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El fin del neoliberalismo?

A principios de 2009, los expertos económicos de todo el mundo se mostraron de acuerdo en que la economía global estaba en medio de una recesión que amenazaba convertirse en una Gran Depresión. Aunque algunos de estos comentaristas resaltaron el papel de los “banqueros egoístas de Wall Street” en el desencadenamiento de la crisis, pero muchos culparon a las élites financieras globales por su adhesión a los dogmatismos neoliberales. Los líderes políticos, tanto de la derecha como de la izquierda, no solo cuestionaron abiertamente los principios del neoliberalismo, sino que también argumentaron a favor de una mayor regulación y supervisión por parte de las instituciones nacionales e internacionales. El ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greespan, admitió ante el Comité del Congreso sobre Supervisión y Reforma Gubernamental que su ideología neoliberal ya no funcionaba. Incluso conservadores prominentes que escriben para grandes audiencias como el Columnista del New York Times David Brooks concedieron que los mercados libres no se autor regulaban y no eran perfectamente eficientes t que la gente no era siempre el mejor guardián

de sus intereses. Pero quizás, la crítica más completa y sofisticada del modelo neoliberal se produjo en marzo de 2009 en la forma de un informe de 65 páginas de la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (UNCTAD) titulado: “La Crisis Económica Global: Fallos sistemáticos y Soluciones Multilaterales”.

El colapso del comercio mundial. Fuente:

El colapso del comercio mundial. Variación del comercio mundial (trade) y del PIB (GDP). Fuente: The Economist, print edition, 26 March, 2009.

Los líderes mundiales critican el neoliberalismo en respuesta a la crisis económica global

“Laissez-faire está acabado”.

Presidente francés Nicolás Sarkozy, enero de 2009

“La crisis financiera global es una crisis que es simultáneamente individual, nacional y global. Es una crisis tanto del mundo desarrollado como del mundo en desarrollo. Es una crisis que es al mismo tiempo institucional, intelectual e ideológica. Ha puesto en cuestión la prevaleciente ortodoxia económica neoliberal de los últimos 30 años – la ortodoxia que ha sostenido el marco regulatorio nacional y global que ha fallado espectacularmente en prevenir el caos económico que nos ha visitado”.

Primer Ministro australiano Kevi Rudd, Febrero de 2009 “El viejo mundo del Consenso de Washington está acabado”.

Primer Ministro británico Gordon Brown, abril de 2009

El informe de la UNCTAD contiene cuatro mensajes clave. Primero, se enfatiza en que el “fundamentalismo de mercado de laissez-faire” de las dos últimas décadas había fallado en la prueba de la aplicación al mundo real. La desregulación financiera había creado el edificio del enorme riesgo financiero, cuya relajación había empujado a la economía mundial hacia la deflación de la deuda, que sólo podía ser contrarrestada por la inflación de la deuda pública. Segundo, “la fe ciega en la eficiencia de los mercados financieros desregulados y la ausencia de un sistema de cooperación financiera y monetaria había creado una ilusión de unos beneficios libres de riesgo y había autorizado el libertinaje a través de las finanzas especulativas. Tercero, el papel creciente de los conglomerados financieros sobre las materias primas y sus derivados había conducido a la extrema volatilidad y a la aparición de “burbujas” especulativas sobre las materias primas, al igual que antes había pasado con la burbuja inmobiliaria estadounidense. Finalmente, al igual que pasó en la crisis asiática de 1997-8, la ausencia de un sistema de cooperación internacional para manejar la tasa de cambio facilitó la especulación rampante sobre las monedas y aumentó los desequilibrios globales, con una serie de países al borde de la quiebra.

Aparte de sonar como el obituario del neoliberalismo, el informe de la UNCTAD también sugirió tres soluciones constructivas: (1) volver a una re-regulación del sistema financiero global con los gobiernos del mundo trabajando al unísono para logar este objetivo; (2) cooperación gobierno–sector privado para estimular el crecimiento económico y (3) los países en desarrollo no deben estar sujetos durante más tiempo a esa clase de lógica neoliberal que causó la actual crisis. De hecho, menos de un mes después de la publicación del informe de la UNCTAD, los jefes de Estado y gobierno de la cumbre del G-20 se reunieron en Londres para llegar a una estrategia económica común. Como el Primer Ministro británico señaló, ese encuentro en respuesta a la crisis financiera global creó una “oportunidad histórica” para establecer un “nuevo orden mundial”. Después de unas tensiones iniciales entre una facción liderada por el Presidente Nicolás Sarkozy y la Canciller Angela Merkel, quienes se mostraban a favor de controles regulatorios mayores, y otra facción encabezada por el Presidente Obama, el Primer Ministro Brown y el Primer Ministro Japonés Taro Aso, quienes enfatizaron la importancia de los paquetes de estímulo, los líderes mundiales emitieron un comunicado conjunto publicado el 2 de abril de 2009.

Seis puntos clave de los acuerdos del G-20

 Reforma del sistema bancario global, con controles sobre los hegde-funds (*), mejores normas de contabilidad, reglas más estrechas para las agencias de valoración de créditos, límites a la excesiva remuneración de los ejecutivos y el nombramiento para vergüenza de los paraísos fiscales que no comparten financiación.

 Se creará un nuevo Consejo de Estabilidad Financiera para trabajar con el FMI para asegurar la cooperación a través de las fronteras y proporcionar un mecanismo de alerta temprana al sistema financiero. Sus miembros incluirán ministros de finanzas, reguladores y los bancos centrales de los países del G-20.

