LA HORA DE LA VERDAD
L O ÚNICO NECESARIO
5. Nunca hay que olvidar que antes que cristianos y consagra dos somos personas y que, como tales, tenemos nuestra manera
propia de ser. El descuidar aspectos fundamentales de la comuni-
dad humana hace muy difícil la vida de comunidad cristiana.
Dios ha repartido sus dones como lo ha querido Él y yo he de ayu- dar a cada hermano/a a que dé su respuesta personal desde él y no desde mí. Si acojo el don del nuevo mandamiento y lo hago
centro de mi vida, entonces solucionaré muchas cosas a nivel
humano cuando viva o me encuentre con personas muy distintas a mí, ya que donde se vive el verdadero amor cristiano, la psico- logía tiene ya mucho resuelto.
¿Por qué hay que vivir en fraternidad?
Jesús nos hablará sobre la fraternidad también por otro moti- vo: porque el cauce más seguro del que dispone para atraer hacia sí a los que buscan la verdad es la unidad de los suyos (Juan 17,21-23). Jesús no dispone de otro cauce tan válido como de éste para que el mundo acepte que Él ha sido enviado por el Padre. Esta intencionalidad de Jesús hace que miremos a la comunidad
con fe, haciendo un acto de fe, es decir, en otras palabras, que lo
más importante para un creyente en Jesús no es vivir en fraterni- dad porque así las cosas le serán más fáciles y le irán mejor, sino porque desea ofrecer al Señor Jesús la posibilidad de que Él viva de modo cierto entre nosotros, a fin de que Él pase desde esa pre- sencia a las personas que buscan la verdad, al mundo. Jesús pasa mucho mejor a través del amor concreto y visible de los herma- nos/as entre sí que a través del trabajo que éstos hermanos puedan realizar en su apostolado, por muy importante que éste sea. Esto lo vemos en los hospitales, clínicas, parroquias, colegios, en las inserciones en medio del pueblo, sea éste creyente o no creyente.
¿FUERTES O DÉBILES?
La vida de una verdadera fraternidad es el gran medio de evange- lización y de convicción del que dispone Jesús. Es Él quien tiene que llegar a los destinatarios de su buena noticia y quiere hacer- lo sobre todo a través de una fraternidad unida en su nombre.
Se puede completar lo dicho con los textos de la 1 Jn 2,3-11; 3,11-24; 4,7-21 y, en Pablo, con 1 Cor 13.
El silencio interno y externo son el mejor marco para saborear este texto en clima de oración.
LA HORA DE LA VERDAD
3. La praxis (Actuatio caritatis)
1 Jn 3,17 Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su herma- no que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? 18Hijos míos, no amemos de
palabra ni con la boca, sino con obras y según la verdad.
Iluminados por este texto de la Primera carta de San Juan, vamos a dejarnos iluminar por el Señor por medio de una pará- bola inventada por él para preservarnos de la teorización de su mensaje.
La Parábola del Samaritano (Lc 10,29-37)
29“Pero él [el legista], queriendo justificarse, dijo a Jesús: “Y,
¿quién es mi prójimo?” 30Jesús respondió: “Bajaba un hombre
de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de salteadores que des- pués de despojarle y darle una paliza, se fueron, dejándole medio muerto. 21Casualmente, bajaba por aquel camino un sa-
cerdote y, al verle, dio un rodeo. 32De igual modo, un levita que
pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. 33Pero un samari-
tano que iba de camino llegó junto a él y, al verle, tuvo compa- sión.34Acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite
y vino; y le montó luego sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. 35Al día siguiente, sacó dos denarios
y se los dio al posadero, diciendo. ‘Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva’. 36¿Quién de estos tres te pare-
ce que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?”
37Él dijo: “El que practicó la misericordia con él”. Díjole Jesús:
“Vete y haz tú lo mismo”.
