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Información, adaptación y construcción

PARTE I LOS ELEMENTOS DE LAS EMOCIONES

1. TEORÍAS DE LAS EMOCIONES

1.5 Información, adaptación y construcción

El esfuerzo integrador de Scherer se resume en dos frentes: por un lado, en la presentación de cinco componentes fundamentales y; por otro, en la presentación de tres niveles de procesamiento emocional. Este esfuerzo, como ya hemos visto, presenta algunas dificultades que a su vez invitan a reflexionar sobre el modo en el que podemos de nuevo contextualizar las emociones como un fenómeno unificado. Scherer utiliza el concepto de evaluación, pero también maneja una serie de nociones básicas vinculadas al funcionamiento del organismo y también diversas formas de entender el concepto de información que se derivan de los tres niveles de procesamiento emocional.

Información y prototipos

El último de estos niveles, el nivel conceptual, presenta un ámbito privilegiado para el estudio de las emociones desde la perspectiva de cómo los individuos conciben ellos mismos las emociones y cómo son capaces de categorizarlas e integrarlas en su comprensión del mundo y las relaciones sociales:

“We believe that the prototypes are compatible with an implicit model of emotion processes, according to which emotions begin with appraisals of events in relation to motives or preferences. The various patterns of appraisal, then, elicit one or more sets of basic-level emotional responses, each including expressions, action tendencies, subjective feelings, and associated physiological states. An emotion may or may not be manifested directly in behavior, depending on the application of self-control efforts. Not surprisingly, this model, implicit in ordinary people's representation of emotion episodes, is paralleled by several contemporary scientific theories (…) and by much earlier philosophical theories of emotion (e.g., those of Aristotle and Spinoza)”. (Shaver et al. 1987, pg. 1081)

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El modelo de los prototipos de emociones se basa fundamentalmente en el estudio estadístico de los informes que ofrecen los sujetos experimentales sobre cómo entienden una emoción. Una vez analizados, se puede dar un esquema de cada emoción que se corresponde a los elementos esenciales de las mismas. Estos elementos son generalmente los mismos que conciben los defensores de las teorías evaluativas de la emoción: por un lado, respuestas de orden corporal como expresiones y acciones para la acción; por otro, aspectos de orden cognitivo y subjetivo en relación a esas respuestas, y; por último, un elemento de orden relacional que vincula las respuestas del organismo con el entorno, en el modelo de Shaver y sus colaboradores, también evaluativo. La noción de información que se maneja en estos experimentos todavía no es demasiado sofisticada, ya que no ha sido considerada adecuadamente hasta que ha ido tomando protagonismo con posterioridad (p. ej. Floridi, 2004). La información dentro de la filosofía de la mente se ha considerado tradicionalmente desde una perspectiva representacional, y eminentemente en forma proposicional. Las intuiciones de Evans (1982) vinculadas a la noción de contenido no conceptual tardarían en formar parte de las discusiones dentro de las ciencias y la filosofía cognitiva y, por lo tanto, también en el marco de la filosofía de las emociones la noción de información estaría asociada a representaciones de orden proposicional.

Sin embargo, al menos intuitivamente, podemos concebir diversos modos de información que no tengan un contenido proposicional. Desde el punto de vista de los animales, por ejemplo, es evidente que manejan información y es bastante complicado asumir que esta información es de carácter proposicional. Incluso podemos ir más lejos y advertir que las representaciones son un modo demasiado complejo de procesamiento de la información y advertir que también son posibles otros modelos más sencillos y más directos. En lo que a la teoría de las emociones respecta, la polémica en torno a si son las respuestas corporales o las ideas y los pensamientos los que definen las emociones, se transforma en qué tipo de información emocional se procesa en estos fenómenos:

“I argue that from an evolutionary-biological perspective, the four types of emotion- activating systems can be viewed as a loosely organized hierarchical system of emotion activators. It is not a rigid hierarchical arrangement, except that processing at the neural (simplest) level is primal and always necessary, and emotion activation through inference or attribution always requires the cognitive (highest level) system. It is hierarchical in a developmental sense, in that the neural and sensorimotor systems participate in emotion activation before some types of motivation (e.g., heterosexual drive) and such motivational processes before some types of cognition (e.g., higher order formal operations and prepositional reasoning). It is a also hierarchical in terms of complexity of information that can be processed at each level. In terms of capacity for independently processing increasingly complex emotion-eliciting information, the hierarchy of activating systems is as follows: neural, sensorimotor, motivational, and cognitive.” (Izard 1993, pg. 74)

