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LA GRAN VIRTUD DEL CRISTIANISMO EN EL APOCALIPSIS: LA HYPOMONÉ

En el comentario a Ap 3,10 te puse en contacto con muchas citas sobre la Hypomoné. Ha llegado el momento de hablarte de manera más asequible, incisiva y práctica de esta gran virtud (la virtud regia del Apocalipsis). Siempre que abras el Apocalipsis recuerda que lo que lees hace referencia a personas cristianas que están sufriendo lo indecible por el ‘delito’ de ser cristianos. Nunca olvides esto.

Es preciso recordar el ambiente de acoso que estamos vivien- do los cristianos.1

En el comentario a la Iglesia de Filadelfia, Jesús habla de las consecuencias que se derivan por haber vivido bien su mensaje sobre la ‘resistencia activa’. Con las citas escritas allí, quiero abrir un apartado más pedagógico y que nos sirva para la oración..

El mensaje más original del Apocalipsis es la hypomoné, es decir, la ‘resistencia activa no violenta’.2

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1. Tanto en la Introducción (pp. 22 ss) como en el apartado ‘Una gran lección de Dios’ (pp. 169 ss) hablamos de este ambiente de hostilidad que va in crescendo. 2. Permíteme que repita la traducción de la palabra ‘hypomoné’: ‘aguante acti- vo’, ‘tenacidad’, ‘tesón’, ‘perseverancia’, ‘resistencia activa’. Es la fuerza tenaz ante una agresión externa. Aquí repito algunas ideas del comentario a Ap 3,10.

La palabra hypomoné está compuesta de dos vocablos: ‘hypo’= ‘debajo’ y ‘menein’= ‘permanecer’, lo que significa ‘resistir la con- trariedad con todas nuestras fuerzas, con la certeza de que vamos a vencer’.

Moulton-Milligan la definen así: La Hypomoné es ‘una resisten- cia tenaz que implica un sentimiento interno, así como también una conducta externa, pero solamente en caso de agresión’.3

Nosotros la hemos traducido por ‘resistencia activa’, pero muchas veces hacemos uso del vocablo original ‘hypomoné’.

Los primeros cristianos fueron fuertes porque percibieron la vivencia de esta virtud en Jesús, en los apóstoles, en la primitiva comunidad y, por ello, no se arredraban ante nada. Gracias a la vivencia de la hypomoné los cristianos del tiempo del Apocalipsis salieron vencedores en todas las pruebas. ¿Podrían haber mante- nido en aquellos tiempos de persecución la bondad sin haber vivi- do la hypomoné?

La hypomoné y nosotros

Si venimos a nuestra historia reciente, tal vez la principal causa por la que algunos (o muchos) cristianos se han enfriado o se han retirado del seguimiento a Jesús en estos últimos decenios haya sido la carencia de hypomoné, esencial para los tiempos difíciles. Nuestra vida cristiana, que hasta hace poco ha discurrido tran- quilamente, comienza a sentirse zarandeada y tal como van las cosas pronto será perseguida, dada la avalancha anticristiana militante que se vislumbra en el horizonte. No olvidamos que una

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3. “A steadfast endurence denoting an inward feeling, as well as outward con- duct, but directed only towards aggression”.

de las consignas que nos dio Jesús fue: ‘No tengáis miedo, yo he vencido al mundo’ (Jn 16,33).

Esta resistencia activa no violenta ha de estar bien enraizada en el imprescindible y concreto amor al hermano cercano en nombre de Jesús (un descuido en este punto sería grave). ¡Qué elocuente y emotiva nos resulta la página que nos dejó escrita Martin Luther King sobre su experiencia basada en la hypomoné.

