Capítulo 3. Entre la violencia política y la violencia revolucionaria: sus actores
3.2 La Violencia y la Violencia revolucionaria
El contexto en el que surge la “violencia revolucionaria” se define no sólo por las condiciones internas del país, sino también por los procesos que tenían lugar en esa época en el mundo y en América Latina.
Con relación a los procesos que acontecían a nivel internacional, es necesario recordar brevemente lo que ocurría una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos emergió con prestigio y autoridad. La guerra contribuyó a la superación de la crisis económica norteamericana e introdujo a Estados Unidos en un proceso de fortalecimiento industrial. A diferencia de Europa y Japón, Estados Unidos no había sufrido daños internos, su economía prosperaba y su industria armamentista había construido el arsenal más importante que el mundo había conocido, culminando con la bomba atómica.
La Segunda Guerra Mundial no sólo contribuyó al fortalecimiento económico y militar de Estados Unidos, sino que también le otorgó un lugar importante en la política internacional de posguerra. De esta manera, después de 1945, Estados Unidos centró su preocupación en la recuperación de Europa y Japón, lo cual era necesario para continuar de afianzar su prosperidad. El Plan Marshall69 apeló al aspecto
69El plan Marshall consistió en el programa trazado por los Estados Unidos para la reconstrucción de los países después de la Segunda Guerra Mundial. La iniciativa recibió el nombre del Secretario de Estado de los Estados Unidos George Marshall y fue diseñado principalmente por el Departamento de Estado.
humanitario y económico de la población estadounidense y ayudó a dirigir la atención especialmente hacia Europa.
Con relación a América Latina, la administración Truman (1945-1953) asumió que continuaría recibiendo el leal respaldo de los países latinoamericanos, certeza que se quebrantó por la amenaza exterior, representada en el “enfriamiento” de las relaciones con la Unión Soviética. Así, la administración Truman decidió organizar una ofensiva de Guerra Fría en América Latina, con base en dos aspectos: el primero, conseguir que los gobiernos latinoamericanos rompieran relaciones con la Unión Soviética, lo cual tuvo un éxito notable, ya que todos, con excepción de México, Argentina y Uruguay, lo hicieron. El segundo aspecto fue presionar a los gobiernos latinoamericanos para que proscribieran los partidos comunistas. El éxito de esta campaña demostró lo sensibles que seguían siendo las élites latinoamericanas a las directrices de Estados Unidos. Paralelamente, la administración Truman decidió hacer permanente la alianza militar establecida durante la guerra. Alianza que se consolidó a partir de dos momentos: el primero, con el tratado denominado Pacto de Río (1947), que definía el ataque a cualquier estado americano, desde dentro o desde fuera del hemisferio, como una agresión a todos, y demandaba medidas colectivas para rechazarlo. El segundo paso de consolidación se dio en marzo de 1948 en Bogotá, Colombia, con la creación de la Organización de Estados Americanos (OEA). Los estados miembros se comprometían a mantener una solidaridad continental (deseada e impulsada por Estados Unidos) y una no intervención total (deseada por América Latina), junto con los principios de democracia, cooperación económica, justicia social y derechos humanos.
En 1951, la administración Truman y el Congreso decidieron al unísono extender a América Latina su programa de Seguridad Militar de 1949, que en su origen se había pensado para Europa. Entre 1952 y 1954, Estados Unidos firmó pactos de ayuda a la defensa mutua con diez países latinoamericanos: Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Honduras, Nicaragua, Perú, República Dominicana y Uruguay. Los acuerdos comprendían intercambios de equipos y servicios militares, envío de materias primas
estratégicas y un compromiso de restricción de comercio con el bloque soviético. Con los acuerdos, Estados Unidos generaba dependencia significativa para las fuerzas armadas latinoamericanas, pues en posesión de equipo estadounidense, eran dependientes en la obtención de piezas, recambios y municiones.
Pese a los acuerdos y a la “ayuda” norteamericana a países de América Latina, y a las restricciones que dichos acuerdos imponían con relación a la Unión Soviética, ésta había logrado gran prestigio durante la Segunda Guerra Mundial, sustentado en que aunque había perdido mucha más población (20 millones) y soportado mucho más sufrimiento que Estados Unidos, era un pueblo con gran resistencia, capacidad organizativa y de liderazgo. Esta admiración se transfería a los partidos comunistas de algunos países de América Latina. Pese a la admiración que producía en algunos, no es posible desconocer que desde 1946 se había iniciado una línea anti-soviética en América del sur, que contribuía a fortalecer las relaciones oficiales con Estados Unidos.
