• No se han encontrado resultados

I TALIA

In document El Padre Maestro Ignacio (página 170-173)

XIV. «ID POR TODO EL MUNDO»:

3. I TALIA

Intensa fue la actividad de los primeros jesuitas en toda Italia, desde Venecia a Sicilia. Se trató, ante todo, de un apostolado itinerante, conformado con el principio orientador de la fundación de la Compañía: acudir allá donde el papa los enviaba o donde eran llamados para ejercitar obras de celo apostólico: predicar, administrar los sacramentos, dar Ejercicios, aconsejar, reformar conventos, educar cristianamente a la juventud. En muchas ciudades se deseó pronto contar con la presencia estable de los jesuitas. De aquí tuvo origen la fundación de colegios.

De los primeros compañeros de San Ignacio, cinco pasaron largos años de su vida trabajando en Italia, sin contar a Juan Codure, que terminó

prematuramente su carrera mortal en Roma el año 1541. Laínez y Salmerón vivieron habitualmente en Italia. Broët, después de recorrer varias ciudades, fue el primer provincial de Italia, nombrado en 1551. Cuando al año siguiente fue enviado para dirigir los asuntos de la Compañía en Francia, le sustituyó en el cargo el P. Laínez. A Claudio Jayo le vemos en Ferrara, Faenza y Bolonia antes de trasladarse a Alemania. Bobadilla, desde que en 1548 tuvo que salir de Alemania, permaneció habitualmente en Italia, donde, entre otras obras, puso los cimientos para la fundación del colegio de Nápoles. Lo que él sembró lo recogió, según frase suya, el P. Salmerón, que fue el hombre más representativo de la Compañía en aquel reino. Entre los jesuitas de la primera hora cabe señalar al valenciano Jerónimo Domènech, que gobernó por espacio de veintitrés años la Provincia de Sicilia.

Por ser el primer colegio de la Compañía en sentido absoluto, merece que dediquemos un espacio particular al colegio de Padua. En 1542, el dux de Venecia, Pedro Lando, por medio de su embajador en Roma, Francisco Venier, pidió la obra de dos jesuitas. Le fue enviado uno, Laínez, que empleó la mayor parte de los años 1542-45 en territorio veneciano. Allí predicó, confesó, aconsejó. Entró también en comunicación con Andrés Lippomano, prior de la Trinidad, que ya en 1537 había concedido hospitalidad en su casa a los compañeros cuando se preparaban para la peregrinación a Jerusalén. Lippomano concibió la idea de ceder a la Compañía, para colegio de sus estudiantes, el priorato de Santa María Magdalena en Padua, del que él era comendador. De hecho, en 1542 se trasladaron allá los primeros estudiantes enviados por San Ignacio. En 1545, Lippomano puso en manos del papa aquel priorato para que él lo entregase a la Compañía. Ignacio, en septiembre de aquel año, se trasladó a Montefiascone, donde estaba el papa, para tratar, entre otros, de este asunto. El papa dio su consentimiento. Pero con ello no quedaban resuenas todas las dificultades, porque las letras pontificias, para tener efecto legal en Venecia, tenían que ser refrendadas por el Senado de la república. A este acto se opuso Juan Lippomano, hermano de Andrés, que pretendía que el priorato de Padua no saliese de su familia. La compaña que emprendió fue larga y tenaz, pero no lo fue menos la insistencia de San Ignacio. Por fin, el asunto fue sometido a la votación del Senado, y el resultado fue positivo. Sobre 157 votantes, 143 votaron a favor de la Compañía, sólo 2 en contra y 12 se abstuvieron. Así se concluía felizmente la implantación de los jesuitas en Padua. Era el año 1548, pero el colegio de la Compañía funcionaba en Padua ya desde 1542.

Casi por el mismo tiempo se proyectó la fundación de un colegio en la ciudad de Venecia, pero esto no se llevó a efecto hasta el año 1551.

Los PP. Broët y Jayo trabajaron intensamente en Bolonia. Entre las personas que se les aficionaron, una fue Violante Casali, joven viuda del senador Camilo Gozzadini. Junto con su hermano Andrés Casali, tuvo el mérito de dar comienzo a un colegio que abrió sus puertas en 1546, junto a la iglesia de Santa Lucía. Los comienzos de este colegio no fueron fáciles, pero pronto se convirtió en centro de una vasta actividad.

En 1550 se abrió un colegio en Tívoli.

Además de los de Roma y de Venecia, se fundó en 1551 el colegio de Ferrara, por el cual se había interesado, ya desde hacía tiempo, San Francisco de Borja, pidiéndolo al duque Hércules II d’Este. En 1552 se abrieron otros cuatro colegios: los de Florencia, Nápoles, Perusa y Módena. De 1553 es el de Monreale, en Sicilia. De 1554, los de Argenta (Ferrara) y Génova. En 1555 se abrieron los de Loreto y Siracusa y, finalmente, en 1556, los de Bivona, Catania y Siena. Todos ellos tenían, junto a un número más o menos elevado de estudiantes jesuitas, un grupo de externos, que durante el año de la muerte de San Ignacio (1556) oscilaban entre los 50 del colegio de Argenta y los 280 del de Palermo. En total, los colegios abiertos en vida del Fundador fueron 19, el mismo nú- mero que los fundados en España durante el mismo período.

Esta proliferación de colegios fue posible gracias al elevado número de vocaciones, siempre en aumento. De 85 admitidos en los años 1540-45, se pasó a 137 en 1546-1550 y a 513 en 1551-55. Muchas de estas vocaciones provenían de los colegios.

Para la formación religiosa de estos candidatos a la Compañía se abrieron noviciados. Ya en 1547 había expresado San Ignacio su intención de que se abriesen casas separadas para la formación de los novicios. Pero este plan no pudo realizarse tan pronto. En Roma, durante largos años, el propio Ignacio ejerció el cargo de maestro de novicios. El primer noviciado independiente en Italia fue el de Messina, abierto en 1550. En 1551 había otro en Palermo.

La rápida expansión de la Compañía en Italia consintió la formación de una Provincia, creada en 1551. De ella quedaban excluidas las casas de Roma y Nápoles, sujetas a la dependencia inmediata del general. El primer provincial de Italia fue el P. Broët, al que, como hemos dicho, sucedió en 1552 el P. Laínez, que retuvo este cargo hasta que en 1556, tras la muerte de San Ignacio, fue elegido vicario general de la Compañía. La Provincia

de Sicilia fue creada en 1553, con el P. Jerónimo Domènech como provincial, cargo en el que fue renovado por tres veces hasta 1576.

In document El Padre Maestro Ignacio (página 170-173)