“Podéis hacer lo que queráis, pero nosotros seguiremos amándoos... Metednos en las cárceles y aún así os amare- mos. Lanzad bombas contra nuestras casas, amenazad a nuestros hijos y, por difícil que sea, os amaremos también. Enviad, en las tinieblas de la media noche, a vuestros sica- rios a nuestras casas, golpeadnos, y aun estando moribun- dos, os amaremos. Enviad a vuestros propagandistas por todo el país para decir que no estamos ni culturalmente ni de ningún otro modo preparados para integrarnos en la socie- dad y os seguiremos amando. Pero llegará un día en que con- quistaremos la libertad y no sólo para nosotros: os vencere- mos a vosotros y conquistaremos vuestro corazón y vuestra conciencia y, de este modo, nuestra victoria será doble”. ‘La fuerza de amar’.4

Importancia de la Hypomoné

Previendo los tiempos que se nos avecinan es vital recupere- mos la espiritualidad de la hypomoné. Abrimos, pues, un aparta- do sobre esta virtud para tiempos difíciles.

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4. Estos mismos sentimientos aparecen en su I have a dream (Tengo un sueño) del 28 agosto 1963.

– En Jesús.

– En la primitiva comunidad. – En el Apocalipsis.

La Hypomoné en el mensaje de Jesús5

“Seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que tenga hypomoné hasta el fin, ése se salvará” Mt 10,22.

Cuando en la parábola del sembrador nos habla Jesús sobre la semilla caída en tierra buena, dice: “Lo que en tierra buena, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con hypomoné” (Lc 8,15).

La antítesis de la hypomoné la encontramos en la explicación sobre la semilla caída entre piedras da Mc 4,17: “... y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben en seguida”.

Cuando Lucas habla del mensaje de Jesús pronunciado en el contexto del final de los tiempos, dice: “Os echarán mano y os per- seguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre... seréis odiados de todos por causa de mi nombre... Con vuestra hypomoné salvaréis vuestras almas” (Lc 21,12.17.19). Véase también Mt 24,7.9.13.

Muchas dificultades nos pueden sobrevenir de nuestras pro- pias familias:

“Hasta vuestros padres y hermanos, parientes y amigos os entregarán y harán morir a algunos de vosotros, y todos os odia-

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5. Mi sugerencia es que ores reposadamente los textos del Señor que vienen a continuación. Si tienes tiempo sigues la dinámica de la Lectio Divina. Una lec- tura superficial aporta poco.

rán por mi nombre... Con vuestra hypomoné salvaréis vuestras vidas” (Lc 21,16-17).

La Hypomoné en la primitiva Comunidad6

Nos impresiona el ambiente de persecución, ultrajes y despojo que vivieron nuestros primeros cristianos, ya mucho antes del tiempo del Apocalipsis. Esta situación los hizo fuertes, logrando así experimentar los beneficios espirituales de la hypomoné.

El texto de la epístola a los Hebreos es revelador:

“Recordad los primeros días, cuando recién iluminados, sostu- visteis el duro combate de los padecimientos: unos, expuestos públicamente a injurias y malos tratos; otros, solidarios de los que así eran tratados. Compartisteis las penas de los encarcelados, aceptasteis gozosos que os privaran de vuestros bienes, sabiendo que poseíais bienes mayores y permanentes. Por tanto, no renun- ciéis a vuestra confianza, que cuenta con una gran recompensa. Os hace falta hypomoné para cumplir la voluntad de Dios y obte- ner lo prometido (Hec 10,32-36).

Y, aunque obraban el bien, necesitaron de la hypomoné para aguantar la persecución, sin desmoronarse.

Nos dirá Pedro: “¿Qué mérito tiene aguantar golpes cuando uno es culpable? Pero si haciendo el bien aguantáis con hypomoné el sufrimiento, esto es cosa bella ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos una falsilla7para que sigáis sus huellas (1 Pe 2,20-21).

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6. Para esta sección, léase, Pedro Núñez, La difícil esperanza nuestra, Iglesia Viva, n. 177, pp. 213-232.

7. Hypogramon (‘falsilla’): lo que ponemos debajo del papel cuando queremos copiar un dibujo siguiendo sus trazos. Precioso símbolo para un cristiano.

“Por esta misma razón, poned el mayor empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la hypomoné, a la hypomoné la piedad, a la piedad el amor fraterno, al amor fraterno la caridad” (2 Pe 1,5-7)

Santiago añadirá un matiz importante a este mensaje de la resistencia sin tregua: “Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeado por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la hypomoné; pero la hypo- moné ha de ir acompañada de obras perfectas8para que seáis per-

fectos e íntegros sin que dejéis nada que desear” (Sant 1,2-4) “Feliz el hombre que soporta (hypomenei) la prueba! Supera- da la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman (Sant 1,12).

