El gobierno romano en Britania finalizó con una rebelión contra Constantino III. Por lo que sabemos, no fue una revuelta contra Roma o contra el propio Imperio, ya que, al parecer, al menos durante el siglo siguiente, los habitantes de la isla que habían disfrutado de educación siguieron refiriéndose a sí mismos como romanos o britanos por voluntad propia. En cierto modo, el hecho de que los rebeldes no proclamaran un nuevo emperador fue inusual. Para entonces, el ejército que quedaba en Britania debía de ser muy reducido, tal vez poco más que unas unidades mínimas de limitanei desperdigadas por los puestos de avanzada de las fronteras. No eran ni suficientemente numerosos ni estaban suficientemente unificados para imponer a un único gobernante, ya fuera un emperador o un representante del gobierno de Honorio. Nadie contaba con poder o dinero para mantener la diócesis ni tampoco para mantener unidas las distintas provincias. Las nuevas monedas dejaron de llegar a Britania en cantidades significativas después de 402 y ninguna de las comunidades o líderes que aparecieron en el siglo V acuñaron las suyas propias. Esa ausencia de nuevas monedas hace mucho más difícil fechar los yacimientos de ese periodo, pero no significa que la economía dejara de ser monetaria por completo, puede que el dinero todavía se siguiera empleando para algunos intercambios durante considerable tiempo. Es un indicio de que ya no había soldados profesionales cobrando un salario del Estado. El sistema tributario imperial también dejó de funcionar, y el oro o el grano o los demás tributos ya no tenían que ser recogidos y transportados en una escala tan inmensa.21
Britania se fragmentó en muchas comunidades independientes. No se produjo una mera regresión al sistema de las antiguas tribus anterior al gobierno romano. Había pasado demasiado tiempo para que la organización tribal tuviera demasiado sentido, y en aquel momento tenía ya más relevancia la delimitación de los estados administrativos creados por los romanos. Aun así, los focos de poder que emergieron no se ciñeron con mucha precisión a esas fronteras, sino que se crearon nuevos estados o reinos. La mayoría, si no todos, eran gobernados por reyes (o tiranos, como tienden a llamarlos Gildas y otras fuentes). Puede que no fueran la única autoridad existente y parece que seguía habiendo algunos líderes municipales, pero ese tipo de caudillos eran indudablemente más fuertes que las demás figuras de poder que surgieron. El poder imperial central había desaparecido y, en su lugar, cualquiera que fuese capaz de controlar suficiente fuerza, influencia y riqueza podía crear un reino.22
Una fuente escrita en la Galia a mediados del siglo V habla de que Britania «fue devastada por una invasión sajona» en 410. No hay restos arqueológicos que documenten ese ataque, pero tampoco de la mayoría de las incursiones de los bárbaros en Britania y otras partes del Imperio. Desde luego, parece que los asentamientos de sajones o de otros pueblos germanos del norte en la Britania de principios del siglo V se limitaron a unas cuantas comunidades del sureste. Podría haberse tratado tanto de mercenarios que habían traído consigo algunos líderes britanos -o, antes que ellos, las autoridades imperiales- como de colonos haciéndose por la fuerza con territorios donde asentarse. El ejemplo de los godos de Alarico demuestra que el mismo grupo podía aparecer en ambas formas a lo largo de sólo unos cuantos años. Lo más probable es que los ataques de 410 fueran duras razias en las que ni era necesaria la participación de grandes números de guerreros ni pretendían llevar a cabo una ocupación permanente. Algunos prefieren datar los ataques en una fecha anterior y asociarlos con los que se supone que provocaron la rebelión contra Constantino III. Otra alternativa posible es que los ataques sajones se intensificaran para sacar provecho de la debilidad en la que se encontraba Britania tras la expulsión de las autoridades imperiales.23
Las razias sajonas suponían un problema, sobre todo para las comunidades situadas en áreas vulnerables, y lo mismo sucedía con las bandas de saqueadores de pictos, escotos e irlandeses. Es muy posible que fueran de pequeña escala, en especial cuando los asaltantes llegaban por mar. El gobierno romano en Britania no finalizó debido a los ataques exteriores, ni tampoco las figuras de poder británicas que surgieron fueron derrocadas enseguida por esos enemigos extranjeros. Hay algunos indicios de que los britanos se organizaron para combatirlos, y algunos fuertes, principalmente en el muro de Adriano, fueron recuperados en el siglo V. En ocasiones los vestigios de actividad son mínimos, pero en Birdoswald se construyó un gran edificio de madera sobre los cimientos de un granero romano. Alguien reparó asimismo las defensas de Housesteads, aunque las reparaciones se realizaron con tierra en vez de con piedra. Como mínimo, ese gesto sugiere que los líderes bélicos locales que contaban con bandas de guerreros se concentraron en antiguas bases militares parcialmente restauradas. Un estudioso lo considera incluso como una señal de que había surgido un líder capaz de restablecer en cierta medida el antiguo mando militar del dux britanniarum, si bien, sin duda, a una escala más modesta.24