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En el modelo de Izard, el procesamiento afectivo de la información se articula en función de varios niveles de activación emocional. En contraste con la posición de Scherer, Izard propone cuatro sistemas de activación emocional y sólo uno de ellos es cognitivo. Basa su sistema neural en intuiciones próximas a las de Lange, pero convenientemente actualizadas al considerar la importancia que ciertas hormonas y neurotransmisores tienen en nuestra configuración emocional. Se basa en los hallazgos de Ledoux sobre la autonomía de las áreas subcorticales del cerebro, es decir, las que no están relacionadas con el procesamiento complejo de la información, a la hora de dar respuestas emocionales. El nivel sensorio-motor responde a las intuiciones de las tradiciones que derivan de James y Darwin en relación a la preeminencia de las expresiones y las alteraciones corporales como determinantes de la emoción. El nivel motivacional se define en virtud del papel que juegan factores como el cansancio, el frío, el dolor y ciertos olores y sabores en la producción de respuestas emocionales sin mediación cognitiva. Por último, concibe el nivel cognitivo en base a la tradicional apelación a creencias, evaluaciones, inferencias y recuerdos.

El resultado de esta concepción es que excluye el papel de la evaluación como predominante en la comprensión de las emociones y por tanto ofrece una versión más plural de las mismas. Los teóricos de la evaluación podrían interpretar que, por ejemplo, el hecho de que el cansancio provoque enfado se puede seguir considerando desde el punto de vista de la evaluación, ya que ésta no se centra exclusivamente desde la perspectiva del entorno, sino también en las condiciones del organismo. Del mismo modo se puede considerar que no se trata de una emoción ya que dicho enfado carece de objeto intencional, es decir, como un estado de ánimo que se puede desencadenar a través del consumo de ciertas sustancias que afectan a nuestro sistema nervioso central y endocrino.

Los casos en los que se basa Ledoux (1998) pueden considerarse también como evaluaciones. Son casos en los que no hay un procesamiento complejo de la información y el individuo responde rápidamente bajo el influjo de un sistema anclado en las regiones subcorticales del cerebro, sobre todo en la amígdala. Ledoux, que ha estudiado básicamente el miedo, ha trabajado sobre cómo las emociones conforman un sistema de alerta, basado en las respuestas rápidas ante percepciones difusas de elementos posiblemente amenazadores. Un teórico que defienda las emociones desde el punto de vista de las evaluaciones no tendrá inconveniente en aceptar que esos casos también son eminentemente emocionales en tanto que derivan de la evaluación de algún elemento del entorno como peligroso, forjando una respuesta de miedo.

La diferencia entre basarse en la noción de evaluación o en una noción más amplia de información se resolverá en la relevancia que los procesos cognitivos tendrán en los fenómenos emocionales. Una aproximación que se base en la evaluación tendrá como casos prototípicos, emociones fuertemente asociadas a las valoraciones del entorno que realizan los individuos. Una aproximación basada en una noción más amplia de información tendrá como casos prototípicos, emociones fuertemente asociadas a los cambios que se deben de dar en el organismo para que el individuo se adapte de manera más eficaz al entorno. En el ejemplo del cansancio que genera enfado, en ambos casos el enfado se puede concebir como

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una buena respuesta en tanto que genera la agresividad necesaria para llevar a fin los esfuerzos que han generado el enfado y conseguir el descanso. Sin embargo, una aproximación evaluativa añade que el enfado resulta de la valoración del estado del organismo en relación al entorno que exige de respuestas emocionales agresivas para salir airoso de la situación. Volveremos sobre este punto más adelante.

Modularidad, neurofisiología y evolución

Es posible vincular necesariamente información y evaluación emocional si mostramos que todo procesamiento de información emocional, aunque no lo parezca en primera instancia, tiene su razón de ser en algún tipo de evaluación al contextualizarlo junto a otros procesos cognitivos. Sin embargo, parece que hay evidencias de que el funcionamiento de cada emoción resulta independiente del control cognitivo:

“The theoretical structure that we end up with, the fear module, comprises four characteristics: selectivity with regard to input, automaticity, encapsulation, and a specialized neural circuitry (Fodor, 1983). Each of these characteristics is assumed to be shaped by evolutionary contingencies. The selectivity results to a large extent from the evolutionary history of deadly threats that have plagued mammals. The automaticity is a consequence of the survival premium of rapid defense recruitment. Encapsulation reflects the need to rely on time-proven strategies rather than recently evolved cognitions to deal with rapidly emerging and potentially deadly threats. The underlying neural circuitry, of course, has been crystallized in evolution to give the module the characteristics that it has. Thus, even though most of the research has addressed the first characteristic of the module, its theoretical validity as well as the fruitfulness of its origin in evolutionary theory should be judged from the complete set of statements that it generates.” (Öhman & Mineka, 2001, pg. 485)