Si algo le molesta a Jesús es la teoría, las preguntas teóricas que impiden pisar tierra, como por ejemplo, la que le hizo el legis-
¿FUERTES O DÉBILES?
ta del Evangelio: ‘¿Quién es mi prójimo?’ (Lc 10,29). Jesús le va a responder obligándole a pisar tierra. Para ello inventa esta pará- bola. Lo que más me sorprende en este texto del Samaritano es que, siendo una parábola (es decir, un ejemplo que no ha existido nunca)1, Jesús haya elegido para ella los personajes que ha elegi-
do. Precisaba de dos personas que tienen el corazón endurecido..., y... elige a ‘dos personas de culto’ (!), un sacerdote y un levita, como tipos de las personas que tienen el corazón estropeado.2
La parábola
Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó.
‘Un hombre’ (ánthropos tís), no tiene nombre, es una persona cualquiera, no se habla de su condición social ni del color de su piel.
Como Jerusalén está a unos 700 metros de altura y Jericó a 375 metros bajo el nivel del mar, por eso dice ‘bajaba’. Esta bajada por
LA HORA DE LA VERDAD
163
1. La parábola es una comparación en la que los términos se toman en senti- do propio: ‘bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó’... La metáfora es una com- paración en la que los términos se toman en sentido figurado: ‘la vida es una flor que se marchita’... La alegoría es una metáfora prolongada: ‘Yo soy la vid, y vosotros sois los sarmientos’...
2. Esta idea me saca de quicio. Cuántas veces pregunto al Señor: ‘¿por qué es- cogiste para tu parábola a dos personas de culto como representantes de los que tienen el corazón estropeado?’. No sé cuál será la respuesta, aunque la intuyo.
Años atrás, cuando estudiaba en el Biblicum de Roma, y el P. Zerwick, jesui- ta alemán, nos explicaba esta parábola a más de 50 sacerdotes jóvenes, recuer- do, como si fuese hoy, lo que nos dijo. Mirándonos fijamente por encima de sus pequeñas gafas, después de explicarnos la actitud del sacerdote y del levita, aña- dió (en latín, claro, que es como se impartían entonces las clases): ¿Es que hay relación directa entre ser sacerdote y tener el corazón endurecido? Y, esto... ¿sólo en los sacerdotes de la antigua alianza?’. Te imaginas el silencio del aula.
el desierto de Judá era peligrosa. Los ladrones, después de despo- jarle y darle una paliza, le dejan medio muerto. ‘Medio muerto’ en castellano significa más muerto que vivo, no es un fifty-fifty.
Casualmente... Esta puntualización es importante, porque si el sacerdote hubiese sabido que a tal distancia del camino se iba a encontrar con un herido en la cuneta, hubiese preparado algo para ofrecerle. ‘Casualmente’, pues, nos hace ver la espontaneidad del que ayuda, es decir, la bondad del sacerdote y del levita.
Bajaba un sacerdote y, al verle, dio un rodeo (antiparêlthen). Tal vez el sacerdote bajaba del templo de Jerusalén cantando algún salmo. Y al ver al herido, dio un rodeo. Ciertamente hay que estar mal por dentro para ser capaz de dar un rodeo ante uno que está gravemente herido. Las normas de pureza ritual lo determinaban así, y el sacerdote siguió esa norma, pero la reacción de Jesús es implacable ante ese tipo de normas. Estaba en juego la dignidad de una persona y, además, una persona que no podía valerse por sus propios medios y que necesitaba visceralmente la ayuda de alguien. Pues bien, ‘pasó de largo’...
De igual modo, un levita... le vio y dio un rodeo. Tal vez también éste bajaba cantando salmos. Pero al verle, por las mismas razo- nes que el sacerdote, dio un rodeo y lo abandonó a su suerte, que era la muerte. En el desierto no hay ayudas, fuera de una mano amiga que te ofrece cercanía y un poco de agua.
Ambos, tanto el sacerdote como el levita, se hicieron esta pre- gunta: “¿Qué me pasará a mí si le atiendo”?
En su magistral explicación de esta parábola Martin Luther King nos dice que él sabe por qué el sacerdote y el levita no le hicieron caso a este pobre desgraciado. Porque, –son palabras suyas–, tenían prisa para llegar a tiempo a Jericó a una ‘conferen-
cia sobre los derechos humanos’ (!).
