• No se han encontrado resultados

L A ILUSTRACIÓN DEL CARDONER

In document El Padre Maestro Ignacio (página 55-57)

IV. MANRESA, LA PRIMITIVA

4. L A ILUSTRACIÓN DEL CARDONER

Entre todas, hubo una que tuvo especial repercusión en su alma y una enorme trascendencia para su futuro. Es la que comúnmente se ha venido llamando la «eximia ilustración». Dejemos que él mismo nos la refiera:

«Una vez iba por su devoción a una iglesia que estaba poco más de una milla de Manresa, que creo yo que se llama San Pablo, y el camino va junto al río. Y, yendo así en sus devociones, se sentó un poco con la cara hacia el río, el cual iba hondo. Y, estando allí sentado, se le empezaron abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le

parecían todas las cosas nuevas. Y no se puede declarar los particulares que entendió entonces, aunque fueron muchos, sino que recibió una grande claridad en el entendimiento, de manera que en todo el discurso de su vida, hasta pasados sesenta y dos años, coligiendo todas cuantas ayudas haya tenido de Dios y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las ayunte todas en uno, no le parece haber alcanzado tanto como de aquella vez sola». Y en una nota marginal, su confidente, el P. Gonçalves da Cámara, añadió esta aclaración, escuchada de labios del mismo Santo: «Y esto fue en tanta manera de quedar con el entendimiento ilustrado, que le parescía como si fuese otro hombre y tuviese otro intelecto que tenía antes».

Las palabras del Santo son suficientemente claras para descubrirnos toda la magnitud de la gracia recibida. Cuanto al lugar donde ocurrió la eximia ilustración, el Santo nos dice solamente que fue en el camino que conducía a la iglesia de S. Pablo. Hacia esta iglesia se podía ir, bien por la orilla del río, bien por un camino que va por lo alto del monte. Parece más probable que se tratase de este segundo camino, desde el cual se puede decir con toda verdad que el río va hondo para quien se pare a mirarlo. Al margen de este camino se encontraba la cruz del Tort, a la cual alude el Santo, después de relatar la ilustración, cuando dice que «y después que esto duró un buen rato, se fue a hincar de rodillas a una cruz, que estaba allí cerca, a dar gracias a Dios». Es hermosa y sugestiva la vista que se observa desde aquel lugar, con la silueta de la montaña de Montserrat en el horizonte.

Como el mismo Santo especifica, no se trató de una visión, sino de iluminación intelectual. Esta no tuvo por objeto ningún misterio particular de la fe. Fue un abrírsele los ojos del entendimiento, «entendiendo y cono- ciendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales como de cosas de la fe y de letras». La iluminación fue tal, «que le parecían todas las cosas nuevas». Es decir, que salió de allí completamente transformado en su interior. Lo que supera toda ponderación es la afirmación del Santo: juntando todas las gracias que había recibido en su vida hasta aquel momento, cuando él calculaba que tenía más de sesenta y dos años, no había recibido de Dios tanto como en aquella vez sola. Sabiendo los dones místicos que recibió del Señor en el decurso de su vida, podemos calificar de verdaderamente extraordinaria esta gracia obtenida en Manresa.

Lo fue muy particularmente, y tal vez a esto aludía el Santo, por la trascendencia que tuvo no sólo para el futuro de la vida interior de Ignacio, sino también en orden a la Compañía. A ella aludía él, sin ninguna duda,

cuando, al ser preguntado por algunas cosas del nuevo Instituto, dijo que a esto se podría responder «con un negocio que pasó por mí en Manresa». Con razón, pues, el P. Cámara, a quien Ignacio hizo sus confidencias, co- mentó esta afirmación, diciendo que en Manresa le manifestó el Señor muchas cosas de las que después él ordenó en la Compañía. De aquí se ha llegado a tomar pie para afirmar que en aquella ocasión tuvo Ignacio una prenoción de la Compañía. Los hechos que siguieron no confirman esta opinión, porque muchos años después de Manresa vemos a Ignacio incierto sobre su futuro lejano, y, como afirmó el P. Nadal, «era llevado suavemente hacia donde él mismo no sabía», es decir, hacia la fundación de una nueva orden religiosa. Solamente al ver frustrado su plan de ir a Jerusalén con sus compañeros de París y después de largas deliberaciones de todo el grupo, se decidió a emprender la nueva fundación. Lo que sí puede decirse es que en aquella ilustración vio el nuevo derrotero que había de seguir su vida. Iñigo no sería ya aquel peregrino solitario que en oración y penitencia procuraba imitar los ejemplos de los santos, sino que de allí en adelante se dedicaría a procurar el bien del prójimo, buscando compañeros que se quisiesen asociar a esta empresa, con los cuales formaría un grupo apostólico. Sin tener, pues, una neta visión de lo que había de hacer con el pasar de los años, fue orientándose hacia la realización de aquella que había de ser la misión de su vida. En este sentido cabe relacionar la fundación de la Compañía de Jesús con la eximia ilustración de Manresa. Esta visión del futuro habrá que relacionarla con las meditaciones del Reino de Cristo y de las dos Banderas, que se han de colocar en el período de Manresa, y que ya testigos tan autorizados como el P. Jerónimo Nadal pusieron en relación con la fundación de la Compañía de Jesús.

In document El Padre Maestro Ignacio (página 55-57)