• No se han encontrado resultados

Ataúlfo quedó al mando del ejército godo. Sus seguidores y él seguían siendo muy ricos gracias al saqueo de Roma. También tenían con ellos a la hermana de Honorio como prisionera, Gala Placidia. Contaba con poco más de veinte años y había sido educada en el hogar de Estilicón y Serena, pero esa convivencia no parece haber creado ningún vínculo afectivo: su primera aparición en la escena política fue cuando ayudó al Senado a condenar a Serena a muerte. No estaba casada, muy posiblemente porque Estilicón había albergado la esperanza de arreglar el matrimonio con su hijo. Se convirtió en un rehén valorado, tratado con considerable respeto por los godos.10

En 409, Honorio, tras haberse visto incapaz de derrotar a Constantino, le había reconocido

como colega imperial. Para entonces, este último había invadido toda Hispania y sofocado una rebelión promovida por algunos de los familiares de Honorio, que habían sido ejecutados en su totalidad. Sin embargo, aun antes de que la noticia llegara a Rávena, las relaciones entre los dos emperadores eran tensas y, cuando Constantino llevó tropas a Italia para luchar contra Alarico, se rompieron por completo. La sospecha de que se estaba urdiendo una conspiración impulsó a Honorio a ejecutar a uno de sus magister militum, y no se produjo ningún esfuerzo significativo de cooperación con el otro ejército. Constantino se retiró, y la nueva de las ejecuciones en Hispania aumentó el distanciamiento. En torno a la misma época, los vándalos, los alanos y los suevos abandonaron el norte de la Galia y atravesaron los pasos de los Pirineos, supuestamente protegidos, entrando en Hispania. A continuación, se extendieron geográficamente y cada uno de ellos se dirigió a una zona distinta para que le fuera más fácil la supervivencia por medio del pillaje y la extorsión. El ejército romano -la Notitia Dignitatum enumera dieciséis regimientos de campaña en Hispania- no se lo impidió.

Constantino se enfrentaba a una amenaza de otra índole en Hispania, liderada por el comandante al que él mismo había enviado allí. Este hombre, un britano llamado Geroncio, había oído que iba a ser sustituido y se había rebelado, declarando emperador a su hijo Máximo. Es muy posible que obtuviera aliados en las bandas de guerreros que estaban recorriendo la Península en la época. En el año 411 derrotó al hijo de Constantino, Constante, y a continuación organizó un asedio contra el propio emperador en Arelate (la actual Arles). Honorio también se había decidido a actuar contra el usurpador occidental y envió un ejército a la Galia. La mayor parte de los hombres de Geroncio desertaron para unirse a ese contingente, obligándole a huir. El asedio continuó hasta que Constantino se vio obligado a capitular; fue hecho prisionero, pero, de camino a Rávena, fue decapitado. Casi todo el mérito de la victoria recayó en un oficial que se llamaba Constancio; al principio había sido partidario de Estilicón, pero había logrado sobrevivir a su caída. Pronto alcanzaría el mismo tipo de prominencia que una vez disfrutara su superior.11

Ataúlfo se marchó de Italia en 411, llegando a la Galia poco después de que un aristócrata local se proclamara a sí mismo emperador en pleno desmoronamiento del régimen de Constantino. Los godos le respaldaron, y en el curso de una batalla tuvo la satisfacción de matar a Saro. No obstante, a continuación los godos cambiaron de bando: Ataúlfo declaró que estaba luchando en nombre de Honorio contra el usurpador. Este fue derrotado rápidamente y compartió la misma suerte que Constantino, siendo asesinado durante el trayecto hacia Rávena. Poco después de su derrota se desencadenó otra rebelión en África, cuyo comandante militar encabezó una invasión sobre Italia. Ataúlfo se había asentado en Aquitania con la aprobación imperial, pero en vista de que las autoridades no les proporcionaban el suministro de grano, los godos se negaron a liberar a Gala Placidia. De hecho, ya no se encontraban bajo el control de Honorio. Ataúlfo y sus hombres emprendieron amplias razias, tomaron las ciudades de Narbo y Tolosa (las actuales Narbonne y Toulouse respectivamente), e incluso atacaron Massilia (la actual Marsella). Constancio estableció un bloqueo de la zona costera.

