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Antes de la invención del dinero, se utilizaban distintos bienes que tenían un valor de uso y que servían para crear un modesto sistema de equivalencias y facilitar así el intercambio entre las personas (Weatherford, 1998). El citado autor señala que hubo tres momentos cruciales hasta llegar a entender al dinero como lo hacemos hoy.

● Utilización de cosas poco durables como moneda para el intercambio, como lo fue el caso de la sal en China, la Europa mediterránea y el norte de África, o el cacao en México.

● Utilización de metales como moneda (oro, plata, etc.). La principal innovación en esta etapa fue que, debido a su perdurabilidad, estos sirvieron

como reserva de valor y al poder reducirlos en fracciones pequeñas, estos se convirtieron en una buena herramienta de intercambio. Entre los metales, el oro ha sido el más preciado.

● Utilización de la moneda real, la cual tuvo que esperar a que la sociedad y la tecnología se desarrollaron lo suficiente para poder emplear cantidades estandarizadas de oro y plata en los intercambios, profesionalizando así el arte de la acuñación de estas. Esta fue la verdadera revolución monetaria que luego daría forma al sistema monetario occidental.

De hecho, para Weatherford (1998), desde aquella invención de la moneda, luego no hubo mayores cambios que merecen ser mencionados en la historia del dinero hasta que se alcanzó la emisión de los billetes. En este sentido, la primera emisión de billetes para contrarrestar la escasez de monedas de oro y plata tuvo lugar en 1661 en Suecia con el Banco de Estocolmo, coincidiendo así con algunas de las características que el dinero debía poseer según Aristóteles y Locke, quienes entendían que debía ser durable, transportable y contar con un valor inherente (Maurer, 2006). Sobre esta primera emisión de billetes, Weatherford (1998) afirma que:

En julio de 1661, el Banco de Estocolmo emitió el primer billete de banco en Europa, para compensar una escasez de monedas de plata. Aunque Suecia carecía de plata, poseía cuantiosos recursos de cobre y el gobierno de la reina Cristina (1634- 1654) emitió grandes láminas de cobre a las que denominó platmynt (dinero laminado); pesaban aproximadamente 1.800 gramos cada una4. (Weatherford, 1998, p.130, traducción propia)

Sin embargo, la historia bancaria puede ser llevada más atrás aún. Ya en el siglo XIII los caballeros del temple asistían como banqueros a reyes y al papado, aunque luego, con el pasar de los siglos, la actividad fue cambiando hasta que los

4 Del original: In July 1661, Sweden's Stockholm Bank issued the first bank note in Europe to

compensate for a shortage of silver coins. Although Sweden lacked silver, it possessed bountiful copper resources, and the government of Queen Christina (1634-1654) issued large copper sheets called platmynt (plate money), which weighed approximately 4 pounds each. (Weatherford, 1998, p.130)

nuevos banqueros, cuyo nombre se debe a que estos realizaban su trabajo desplegando un banco (mesa) con banquetas en las calles, comenzaron a recibir a modo de depósito las monedas de oro de los pueblerinos y a cambio ellos les entregaban una letra de cambio. Estos eran documentos escritos que daban cuenta de que una persona poseía una determinada cantidad de dinero la cual podría retirar en un futuro. Los banqueros, terminaron usando este dinero para convertirse en prestadores de los ricos (Weatherford, 1998).

Pero no fue realmente hasta el siglo XIX, afirma Weatherford, que la banca londinense creó un innovador sistema que luego se propagó a todo el planeta montando así el primer sistema monetario internacional, el cual consistía en papel moneda respaldado por oro.

Allí se dio el apogeo de los Bancos Centrales, que ahora poseían el monopolio de la emisión de papel moneda nacional, pero con el pasar de los años estos bancos también fueron cambiando sus funciones. Como explica Lietaer (2005), tras los acuerdos de Bretton Woods, los Bancos Centrales comenzaron a ser los prestamistas de última instancia de los bancos comerciales de cada país. De la misma forma que se volvieron responsables de controlar los niveles de inflación de sus países (a través del control de la emisión monetaria y las tasas de interés), de velar por la estabilidad y el desarrollo financiero y apoyar las necesidades financieras de sus Estados (Goodhart, 2011). Cumpliendo así con su objetivo principal de actuar en pos del interés económico de la nación de acuerdo a la política económica de sus gobiernos, moldeando así su política monetaria (Banco de Pagos Internacionales, 2009), aunque luego muchos de ellos quedaron bajo el tutelaje del Banco Mundial y el FMI.

3.2.1 El Patrón oro

En 1944, Polanyi en su obra “La gran transformación”, de la cual consultamos su versión traducida de 1989, explica con claridad que el sistema de mercado necesitó dos formas de dinero, uno simbólico que sólo servía para satisfacer las necesidades del comercio interno de cada país, y luego estaba el oro que sentaba más bien para el desarrollo del comercio internacional. Pero este

sistema dista de ser perfecto, por ejemplo, si un país aumentase sus niveles de producción y de comercio, sin aumentar al mismo tiempo el monto de dinero circulante, esto causaría deflación, es decir una baja en los precios de los distintos bienes ofrecidos en el mercado, según señala este autor.