Es muy probable que los reyes y caudillos de Britania lucharan entre sí con tanta frecuencia como lo hacían contra enemigos extranjeros -los romanos no tenían el monopolio de la guerra civil- y la fragmentación de las provincias en numerosos reinos pequeños no sugiere una especial armonía. Sería sorprendente que, al igual que los romanos, no emplearan a los bárbaros como aliados o mercenarios para enfrentarse a sus vecinos y rivales. Durante al menos unas cuantas décadas, fueron los líderes británicos los que tuvieron el control de toda la antigua diócesis romana. No se apagó ninguna luz haciendo desaparecer instantáneamente todos los aspectos de la cultura y la vida del periodo romano. La mayoría de ciudades y pueblos siguieron estando habitados, al igual que muchas villas. Se erigieron algunos edificios importantes dentro de las antiguas murallas de algunas ciudades, aunque todos ellos se construyeron invariablemente en madera. Los sistemas de abastecimiento de agua siguieron en funcionamiento durante la mayor parte del siglo V y, al menos en un caso, fueron reparados. También algunos baños continuaron abiertos, pero en general fueron una de las primeras cosas que entraron en decadencia y que fueron abandonadas tanto en las ciudades como en las villas. Muy pronto no quedaba nadie que poseyera la destreza o la riqueza para mantener esas sofisticadas piezas de ingeniería, y no digamos para construir unos baños nuevos. También se produjeron otros cambios más mundanos. Pronto fue inusual utilizar cerámica que no hubiera sido fabricada localmente y, poco tiempo después, los alfareros dejaron de producir cerámica con torno.25
Algunos aspectos de la cultura romana sobrevivieron, pero eso no quiere decir que los cambios no fueran grandes y bastante rápidos -desde luego, dentro de una generación-, aunque no instantáneos. La vida en Britania se tornó menos sofisticada, con escasos signos de una prosperidad comparable a la del periodo romano. Hasta cierto punto, los más ricos estaban protegidos y les era más fácil marcharse y asentarse en Bretaña, pero sus comodidades eran menos que antes, tanto allí como en la propia Britania. El oeste de Britania, en especial Gales, Cornualles y Cumbria, fueron algunas de las partes de la provincia romana que menos desarrollo alcanzaron. Paradójicamente, se cree que esa situación cambió cerca de un siglo después del fin del gobierno romano y que esas áreas se hicieron un poco más «romanas» y, casi sin lugar a dudas, más completamente cristianas. No hay vestigios fiables que den fe de la existencia de una importante comunidad pagana en Britania en los siglos V y VI antes de la creación de los reinos sajones.26
Britania no quedó aislada de todo contacto con los imperios romanos después de 410. El comercio decayó drásticamente y ya no pertenecía a los sistemas burocrático y fiscal del Imperio, pero, tanto para los romanos como para los britanos, seguía siendo parte del mundo romano. La Iglesia desempeñaba un papel clave a la hora de mantener ese contacto. Posteriormente, el obispo Germano de Auxerre, de la Galia, fue canonizado. Su biógrafo registró dos visitas a Britania, la primera en 429 y la segunda en algún momento a lo largo de los siguientes quince años. Es evidente que los viajes a Britania seguían siendo posibles y no eran demasiado peligrosos. No obstante, es difícil juzgar cuánto sabía
realmente el biógrafo de la vida en la isla. Parece que Germano visitó Saint Albans (Verulamium) y fue al santuario de su famoso mártir. En una ciudad curó a la hija ciega de un dignatario local, al que llama tribuno, pero es cuestionable si ése era el título correcto. También logró el apoyo de los locales para derrotar a una banda de sajones y de pictos -una combinación en sí bastante improbable-, enseñando a sus hombres a levantarse al grito de «¡Aleluya!». Dice la leyenda que eso bastó para hacer que sus enemigos huyeran en desbandada.27
Sin embargo, la principal razón de ambas visitas era combatir a los cristianos herejes más que a los saqueadores extranjeros. Germano sostuvo debates con sacerdotes que profesaban una doctrina llamada pelagianismo, que tomaba su nombre del de su fundador. Pelagio era originario de Britania, aunque sus sermones no empezaron a atraer verdadera atención hasta que se trasladó a Italia en 380. Su particular rama de ascetismo era moderado según los estándares de la época, pero su énfasis en la capacidad de los individuos para alcanzar la virtud a través del esfuerzo y convertirse así en aceptables ante Dios era bastante más polémico. Con el tiempo acabó teniendo numerosos detractores prominentes, entre ellos San Agustín, que le acusó de negar de hecho que la salvación dependiera exclusivamente de la gracia. Finalmente, Pelagio fue condenado por hereje en 418. El biógrafo de Germano afirma que el obispo lograba confundir con facilidad a los pelagianos británicos en los debates. También los describe como jactanciosos y aficionados a vestir con ostentación, pero puede que se trate sólo de críticas convencionales; es difícil decir si esa descripción puede utilizarse para afirmar que había un importante número de aristócratas y sacerdotes acaudalados en las ciudades británicas.28
INVASORES
