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Capítulo 6. Hombres y mujeres entre el compromiso y la huída

6.2 Permanencia y compromiso de hombres y mujeres

6.2.3 El mantenimiento de la utopía: “las revoluciones en pequeñito”

Paralelo a los lazos afectivos entre quienes integran la organización, están también los vínculos hacia el proyecto político de la misma. La razón de ser de estas organizaciones es el cambio social y político en las sociedades en las cuales actúan. Así, se constituye la realización de un sueño individual y colectivo.

164 En este sentido, y con relación a estas afirmaciones, siempre estará presente la pregunta de Tilly: ¿cómo y por qué gentes que interactúan sin infligirse daños directos entre sí pasan rápidamente a la violencia colectiva y después (a veces igual de rápido) regresan a unas relaciones relativamente pacíficas?

Como lo hemos reiterado, el conflicto colombiano es el más antiguo del mundo. Por tanto, un eje importante de indagación estrechamente relacionado con las metas del proyecto son los logros que ha tenido la “lucha insurgente” durante 44 años; las respuestas en este sentido son limitadas —por su puesto, desde nuestro punto de vista. Por el contrario, para hombres y mujeres del ELN, “su lucha” ha sido importante y ha tenido productos en dos sentidos: en términos de “resistencia”, entendida como la capacidad de organizarse, oponerse y enfrentarse a un régimen que consideran injusto, ilegítimo y violento, y en cuanto a los logros de trabajo en comunidades y regiones específicas. Desde nuestro punto de vista, estos dos factores alimentan la utopía165 del proyecto insurgente, de ahí que se conviertan en aspectos que afianzan la permanencia de quienes hacen parte del movimiento.

“la otra cosa que los analistas no saben es que lo que pasa es que aquí hay pequeños triunfos, aquí hay revoluciones en pequeño, o sea, hay logros que vos tenés con la gente que quizás no transformaron pues la ciudad o el país, pero que por lo menos hay cosas que a vos te llenan de satisfacción, son esas pequeñas soluciones y triunfos que a vos te impulsan a continuar, el hecho de que un proyecto de revolución se mantenga, de que hayan proyectos, de que haya sostenibilidad, de que la gente esté haciendo cosas desde sus trabajos [ACGH01C1, líneas 2.025-2.077].

Pese a nuestra valoración y a las afirmaciones de los actores, otras investigaciones (Vargas, 2006; Aguilera 2006) han planteado que en algunos lugares del país el Ejército de Liberación Nacional logró construir fuertes lazos con las comunidades e incidir en procesos organizativos, que son valorados como “revoluciones en pequeñito”, en términos de los analistas, es decir, “acumulados políticos” (especialmente en los departamentos de Arauca, Santander, Cauca y Antioquia) que afianzan su permanencia, porque les permite valorar que la organización efectivamente ha tenido logros. En este mismo sentido, Bolívar (2006) plantea que es en esas zonas donde los grupos insurgentes construyen legitimidad, no porque los habitantes locales compartan los postulados de la acción revolucionaria, sino porque la organización armada ha denunciado la exclusión económica y política de los campesinos y ha asumido funciones de regulación política local. Varios estudios muestran, por ejemplo, que en estas zonas los grupos de guerrilla regulan la

explotación de recursos naturales, organizan los asentamientos, distribuyen responsabilidades económicas entre los pobladores y resuelven disputas territoriales, entre otras funciones. La estrecha vinculación del grupo de guerrilla con estas sociedades locales de reciente poblamiento en los años sesenta y setenta hizo que estas zonas fueran clasificadas como zonas “históricas” de la guerrilla y que en ellas el grupo armado se estableciera como red de poder y definiera o contribuyera con la definición de las jerarquías y preeminencias políticas locales.

Sin embargo, como ellos y ellas lo reconocen, uno de sus mayores problemas actuales es la falta de legitimidad, lo cual ha conducido a reflexionar sobre sus medios de acción violenta y a replantear sus marcos de agencia. “El problema no es el proyecto, éste sigue vigente porque las condiciones estructurales que lo generaron siguen existiendo y cada vez son mayores”. De manera no unánime se sostiene que los medios de acción violenta no han sido efectivos ni eficaces, que la guerra se ha degradado. Sin embargo, hay que utilizarlos para mostrar a los “enemigos”: el Estado, la oligarquía, el imperialismo, que siguen siendo fuertes, que no están debilitados. En este sentido, los discursos en los documentos y en las entrevistas son muy ambiguos. Desde nuestro punto de vista, la organización sigue en el movimiento pendular entre acción armada y propuesta de una salida política al conflicto.

Los hombres y las mujeres urbanos sustentan su permanencia a partir de la valoración que hacen de la lucha insurgente y de los logros obtenidos, lo cual está en estrecha relación con el mantenimiento de la utopía y los afectos hacia lo que ellos y ellas consideran “su proyecto”. En este sentido, es significativo destacar que no se hace alusión a una permanencia por motivos personales sino por aspectos y logros colectivos.

Para los militantes rurales se combinan las dos cosas: factores personales y factores colectivos. En cuanto a los primeros, están en estrecha relación con las motivaciones para ingresar, las cuales, como ya lo planteamos ampliamente, tienen que ver con la búsqueda de lugares de inclusión social y de satisfacción mínima de necesidades

básicas. Los hombres con mayor antigüedad plantearon que “el compañerismo es fundamental para su permanencia”, como también sentirse con capacidad para hacer parte de estos grupos: “esto no es una cosa para cualquiera, es una cosa en serio”. En palabras de un combatiente rural: “una vez escuché que una compañera dijo: esto no es pa’ muchos sino pa’ machos, pero lo dijo fue una mujer. Yo creo que es así, esto no es para todo el mundo, es para poca gente que pueda aguantar la disciplina, el frío, las caminatas, etc.”.