Aquí yace el problema, si un país decide respetar el patrón oro, entonces éste nunca debería generar nuevas y grandes cantidades de billetes impresos, lo cual pone un freno al aumento de la producción en la economía nacional, generando no sólo desempleo, sino una baja en los precios generales y por ende también en las ganancias de aquellos que detentan los medios de producción. Este es el principal motivo por el cual se centralizó la creación de crédito en cada país a través de sus Bancos Centrales, así mediante el uso de una moneda simbólica y nacional, se evitaban deflaciones forzosas ante un aumento en el comercio (Polanyi, 1989).

Pero estas monedas nacionales y simbólicas no eran aceptadas en los mercados internos de otros países como método de intercambio, por ende, era necesario mantener el patrón oro para el comercio internacional, por eso este se convirtió en la moneda internacional por defecto.

El sistema seguía sin acercarse a ser óptimo, ya que como señala este autor, cuando una nación importaba bienes, esta debería pagar en oro, por ende, las reservas nacionales fluctuaban, haciendo que bajaran los precios internos y no permitiendo llevar adelante una economía estable. Por eso, para Polanyi, es imposible que el dinero sea dejado libre al azar como una mercancía más, regulada simplemente por la oferta y la demanda de la misma. Ante este panorama los bancos centrales debían actuar como intermediadores y reguladores de la economía interna con la externa.

Luego de la Primer Guerra Mundial, el modelo del patrón oro había quedado dañado por la incapacidad de Inglaterra de hacer frente a tal situación. Finalmente, tras la gran crisis del 1929, el patrón oro y la teoría del mercado autorregulado que incluía al dinero, la tierra y el trabajo fueron sepultados por la comunidad internacional debido a su incapacidad para resolver los problemas que el mundo enfrentaba (reducción de mercado interno, sobreproducción de mercancías e incapacidad de adquisición de nuevos mercados externos para colocar el exceso de las mismas). Ese fue el fin de esas instituciones que habían logrado la Pax de

los 100 años en Europa. Pero si bien “la separación institucional de la esfera política y de la económica era, sin embargo, un elemento constitutivo de la sociedad de mercado y, por tanto, debía de ser mantenida por muy fuertes que fuesen las tensiones” (Polanyi, 1989, p.345), la tensión superó a lo económico y el equilibrio

debió ser restablecido a través de medios políticos.

3.2.2 El fin del Patrón oro

Mientras se llevaban a cabo las últimas etapas de la Segunda Guerra Mundial, el 22 de Julio de 1944, 45 países firmaron el acuerdo de Bretton Woods, oficializando el deslinde del patrón oro y creando lo que Lietaer (2005) llama la primera constitución monetaria a escala global. Este nuevo acuerdo, planteaba que las divisas de los países firmantes del tratado deberían mantener una paridad con el dólar de Estados Unidos, al mismo tiempo que este último país se comprometía a que su moneda sea convertible a oro a una tasa fija de 35 dólares por cada onza de oro (Weatherford, 1998), posicionando al dólar como actor central del sistema monetario internacional.

Finalmente, en 1971, Richard Nixon, entonces presidente de Estados Unidos, decidió romper con lo acordado en Bretton Woods y puso fin al Patrón Dólar, iniciando así la flotación de su moneda en relación con el resto de las divisas de los otros países.

Según Jack Weatherford (1998):

[...] este movimiento terminó la era de estabilidad y el período de mayor prosperidad y productividad económica en la historia del dólar norteamericano. El dólar nunca más volvió a recuperar su fuerza histórica, de la misma forma que tampoco ha gozado de la confianza que el mundo tenía en ella antes del movimiento de Nixon. En marzo de 1972, funcionarios del gobierno de Estados Unidos devaluaron el dólar a $38.00 por onza de oro. Al año siguiente la devaluaron nuevamente a $42.225.

5 Del original: This move, however, ended the era of stability and the period of greatest economic

prosperity and productivity in the history of the American dollar. The dollar never regained its historical strength, nor has it since enjoyed the confidence that the world had in it prior to Nixon's move. In March 1972, U.S. government officials devalued the dollar to $38.00 per ounce of gold. The following year they had to devalue it again to $42.22. (Weatherford, 1998, p.130).

(Weatherford, 1998, p.130, traducción propia)

Esto ha llevado a que el dólar estadounidense no sea más que una moneda fiduciaria, de curso legal y forzoso dentro de un país, sostenida únicamente en la fe que su sociedad le asigna a sus autoridades, quizás por eso ahora los billetes de dicho país rezan “En Dios confiamos” y ya no más “Páguese al portador que lo demanda”. Después de todo, para los economistas ortodoxos, el valor de los billetes sólo era tal porque se encontraban respaldados en oro, ya que ellos lo consideran útil y escaso.