Los libros más antiguos tienden a describir la llegada de los sajones, los anglos, los jutos y las demás tribus como una invasión masiva que exterminó o expulsó a todos los habitantes británicos del sureste. Más adelante, esos pueblos seguirían expandiéndose, creando reinos y, con el tiempo, se mezclarían dando lugar a los anglosajones, hablarían su propia lengua germánica y tendrían sus propias costumbres y leyes sin la influencia de las ideas romanas o británicas. Los descendientes de la población de la Britania romana fueron llamados «galeses», o extranjeros, y se les obligó a retirarse a enclaves en Cornualles, Gales y el noroeste. Fue así como se creó Inglaterra.29
En épocas más recientes, las ideas en torno a esos hechos y a migraciones más antiguas han cambiado profundamente. Los estudiosos han puesto en duda la importancia de esos movimientos, sugiriendo que la población indígena superaba ampliamente en número a los invasores. Al mismo tiempo, a menudo se ha restado peso a la violencia con la que entraron en la isla, haciendo especial hincapié en la idea de que muchos de ellos llegaron en calidad de mercenarios. El descubrimiento de cementerios que parecen demostrar que los sajones y los britanos eran enterrados en los mismos lugares ha sido interpretado como una prueba de que ambos grupos fueron capaces de coexistir en paz. Otros eruditos han dejado de considerarla difusión de los estilos sajones -de nuevo, en gran parte, a partir de hallazgos en las tumbas y fundamentalmente de piezas de metalistería como broches y hebillas de cinturones- como un indicativo del avance de dichos pueblos, y se ha sugerido que los britanos imitaron de manera deliberada esos estilos, asociándose por propia voluntad a los pueblos germánicos por motivos políticos.30
Como de costumbre en estos casos, el péndulo se ha movido demasiado hacia el otro extremo y es importante volver a analizar la evidencia encontrada. Los hallazgos sajones se hacen mucho más comunes en torno a las décadas intermedias del siglo V. La mayoría se encuentran en el este de Inglaterra y el grupo más grande de vestigios procede de enterramientos. Inicialmente adoptan la forma de cremaciones, pero poco a poco se va imponiendo la inhumación y el cadáver suele aparecer acompañado de objetos funerarios. Más o menos en el mismo periodo, nuestras fuentes literarias hablan de una gran guerra que comenzó cuando los mercenarios sajones se rebelaron contra sus patrones británicos. En una fuente tradicional, el rey responsable del reclutamiento de los servicios sajones es llamado Vortigern. Los nombres de los líderes de los guerreros, los hermanos Hengist y Horsa, significan literalmente «semental» y «caballo», y muy bien podría tratarse de invenciones posteriores.31 Es imposible reconstruir hoy en día los detalles y las fechas precisas de este conflicto, pero al parecer se produjo una ampliación de la zona dominada por grupos sajones en aquella época. Los acontecimientos en otras partes del Imperio han demostrado que las bandas de guerreros bárbaros no necesitaban ser especialmente grandes para provocar un cambio fundamental en el equilibrio local de poder. El gobierno imperial rara vez contaba con suficientes soldados para derrotar a esos grupos. Por lo general, sólo podían vencerlos cuando reclutaban otro grupo de bárbaros para que lucharan en su nombre. A la fuerza, los líderes que surgieron en Britania tendrían que ser mucho más débiles y, por tanto, menos capaces de enfrentarse a las bandas de bárbaros. Dado que no existía una autoridad central tan poderosa como el Imperio a principios del siglo V, incluso grupos muy reducidos de guerreros habrían presentado un grave problema. Por otra parte, parece que numerosos asentamientos en el norte de Germania y Dinamarca fueron abandonados en el siglo V. En algunas zonas el nivel del mar se elevó e inundó terrenos fértiles que se convirtieron en marismas. Es perfectamente posible que se produjera una migración importante hacia Britania en busca de mejores tierras.32
Los cementerios mixtos que aparentemente contenían enterramientos tanto sajones como británicos no pueden interpretarse de manera simple. En primer lugar es necesario ser bastante precavido antes de asumir que un objeto concreto denota a alguien de una raza en particular. Los broches eran funcionales y valiosos. No se desecharían o reconstruirían sencillamente porque el diseño no fuera tradicional en la cultura del propietario. Al final, los broches y las hebillas para cinturones servían para sostener la ropa más que para expresar identidad. Cualquier artículo de ese tipo podía fácilmente haber sido adquirido tanto por la fuerza como a través del comercio pacífico. No es imposible que los cementerios mixtos sean un indicio de la coexistencia pacífica de dos razas dentro de la misma comunidad, pero eso no significa que ambas vivieran así por propia voluntad. Hay muchos regímenes represivos que no serían desenmascarados necesariamente a partir de los registros de sus enterramientos. El hecho de que, al parecer, los britanos pudieran enterrar a sus muertos de acuerdo con sus propias costumbres y en la misma área general que los sajones no significa necesariamente que no fueran, en mayor o menor medida, una raza sometida.
