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FATIGA MENTAL

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CONSECUENCIAS NEGATIVAS DE LA CARGA MENTAL

FATIGA MENTAL

La fatiga mental se define como una disminución temporal de la eficiencia funcional mental, que está en función de la intensidad y duración de la actividad precedente y del nivel de la carga mental. Cuando en una tarea determinada, la persona mantiene un nivel de actividad que raya con el límite de su capacidad o bien la duración de la tarea se prolonga demasiado en el tiempo, aparece la fatiga. En este caso la cantidad de esfuerzo aportado por la persona no es suficiente para mantener el nivel de respuesta, cuantitativa y/o cualitativa, que exige la tarea.

La fatiga mental se manifiesta, principalmente, mediante una sensación subjetiva de can- sancio, falta de concentración y rendimiento y un aumento de la frecuencia de errores. Puede manifestarse desde una forma muy tenue, como ligeras reducciones de la capacidad de trabajo mental, hasta una forma grave, como el bloqueo total, o la incapacidad temporal para el aná- lisis de la información.

Si el proceso estímulo-respuesta es contínuo, la capacidad de respuesta de la persona puede verse saturada; si por el contrario existen períodos de descanso o de respuesta reducida, la per- sona puede recuperar su capacidad y evitar así el déficit de respuesta o fatiga mental. En este sentido, hay que destacar que la capacidad de respuesta esta limitada en función de: la edad; el nivel de aprendizaje; el estado de fatiga; las características de la personalidad; y las actitudes hacia la tarea (motivación, interés, satisfacción, etc.).

Podemos distinguir entre dos tipo de fatiga mental: la fatiga aguda y fatiga crónica. La fatiga aguda aparece como una reacción homeostática del organismo para adaptarse al medio, el principal síntoma de este tipo de fatiga es una reducción de la actividad que se da como consecuencia de: una disminución de la atención, una lentitud del pensamiento y una disminución de la motivación, Por otra parte, la fatiga crónica aparece cuando existe un dese- quilibrio prolongado entre la capacidad del organismo y el esfuerzo que debe realizar para dar respuesta a las necesidades. Se da, no por una sobrecarga de trabajo aguda, sino por una determinada carga que se va repitiendo. Entre sus síntomas, que pueden ser permanentes, destacamos los siguientes: inestabilidad emocional: irritabilidad, ansiedad, estados depresi- vos, alteraciones del sueño, alteraciones psicosomáticas (mareos, alteraciones cardíacas y digestivas, etc.).

Fatiga Aguda

La fatiga aguda es una reacción psicofisiológica normal que consiste en una reacción de aco- modación a la tarea. Aparece siempre durante la actividad laboral, o bien cuando esta ya ha ter- minado, el organismo se “paraliza” tratando de buscar la homeostasis y después de un periodo de descanso (cambiando la actividad o censando en ella, sueño reparador, etc.), desaparece.

Este tipo de fatiga se caracteriza por que: la capacidad de concentración se pierde y el desa- rrollo de la actividad se realiza con bajos niveles de atención, lo que conlleva a realizar las tareas con altos niveles de errores; la capacidad intelectual para seguir abordando las tareas se ve mer- mada, y, por tanto el rendimiento; aparece una pérdida de interés por la tarea y por el trabajo en general; y aparece somnolencia, torpeza de movimientos y descenso de la actividad.

La recuperación de esta fatiga es relativamente sencilla, mediante las siguientes acciones: un descanso adecuado; periodos de paro en la actividad, buena recuperación entre las jornadas de trabajo; alternancia de las tareas, con otras que supongan menos niveles de carga mental o donde se pongan en juego otras estructuras cognitivas diferentes, adecuación de las tareas a la capacidad individual de las personas; análisis de los aspectos organizativos tanto de la estruc- tura de la organización, como de los procesos de trabajo; y evaluación de las condiciones ambientales y adecuación de éstas al desarrollo de la actividad concreta.

Fatiga Crónica

Denominamos fatiga crónica a la situación de desequilibrio entre las demandas de la tarea y la capacidad de respuesta de la persona. Se instauran de forma continua, de tal forma, que los periodos de descanso, entre tareas y/o jornadas no son suficientes para recuperar la homeosta- sis orgánica. No es una sobrecarga puntual, se da a diario, y va aumentando en intensidad a lo largo del tiempo, generando una serie de patologías que pueden llegar a ser muy graves, y que van a influir en el rendimiento de la persona de forma terminante, cuando no, en su capacidad definitiva para la actividad laboral, con todas las consecuencias que esto puede acarrear en los procesos productivos de la organización.

La sintomatología es muy variopinta y difusa, pero podemos enumerar tres grupos defini- dos, y dentro de ellos, una serie de síntomas y/o patologías que se van a generar, en función de las características individuales de cada persona. A saber: la inestabilidad emocional, las altera- ciones del sueño y las alteraciones psicosomáticas.

La inestabilidad emocional se define como cuadros inespecíficos de neurosis. Tales como, irri- tabilidad, ansiedad, cuadros depresivos, agitación y una tendencia al consumo de psicofár- macos, alcohol, tabaquismo y otro tipo de drogas. Este bucle, genera un panorama bastante sombrío, si no se interviene de forma rápida y eficaz.

