomon en sus primeros trabajos está ya encaminado hacia una interpretación de fuerte carácter social de las emociones. Solomon considera la autoestima como fundamental en nuestra manera de entender las emociones, siendo los casos que mejor encajan en su teoría los que están más bien anclados en el comportamiento social. Por este motivo, algunos años más tarde (Solomon, 1984), abrazará una concepción social de las emociones que, sin embargo, tendrá en Averill (1980) un más radical exponente:
“Children play at being angry, fearful, in love, etc., just as they play at being doctors, parents, garbage collectors, and the like. Such play, as well as the observation of the emotional reactions of others (both directly and vicariously in songs and stories), helps the child to understand the meaning of emotional roles. Much of this learning, it might be noted, proceeds simultaneously with the acquisition of language. As discussed earlier, emotional concepts do not simply name or label a response, rather, they help to explain behaviour by relating it to systems of judgment (e.g. of a moral aesthetic nature) and to patterns of social relationships. Thus, as the child learns to use emotional concepts correctly, he also learns a good deal about the meaning of emotional roles. As adults, emotional reactions are likely to proceed automatically and in the absence of any verbal mediation. It is therefore easy to overlook the amount and kind of prior experience that is required for the proper enactment of any emotional role. We may be reminded of this fact, however, when confronted with a new role, such as falling in love for the first time, or grieving at the loss of a parent. In such instances, a person may rightly wonder, “What should I do” or “Are my feelings true” With repeated practice, such doubts tend to disappear, and it becomes easier to show the appropriate emotion.” (Averill, 1980, pg. 258)
La idea fundamental de Averill es que las emociones son roles sociales transitorios que contienen una evaluación del entorno y una serie de procesos de respuesta determinados, que Averill entiende como síndromes. Podemos observar como su posición está fuertemente influenciada por una concepción de las emociones anclada en que la condición indispensable para tener una emoción es comprender el concepto de la misma. Posiciones posteriores no exigirán esta posesión, así como tampoco insistirán en la importancia de los juicios y las evaluaciones en una concepción que define las emociones en función de su rol social. Del mismo modo, la interrogación, el discurso y la narración de las emociones continuarán siendo importantes cuando experimentamos por primera vez una emoción.
La gran aportación de Averill es su idea de que cuando tenemos una emoción no estamos sometidos pasivamente a la misma, sino que más bien nos comportamos como actores que desempeñan un papel. Para llevarlo a cabo necesitamos varios elementos, como un guión, que hemos aprendido en nuestra infancia a través de historias, juegos e imitaciones; necesitamos también el escenario preciso, así como ciertas dotes para la
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interpretación que dependen de nuestra pericia al desarrollar una serie de movimientos y de gestos, que van desde las expresiones visibles hasta las que permanecen en el interior de nosotros mismos. El guión se corresponde a los pensamientos e ideas que forman parte de los elementos esenciales de las emociones que venimos manejando hasta ahora, es el que nos guía en la acción, y el que dota de contenido a la historia. Pero tenemos varios guiones del mismo modo que tenemos varios conceptos de emociones y pensamientos e ideas asociados a los mismos, de tal manera que cuando se nos presenta un escenario debemos emplear el guión necesario a dicho escenario. El propio guión cuenta con los escenarios que le son propicios, en otras palabras, una vez hemos incorporado a nuestro registro de emociones una ellas, también disponemos de las evaluaciones precisas de determinadas situaciones para comenzar nuestro papel. El último de los componentes, el de las expresiones y los cambios corporales asociados a la interpretación de las emociones, es característico de cada actor.
La gran ventaja de esta posición es que ayuda a comprender el modo en el que es posible que las emociones sean tan diversas en función de las distintas sociedades y culturas que pueblan nuestro planeta. Explica, por ejemplo, que las mismas emociones tengan modos de expresión diferentes dependiendo de cada individuo, pero también cómo su comprensión es compartida por los miembros de una comunidad. La mayoría de las emociones que sentimos efectivamente no están sólo mediadas cognitivamente, sino a través de las mismas cogniciones, también social y culturalmente. La vergüenza no es lo mismo en Japón que en Suecia y, por tanto, ninguna aproximación a las emociones será correcta a partir de ahora si no tiene en cuenta sus propias especificidades culturales. En este sentido, las emociones vuelven al exterior, ya no pueden ser comprendidas mediante la apelación a las respuestas del organismo o al modo en que se insertan en nuestros procesos mentales, sino que el valor de su expresión y su papel social cobran mayor importancia.
Sin embargo, esta posición no satisface plenamente a los que ya algunos años antes habían estudiado que los elementos naturales estaban más presentes en las emociones que los culturales. Averill se defiende mediante la apelación a la falta de acuerdo en los especialistas sobre cuáles son verdaderamente las emociones que se pueden considerar básicas y a los procesos que las definen. Por tanto, establece que los cambios corporales dependen de cada individuo. La evidencia empírica parece estar en contra de Averill:
“An emotion elicited by some event, the nature of that event typically varying with culture, activates the facial affect program. This program links each primary emotion to a distinctive patterned set of neural impulses to the facial muscles. When anger is elicited, one set of muscular movements will be triggered; when interest is elicited, a different set of muscle movements will be triggered. It is a program which is constant for all human beings. What is universal in facial expressions of emotion is the particular set of facial movements triggered when a given emotion is elicited” (Ekman, 1972, pg. 216)
El trabajo de Ekman sitúa de nuevo el entorno y los cambios corporales como elementos esenciales de las emociones. Estas ideas se remontan a una larga tradición de
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Emociones en contextoinvestigación que surgen de los trabajos de Darwin, pero que incluye las contribuciones de James al estudio de la emoción. La relación entre emoción y sociedad se plantea más bien desde las diferencias que existen en distintas culturas en el modo en que comienza el proceso emocional, es decir, lo que nos da lugar al miedo, nos vuelve tristes o alegres, no es un universal cultural. Sin embargo, las respuestas que ofrecemos según cada emoción son universales, específicamente en los gestos que están relacionados con cada emoción. Por lo tanto, el elemento fundamental de las emociones no será su conceptualización, el objeto al que se refieren, sino más bien el conjunto de expresiones que son especificas de cada emoción. Para ello es necesario discernir entre unas emociones básicas y otros procesos afectivos que no responden ni a la universalidad ni a la inmediatez de respuesta de las emociones de este modo descritas7
Los elementos de las emociones que describe Ekman son los siguientes: un conjunto de elementos que las provocan, ya sean elementos del entorno, recuerdos o pensamientos; un conjunto de procesos sensorio-motores (el “affect-program”) y, una serie de respuestas faciales, motoras, verbales y fisiológicas. Ekman (1999) no excluye su función evaluativa así como que, los sentimientos, es decir, la propia experiencia emocional, sea el rasgo más