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137 Hypate hypaton

--- Parhypate hypaton --- Lichanos hypaton --- Hypate meson --- Parhypate meson --- Lichanos meson --- Mese

Aquí, por tanto, hay un tetracordo: hypate, parhypate, li­ chanos, hypate m eson; y otro: hypate m eson, parhypate meson, lichanos meson, mese. En uno y otro tetracordo, por tanto, se ha computado la hypáte meson y en el tetracordo de más arriba es ella la más aguda; en el posterior, en cambio, la más grave; y es esa conjunción una y la misma cuerda, de modo que la hypate meson conjuntando dos tetracordos ha juntado asimismo los te­ tracordos hypaton y mesón en el gráfico de más arriba. Es, por tanto, la synaphe, a la que se le dice conjunción, la voz media­ nera de dos tetracordos, del de más arriba, en efecto, la más

aguda; del posterior, en cambio, la más grave. 218

25. Se llama, en cambio, diazeuxis,

que se puede decir disyunción [disiunc- Qué es la diazeuxis tío], cada vez que dos tetracordos se ha­ llan separados por una medianería de un tono, como en estos dos tetracordos:

--- Hypate meson --- Parhypate meson --- Lichanos meson --- Mese --- Paramese --- Trite diezeugmenon --- Paranete diezeugmenon --- Nete diezeugmenon

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Que hay, en efecto, dos tetracordos se hace evidentemente manifiesto, toda vez que hay ocho cuerdas. Pero hay diazeuxis, esto es, disyunción, entre la mese y la param ese, que entre sí quedan separadas por un tono pleno. Cosas sobre las que se hará un desarrollo con mayor evidencia cuando después el tra­ tado254 vaya tomando uno por uno los temas para explanarlos más atentamente. Mas el que observa con especial diligencia encuentra cinco tetracordos, no más: hypaton, meson, synem ­ menon, diezeugm enon, hyperboleon.

26. Albino, por su paite, interpretó en

Con qué nombres lengua latina los nombres de dichas cuer- llamó a los nervios das, de manera que llamaba a las hypa- Albino ta¡,255 «principales» [principales]; a las mesas, «medias» [m edias]; a las synem- menas, «conjuntas» [coniunctas]; a las diezeugm enas, «dis­ juntas» [disiunctas]; a las hyperboleas, «sobresalientes» [exce­ llentes]. Pero nosotros no vamos a detenemos en una obra ajena256.

254 Tal vez esté remitiendo a IV 6-11, donde se ocupa de la división del mo­ nocordo.

255 Aquí, como en las siguientes, emplea Boecio los correspondientes tér­ minos griegos en acusativo plural femenino, referidos a las cuatro cuerdas o notas de cada tetracordo.

256 Esta nueva alusión esporádica a Albino, con intención expresa de no de­ tenerse en su obra en cuanto que ajena (in alieno opere non immorandum) a la fuente principal sobre la que trabaja, probablemente la Mousikè eisagöge de Nicómaco, quizá responda al deseo de dejar constancia de una latinización de esta terminología griega diferente de la que parece que estaba más difundida:

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27. Entretanto, sobre los tetracordos

Qué cuerdas se de más arriba257 sólo parece digno de aña- emparejan con qué dirse aquello de que desde la hypate me- esti ellas SQn ^ asta ¡a nete jjay; por asf decirlo, una especie de reproducción del orden y la de­ marcación celestes258. En efecto, la hypate m eson está asignada a Saturno259; la parhypate, a su vez, es totalmente semejante al círculo de Júpiter. La lichanos meson la encomendaron a Mar­ te. Al Sol le tocó la mese. La tríte synem m enon la tiene Venus; la paranete synem menon la rige Mercurio. La nete160, por su parte, mantiene el ejemplo del círculo lunar261. Pero Marco Tu- lio establece un orden contrario; pues en el sexto libro Sobre la

257 El tetrachordis superioribus del texto que en cualquier caso parece que no debería ser entendido como supremis («los más altos»), sino como compa­ rativo («más altos»), preferimos interpretarlo simplemente con un valor refe- rencial dentro del propio texto o de la trama expositiva: «los tetracordos de más arriba», los «antes mencionados»; antes, precisamente, (1 26) había estado ha­ blando no de los dos tetracordos supremos, sino de los nombres que daba Al­ bino a todos los tetracordos.