La administración Truman también expresó su interés en la ayuda técnica y económica a América Latina, como réplica del Plan Marshall, prototipo de su ayuda a Europa. Sin embargo, las situaciones eran muy diferentes. El Plan Marshall, impulsado para Europa, se dirigió a naciones devastadas por la guerra, pero que seguían teniendo el ingrediente económico más importante de todos: fuerza de trabajo calificada y experimentada.
En América Latina el problema económico era diferente. Había una industria pequeña, incluso en los países con mayor desarrollo, existía escasez de mano de obra calificada y conocimientos técnicos, y a menudo se carecía de infraestructura. En correlación con esta realidad, la administración Truman propuso un programa de asistencia técnica para ayudar a los países en vías de desarrollo. Era la respuesta parcial a las quejas latinoamericanas acerca de que Estados Unidos no tenía en cuenta sus problemas económicos y concentraba su atención en Europa.
En la década del cincuenta, América Latina comenzó a producir sus propios análisis acerca de sus problemas económicos. En estos años se unió al debate una nueva voz latinoamericana: la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), organismo regional de las Naciones Unidas, creado en 1948. Sería una secretaría de técnicos, especialmente economistas, que analizarían de forma sistemática los problemas económicos de la región latinoamericana y sus países concretos. La CEPAL se instaló en Santiago de Chile, como esfuerzo deliberado por distanciarse de la atmósfera dominada por Estados Unidos en la sede central de la OEA en Washington D.C.
Entre los diversos pactos y programas para el desarrollo y las propias lecturas que se hacían desde América Latina sobre su realidad de carencia y falta de desarrollo, en 1959 se consolida la primera alternativa revolucionaria para el cambio, y Fidel Castro, que se había mostrado como un reformista demócrata contra el dictador Batista en Cuba, llega al poder y comienza a consolidar una opción de izquierda.
A comienzos de 1959, Fidel Castro propuso convenios y solicitó ayudas; así, a finales de ese mismo año, Cuba ya recibía recursos económicos desde Moscú. En un año se había dado un cambio total en las relaciones comerciales: de una fuerte dependencia comercial de los Estados Unidos, pasó a una dependencia comercial fuerte de la Unión Soviética. Desde entonces, la ayuda militar soviética comenzó a desarrollarse en Cuba.
Ante estos acontecimientos, la reacción norteamericana no se hizo esperar, y en 1961 el gobierno de John F. Kennedy intentó derrocar al naciente gobierno de Fidel Castro. El 17 de abril, en Bahía Cochinos, desembarcó a aproximadamente 1.500 exiliados, con armamento estadounidense, con la esperanza de poder contar con el apoyo de los pobladores locales, para que cruzaran la isla hasta La Habana, pero fueron interceptados por el Ejército cubano. El 19 de abril acabó la lucha, cerca de 100 de los exiliados habían muerto y el resto habían sido hechos prisioneros. El fracaso de la invasión afectó gravemente al gobierno de Kennedy. Algunos lo culparon de su fracaso por no haber proporcionado el apoyo necesario y otros por permitir que se
llevara a cabo dicho intento de invasión. Posteriormente, los capturados fueron rescatados, previo pago, por grupos privados de Estados Unidos.
El intento de desembarco en Bahía Cochinos a comienzos de 1961 podría haber resultado si el presidente J.F. Kennedy hubiera ordenado que la marina estadounidense prestara cobertura aérea, pero rehusó a hacerlo. Estados Unidos se vio humillado: primero por el fracaso de la invasión anticastrista, y segundo por la torpe cobertura utilizada para esconder su participación. El fracaso fortaleció al reciente gobierno de Fidel Castro y probó que Estados Unidos era una amenaza para la seguridad cubana. Con ello pudo aplicar duras medidas contra la oposición interna. A partir de la Revolución Cubana se propagó el temor de la penetración soviética en las Américas. Sí los soviéticos estaban dispuestos a abastecer a los cubanos, ¿cuántos otros movimientos guerrilleros latinoamericanos podrían esperar el mismo respaldo? Esa preocupación estimuló a los responsables políticos de la época de Kennedy para apresurarse a formular su programa latinoamericano contra el “incipiente comunismo”. Así se formularon planes de asistencia para el desarrollo y programas y proyectos contrainsurgentes.
Pese a la intervención norteamericana, la Revolución Cubana, liderada por el movimiento 26 de julio, que conduce al derrocamiento del régimen dictatorial de Fulgencio Batista el 1.o de enero de 1959, se consolida. La caída de Batista trajo consigo la formación de un gobierno revolucionario, liderado inicialmente por Manuel Urrutia Lleó como presidente y José Miró Cardona como primer ministro, quienes poco después serían sustituidos por Fidel Castro, quien avanzaba progresivamente hacia una explícita orientación comunista, la única presente en América.