En la segunda mitad del siglo V había un número significativo de caudillos sajones en el este y el sur de Britania. Eran fuertes y poderosos, lo cual era una realidad que nadie podía permitirse pasar por alto, y mucho menos los jefes y comunidades británicos que estaban más cerca de ellos. Desde luego es muy verosímil que algunos decidieran que su mejor opción era unirse a los recién llegados con la esperanza de beneficiarse de su poder. Muchos nobles británicos habían hecho más o menos lo mismo cuando Claudio invadió la isla en 43. Es posible que algunos britanos intentaran «convertirse» en sajones, exactamente igual que algunos de sus antepasados se apresuraron en «convertirse» en romanos. En ninguno de ambos casos se trató de una acción espontánea, sino simplemente de una reacción ante la llegada de un nuevo poder al que parecía imprudente o imposible oponerse.
Una gran diferencia respecto a los romanos era que los sajones no estaban más unidos que los britanos. Aparte de que el término abarcara grupos de una serie de pueblos distintos, los propios sajones parecen haber estado tan desunidos como otras agrupaciones tribales. La cuestión no era sólo aliarse o no con los sajones en conjunto, sino hallar una forma de apaciguarlos o de defenderse de cada uno de los caudillos que se encontraran en un radio que hiciera posible un ataque. Es probable que las razias continuaran siendo una parte normal de la vida de los invasores. No hay ningún motivo para creer que la rivalidad y las luchas entre britano y britano y entre sajón y sajón hubieran cesado. También seguía habiendo otros enemigos, como los pictos y los escotos. Parece que algunas partes del oeste de Britania estuvieron permanentemente ocupadas y que siempre hubo asentamientos de caudillos procedentes de Irlanda. Tampoco el conflicto tenía lugar en una sola dirección. San Patricio escribió al rey británico Corotico condenándole por permitir que sus guerreros emprendieran razias de saqueo e hicieran esclavos entre los cristianos conversos de Irlanda. También tenemos noticia de un caudillo británico llamado Riotamo, que en 469 había llevado a su banda de guerreros hasta la Galia y se había convertido en un personaje de gran poder local. No sabemos si había sido obligado a abandonar Britania o si, simplemente, presintió que encontraría mejores oportunidades para beneficiarse y trabajar en el continente.33
En vista de la escasez y cuestionable fiabilidad de nuestras fuentes, no podemos hacer un esquema detallado de las guerras que se produjeron en los siglos V y VI. Sin embargo, el patrón general era de gradual expansión por parte de las tribus germánicas. Es evidente que los britanos que emigraron a Bretaña o a las regiones occidentales de la propia Britania salieron huyendo de algo. Sin duda los conflictos cesarían en algunos periodos y habría épocas de paz general, así como treguas locales más largas y duraderas. Tal vez los britanos lograron algunas victorias de importancia, como afirman Gildas y otros autores, pero en el siglo VI el poder sajón se fortaleció y comenzó a dar forma a una Inglaterra anglosajona. No todos los britanos habían huido o muerto, pero los supervivientes fueron absorbidos por sus conquistadores. La lengua
celta fue reemplazada por la sajona en una amplia zona de la isla, y el latín, por el momento, fue abandonado casi por completo o íntegramente. Hasta la fundación de la misión de San Agustín de Canterbury en 597, los reinos sajones eran paganos, aunque es imposible saber si quedaba algún reducto de cristiandad en ellos. Para entonces, el Imperio de Occidente era sólo un recuerdo distante, pero la Iglesia católica mantenía parte de sus contactos internacionales.34
La Britania romana no había caído ante la presión exterior. Los líderes que derrocaron a los gobernadores de Constantino III empezaron