En respuesta, Ataúlfo dio un paso realmente sorprendente: se casó con Gala Placidia. Nunca antes la hermana de un emperador se había convertido en la esposa de un líder bárbaro, y no digamos uno que estaba luchando contra fuerzas leales a su hermano. La ceremonia tuvo lugar el 1 de enero de 414 en Narbo, con el novio vestido como un general romano y Atalo Prisco entonando la canción de bodas. El antiguo emperador fue nombrado augusto una vez más. El matrimonio tuvo un hijo, que recibió el nombre, descaradamente imperial, de Teodosio, que además resultaba especialmente significativo porque Honorio no tenía hijos. De todos modos, la presión sobre los godos se estaba incrementando como consecuencia del bloqueo y volvieron a trasladarse, entrando en Hispania y ocupando Barcelona y el área circundante. El infante Teodosio murió en aquel periodo y más tarde, en 415, Ataúlfo fue apuñalado mientras inspeccionaba el estado de sus caballos en un establo y murió a causa de las heridas. El hombre que fue proclamado rey era el hermano de Saro, y humilló públicamente a Gala Placidia, obligándola a caminar delante de su caballo. Sin embargo, él mismo fue asesinado una semana después y surgió un nuevo líder, llamado Valia.12

Poco después, Valia y Constancio llegaron a un acuerdo. La viuda Gala Placidia fue enviada de regreso a Rávena (es probable que Constancio ya estuviera pensando en casarse con ella, a pesar de que la mujer le odiaba). Junto con ella, también les entregaron a Atalo, que fue conducido en triunfo por las calles cuando Honorio visitó Roma. Le cortaron dos dedos de la mano para simbolizar las dos ocasiones en las que había usurpado el estatus imperial, pero no fue ejecutado, sino enviado al exilio a la isla de Lípari. Sin el respaldo de los godos, simplemente no era lo suficientemente importante para ser peligroso. Valia y sus hombres fueron reclutados para pelear contra los demás bárbaros que seguían en Hispania. El Estado les proporcionó alimento y ellos atacaron y aplastaron el poder de los vándalos silingos y los alanos. Es posible que esas batallas fueran una demostración de fuerza suficientemente imponente como para mover a los otros grupos a aceptar la paz en condiciones más favorables a las autoridades imperiales. En 418 Constancio hizo que los godos que estaban en Hispania retornaran a la Galia y les adjudicó la provincia de Aquitania Secunda. Los detalles son poco claros, pero es más probable que les entregaran un territorio que únicamente un porcentaje de los ingresos fiscales. Valia murió ese año, pero su sucesor Teodorico I continuó gobernando como rey, dirigiendo los asuntos internos de los godos, pero con la obligación de ayudar al Imperio de Occidente en calidad de aliado.13

Constancio se casó con Gala Placidia en 417 y ella le dio un hijo en 419, que fue bautizado con el nombre de Valentiniano. No había en la relación ninguna muestra del auténtico afecto que ella parece haber sentido por Ataúlfo, y seguía siendo atendida por su séquito godo. Constancio era un hombre desgarbado, de cuello largo, ojos protuberantes y enorme cabeza, que en público tenía tendencia a sentarse en la silla de montar con la gallardía de un saco de patatas, mientras lanzaba miradas furtivas en todas direcciones. En privado era mucho más efusivo, y en los banquetes estaba a la altura de los cómicos y los payasos profesionales. Fuera cual fuese su carácter, había logrado eliminar a los usurpadores y a los grupos insurrectos del Imperio y había traído un cierto grado de control a las fronteras. Ya ocupaba el antiguo rango de Estilicón de magister militum, tenía el título de patricio y fue elegido cónsul tres veces.