 Un paquete de 1,1 billones para complementar los estímulos de 5 billones a la economía global por los países individuales. La mayor parte de los 1,1 billones – 750.000 millones – irán a parar al FMI y el resto al Banco Mundial y otras instituciones para restaurar el crédito, el empleo y aumentar los préstamos a los países en problemas.

 Más poder para los países en desarrollo como China e India para determinar las políticas del FMI y el banco Mundial.

 200.000 millones de dólares para financiar el comercio en 2009-10 para ayudar a revertir el declive del comercio mundial.

 Un compromiso de que parte de los estímulos fiscales, incluyendo la venta de oro por el Banco Mundial hasta alcanzar los 600.000 millones de dólares, será usado para ayudar a las naciones más pobres a crear puestos de trabajo “verdes”.

El acuerdo fue elogiado por los líderes de los negocios como un paso crucial en la reparación de la infraestructura financiera mundial, mientras los críticos de la izquierda criticaban el carácter moderado de las reformas, la falta de detalles y la ausencia de medidas concretas para combatir el cambio climático global. Además, el comunicado del G20 dejó “las necesarias reformas del sistema bancario en manos de cada gobierno nacional para actuar sobre la base de caso por caso”. Como era de esperar, muchos ejecutivos de la banca nacional se resistieron inmediatamente a la aplicación de tales medidas con el argumento de que el péndulo de la regulación se volvería contra esas medidas. Además, no se le dio poder de ejecución obligatoria al nuevo Consejo de Estabilidad Financiera. Más bien al contrario, sus

principales actividades estaban limitadas a asesorar a los miembros, vigilar las regulaciones y colaborar con el FMI en crear los mecanismos de alerta temprana dirigidos a prevenir la `próxima crisis financiera. Finalmente, aunque fue obvio que los acuerdos del G20 dieron al FMI un papel crucial en el proceso de las deseadas reformas, no estaba totalmente claro como el FMI sería capaz de desembarazarse de su vieja lógica neoliberal, si rápida y totalmente, o no. Por lo tanto, podríamos finalizar diciendo que sería prematuro pronunciar que el neoliberalismo está muerto, sería igualmente absurdo negar que la crisis que, con la crisis, se ha empezado a coquetear de nuevo con los principios keynesianos.

CONCLUSIÓN

Habiendo llegado al final de nuestro viaje por los distintos panoramas del neoliberalismo, resumamos brevemente nuestros descubrimientos. Tras argumentar que el neoliberalismo funciona como una ideología, como una modo de gobierno o como un paquete de políticas que hacen hincapié en el papel fundamental de los mercados y la empresa privada, hemos observado que barrió el mundo en dos oleadas sucesivas a partir de la década de los 80, tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos. Los neoliberales pusieron, con audacia, en práctica, las ideas de Hayek y Friedman. En el proceso, Reagan y Thatcher lograron romper el paradigma keynesiano que había dominado la teoría económica y la práctica desde los años oscuros de la Gran Depresión. Aunque estas dos variantes de la primera ola desarrollaron su propio conjunto de políticas, compartieron un deseo común de rediseñar sus respectivas sociedades según la fórmula neoliberal D(esregulación)-L(iberalización)-P(rivatización).

Durante los Felices Noventa, la segunda ola del neoliberalismo adoptada por políticos de “centro-izquierda” como Bill Clinton y Toni Blair buscaron balancear su pensamiento pro mercado libre con algún tipo de responsabilidad social y comunitaria. Sin embargo, simultáneamente, utilizaron el “poder blando” del FMI y el Banco Mundial para exportar el “Consenso de Washington” al resto del mundo. Su firme compromiso con una economía mundial impulsada por el comercio transnacional dio lugar a una serie de acuerdos regionales de libre comercio. Además, la recién creada OMC se convirtió en el poderoso medio de supervisión y ejecutor de la agenda de liberalización del globalismo de mercado. Sin embargo, después del cambio de siglo, una serie de desafíos a la hegemonía del neoliberalismo consiguieron

alguna notoriedad, pero fallaron en conseguir algún cambio fundamental. Se dejó que la crisis económica mundial de 2008-09 (que quizás continúe más allá de estos dos años) desestabilizara el reino sin rival del neoliberalismo, precisamente 30 años después de la ascensión de Margaret Thatcher al cargo de Primer Ministro.

Si bien está claro que la primera y la segunda ola tuvieron su buena época, está lejos de ser cierto que el neoliberalismo como tal haya salido del escenario mundial para siempre. Como hemos enfatizado a lo largo de este libro, el neoliberalismo viene de muchas variedades que han demostrado ser muy adaptables a contextos sociales específicos. Por otra parte, los acuerdos preliminares acordados entre los líderes del G20 en la cumbre de Londres de 2009 incluían algunos remedios keynesianos para aplicar a la economía global en crisis, pero podrían ser insostenibles a largo plazo. Aunque parece que el fundamentalismo del libre mercado ha sido relegado a la papelera de la historia, el segundo pilar del neoliberalismo – el comercio libre – no solo permanece en pie, sino que además ha sido reafirmado como indispensable por las elites económicas y políticas mundiales. Es totalmente concebible que una posible recuperación económica en 2010 o 2011 podría volver a envalentonar esas voces neoliberales que, por el momento, han sido silenciadas por la actual calamidad. De otro lado, si la crisis económica continúa, o incluso se profundiza, las llamadas a una cirugía más radical se volverán más insistentes, posiblemente creando la suficiente presión como para dar paso a una nueva era de capitalismo controlado globalmente. Por lo tanto, tanto una tercera ola de neoliberalismo (más moderada que en las dos precedentes) y un New Deal global (construido sobre principios keynesianos) son distintas posibilidades para la segunda década del siglo XXI.