La Revolución Cubana se convierte de este modo en un hito que durante los años sesenta llegó a influir de manera significativa en los movimientos de “liberación nacional” presentes en los países de América Latina. “El Castrismo” marca una ruptura frente a las concepciones clásicas de los partidos comunistas, “quienes
concebían que los procesos revolucionarios requerían la presencia de un partido como fuerza dirigente de los mismos y, eventualmente, un aparato militar, un ejército revolucionario dependiente del partido” (Vargas, 2006: 100). Por el contrario, para éste bastaba con organizaciones político-militares capaces de generar procesos revolucionarios para lograr el “triunfo” mientras criticaba la falta de acciones directas por parte de los partidos comunistas.
El triunfo de la Revolución Cubana y los fundamentos del Castrismo inspiraron y fomentaron una serie de expectativas revolucionarias en los jóvenes rebeldes, quienes llegaron a considerar potenciales procesos y triunfos similares en otros países latinoamericanos y del denominado Tercer Mundo. “Por su parte, los Estados Unidos y los gobernantes latinoamericanos vieron la necesidad de dar una respuesta global a la amenaza de la expansión comunista” (Idem: 100). Respuesta que se concretará, principalmente, en dos estrategias: por un lado, aquella orientada a combinar seguridad y desarrollo, mediante el programa “Alianza para el progreso”, y por el otro, estrategias de contrainsurgencia.70
70 La Alianza para el progreso (en inglés: Alliance for Progress) es un programa de ayuda económica y social de Estados Unidos para América Latina efectuado entre 1961 y 1970. Su origen está en la propuesta oficial del presidente John F. Kennedy, en su discurso del 13 de marzo de 1961 en una recepción en la Casa Blanca para los embajadores latinoamericanos.
La Alianza para el progreso duraría diez años. Se proyectó una inversión de 20.000 millones de dólares. Sus fuentes serían los Estados Unidos por medio de sus agencias de ayuda, las agencias financieras multilaterales (BID y otros) y el sector privado, canalizados a través de la Fundación Panamericana de Desarrollo.
El programa se desarrolló en los siguientes gobiernos: Rómulo Betancourt (Venezuela 1959-1964), Janio Quadros (Brasil 1961), Arturo Frondizi (Argentina 1958-1962), Fernando Belaunde Terry (Perú 1963-1968), Eduardo Frei Montalva (Chile 1964-1970), Alberto Lleras Camargo (Colombia 1958-1962) y Carlos Lleras Restrepo (Colombia 1966-1970). Las principales medidas eran: una reforma agraria que buscaba mejorar la productividad agrícola, libre comercio entre los países latinoamericanos, modernización de la infraestructura de comunicaciones, reforma de los sistemas de impuestos, acceso a la vivienda, mejora en las condiciones sanitarias para elevar la expectativa de vida, mejora en el acceso a la educación, y erradicación del analfabetismo, precios estables y control de la inflación, y cooperación monetaria. Para mayor profundidad ver: Agudelo Villa, Hernando (1966), La revolución del desarrollo. Origen y evolución de la Alianza para el
Progreso, México, Editorial Roble.
En cuanto a la estrategia contrainsurgente, el sacerdote jesuita Javier Giraldo, citando diversos documentos, la describe de la siguiente manera: “la directriz fue trazada en un suplemento secreto al informe sobre la visita a Colombia realizada por el General Yarborough, Director del Centro de Investigaciones de la Escuela de Guerra Especial de Fort Gragg (Carolina del Norte) del Ejército de los Estados Unidos en febrero de 1962.La directriz pide seleccionar personal civil y militar con miras a un entrenamiento clandestino en operaciones de represión […] con miras a desarrollar una estructura cívico militar […] que se usaría para presionar cambios sabidos, necesarios para poner en marcha funciones de contra-agentes y contra propaganda y, en la medida en que se necesite, impulsar sabotajes y/o actividades terroristas paramilitares contra los partidarios conocidos del comunismo” (2003: 42-43). El mismo autor plantea que esta directriz fue legalizada en la normatividad colombiana, y a su vez señala que estos grupos se denominaron “grupos de autodefensas”, que deben combatir al enemigo que se encuentra entre la población civil. En 1987 esta estrategia continúa. En otro manual citado
Es en este acontecer de procesos, que en ocasiones se vinculan entre sí y en otras tantas presentan rupturas, surgen las organizaciones guerrilleras de “primera generación” que se mantienen hasta hoy71 (a excepción del Ejército Popular de