Constancio era el gobernante de facto del Imperio de Occidente y en 421 Honorio le nombró oficialmente augusto y colega suyo. Gala Placidia fue nombrada Augusta, pero su marido falleció por causas naturales antes de que finalizara el año. La corte de Constantinopla no reconoció en absoluto ninguno de los nuevos títulos imperiales. De inmediato, estalló una pugna por convertirse en el sustituto de Constancio, con algunas luchas abiertas. Gala Placidia huyó con su hijo a Constantinopla. Su hermano, sin haber llegado a tener descendencia, murió en 423. Al

poco, un usurpador fue proclamado emperador con el respaldo de algunos miembros de alto rango de la corte de Rávena. Fue necesaria una reñida campaña por parte de importantes elementos del ejército y la armada orientales, así como una buena dosis de traición, para derrotar a ese hombre. Por fin, en octubre de 425, Valentiniano III, que entonces contaba seis años de edad, fue proclamado augusto en Roma.14

Teodosio II sólo tenía un año más que Valentiniano cuando su padre murió y le sucedió como monarca único del Imperio de Oriente en 408. A pesar de su juventud, ambos emperadores llegarían a tener reinados inusitadamente largos. Técnicamente, Teodosio, que fue nombrado augusto cuando era un niño, gobernó durante más tiempo que ningún otro emperador. Su poder sólo podía ser nominal hasta que hubiera alcanzado como mínimo los dieciocho o diecinueve años y ninguno de los dos estaría nunca realmente libre del control ejercido por otros. Gala Placidia acompañó a su hijo a Roma. Oficialmente era la augusta, y aunque el título legal de regente no existía, ése era en la práctica su papel. Se hizo un esfuerzo consciente por reforzar los vínculos entre las dos mitades del Imperio y su hijo se prometió a la hija de Teodosio II, que era, a su vez, sólo una niña de tres años. El apoyo del Imperio de Oriente tenía un precio e Illyricum fue cedido al gobierno en Constantinopla a cambio de respaldar a Valentiniano en la guerra civil.

Las mujeres imperiales desempeñaban un papel prominente y en ocasiones muy público en la política del siglo V, y no simplemente como un conveniente medio para cimentar alianzas a través del matrimonio. En 414 la hermana mayor de Teodosio II, Pulqueria, tenía sólo unos quince o dieciséis años y, sin embargo, de repente se manifestó como una influencia importante en la corte y fue nombrada augusta. Era una mujer profundamente religiosa, por lo que se entregó a una vida de castidad y convenció a sus hermanas de que hicieran lo mismo. La devoción -ya fuera en los tradicionales rituales paganos o, a partir de Constantino, con una forma característicamente cristiana- siempre había sido una cualidad admirada en los emperadores y sus familiares. Políticamente, la negativa de las hermanas a casarse impedía que los rivales potenciales de Teodosio obtuvieran una conexión con la casa imperial. Pulqueria se ocupó personalmente de la educación de su hermano, despidiendo a su tutor. Durante esos años, las descripciones de la vida de la corte la pintaban más como la existencia enclaustrada de una comunidad monástica que como el bullicio del corazón de un imperio. Teodosio fue educado para que estudiara las Escrituras, y para rezar y ayunar. No obstante, a pesar de la supuesta simplicidad de la vida de la corte, la pompa y las elaboradas ceremonias que rodeaban la persona del emperador, así como de sus funcionarios de más jerarquía, se mantuvieron intactas.