La idea de modularidad de la mente fue introducida por Fodor (1983). Los módulos son sistemas localizados en una arquitectura neural, que operan automáticamente, cuya información está encapsulada (es decir, que no pueden ser guiados por un procesamiento superior) y que tienen un dominio específico, es decir, que se disparan ante estímulos determinados, entre otras tantas características. En los últimos años se han expuesto teorías más radicales de la modularidad de la mente (Carruthers, 2006) que otorgan a la idea de modularidad un dominio más amplio que Fodor. Independientemente de la discusión al respecto, la idea de modularidad parece adaptarse bastante bien a los procesos emocionales (Prinz, 2004, pg. 233). En primer lugar, porque se corresponde a la vieja idea de que las pasiones son incontrolables en tanto que la información está encapsulada y su respuesta es automática y, en segundo lugar, porque existe una larga tradición que las vincula a una serie de patrones de respuesta específica que se asocia además con una de las líneas argumentales fundamentales de la modularidad de la mente, esto es, que los módulos se han desarrollado por medio de la selección natural a través de la historia evolutiva de los organismos.

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La aproximación evaluativa a las emociones puede aparecer como una dificultad para defender un modelo modular de las mismas, aunque existan autores que hayan defendido ambas posiciones (p. ej. Prinz, 2004). El problema no sólo reside en que se puede argumentar que las emociones no requieren de un procesamiento superior para tener lugar, sino que el modo en el que se disparan responde más bien a procesos automáticos que han resultado ventajosos para los organismos a través de su evolución. Es bastante probable que la permanencia de dichos procesos se establezca a partir de la ventaja adaptativa que supone responder de manera desproporcionada ante posibles amenazas del entorno. La relación costes-beneficios entre responder desproporcionadamente ante un estímulo que no supone una amenaza y no responder rápidamente ante las amenazas reales siempre está del lado del primero. En otras palabras, las emociones se guían por el principio de que, ante la duda, lo mejor es responder. Por lo tanto, las emociones favorecen en ocasiones representaciones equivocadas del mundo, que es lo que las convierte en hermanas de las pasiones, incontrolables y volcadas en ellas mismas.

La modularidad de las emociones favorece esta perspectiva de que la información que procesan no tiene por qué ser necesariamente de carácter evaluativo. El problema reside en que el tipo de emociones a las que nos estamos refiriendo ofrece un panorama escaso de la riqueza de los fenómenos afectivos. En primer lugar, estos estudios se basan fundamentalmente en la emoción del miedo ya que ofrece innumerables ventajas a la hora de comprender los mecanismos neuronales y fisiológicos del organismo en su relación con elementos específicos del entorno. En segundo lugar, estos módulos describen episodios de corta duración y que difícilmente se apoyan en las características particulares de cada individuo y cada cultura. Por otra parte, la modularidad de las emociones se acoge perfectamente a los elementos que hemos presentado como pertinentemente emocionales de la siguiente forma: un estímulo específico, una serie de respuestas automáticas y un contenido informacional.

El tipo de información que concebimos en esta versión moderada de la modularidad excluye al control por parte de procesos superiores. Por el contrario, existen aproximaciones a la emoción que las sitúan como base de la consciencia como la de Damasio (1999). Damasio no se enfrenta al problema “fuerte” de la conciencia, sino más bien a la conciencia que tenemos del entorno y de nuestro organismo, que ubica en las regiones subcorticales del cerebro, que también se encarga del procesamiento emocional. Nuestros procesos mentales contribuyen a regular el funcionamiento de nuestro organismo mediante las respuestas que ofrecemos al entorno, y los sentimientos obedecen a esta función reguladora que tiene por objetivo la supervivencia del organismo. Las emociones estarían constituidas por las respuestas emocionales al entorno y los sentimientos corresponderían a la conciencia que tenemos de esas respuestas. Dicha conciencia nos serviría para dotarnos de una visión de nosotros mismos que nos serviría a su vez para guiar nuestro comportamiento. Los sentimientos de Damasio defienden una idea jamesiana de las emociones, en la que las representaciones del cuerpo por parte de las regiones subcorticales tienen mucha importancia. Sin embargo, existen aproximaciones más moderadas de las emociones en tanto