“¡Mirad cómo proclamamos felices a los que resistieron con todas sus fuerzas! Habéis oído la hypomoné de Job y sabéis el final que Dios le dio; porque el Señor es compasivo y misericor- dioso” (Sant 5,11).

La Hypomoné en Pablo

Pero será Pablo quien más nos hable de la hypomoné, porque fue esencial para él durante toda su vida. Una vida llena de peli- gros, contrariedades, trabajo, soledad, incomprensión... Conocien- do su vida se entiende el valor de esta virtud.

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8. Hay que distinguir claramente la hypomoné de la terquedad. Son dos acti- tudes bien distintas. No hay hypomoné donde no hay amor, porque la hypomo- né es un don que Dios da al que vive el único mandamiento; la terquedad, sí, puede existir donde no hay amor y siempre empeora la situación.

A Pablo casi todo le salió mal. Escuchémosle a él mismo. “... antes bien, nos presentamos en todo como servidores de Dios; con mucha hypomoné en la tribulación, necesidades, angustias; en azotes, cárceles, sediciones; en fatigas, desvelos, ayunos; en pureza, ciencia, longanimidad, benignidad, en el “Espíritu Santo”, en amor sincero, en la palabra de verdad, en el poder de Dios, mediante las armas de la justicia: las de la derecha y las de la izquierda, en gloria e ignominia, en calumnia y en buena fama; tenidos por impostores siendo veraces; como desco- nocidos aunque bien conocidos; como quienes están a la muerte, pero vivos; como castigados, aunque no condenados a muerte; como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enri- quecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos” (2 Cor 6,4-10).

“Pero Él me dijo: ‘Mi gracia te basta, que mi fuerza se mues- tra perfecta en la flaqueza’. Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angus- tias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte. ¡Vedme aquí hecho un loco! Vosotros me habéis obligado. Pues vosotros debíais acreditarme, porque en nada he sido inferior a esos “superapóstoles”, aunque nada soy. Las características del apóstol se vieron cumplidas entre voso- tros: hypomoné perfecta y también señales, prodigios y mila- gros” (2 Cor 12,9-12).

“Tú, en cambio, me has seguido asiduamente en mis enseñan- zas, conducta, planes, fe, paciencia, caridad, hypomoné, en mis persecuciones y sufrimientos, como los que soporté en Antioquia, Icono, en Listra. ¡Qué persecuciones hube de sufrir! Y de todas me libró el Señor. Y todos los que quieran vivir piadosamente en

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Cristo Jesús, sufrirán persecuciones. En cambio, los malos seduc- tores irán de mal en peor, serán seductores y a la vez seducidos” (2 Tim 3,10-13).

Pablo habla del ‘Dios de la hypomoné’:

“En efecto, todo cuanto fue escrito en el pasado, se escribió

para enseñanza nuestra, para que con la resistencia activa y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Y el Dios de la hypomoné y el consuelo os conceda tener un mismo sentir los unos para con los otros, según Cristo Jesús” (Rom 15,4-5).

La hypomoné de Jesús: “Que el Señor guíe vuestros corazo-

nes hacia el amor de Dios y la hypomoné de Cristo” (2 Tes 3,5). Dios da esa virtud por medio de las dificultades que nos depa- ra la vida:

“Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabien- do que la tribulación produce la hypomoné, la hypomoné virtud probada, la virtud probada esperanza, y la esperanza no falla porque el amor de Dios ha sido derramado en nues- tros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5,3-5).

Sólo con hypomoné se tiene la auténtica esperanza. He aquí la trilogía cristiana:

“Tenemos presente ante nuestro Dios y Padre la obra de vuestra fe, los trabajos de vuestra caridad, y la hypomoné que os da vuestra esperanza” (1 Tes 1,3).

La esperanza y la hypomoné están fuertemente vinculadas:

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“Pero esperar lo que no vemos, es aguardarlo con hypomo- né” (Rom 8,25).