Ni Gala Placidia ni Pulqueria disfrutaron de un poder incontestado: los funcionarios y los oficiales del ejército continuaban compitiendo por acumular poder e influencia. Ambas mujeres trataron de obtener y mantener el respaldo entre esos hombres, pero era imposible mantenerlos a todos contentos simultáneamente con ascensos y otras recompensas. Algunos hombres leales resultaron ineptos y quedaron desacreditados. Inevitablemente, también hubo algunos hombres decepcionados que sólo pudieron avanzar gracias al fracaso de otros. Es posible que nuestras fuentes tiendan a exagerar el papel de esas mujeres. La Roma tradicional seguía sintiéndose muy incómoda con la idea de que las mujeres ejercieran auténtico poder político. No eran las únicas influencias tras los actos de los jóvenes emperadores, pero sin duda se encontraban entre las más importantes. En la corte oriental apareció otra mujer como competidora de Pulqueria. Se trataba de Eudoxia, la mujer que Teodosio había desposado en 421, a quien también se le concedió el título de Augusta dos años más tarde. Era hija de un célebre -y pagano- filósofo y se había convertido al cristianismo, probablemente antes de su matrimonio. Aunque seguía interesándose por la literatura y la erudición tradicionales, nunca hubo ningún indicio de que su conversión no fuera sincera.15

Gala Placidia, Pulqueria y Eudoxia eran personas inteligentes y capaces desde muchos puntos de vista, pero, en última instancia, su poder dependía enteramente de su influencia sobre los dos emperadores. Lo mismo era cierto de todos los cortesanos, los miembros de la casa imperial y los oficiales del ejército que obtuvieron prominencia en aquellos años. Fueran cuales fueran los méritos de las decisiones que persuadieron al emperador que debía tomar, o que tomaron en su nombre, su posición siempre fue incierta. En cualquier momento otra persona podía suplantarles. En ambas mitades del Imperio el poder seguía concentrado en manos del emperador. Ni siquiera al alcanzar la edad adulta fueron capaces Valentiniano III y Teodosio II de hacerse con las riendas del control permanente, sino que continuaron siendo indecisos y muy susceptibles a la influencia de los demás. La debilidad y la inestabilidad que existían en el propio seno del gobierno hacían más difícil que los imperios mantuvieran una política coherente, y no digamos que dirigieran sus esfuerzos y recursos de manera efectiva.

BANDAS DE GUERREROS Y EJÉRCITOS

Treinta años después de la muerte de Teodosio, sus nietos reinaron como emperadores de los imperios oriental y occidental. Durante esas décadas, la guerra civil había estallado con frecuencia, sobre todo en Occidente, de donde siempre habían salido más usurpadores que de Oriente. Aún más sorprendente fue la escalada de la ahora endémica rivalidad entre oficiales del ejército y burócratas, que acabó desembocando en brotes de violencia. La juventud y debilidad de los emperadores creaban un vacío de poder en la cumbre de la jerarquía imperial que otros pugnaban por llenar. El ascenso de Constancio de oficial a comandante del ejército, de ahí a cuñado del emperador y, por último, al gobierno imperial, demostraba cuánto era posible lograr. Otros no llegaban tan alto, pero una sucesión de hombres, tanto en la corte oriental como en la occidental, consiguieron hacerse con el poder de facto del Imperio a lo largo de esos años. Constancio supuso casi un caso único, al morir por causas naturales, pues prácticamente todos los demás fueron ejecutados. En la mayoría de los casos, su caída vino acompañada por la muerte de muchos de sus partidarios.

Esta constante competición dentro de la jerarquía imperial, junto con el clima de sospecha, el miedo a la violencia y la implacable ambición personal que creaba es el telón de fondo de la historia de ese periodo. Alarico se rebeló con la esperanza de sacar provecho de una época de debilidad imperial para lograr posición y estatus. Ataúlfo y él sobrevivieron porque los gobiernos imperiales nunca fueron lo suficientemente poderosos como para acabar con ellos. La propaganda de Estilicón afirmaba que tuvo a los godos a su merced en tres ocasiones, pero que en los tres casos fue obligado a retroceder. Es una teoría poco convincente. Sin embargo, probablemente sea cierto que el ejército godo era demasiado útil como para que lo destruyeran aunque hubieran podido hacerlo. Desde luego, Alarico fue nombrado magister militum primero por el emperador oriental y después por el occidental, aunque ambos rangos le fueron más tarde retirados. Durante su carrera alternó entre el papel de rebelde y el de general romano. Constancio prefirió enviar a los godos contra los vándalos y los alanos en Hispania a tratar de completar su derrota sobre ellos. En las guerras civiles, los emperadores contrataban de forma rutinaria a los mismos bárbaros que habían estado poco tiempo atrás saqueando las provincias para luchar contra sus oponentes romanos. Casi siempre, los rivales romanos eran considerados los enemigos más peligrosos.