¿FUERTES O DÉBILES?
Pero un samaritano... Estaban rotas las relaciones entre los judíos y los samaritanos.3
El samaritano tenía todas las excusas psicológicas, sociales y religiosas para dar un rodeo, pues era un compromiso para él ayudar a un judío. ¿Aceptaría el herido su ayuda? De un enemigo no se podía esperar más que odio. Pero el samaritano se hizo esta sencilla e importante pregunta: ‘¿Qué le va a pasar a él si yo no le atiendo?’. Y..., ¿qué es lo que hizo?
Llegó junto a él, es decir, se acercó. Lo primero en estas circuns- tancias es acercarse al que sufre, que sienta a alguien cerca, aunque no le hable, que note que una mano amiga le toma el pulso...
Y, al verle, tuvo compasión(literalmente: esplagjnísthe: ‘se le re- movieron las tripas’). Aquí aparece el atributo de Dios del padecer- con, el removérsele las entrañas, el tener la capacidad de entrar en el pellejo del que sufre.4
Acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino. Ante un herido de muerte sobran las especulaciones rituales y teóricas, lo que importa es actuar con prontitud, amor y compe-
LA HORA DE LA VERDAD
165
3. Recordemos el encuentro de Jesús con la samaritana: ¿“Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana”? (Porque los judí- os no se tratan con los samaritanos) (Juan 4,9). La mención de la Samaritana me hace recordar que el Congreso Mundial de la Vida Consagrada celebrado en Roma en 2004 que tuvo como tema “Pasión por Cristo, Pasión por la humanidad’ encontró la inspiración para su discernimiento y sus propuestas en el doble icono de la Samaritana y el Samaritano. Gracias por todo lo que nos habéis dado.
4. Cuando comparto mi fe con enfermeras/os y les explico, cómo no, esta parábola, al llegar a este momento, les digo: ‘Si por lo que fuere has descubier- to que has perdido la capacidad de entrar en el pellejo del enfermo, pide a la Provincial o al Provincial que te dé otro destino’.
Esta expresión ‘tuvo compasión’ debe de ser una vivencia del creyente en Jesús.
tencia. El samaritano le dio lo que tenía y el enfermo se sintió mucho mejor.
Y le montó sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Si el samaritano se hubiese dejado guiar por su lógica institucional, le hubiese dicho al enfermo: ‘Amigo judío, ahora estás mejor, quédate aquí tranquilito, muy pronto vendrá alguno de los tuyos y cuidará de ti; yo tengo que marcharme, porque tengo prisa y, además, no les parecerá bien a los tuyos el que yo, samari- tano, me haya interesado de ti’. Pues, no. El samaritano prescindió del qué dirán, vio que ese pobre desgraciado, antes que judío, era persona y que su dignidad era más importante que su credo. Le montó sobre su cabalgadura y le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al posadero, di- ciéndole: Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuel- ta’. El posadero no le hizo preguntas. Podía haberle dicho: ‘Oye, ¿quién eres tú para que yo me fíe de ti? Y... éste desgraciado, ¿quién es?’. No le hizo ni una sola pregunta.5
... dos denarios. Le dio lo que tenía, y se comprometió a todo lo que hiciera falta: ‘te lo pagaré cuando vuelva’.
¿FUERTES O DÉBILES?
166
5. En otra magistral parábola de Jesús, la del Padre misericordioso (a la que el pueblo llama ‘La parábola del hijo pródigo’) (Luc 15,11-32), lo que más me impresiona es la acogida que el Padre depara al hijo que se le marchó de casa. Lo que Jesús pretende en esa parábola es poner de relieve la hondura de la misericordia del Padre y, para lograrlo, hará uso de cinco verbos. En efecto, el texto dice que al regresar el hijo, el padre ‘le vio, se conmovió (esplagjnisthe), corrió, se echó al cuello y le cubrió de besos’ (5 verbos) y yo añado otro más, el sexto: ‘y no le hizo ni una sola pregunta’. Cuando el perdón es total, no se hacen preguntas. Así es el Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Volviendo a nuestra parábola, en la actitud silenciosa del posadero y el uso por parte de Jesús del mismo verbo ‘se conmovió’ (esplagjnisthe) al hablar del samaritano, está insinuándonos el Señor que el ‘conmoverse’, el ‘removérsenos las tripas ante el necesitado’ es elemento esencial para vivir su dignidad. Así vivió Jesús (véase 1 Jn 2,6).