La madre de la esperanza:

“En efecto, todo cuanto fue escrito en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, para que con la hypomoné y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperan- za” (Rom 13,4).

La hypomoné será el criterio para distinguir a los verdaderos apóstoles de los falsos:

“Las características del apóstol se vieron cumplidas entre vosotros: hypomoné perfecta y también señales, prodigios y milagros” (2 Cor 12,12).

Pablo habla con ilusión de la hypomoné de la Iglesia de Tesalónica:

“Tenemos que dar en todo tiempo gracias a Dios por voso- tros, hermanos, como es justo, porque vuestra fe está pro- gresando mucho y se acrecienta la mutua caridad de todos y cada uno de vosotros, hasta tal punto que nosotros mis- mos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios por la hypomoné y la fe en todas las persecuciones y tribulaciones que estáis pasando” (2 Tes 1,3-4).

Pablo le exige hypomoné a Timoteo:

“Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas; corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la hypomoné, de la dulzura” (1 Tim 6,11).

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Y Timoteo se comprometió en ello:

“Tú, en cambio, me has seguido asiduamente en mis ense- ñanzas, conducta, planes, fe, paciencia, caridad, hypomo- né” (2 Tim 3,10).

Pablo exige a los ancianos hypomoné:

“Que los ancianos sean sobrios, dignos, sensatos, sanos en la fe, en la caridad, en la hypomoné” (Tito 2,2).

La Hypomoné en el Apocalipsis:

Querido amigo/a, a lo largo de mi comentario a las 7 Iglesias te has encontrado repetidas veces con esta característica virtud del Apocalipsis. No obstante, he querido escribir de nuevo esos mismos textos para que puedas tener de manera ordenada lo que el Nuevo Testamento nos dice respecto a esta virtud que nos tiene que caracterizar en los tiempos que están ya a la puerta. Disculpa la repetición.

“Yo, Juan, vuestro hermano y compañero de la tribulación, del reino y de la hypomoné en Jesús, me encontraba en la isla llama- da Patmos, a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús” (Ap 1,9).

Se alaba la hypomoné de la Iglesia de Éfeso:

“Tienes hypomoné; has sufrido por mi nombre sin desfalle- cer” (Ap 2,3).

Lo mismo se dice de la Iglesia de Tiatira:

“Conozco tu conducta: tu caridad, tu fe, tu espíritu de ser- vicio, tu hypomoné; tus obras últimas sobrepujan a las pri- meras” (Ap 2,19).

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Cristo hace una importante promesa a la Iglesia de Filadelfia: “Ya que has guardado mi recomendación de tener hypomo- né, también yo te guardaré de la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero para probar a los habitantes de la tierra (Ap 3,10).

Únicamente con ella se pueden sobrellevar los sufrimientos originados por la Bestia:

“El que a la cárcel, a la cárcel ha de ir; el que ha de morir a espada, a espada ha de morir. Aquí se requiere la hypomo- né y la fe de los santos” (Ap 14,12).

Conclusión

Cuando hablo sobre la hypomoné, se me cierran inconsciente- mente los puños. Se ve que el subconsciente une el gesto a la pala- bra.

Querido amigo/a. ¡No nos van a poder! Cristo Resucitado, el Cordero degollado de pie, es el único que puede abrir el libro de nuestra historia, sellado con siete sellos9, es el que vencerá. Este

es el gran anuncio del Apocalipsis

Si pensamos que la historia la llevan los hombres, nos equivo- camos. Es Dios, con el Cordero, el dueño de la historia. Este es el mensaje de la segunda parte del Apocalipsis (cc. 4-22). Y, al final, cuando acabe todo lo nuestro, viviremos en la nueva Jerusalén, que no es prolongación transformada de la vida de este mundo, sino algo totalmente ‘nuevo’ creado por Dios, bajado del Cielo. Esa será nuestra morada eterna.

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9. Véase Pedro Núñez Goenaga, “El Apocalipsis y sus siete sellos como histo- ria de salvación”, Discurso inaugural, Seminario Diocesano, Vitoria.