Capítulo 6. Hombres y mujeres entre el compromiso y la huída
6.2 Permanencia y compromiso de hombres y mujeres
6.2.5 Los incentivos
El concepto de incentivos puede ser abordado desde dos perspectivas: la primera vertiente planteada a partir de la teoría de la acción racional de Mancur Olson (1965), quien para resolver el problema que le presentaba explicar por qué las personas no participan de la acción colectiva !asunto que expresó con el concepto de free rider (tratado en el capítulo 2 de este trabajo), traducido como gorrón!, introdujo el
concepto de incentivo selectivo, el cual significa que, para estimular la participación de los individuos, se aplican medidas individuales que pueden ser positivas (recompensas a los individuos que participen) o negativas (castigos y sanciones a quienes no participen). Los incentivos selectivos se constituyeron en la base racional de la acción colectiva.
El fundamento de su argumentación es que el individuo racional no participará en la acción colectiva sin que los incentivos selectivos (individuales) lo alienten a hacerlo. Es decir, una persona no participará si no hay recompensas para su participación. Éstas pueden ser positivas o negativas. De esta manera, para los actores que nos ocupan, comúnmente se ha planteado que quienes hacen parte de los grupos insurgentes tienen diversos incentivos selectivos, tanto positivos como negativos. En nuestra indagación, y con base en esta perspectiva, encontramos que ni hombres ni mujeres, urbanos o rurales, expresaron que participan por incentivos negativos, es decir, su ingreso y permanencia no se debe a castigos, tampoco a incentivos positivos,
como salarios u otro tipo de prebendas166. En este sentido, son reiterativos en expresar que se encuentran en el ELN porque quieren, ninguno aludió a reclutamiento forzado, por ejemplo.
En el caso de los combatientes rurales que manifestaron haber encontrado en la organización medios para satisfacer necesidades básicas insatisfechas, pudiéramos argumentar que efectivamente se dan incentivos selectivos; sin embargo, ellos y ellas también expresan que, una vez ingresaron, éstos no se constituían en factores relevantes para su permanencia, sino que ésta se debía a factores como el compañerismo, el aprendizaje sobre la realidad colombiana, la importancia y la necesidad de luchar para transformar la sociedad.
La otra vertiente de análisis sobre los incentivos plantea que en una organización existen dos tipos predominantes de personas: los que han ingresado motivados por un ideal y los que ingresan por intereses personales (Panebianco, 1995). El manejo de intereses individuales y colectivos está vinculado con el dilema de los incentivos dentro de una organización política. En este sentido, una organización debe encontrar un equilibrio entre lo que supone satisfacer intereses individuales (los que tienen que ver con los beneficios materiales, la búsqueda del poder y el estatus) a través de incentivos selectivos, y alimentar lealtades organizativas a través de incentivos colectivos que son de tipo ideológico y se refieren a la identificación con la causa (el ideal de la organización).
A partir del enfoque organizacional, en el actor de referencia encontramos hombres y mujeres movidos por incentivos colectivos, es decir, de tipo ideológico, en los que impera la lucha por la causa; también encontramos personas que obedecen a incentivos selectivos (individuales) en cuya permanencia es posible que éstos prevalezcan en mayor medida. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, y con base
166 Con relación a los salarios, tanto hombres como mujeres urbanos expresaron que en algunas ocasiones, cuando las personas que están en la organización no tienen empleo y se dedican de tiempo completo, obtienen una “ayuda” mensual mínima de la organización.
en las entrevistas realizadas y los documentos analizados, no podemos argumentar que sean los incentivos individuales los que prevalecen sobre los colectivos.
Si bien es cierto que algunos hombres y mujeres, especialmente los combatientes, expresaron la importancia que tiene para ellos o ellas ocupar cargos relevantes en la organización, también lo es que éstos no son suficientes por sí mismos para garantizar la permanencia en las organizaciones insurgentes. Esta afirmación la sustentamos en que en estos movimientos los estímulos son más de tipo ideológico y moral que que aunque son construcciones colectivas a su vez son incentivos individuales para permanecer.
Para ocupar un cargo directivo, un hombre o una mujer debe ser avalado por sus propios compañeros, y es el COCE (comando central) el que los ratifica. La formación académica es un factor contribuyente en este sentido. Es más fácil para quien tiene formación universitaria acceder a cargos de poder que para quienes no tienen ningún grado de escolaridad. Para el caso de las mujeres, es fundamental tener un nivel de escolaridad alto, y son aquellas que tienen mayor nivel educativo quienes acceden a cargos de liderazgo medio.
A partir de las dos perspectivas presentadas para el análisis de los incentivos, consideramos que, de acuerdo con el tipo de actor que nos ocupa, el enfoque planteado desde las organizaciones permite plantear que en estas organizaciones, tanto para el ingreso como para la permanencia, concurren incentivos tanto individuales como colectivos, y se presenta un desequilibrio importante entre unos y otros.
Los líderes de la organización, especialmente los políticos, atienden con mayor relevancia a los incentivos colectivos, es decir a la ideología, al proyecto político, mientras que los combatientes atienden más a incentivos individuales. En este sentido, la organización se encarga de satisfacerlos en buena medida (alimentación, vestido, medicamentos). Así se mantienen satisfechos muchos de los integrantes, más aún si tenemos en cuenta que las condiciones de vida de los combatientes antes de ingresar a
la organización eran inferiores a las proporcionadas en la organización. Los incentivos de estatus permiten que personas con bajos niveles educativos a nivel formal, pero con capacidades políticas y militares, asciendan mucho más rápido de lo que la sociedad les permitiría. Sumado a los incentivos individuales, a los incentivos colectivos fundamentados en lo ideológico, “en la lucha por una causa justa”, en el discurso reiterativo de la necesidad y la viabilidad de un cambio social (revolución, construcción de poder popular, etc.) y en una “formación e información” permanente, que es valorada positivamente por quienes están en la organización, encontramos un relativo equilibrio entre los incentivos, que al parecer deja satisfechos tanto a los líderes de la organización como a los combatientes, y hallamos equilibrio entre los incentivos selectivos y los colectivos, factor que posibilita en gran medida el mantenimiento de la organización. En la siguiente tabla presentamos las razones de permanencia expresadas por hombres y mujeres:
Tabla No 5. Razones de permanencia de hombres y mujeres
Razones de permanencia Hombres militantes urbanos Mujeres militantes urbanas Hombres militantes y combatientes rurales Mujeres militantes y combatientes rurales Relaciones de afecto y solidaridad Altamente relevante para la permanencia Altamente relevante para la permanencia No es relevante No es relevante Relaciones de compañerismo
No se sugiere No se sugiere Altamente relevante para la permanencia Relevante Relaciones de "compañerismo y respeto a las mujeres
No se sugiere No se sugiere No se sugiere Altamente relevante para la permanencia Logros de la organización. Resistencia Altamente relevante para la permanencia Altamente relevante para la permanencia No se sugiere No se sugiere Cambios en las prácticas de género No se sugiere Altamente relevante para la permanencia No se sugiere Altamente relevante para la permanencia Oportunidad de tener cargos de dirección Altamente relevante para la permanencia Relevante Altamente relevante para la permanencia Relevante Fuente: datos obtenidos en las entrevistas realizadas
" Las relaciones de compañerismo son diferentes a las de afecto y solidaridad, en la medida en que implican