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IMPLICACIONES SOCIALES.

Me ocuparé ahora delas implicaciones sociales del modo de vida que he intentado describir. Lo he presentado como una orientación plena de significado para muchos individuos, ¿Tiene, o bien podría

tener, algún sentido o significación para grupos u organizaciones? ¿Esta orientación podría ser adoptada exitosamente por un sindicato, un grupo religioso, una empresa industrial, una universidad o una nación? Pienso que ello es factible. Observemos, por ejemplo, el comportamiento de nuestro propio país, los Estados Unidos, en sus relaciones exteriores. Si revisamos las afirmaciones de nuestros líderes de los últimos años y leemos sus documentos, descubriremos que, por lo general, nuestra diplomacia se basa en propósitos morales elevados, que siempre concuerda con la política seguida anteriormente, que no tiene intereses egoístas y que jamás ha errado sus juicios o decisiones. Creo que tal vez el lector coincidirá conmigo en que si oyéramos a un individuo hablar en estos términos advertiríamos inmediatamente que se trata de una máscara y, que esas afirmaciones de ninguna manera pueden representar el proceso real que en él se desarrolla. Reflexionemos un instante acerca de cómo podríamos presentarnos en la diplomacia si, como nación, manifestáramos abiertamente y aceptáramos lo que realmente somos. No sé con precisión qué somos, pero sospecho que si intentáramos expresarnos tal como somos, nuestro mensaje a los países extranjeros debería plantearse más o menos en estos términos:

Como nación estamos advirtiendo lentamente nuestra inmensa fuerza, así como también el poder Y la responsabilidad que ella supone.

Tendemos, a veces a ciegas y de manera torpe, a aceptar una posición de liderazgo mundial responsable.

Cometemos muchos errores. A menudo somos inconsecuentes. Estamos lejos de ser perfectos.

Nos asusta mucho la fuerza del comunismo, un enfoque de la vida distinto del nuestro.

Adoptamos una actitud competitiva hacia el comunismo; nos sentimos irritados y humillados cuando los rusos nos superan en algún campo.

Tenemos algunos intereses egoístas en el exterior, tales como el petróleo en Medio Oriente.

Por otra parte, no deseamos ejercer dominio sobre los pueblos.

Tenemos sentimientos complejos y contradictorios acerca de la libertad, la independencia y, la autodeterminación de individuos y países, favorecemos su desarrollo y estamos orgullosos del apoyo que les hemos prestado en el pasado. No obstante, a menudo nos asusta el significado que estas posibilidades pueden tener.

Tendemos a valorar y, respetar la dignidad y el valor de cada individuo, pero cuando sentimos miedo olvidamos esta tendencia.

Supongamos que éste es nuestro planteo, abierto y franco, en el campo de las relaciones exteriores. Estaríamos tratando de ser la nación que realmente somos, en toda nuestra complejidad y aun en nuestras contradicciones. ¿Cuáles serían los resultados? Creo que serían similares

a las experiencias del cliente capaz de ser quien es. Veamos algunos de los resultados probables:

Nos sentiríamos mucho más cómodos, porque no tendríamos nada que ocultar.

Podríamos enfocar el problema inmediato y no agotar nuestras energías en demostrar nuestra moral o nuestra coherencia.

Seríamos capaces de emplear toda nuestra imaginación creativa para resolver el problema en cuestión y no para defendernos.

Podríamos manifestar abiertamente tanto nuestros intereses egoístas como nuestra preocupación simpática por los demás, y dejar que estos deseos contradictorios encuentren el equilibrio que nos resulte aceptable como pueblo.

Podríamos cambiar libremente y desarrollar nuestra posición de liderazgo, puesto que no estaríamos limitados por conceptos rígidos acerca de lo que hemos sido o deberíamos ser.

Descubriríamos que inspiramos mucho menos temor, porque los demás no se sentirían inclinados a sospechar que ocultamos algo tras una máscara.

Nuestra propia apertura induciría a los demás a adoptar una actitud similar. Tenderíamos a desarrollar soluciones para los problemas mundiales sobre la base de las verdaderas cuestiones planteadas, y no en función de las máscaras que adoptan las partes en conflicto.

Lo que intento sugerir con este ejemplo hipotético es que las naciones y organizaciones, así como los individuos, podrían descubrir que ser lo que uno es realmente resulta una experiencia muy gratificante. Pienso que este punto de vista contiene el germen de un enfoque filosófico de la vida, y que es algo más que una tendencia observada en la experiencia de los clientes.

Resumen

Este capítulo comenzó con la pregunta que todo individuo se plantea: ¿Cuál es la meta, el propósito de mí vida? He tratado de decirles lo que he aprendido de mis clientes, quienes, en el transcurso de la relación terapéutica, en la que se sienten libres de amenazas y dueños de su elección, exponen orientaciones y metas que presentan ciertos elementos fundamentales.

He señalado que poco a poco tienden a abandonar la actitud de ocultar su verdadero sí mismo y a comportarse de acuerdo con las expectativas ajenas. En su movimiento característico, el cliente se permite ser libremente el proceso cambiante y fluido que él es. Se aproxima hacia una apertura confiada a lo que sucede en su interior; aprende a escucharse. Esto significa que se convierte en una armonía de sensaciones y reacciones complejas y abandona la claridad y simplicidad de la rigidez.

Al aumentar la aceptación de su ser como tal (is-ness), comienza a aceptar a los demás de la misma manera atenta y comprensiva. Confía en sus complejos procesos internos y los valoriza a medida que se abren camino hacia la expresión. Es realista en sentido creativo y creativo en sentido realista. Descubre que ser este proceso en sí mismo significa llevar al máximo sus propias posibilidades de cambio y desarrollo. En cada momento descubre que ser su verdadero sí mismo en este sentido fluído no es sinónimo de maldad ni de falta absoluta de control; en cambio, se siente orgulloso de ser un hombre sensible, abierto, realista y orientado hacia su propio interior, que se adapta con valor e imaginación a las complejidades de una situación cambiante. Su experiencia lo lleva a lograr, en su conciencia y expresión, la armonía y congruencia con todas sus reacciones orgánicas. Para decirlo con las palabras, más bellas, de Kierkegaard, significa “ser la persona que uno realmente es”. Espero haber dejado en claro que se trata de un paso que no resulta fácil dar y que el movimiento en esta dirección casi nunca se completa. Es un modo de vida constante.

Al intentar explorar los límites de este concepto, he sugerido que esta orientación no se limita necesariamente a los clientes que realizan la experiencia de la psicoterapia ni a los individuos que buscan una meta en la vida. Podría aplicarse también y con el mismo sentido a grupos, organizaciones o países, y en todos los casos, se obtendría el mismo tipo de gratificaciones.

Admíto que el modo de vida que acabo de esbozar es una elección de valor que indudablemente discrepa con los objetivos de conducta que generalmente se eligen o persiguen. No obstante, puesto que este concepto surge de individuos cuya libertad de elección es mayor que la habitual y parece expresar una tendencia uniforme en todos ellos, lo ofrezco a la consideración del lector.