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FACTORES DEL SURGIMIENTO DEL ESTADO Y CONTROVERSIAS SOBRE SU ORIGEN

EL ORIGEN HISTÓRICO DEL ESTADO

ESQUEMA 1 Introducción

4. FACTORES DEL SURGIMIENTO DEL ESTADO Y CONTROVERSIAS SOBRE SU ORIGEN

El epígrafe anterior ha tenido por objeto exponer, desde el punto de vista histó- rico, cómo los europeos se organizan políticamente en Estados, el propósito de éste es dar cuenta del porqué.

Las causas determinantes de que el Estado se impusiese a otras formas de orga- nización política son heterogéneas. El despliegue del Estado es paralelo a cambios de distinta naturaleza: demográficos, culturales, económicos y políticos —como la Reforma y la actividad de la guerra—. La valoración de estos cambios suscita dis- crepancias; para unos, el origen del Estado no es consecuencia de un factor concre- to, es la postura mantenida por el enfoque evolucionista. Otros enfoques defienden que la variable independiente es el modo de producción, es la postura sostenida por los estudiosos de orientación marxista. Por último, un tercer grupo defiende que la eclosión del Estado se explica por causas políticas, en particular, por la actividad de la guerra. A estos tres enfoques nos referiremos a continuación, pero antes nos ocu- paremos de otros factores coincidentes con el origen del Estado y que no constituye el núcleo de los enfoques mencionados.

El aumento demográfico experimentado por Europa desde el siglo XI, propició el desarrollo de la actividad económica, tanto porque se amplió el número de tie- rras cultivables como porque creció el comercio, las ciudades se expandieron y la autarquía de la época feudal se debilitó. Desde la perspectiva cultural, la unifica- ción de la lengua utilizada en distintos territorios fue un elemento de integración, como expresó Antonio de Nebrija en la dedicatoria que realizó a Isabel de Castilla

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(Schulze, 1997:42). Asimismo, la recepción del Derecho Romano fue un factor valioso para superar el orden jurídico de carácter consuetudinario de la época medieval. La ley, creada por el hombre para el Derecho Romano, posee primacía sobre la costumbre; este Derecho proporcionaba nuevos principios e instituciones que, como el concepto de propiedad, se adecuaban a las exigencias de la incipiente burguesía manufacturera y a los objetivos de los monarcas.

Un factor decisivo en el proceso de formación de los Estados fue la Reforma. Aunque su contenido era de naturaleza religiosa, sus consecuencias fueron políti- cas. El movimiento reformista provocó la secularización del poder político, la vin- culación de éste con el papado, que había sido la base del orden feudal, dio un giro: los Estados se impusieron al poder de la Iglesia y la unidad de la cristiandad se quebró. La tendencia a independizar la organización eclesiástica de las directrices de Roma fue anterior a la Reforma del siglo XVI. Las disputas entre los reyes y el Papa concluyeron en concordatos que ya en el siglo XV mermaron el poder de Roma. Por ejemplo, Francia prohibió en 1439 que los cargos eclesiásticos fueran desempeñados por extranjeros, esta medida, que también tomó Carlos V en España con posterioridad, reforzaba el control de los monarcas; en Francia Luis XI prohi- bió que la Inquisición persiguiese las herejías sin su consentimiento y estableció que las sentencias de los tribunales eclesiásticos fuesen revisadas por el parlamen- to de París (Creveld, 1999:69).

El movimiento reformista cuestionó la forma de gobierno de la Iglesia. Para los reformadores, la Iglesia, integrada por la congregación de todos los fieles, es autó- noma y su poder reside en todos sus miembros. Fracasada la posibilidad de refor- mar la Iglesia a través del movimiento conciliar, los reformadores rechazaron la obediencia al Papa. En su lucha contra la jerarquía eclesiástica y el poder absoluto del Papa, calvinistas, luteranos, anglicanos y otras confesiones tuvieron que apo- yarse en los poderes regios, germinando las iglesias nacionales en las que el rey pasó a ser su jefe temporal. Incluso los países que no apoyaron la Reforma se bene- ficiaron de ella, pues su vinculación con la Iglesia de Roma era consecuencia de la decisión de los monarcas y no de ninguna voluntad externa a ellos. Por esas para- dojas de la historia, los reformadores terminaron reforzando el poder del Estado, la liberación de las iglesias reformistas del poder del Papa condujo a que termina- sen sometiéndose al poder secular.