No sabemos qué tamaño tenía el ejército godo en ningún momento de su historia. Se dice que llegó a reunir a cuarenta mil hombres a las afueras de Roma. Esta cifra no es imposible, sobre todo si incluía a los seguidores del campamento además de a los combatientes, pero ignoramos si esa cantidad es o no exacta. La petición de siete mil prendas de seda como parte del precio por levantar el primer sitio de Roma ha sido empleada para deducir que había ese número de guerreros adecuadamente equipados, auténticos. De nuevo hay que decir que eso es perfectamente posible. Los godos nunca intentaron organizar un asedio o un asalto formal sobre Roma. Fuera cual fuera el tamaño de su ejército, los habitantes de la ciudad los superaban en número con creces, pero no estaban organizados ni equipados. Los godos sólo necesitaban ser lo bastante numerosos para impedir que suministros sustanciales de alimentos llegaran a la ciudad. En esas circunstancias incluso unos pocos

miles de guerreros mandados por una mano firme podían complicar extremadamente la vida en Roma. De igual modo, parece poco probable que los diversos grupos bárbaros que atravesaron el Rin fueran especialmente numerosos (hay más posibilidades de que se tratara de bandas de unos cuantos miles de guerreros de cada grupo que de ejércitos de decenas de miles o más). El comportamiento de esos grupos de bárbaros, de manera similar a la habilidad de los godos para deambular de aquí para allá, calzando pasos de montaña cuando era necesario, sobreviviendo durante años en las provincias mediante el pillaje y la búsqueda de alimentos en los alrededores, no sugiere que hubiese grandes contingentes. Sin duda el impacto en los lugares concretos donde golpeaban esos grupos era terrible, pero, debido a la escasez de efectivos de las bandas, en cada una de las ocasiones sólo se vería afectada una zona reducida. Es probable que los godos fueran la fuerza más nutrida, abastecida a veces por los recursos imperiales y, en aquel periodo, bien equipada con las armas salidas de las fábricas estatales. Seguramente su apariencia no era muy diferente de la de las tropas regulares romanas.16

Tampoco parece que hubiera ejércitos especialmente grandes e inequívocamente romanos en esos años. Es posible que las treinta unidades de Estilicón, con los contingentes aliados, fueran uno de los mayores ejércitos que salieron al campo de batalla. Asimismo, merece la pena mencionar que los cuarenta mil soldados enviados desde Oriente a Rávena cambiaron profundamente el equilibrio de fuerzas de la campaña. En 409 se dijo que se habían enviado seis mil soldados a defender la propia Roma, aunque cayeron en una emboscada y sólo algunos consiguieron abrirse paso hasta allí. Si la cifra es correcta, entonces es evidente que un número así era considerado adecuado para proteger la ciudad. La Notitia Dignitatum revela la existencia de bajas y una desesperada improvisación en la composición de los ejércitos de campaña occidentales. Muchas unidades fueron de nueva creación -o al menos se les dio un nuevo nombre después de 395, y hay una significativa proporción de unidades de pseudocomitatenses, regimientos transferidos permanentemente al ejército de campaña de los limitanei. Es dudoso que ese tipo de unidades fueran reemplazadas entre las tropas fronterizas, pero al considerar los efectivos del ejército volvemos al problema