Las alteraciones sueño-vigilia, desde el insomnio, más o menos persistente, parcial o total, hasta las alteraciones permanentes del ciclo sueño vigilia, hacen muy difícil la recuperación de la fatiga.

Las alteraciones psicosomáticas, comprenden: mareos, vértigos, elevación de los niveles de lípi- dos en sangre, taquicardias, arritmias, elevación de la tensión arterial, alteraciones digestivas (úlceras de estómago y duodeno, alteración del ritmo intestinal), alopecia, dermatitis, poli- mialgias de origen no reumático, alteraciones osteomusculares y un largo etc.

A diferencia de la fatiga aguda, los síntomas de la fatiga crónica están presentes a lo largo de todo el día. El trabajador, se “lleva” a casa todo el cuadro que vivencia y sufre en la jornada de trabajo, esto le va a generar una serie de problemas psicosociales, en muchos ámbitos, por no

decir todos, de la vida diaria (entorno familiar, de relaciones sociales, aumento de costes en el sistema nacional de salud debido a que muchos de estos problemas se tratan por los médicos generalistas o especialistas, como algo que etiológicamente es ajeno al mundo del trabajo, aumento del absentismo laboral, etc.

ESTRÉS

El término éstres suele utilizarse para denominar un proceso corporal, es decir, el plan gene- ral del organismo para adaptarse a todas las influencias, cambios, exigencias y tensiones a que está expuesto; como por ejemplo exposición a sustancias tóxicas y temperaturas extremas, así como a exigencias mentales y sociales. El estrés es, por lo tanto un estereotipo en las respuestas del organismo a influencias, exigencias o presiones. (Ver: “Estres”)

Siempre existe un cierto nivel de estrés, que varia continuamente incluso en una misma persona, dicha variación depende en parte de la naturaleza y del estado de la persona y en parte de las influencias y exigencias externas, es decir de los estresores, a los que el organismo está expuesto.

Los modelos teóricos sobre el estrés destacan el papel determinante que ocupa el desa- juste entre las demandas del ambiente laboral y los recursos y capacidades de la persona para hacerles frente. Según Karasek y Theorell (1990), las exigencias de la tarea, junto con el con- trol del trabajo son dos elementos básicos que interactúan para desencadenar el estrés. Amick y Celentano (1991) consideran que existen cuatro determinantes básicos del estrés: exigencias de la tarea, control del trabajo, apoyo social y satisfacción laboral, y añaden, otro determinante, el sistema técnico empleado. Según estos autores la tecnología no tiene un efecto directo sobre el estrés, sino que actúa a través de la modificación de las demandas de la tarea.

La causa del estrés es un deficiente “ajuste” entre la persona y su entorno, este ajuste dependerá tanto de factores situacionales o estresores como de las características de la persona. Entre los principales estresores, destacamos: la sobrecarga mental, la infracarga mental, el con- flicto de roles, la falta de control de la personal, la falta de apoyo social y los factores ambientales. Casi todos ellos están relacionados con la carga mental de trabajo.

La utilización de máquinas impone una serie de requisitos en la forma de desempeñar las tareas. Para Amick y Celentano, el control del proceso por parte de las máquinas, en compara- ción con el control por parte de las personas impone una serie de restricciones sobre el trabajo que tienen importantes consecuencias para la salud. Los síntoma psicosomáticos son mayores entre las personas cuyo proceso de trabajo está controlado por las máquinas. Para estas perso- nas, la sobrecarga percibida del puesto de trabajo es mayor, y la autonomía, el nivel de relacio- nes interpersonales y la satisfacción laboral son menores que para las personas que mantienen el control del proceso.

En muchos casos los puestos de trabajo están caracterizados por la existencia de una cierta presión temporal, que al estar fuera del control de la persona, impide cualquier posibilidad de recuperación y de adaptación a la disminución de las capacidades, que ocasionan dificultad de la alternancia de las estrategias de procesamiento de la información. Si a ello se le añade la imposibilidad de corregir errores y la exigencia de mantener una alta calidad de desempeño, impone a la persona la utilización de una mayor capacidad de procesamiento y una mayor con- centración. A su vez, esto dificulta las comunicaciones impidiendo el papel modulador que juega el apoyo social en la aparición del estrés laboral.

Un contenido demasiado limitado y monótono, falta de variación en el estímulo, falta de demandas a la creatividad o a la solución de problemas, y escasas oportunidades de interacción social, favorecen la aparición del estrés.

Entre las alteraciones de la salud relacionadas con situaciones de estrés laboral, destacamos: las alteraciones musculares, por ejemplo, tensión y dolor; las alteraciones gastrointestinales por ejemplo, dispepsia, vómitos, pirosis, dolor, estreñimiento e irritación del colon; las alteraciones cardiacas, por ejemplo, palpitaciones, arritmias, dolor torácico, las alteraciones respiratorias, por ejemplo, diseña e hiperventilación; las alteraciones genitales, por ejemplo, dismenorrea, fri- gidez e impotencia; y las alteraciones psiquiátricas, ejemplo, ansiedad y depresión. Respecto a las enfermedades psicosomáticas más frecuentes asociadas con el estrés, subrayamos: las car- diopatías coronarias y la hipertensión arterial idiopática.

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