258 Recoge aquí Boecio dos versiones de la «música celestial» o «harmonía de las esferas», una próxima a la de Nicómaco, otra a la de Cicerón en el Sue­

ño de Escipión; cf. Br a g a r d(1929),

259 Ya antes (I 20, pág. 206, 12) había asignado Boecio la nota más grave

(hypate) a Saturno «a causa de la lentitud de su movimiento y la gravedad de

su sonido».

260 Re in a c h(1900), pág. 435, proponía añadir aquí synëmménôn, algo con lo que se mostró en desacuerdo Br a g a r d(1929), págs. 211 s.

261 En el original, lunaris circuli, con el sentido, evidentemente, de órbi­ ta lunar. Este sistema de siete tonos, es decir, de una séptima, con la nota más grave asignada a Saturno, coincide en lo esencial con el de Nic ó m a c o(Enqu. 3,

págs. 241 ss.; Exc. 3, pág. 271 ss.); sólo añade la precisión de que esta ga­ ma heptatonal se ubica en los dos tetracordos conjuntos del «sistema per­ fecto menor», el de las «medias» (mésôn) y el de las «conjuntas» (synëmmé­

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república dice así262: «F la naturaleza conlleva que los extre­ mos suenen, por una parte, en tono grave, por la otra, en cam­ bio, en tono agudo; causa por la cual aquella senda suprema del cielo portadora de las estrellas, cuyo giro es más acelera-

Nic ó m a c o Bo e c io

hypàtë Cronos m i1 Saturno hypate meson parypáté Zeus fa1 Júpiter parhypate meson hypermésë (l¡chonos) Ares sol1 Marte lichanos meson mése Helios la 1 Sol mese meson paramése (tríte) Hermes sib1 Venus tríte synemmenon paranétë Afrodita do2 Mercurio paranete synemmenon nëtë Selene re2 Luna nete {synemmenon)

Como se ve, la única diferencia relevante, aparte las divergencias terminológi­ cas en la denominación de las notas (Boecio se muestra en esto más próximo a la terminología común), es la inversión del orden en que se ubican Venus y Mercurio.

Asignando las notas más graves a los astros más alejados resultan Nicóma­ co y Boecio una excepción en el panorama de la doctrina de la harmonía de las esferas. Quienes defienden que los nombres de las notas (hypàtë, nétë, etc.) se fijaron exclusivamente en el ámbito de la práctica musical, entienden (por ejemplo, Ba r k e r[1989], pág. 252) que Nicómaco se habría podido dejar in­ fluir por las resonancias religiosas de términos como hypàtë o nétë: según

Pl u t a r c o (Quaest. Plat. IX 1 1007), el platónico pitagorizante Jenócrates, en el siglo IV a. C. habría distinguido entre un Zeus supremo (hÿpatos), el de las regiones más elevadas e inmutables y un Zeus más cercano (néatos), que ac­ tuaría en las regiones inferiores a la Luna.

El sentido de esta gama, en la que las «alturas» tonales se distribuyen en or­ den inverso a la altura de los distintos astros con respecto a la Tierra, sólo se en­ tiende, según He a t h(1913, págs. 108 ss., apud Le v in[1975], págs. 40 s., nota 48), a base de concebir las revoluciones orbitales de los planetas en tomo a la Tie­ rra en un sentido contrario al de la esfera de las estrellas fijas; de este modo el tono que Nicómaco asigna a cada planeta vendría determinado por la velocidad relati­ va de dicho planeta con respecto a la de las estrellas fijas, una velocidad tanto más rápida cuanto más cerca se halla de la Tierra. Si Nicómaco hubiera tenido en con­ sideración la velocidad absoluta de cada astro, la rapidez y con ella la altura tonal habrían ido subiendo a medida que aumentaba la distancia con respecto a la Tie­ rra, como ocurre en tantas otras descripciones de la harmonía de las esferas.

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