Aquí termina la parábola, pero no la enseñanza.
Jesús se dirige entonces al legista que le había formulado la pregunta teórica ‘¿Quién es mi prójimo?’ para decirle: ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los sal- teadores? Conviene observar que Jesús da un sentido nuevo al vocablo ‘prójimo’: no es el otro, sino yo en mis relaciones con los demás. ¿Quién de estos tres (sacerdote, levita, samaritano –deja de lado al posadero–) hizo ver que era prójimo del pobre desgraciado?
El legista contesta, pero no fue noble en la respuesta. La res- puesta caía por su propio peso, era muy fácil: ‘¡¡¡EL SAMARITA- NO!!!’, pero lejos de él pronunciar semejante nombre reprobable. Y, también él, dio un rodeo al contestar: ‘El que practicó la mise- ricordia con él’ (seis palabras en griego!!), cuando hubiese sido tan fácil decir: ‘El samaritano’ (dos palabras). Así somos los hom- bres que, hasta en las palabras, damos rodeos. Tampoco Jesús le contestará según la lógica de la conversación. La pregunta había sido: ‘¿Quién es mi prójimo?’ Y la respuesta más espontánea era: ahora ya sabes quién es tu prójimo y cómo se es prójimo. Pero esta contestación podía saber a respuesta teórica. Por ello Jesús le contesta de manera directa, insistiendo en el aspecto práctico del problema: ¡VETE Y HAZ TÚ LO MISMO!
Apreciado amigo/a: Quisiera ofrecerte la posibilidad de bajar
a la arena en esta parábola del servicio al necesitado. Para ello, aquí tienes varias preguntas que te ayudarán a personalizar el mensaje de Jesús y, si las compartes en grupo, tanto mejor.
1. ¿Por qué Jesús escogió para su parábola como tipos de per- sonas que tienen el corazón estropeado a dos personas de culto?
2. ¿Soy prójimo para ese hermano/a que se encuentra mal... y que sufre..., o doy rodeos ante él/ella?
LA HORA DE LA VERDAD
3. ¿Me comporto tal vez peor que el sacerdote y el levita, ya que:
– Me acerco al hermano herido para herirle más todavía? Esto no lo hizo ni el sacerdote ni el levita.
(Desde hace muchos años me ayuda mucho esta frase que se la oí no sé a quién: “No herir al que ya está herido”). 4. ¿Cuál de estas dos preguntas me hago ante el hermano heri-
do o enfermo?:
4.1. ¿Qué me sucederá a mí si le atiendo? 4.2. ¿Qué le pasará a él/ella si yo no le atiendo? 5. ¿Ante quiénes doy rodeos:
– En mi comunidad (parroquial, religiosa)? – ¿Fuera de ella?
6. ¿Tienes prisa para ir a Jericó a la conferencia de los ‘dere- chos humanos’?
7. ¿Vivo la alegría de ser ‘el buen samaritano’, que nunca pasa de largo ante el que sufre?
8. ¿Cómo ilumina la espiritualidad de la parábola del Sama- ritano tu carisma familiar, parroquial, religioso hoy?6
9. ¿Cuál de las 8 preguntas es la más urgente e importante para ti?
Para mí, la primera.
¿FUERTES O DÉBILES?
168
6. Sieger Köder tiene una pintura del lavatorio del lavatorio de los pies muy sugestiva. Jesús está profundamente arrodillado ante Pedro, como si estuviese venerándolo, y Pedro no entiende nada de lo que está pasando: su mano izquierda indica rechazo, mientras que su mano derecha está apoyada con toda su fuerza sobre Jesús. El rostro de Jesús aparece en el agua sucia de la jofaina y en una esquina de la mesita que está al lado se ve el pan y el vino de la Institución de la Eucaristía.