Desde el punto de vista doctrinal, las teorías reformistas fundamentaron las relaciones entre la autoridad política y el hombre cristiano en principios que se alejaban de los imperantes durante la Edad Media. Las enseñanzas de Lutero difundieron la idea de que la religión era una experiencia íntima e individual. Según estos planteamientos se excluye que la autoridad civil pueda penetrar en los

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asuntos relacionados con la fe. Pero, al mismo tiempo, tanto Lutero como Calvino, salvo cuando las circunstancias se lo impidieron, justificaron la obediencia pasiva al monarca frente al derecho de resistencia. En realidad, la Reforma protestante no rompió la relación entre religión y política, más bien lo que provocó fue un cambio en ellas (Abellan, 1990:172).

En cualquier caso, el principal beneficiario de la Reforma fue el poder estatal, no sólo por la desvinculación del poder del papado, también por sus consecuencias económicas. La propiedad de la Iglesia fue parcialmente confiscada; en algunos países entre el 25% o el 30% de la propiedad de la Iglesia revirtió en el Estado (Creveld, 1999:69). A diferencia de los países protestantes, las inmunidades y pode- res jurídicos del clero católico no se revisaron. Como sostiene Reinhard, la Reforma proporcionó otra ventaja al poder político: el reforzamiento de la identidad territo- rial (Reinhard, 1997: 147 y ss.).

Hasta aquí se ha dado cuenta de diferentes factores que se asocian al origen del Estado, a continuación nos referiremos a otros, pero su influencia sobre la eclosión del Estado no es valorada de forma unánime.

a) El enfoque evolucionista, se centra en los cambios sociales en su conjunto, no da prioridad a ningún factor de forma aislada. Según este enfoque, exis- te un paralelismo entre la evolución biológica y la evolución de la sociedad. Es decir, es consecuencia de la especialización o división del trabajo que exige la complejidad de las sociedades modernas. Así la secularización del poder político es una manifestación de la diferenciación de la actividad política de otras actividades sociales; ese proceso supuso que la organiza- ción política se desvinculase de la organización religiosa de forma que la religión se convierte en un asunto privado. También, la modernización exi- gió que la actividad económica se separase de la política y se reservase la primera al ámbito del mercado (Poggi, 1990:89).

b) El enfoque marxista, a diferencia del anterior, no considera que el Estado sea una manifestación de la evolución social en general. El Estado, según esta perspectiva, es el resultado del surgimiento del modo de producción capitalista. La génesis del Estado es monocausal, posee una naturaleza eco- nómica. No sólo el Estado, sino todas las formas políticas surgen al compás de los cambios experimentados por los modos de producción, son herra- mientas que organizan la coerción de acuerdo con los intereses de quienes controlan el proceso de producción. Así, el modo de producción esclavista, cuyo elemento característico es la esclavitud, fue la fuerza motriz de la polis griega o del Imperio romano. Por su parte, el modo de producción feudal

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mercancías; el campesino se encuentra vinculado a la tierra. El poder polí- tico reside en quien es propietario de la tierra, esto es, en el señor feudal. El modo de producción feudal engendra una sociedad basada en vínculos per- sonales de dependencia entre el señor y el trabajador. Por último, el modo de producción capitalista, se caracteriza por la implantación de un mercado libre y la garantía de la propiedad privada. Este modo de producción es el determinante del origen del Estado, surge como instrumento de la burgue- sía, o, según otras versiones, como árbitro entre los intereses de la aristo- cracia y los de la burguesía.

La interpretación marxista fue revisada por P. Anderson, quien sostuvo que desde la aparición del Estado y durante todo el absolutismo, la clase políti- ca y económicamente dominante fue la misma que en la época medieval, esto es, la nobleza. El Estado no fue ni el árbitro entre la burguesía y la aristocracia ni un instrumento de la aristocracia frente a la emergente bur- guesía. Los Estados modernos trataron de mantener el dominio, la propie- dad y los privilegios de la aristocracia terrateniente y, al mismo tiempo, los medios utilizados por los Estados beneficiaron a los intereses de la nueva clase mercantil. Ambos intereses pudieron satisfacerse porque la naturaleza del capital mercantil y financiero no exigió una producción en masa, en consecuencia, no fue necesaria la ruptura total del orden agrario y feudal (Anderson, 1979:12 y ss.).

