MARCO GENERAL DE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS PARA
1. Falta la voluntad política para terminar con el hambre
Como se ha indicado, el hambre es un escándalo ético y mo-
ral en un mundo en que hay amplia abundancia de alimentos. Afecta la conciencia de cada uno de nosotros, pero además tiene altos costos económicos y sociales para las personas humanas y para la sociedad en general, ya que retarda el desarrollo econó-
mico y social de los países. ¿Por qué entonces no se ha avanzado más rápido en terminar con el hambre? Como en todo grave pro-
blema social que no está aún solucionado, las explicaciones no son claras y los argumentos que se pueden dar al respecto tampo-
co son muy convincentes. Nuestra convicción es que el flagelo del hambre se puede terminar ahora si se implementan eficaz-
mente las políticas claves que se detallan en este libro, pero para ello se necesitan voluntad política y más y mejores acciones de los gobiernos y de las autoridades públicas.
Para explicar la existencia y magnitud del hambre, debe destacarse en primer lugar que en la mayoría de los casos ha fal-
tado –y todavía falta– una real y verdadera voluntad política de las naciones y sus autoridades para terminar con el hambre. Este
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tema ha sido abordado en numerosas Cumbres Mundiales de las Naciones Unidas, de la Fao y de otras instituciones y en innume-
rables reuniones internacionales y nacionales, públicas y priva-
das. Miles de organizaciones de la sociedad civil y personas tra-
bajan en la temática y hacen valiosos esfuerzos y aportes. Sin embargo, y a pesar de que se ha establecido que el derecho a la alimentación es uno de los derechos humanos básicos, hasta el primer gobierno de Luis Inácio “Lula” da Silva en Brasil (2003- 2007), ningún Jefe de Estado había establecido categóricamente que terminar con el hambre era una prioridad básica de su admi-
nistración y se había dedicado con persistente determinación a conseguir el objetivo de eliminar el hambre. Como veremos más adelante, esta determinación explica de manera fundamental los avances significativos que ha habido en ese país.
Varios países tienen programas para combatir la desnutri-
ción infantil y reducir la pobreza, y en algunos casos incluso se dan extensos subsidios alimentarios, pero la eliminación del hambre no ha sido establecida tradicionalmente como un obje-
tivo claro y prioritario de la política social. En muchos casos las responsabilidades están repartidas entre varios Ministerios e instituciones. Muchos programas públicos relacionados con el hambre y la seguridad alimentaria aparecen y desaparecen pe-
riódicamente, de acuerdo con las variaciones y necesidades po-
líticas. Hay programas que tienen algún éxito relativo, pero la mayoría de las veces los programas languidecen sin llegar nun-
ca al objetivo final de terminar con el hambre. En varios casos los programas son usados con fines electorales y clientelistas, siendo un instrumento que mantiene “amarrados” al gobierno y al poder político a ciertos grupos vulnerables que necesitan los subsidios, pero sin que ellos proporcionen una solución real y definitiva a los problemas existentes. Las autoridades políticas no están realmente interesadas en eliminar el hambre sino en mantener la dependencia y el control sobre los necesitados y vulnerables.
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El caso de Brasil ha sido diferente y por esto ha llamado la atención mundial. Su ejemplo está comenzando a ser imitado por otros países. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (Fao), cuyo actual director general
coordinó el Programa Hambre Cero de Brasil durante el gobier-
no del presidente Lula, ha establecido recientemente que la eli-
minación del hambre es una prioridad de la institución y ha to-
mado acciones concretas para avanzar en la búsqueda de este objetivo en varios países. Hoy hay mucho más convencimiento, en los diversos países y en la sociedad, sobre la necesidad de ter-
minar radicalmente con el hambre que lo que existía hace algu-
nos años atrás, aunque muchas de las acciones aún son débiles y no se implementan eficazmente y de manera coordinada.
En su “Discurso inaugural” del 1º de enero de 2003, el pre-
sidente Lula expresó el objetivo de su gobierno en relación con el hambre:
Millones de brasileños […] carecen hoy de comida. So- breviven, milagrosamente, debajo de la línea de pobreza, si no mueren mendigando por un pedazo de pan. Es por esto que he incluido un programa de seguridad alimentaria que será conocido como el Programa Hambre Cero en la lista de prioridades de mi administración […]. Crearemos condi- ciones apropiadas para que todas las personas de nuestro país tengan tres comidas decentes por día, cada día, sin te- ner que depender de alguna donación. Necesitamos erradi- car el hambre, la extrema pobreza y la exclusión social1.
1 Citado en José grazianoda silva, Mauro Eduardo del grossi y Caio galvãode Franca, The Fome Zero (Zero Hunger) Program. The Bra- zilian Experience, Fao - Ministerio de Desenvolvimiento Agrario de Brasil, 2011.