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Las mismas técnicas de neuroimagen se han utilizado para descubrir cómo distintas emociones activan distintas áreas del sistema nervioso (Phan et al 2002), existiendo emociones que están vinculadas a diferentes regiones, como el miedo en relación a la amígdala, la tristeza con el área subcallosa, la felicidad y el asco con los ganglios basales. A pesar de estos estudios, la amígdala seguirá siendo considerada el núcleo central de las emociones (Davidson & Irwin, 1999) ya que mantiene conexiones privilegiadas con áreas del cerebro que activan respuestas vinculadas tradicionalmente a los fenómenos emocionales: como con el hipotálamo para activar el sistema nervioso simpático que prepara al cuerpo ante situaciones de estrés, con el núcleo reticular talámico para incrementar los reflejos, con los nervios faciales y con áreas del mesencéfalo y del tronco cerebral asociadas a la activación de neurotransmisores y hormonas como la dopamina, norepinefrina y epinefrina, que también están asociadas a la activación de respuestas corporales. El protagonismo de la amígdala provoca también que el miedo sea también muy relevante en los estudios

(p. ej. Panskepp, 2005). Dichas aproximaciones provienen normalmente de teóricos con un especial interés en los procesos cerebrales. El misterio del problema mente-cuerpo puede que tenga algo que ver con estas frecuentes asociaciones entre la información que analizamos a nivel cortical y subcortical, lo que se denomina nivel subpersonal, y la información que manejamos a través de nuestro pensamiento y a la que tenemos un acceso consciente, que se denomina nivel personal. Lo cierto es que estas aproximaciones cuentan con la ventaja de en ocasiones trazar paralelismos que parecen estrechar la brecha entre la mente y el cerebro. Ya sea mediante manipulación directa del sistema nervioso central de diferentes animales o mediante el estudio de las lesiones del sistema nervioso central humano, se pueden obtener resultados muy interesantes que ponen de manifiesto una asociación entre el nivel personal y el subpersonal a menudo despreciada por los psicólogos. La noción de activación corporal (“arousal”) por ejemplo, es perfectamente accesible mediante la experiencia individual pero también es accesible mediante técnicas de representación de la actividad del cerebro como las topografías por emisión de positrones o las imágenes obtenidas mediante resonancias magnéticas. Al nivel de investigación del cerebro en el que nos encontramos, las características de las emociones que son más visibles en las representaciones del cerebro son precisamente las que menos tienen que ver con las que destacaban los defensores de una aproximación cognitiva a las emociones, sino más bien, con los aspectos más difusos que ofrece la experiencia emocional. Del mismo modo que la activación corporal (Wollenweidera et al., 1998), se han obtenido interesantes resultados con respecto a la valencia (Paradiso et al., 1999). En efecto, lo más característico de las experiencias emocionales es la intensidad con las que las sentimos y si se tratan de experiencias positivas o negativas para nosotros.

10En inglés se suele emplear el concepto de « emotional feelings » para distinguirlo de los « feelings »

que en español traduciríamos como presentimientos o sensaciones. Sin embargo, el termino “sentimiento”, tiene el matiz en español de referirse precisamente al aspecto más subjetivo de los fenómenos emocionales. También es confuso en ocasiones la traducción de “arousal” y “activation” por activación. “Arousal” se refiere más bien a un tipo de activación caracterizado por estados de alerta de los organismos.

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neurocientíficos de las emociones. Existe también la convicción de que esta emoción es fundamental desde el punto de vista adaptativo y por tanto paradigmática también a la hora de estudiar las emociones en otras especies. La concordancia entre esa importancia adaptativa, la posición privilegiada de la amígdala en nuestro sistema nervioso y la profunda experiencia que genera el miedo, en tanto que experiencia negativa e intensa, la sitúa como la emoción a partir de la cual estudiar las demás desde el punto de vista neurocientífico (Ledoux, 1998).11

Los estudios de las emociones que se basan en el estudio del cerebro y que tienen como horizonte fundamental avanzar en el estudio de la conciencia humana, tienen también por lo común cierta tendencia a la utilización de argumentos forjados en la teoría de la evolución. Una mente estructurada modularmente apoya esta intuición, convirtiéndose esta idea en una de las bases de la psicología evolutiva, ya que la modularidad permite explicar separadamente el origen y la función de distintos procesos cerebrales. Sin embargo, del mismo modo, visiones alternativas deben también responder a cuestiones concernientes al origen de nuestras capacidades mentales. Tal y como muestra la historia de las ciencias de la vida (Jacob, 1970), el estudio de la estructura del organismo es indisociable de sus funciones, y éstas dependen a su vez de la estructura del entorno en el que se ubica el individuo. De tal manera que el grado de importancia que ciertas estructuras tendrán en nuestro cerebro, se