Los problemas para explicar el origen del Estado por razones monocausales son difíciles de superar, pero es incuestionable que la construcción de los Estados fue paralela a la del mercado, la complementariedad entre los inte- reses de uno y otro también es nítida. En efecto, la economía mercantil requería unas condiciones que la organización política feudal no estaba en condiciones de proporcionar. El intercambio de bienes se veía obstaculiza- do por las barreras territoriales, por la pluralidad de lenguas y de ordena- mientos jurídicos locales. Otro impedimento para la economía manufactu- rera eran las dificultades que imponían los gremios a la movilidad de la mano de obra. El Estado facilitó el comercio con numerosas medidas, entre ellas, suprimiendo las fronteras comerciales internas, estableciendo arance- les exteriores, garantizando jurídicamente el cumplimiento de los contratos y el derecho de propiedad, creando una única moneda o estandarizando los pesos y medidas. Por su parte, el desarrollo de la economía interna intere- saba al Estado para obtener ingresos con los que mantener el ejército y la burocracia.

Como se estudió en el tema I, la interpretación instrumentalista de la forma estatal es rechazada por los que defienden que el Estado es un actor autó-

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nomo. En este sentido, mantiene Poggi que Estado y mercado surgieron en alianza, pero se trataban de dos fuerzas autónomas con intereses conver- gentes (Poggi, 1990:96).

c) El enfoque histórico-sociológico. Tanto el enfoque evolucionista como el marxista explican el origen del Estado a partir de los procesos sociales y económicos. Los análisis que, por el contrario, se han centrado en la natu- raleza política del nacimiento del Estado, hacen hincapié en la guerra como un factor esencial.

La idea de que la guerra es una variable independiente de la concentración del poder, posee una amplia aceptación entre los estudiosos sobre el origen del Estado. Uno de los trabajos clásicos al respecto es el de Otto Hintze, entre los estudios más recientes, cabe citar los de Tilly, Shulze, Poggi y Creveld. Desde la perspectiva de la sociología histórica, la guerra a gran escala y la necesidad de abastecer y financiar a los ejércitos fue el detonante para la creación de la administración y del sistema impositivo. Es, por lo tanto, de la actividad bélica de la que surge la estructura institucional estatal.

Según Tilly, los Estados fueron cristalizaciones no premeditadas de la pre- paración para la guerra. La formación y mantenimiento de las fuerzas armadas fueron las responsables de la creación de las instituciones perma- nentes, por ejemplo, tesorerías o servicios de abastecimiento. Tilly investiga la diversidad de vías recorridas en la construcción de los Estados y por qué, a pesar de seguir diferentes caminos tanto en el espacio como en el tiempo, las distintas organizaciones convergieron en un único modelo de organiza- ción política. Las vías seguidas en la construcción del Estado, de acuerdo con el autor citado, dependieron de la forma en la que se combinaron el potencial militar y el potencial económico. El Estado finalmente se impuso sobre las ciudades y los Imperios porque mezcló instrumentos coercitivos y de capital, además porque contó con una fuerza militar poderosa. En defi- nitiva, el Estado triunfó allí donde existía una clase capitalista capaz de financiar la guerra y donde se crearon ejércitos permanentes. Así, por ejem- plo, Venecia y Holanda se caracterizaron por poseer importantes concentra- ciones de capital, pero eran débiles militarmente, dependían de los ejércitos mercenarios; las ciudades-estados terminaron siendo desplazadas por los Estados que reclutaron sus ejércitos entre su propia población. En el extre- mo opuesto se situarían los países con escasez de capital y en medio de estos dos grupos, estarían los países, como por ejemplo, Inglaterra que poseían un mayor equilibrio entre los medios coercitivos y de capital. En fin, debido a que la guerra era costosa, los Estados intensivos en capital y

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políticos deficitarios en uno de estos dos elementos, ya que gozaban de medios financieros y humanos entre su misma población (Tilly, 1992).La centralidad atribuida a la guerra y debido a que es una constante en la exis- tencia del Estado ha inducido a Poggi a mantener que ella no sólo es la responsable del origen del Estado, sino, incluso, de su desarrollo (Poggi, 1990:97). Quizá puede encontrarse cierta relación, por ejemplo, entre la ampliación del sufragio y la participación de las masas en las dos guerras mundiales o entre éstas y el desarrollo de las políticas sociales. Sin embar- go, parece pertinente introducir cautelas, pues los fenómenos sociales difí- cilmente se pueden explicar de forma monocausal.

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