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Evidentemente Lula no era un improvisado en el tema del hambre y ya desde 1991, a través del Instituto de Ciudadanía, ve-
nía preocupándose de este flagelo, que había sido la causa de que su familia emigrara muchos años atrás del nordeste de Brasil a la próspera región de San Pablo. Pero la implementación de su pro-
grama no fue fácil y hubo que superar muchas dificultades para avanzar en forma decidida y sistémica y lograr reducir de mane-
ra importante el hambre de millones de brasileños.
Es probable que en muchos países exista un convencimiento en los círculos gobernantes y políticos de que es importante re-
ducir la pobreza. Es posible incluso que ellos puedan creer en forma sincera que, si se tiene éxito en reducir la pobreza, el pro-
blema del hambre se resolverá automáticamente. Esta idea tiene alguna validez, ya que, como explicamos anteriormente, hay una evidente relación entre el hambre y la pobreza: los pobres extre-
mos (indigentes) no tienen recursos para comprar los alimentos mínimos que necesitan sus familias. Si sus ingresos aumentan debido al crecimiento económico o a las transferencias que reci-
ben de los programas sociales para reducir la pobreza, ellos po-
drán mejorar la alimentación familiar y eventualmente eliminar el hambre. Evidentemente, esto no es totalmente satisfactorio, ya que la sola transferencia de ingresos no ataca las causas estructu-
rales de la pobreza y el hambre, y solo tiende a perpetuarla, con-
virtiendo a los pobres en dependientes del asistencialismo y de las transferencias del Estado.
Para verdaderamente eliminar el hambre y la pobreza ex-
trema se requiere adoptar también reformas estructurales, que
den nuevas oportunidades y desarrollen las capacidades de los
grupos vulnerables, las que deben ser parte de una estrategia integrada y holística, que incluya intervenciones complementa-
rias de corto, mediano y largo plazo en varios campos diferen-
tes. Los componentes esenciales de esta necesaria estrategia in-
tegral son los que se analizan en las secciones siguientes de este libro.
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La pregunta sobre por qué no se ha terminado con el ham-
bre podría entonces reformularse para examinar por qué no se ha avanzado más decisivamente en eliminar la pobreza. Aunque hay muchos factores que influyen en esto, es importante destacar que diversos estudios han concluido que la deficiente capacidad para abordar los problemas de desnutrición es uno de los principales factores que limita el progreso en la reducción de la pobreza2.
Mientras existan madres desnutridas que tienen hijos desnutri-
dos, no será posible eliminar la pobreza. Mientras sigan existien-
do niños desnutridos, con menores capacidades físicas y cogniti-
vas, con menores posibilidades de asistir a las escuelas bien alimentados y así aprovechar adecuadamente los beneficios de una educación de calidad, no será posible eliminar la pobreza.
Pero también hay otros problemas claves, como la falta de adecuados empleos para los sectores de menores ingresos, la de-
ficiente calidad de la educación que reciben los niños pobres y el atraso del sector rural y de ciertas regiones geográficas específi-
cas de algunos países. Mientras no existan posibilidades de em-
pleos decentes para todos los trabajadores, especialmente para los más pobres, no será posible eliminar la pobreza. Mientras los hijos de los pobres se eduquen en escuelas deficientes y reciban una educación de mala calidad, no será posible eliminar la po-
breza. Mientras exista una agricultura de subsistencia, con baja productividad y sin acceso a los mercados, no será posible elimi-
nar la pobreza. Es necesario destacar que los trabajadores desnu-
tridos y con hambre, sin adecuados niveles de educación y sin apropiada formación técnica, tienen menores posibilidades de encontrar empleos decentes que les permitan tener adecuados in-
gresos, eliminar el hambre y salir de la pobreza.
2world BanK - uniceF, Combating Malnutrition. Time to Act, comps.: Stuart gillespie, Milla mclachlan y Roger shrimpton, Washington D.C., 2003.
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En cualquier caso, debe notarse que, para tener éxito en las estrategias de reducción de la pobreza, es necesario atacar direc-
ta y tempranamente los problemas de desnutrición y de hambre, y esto en muchos casos no se hace ni se ha hecho en forma ade- cuada. Es necesario destacar que el hambre no es solo una con-
secuencia de la pobreza sino que también es una de sus causas. Solo se tendrá éxito en erradicar la pobreza combatiendo sus causas estructurales, y el hambre y la desnutrición son una de sus principales causas estructurales. Si los niños no reciben adecuada alimentación en sus primeros mil días de vida, sus capacidades cognitivas y físicas serán reducidas para toda su existencia y pro-
bablemente serán pobres en su adultez. Si se asiste a la escuela con hambre, el rendimiento escolar será indudablemente menor y se tendrán menores conocimientos que repercutirán también ne-
gativamente en la vida adulta.
Una adecuada estrategia de reducción de la pobreza requiere que se intervenga en forma decisiva, temprana y directa con ac-
ciones enérgicas para acabar con el hambre y la desnutrición, en todas sus formas y manifestaciones. En la mayoría de los casos esto no se ha hecho y no se hace. Evidentemente, estas interven-
ciones para terminar con el hambre y la desnutrición son una me-
dida necesaria pero no suficiente para acabar con la pobreza y hay varias otras acciones que deben tomarse en forma comple-
mentaria. Pero, si no se soluciona el problema básico del hambre y la desnutrición, no se tendrá éxito en terminar en forma defini-
tiva con la pobreza.
Debe destacarse, además, que la pobreza tiene múltiples di-
mensiones y su reducción requiere tiempo, mientras que el pro-
blema del hambre es más urgente y focalizado, y puede y debe atacarse con acciones específicas de corto plazo e impacto inme-
diato. Evidentemente, para que los resultados sean permanentes las acciones de corto plazo deben complementarse con las nece-
sarias acciones estructurales de más largo plazo. Pero los millo-
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y hambre no pueden esperar el tiempo que se necesita para que los programas de reducción de la pobreza den resultado. Para ellos las soluciones tienen que implementarse ahora. Podría pen-
sarse que solo es importante combatir la desnutrición infantil pe-
ro, como han demostrado diversos estudios, para resolver en for-
ma total y definitiva este problema hay también que considerar las relaciones y costumbres interfamiliares e intervenir comple-
mentariamente a nivel de las familias en su conjunto. Terminar con la desnutrición infantil es un paso importante y prioritario, pero ella solo será definitiva y permanente cuando se termine con el hambre en las familias.
Otra explicación de la falta de acciones decisivas para ter-
minar con el hambre podría ser una relativa ignorancia de las au-
toridades y políticos sobre sus costos económicos y sociales. Es-
to haría que se considere el hambre como algo estructural, parte integrante de la realidad sociopolítica del país, de acuerdo con lo expresado por Benedicto XVI en la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria celebrada en Roma el 16 de noviembre de 2009. Este argumento podría haber tenido sentido cincuenta años atrás, pero ahora hay numerosos estudios e investigaciones sobre los efectos de la desnutrición y el hambre sobre las madres em-
barazadas, los niños, los trabajadores, la sociedad, el crecimiento económico, la paz social y otros impactos como para pretender que somos ciegos y no sabemos cuáles son los costos sociales del hambre. El problema del hambre se ha tratado en muchos fo-
ros nacionales e internacionales y es más probable que ahora esta explicación esté relacionada con un fenómeno de “no querer ver” la existencia del escandaloso flagelo del hambre. En la sociedad actual, con los medios de transmisión del conocimiento de que se dispone, no puede haber ignorancia por parte de los gobernantes y de los hacedores de políticas de los altos costos económicos y sociales del hambre. Lo que hay es falta de voluntad política
Una explicación relativamente semejante a la anterior po-
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hambre y las dificultades que existen para que ello sea efectivo. Es evidentemente –y se examinara en detalle más adelante– que para terminar en forma definitiva con el hambre se requieren ac-
ciones complementarias en varias áreas (salud y nutrición mater-
no-infantil, asistencia directa a los necesitados, mejoras en la productividad y el acceso a los mercados de la pequeña agricul-
tura, ampliación de la infraestructura rural, desarrollo y conser-
vación de los recursos naturales, fortalecimiento de la generación y difusión de conocimientos, educación de calidad, mayores oportunidades de empleo, etc.) y que en ellas deben participar numerosas instituciones públicas y privadas que no están acos-
tumbradas a cooperar entre sí. Pero la existencia de dificultades no es una razón aceptable para no actuar. Cuando hay decisión, el hombre es capaz de superar todas las dificultades y hasta pue-
de “llegar a la luna”. Como lo manifestó el presidente John F. Kennedy, “las cosas no suceden, uno hace que las cosas
sucedan”3.
En conclusión, no hay una explicación satisfactoria de la falta de acciones más decididas para terminar en forma definitiva con el hambre, pero esto ha sido y es una realidad en muchos países. La verdad es que el interés real de los políticos y autoridades en solu-
cionar el problema del hambre ha sido limitado. Como indicó el Papa Francisco en su discurso para el Día Mundial del Medio Am-
biente del 5 de junio de 2013, los niños que no tienen que comer son una noticia normal… Una baja de diez puntos en la bolsa es una tragedia4. Como se ha destacado en varios estudios y lo indi-
có explícitamente el ex presidente Lula en Adís Abeba, Etiopía, en julio de 2013, los hambrientos y los pobres no tienen organizacio-
3 Discurso en la Universidad de Dakota del Norte, 25 de septiembre de
1963.
4 Discurso del Papa Francisco en el Día Mundial del Medio Ambiente,
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nes propias que presionen por sus derechos e intereses, no tienen influencia, no tienen voz en la sociedad.