Liberación, EPL): a) las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Según Pizarro Leongómez (2004), tienen un origen remoto en los grupos de autodefensa campesina que, a fines de la década de los cuarenta, fueron impulsados por el partido comunista en respuesta a la “brutalidad oficial” registrada durante el periodo de la Violencia72. b) El Ejército de Liberación Nacional (ELN), organización que surge el 4 de julio de 1964, como el segundo grupo de las llamadas organizaciones de primera generación, c) el Ejército Popular de Liberación (EPL). Es fundado en 1965 e inicia acciones militares en 1968, principalmente en las regiones de Antioquia, Urabá, Bajo Cauca, Córdoba, Sucre y Magdalena Medio. Originariamente toma su fundamento ideológico del maoísmo, pero en 1975 el EPL cambia hacia el
por el sacerdote Giraldo se afirma que “dos grandes grupos se pueden distinguir dentro de la población civil: población civil insurgente y grupos armados. Este manual clasifica los paros, las huelgas, las organizaciones estudiantiles, el movimiento sindical y otras formas de organización popular como maneras en que se manifiesta la guerra revolucionaria en el país” (Idem: 45) Continuando con las palabras de Giraldo, queda fuera de toda duda que desde antes que nacieran los actuales grupos guerrilleros, el Estado colombiano ya había adoptado una estrategia de guerra contra-insurgente que incorporaba como pieza clave las estructuras paramilitares de la población civil como parte de la fuerza de combate, que enfocaba la población civil como principal blanco enemigo, apoyándose en las doctrinas norteamericanas de la seguridad nacional, según la cual, el enemigo que había que erradicar era un enemigo ideológico, una manera de pensar, con la cual simpatizaban naturalmente las capas empobrecidas de la sociedad. Ver: Giraldo, Javier S.J. (2003), Guerra o Democracia. Bogotá. Colección el Pez en la Red. Fica.
71 Llegados aquí en el recuento del proceso histórico es importante plantear que en la historiografía de los procesos de conflicto y violencia en Colombia hay dos vertientes para ubicar el origen del actual conflicto: una perspectiva plantea que sus orígenes están en La Violencia de mediados de los cuarenta. Siendo así, éste sería el conflicto más antiguo del mundo. La otra vertiente ubica el surgimiento del actual conflicto como efecto de la Revolución Cubana, y se plantea que en esta época es en la que surgen las denominadas “guerrillas de primera generación”: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –FARC–, Ejército de Liberación Nacional –ELN– y el Ejército Popular de Liberación –EPL- Si se asume esta segunda perspectiva, solamente dos conflictos superarían en antigüedad al conflicto colombiano: la guerra entre Israel y Palestina y la disputa por la región musulmana de Cachemira entre India y Pakistán. Nosotros nos acogemos al planteamiento de distintos analistas colombianos (Pizarro, 2006; Vargas, 2006) para quienes las organizaciones insurgentes en Colombia han estado presentes en ambos periodos. En el primero, de manera marginal y localizadas en ciertas regiones, y en el segundo de manera más central y con presencia en todo el territorio nacional. Insistimos en que hay diferencias en el tipo de conflicto entre un periodo y otro. Ver: Pizarro Leongómez, Eduardo (2006), “Las FARC: ¿repliegue estratégico, debilitamiento o punto de inflexión?”, en: Nuestra Guerra Sin Nombre.
Transformaciones del conflicto en Colombia. Bogotá, Editorial Norma.
72 En el libro de Arturo Alape (1994), Tiro fijo: los sueños y las montañas, Manuel Marulanda relata de qué manera a inicios de la década del sesenta hacía parte de una organización de autodefensa campesina, constituida por no más de 40 hombres que tomaron las armas para defender sus tierras, en lo que se denominó “La república independiente de Marquetalia”, y el gobierno de la época los atacó por tierra y aire. Ahí comprendió que la única posibilidad de resistir era la lucha armada.
estalinismo. En 1980 este grupo guerrillero participó en procesos de diálogo y negociación con el gobierno de Belisario Betancourt, periodo en el que es asesinado su comandante Ernesto Rojas. Si bien en la actualidad se considera que algunos sectores permanecen activos, la organización como tal oficialmente se da por extinguida73.
Los actores colectivos de la violencia revolucionaria no se agotan en los grupos de primera generación, cuyo surgimiento sucede en la década del sesenta. En la década del setenta aparecen los grupos de segunda generación: Movimiento 19 de abril (M- 19), Quintín Lame, Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), con inspiración ideológica diferente a los de primera generación; y en la década del noventa aparecen los de tercera generación, considerados grupos conformados a partir de los reductos disidentes de los grupos de segunda generación; el más destacado fue el Jaime Bateman Cayón, que nace de un pequeño grupo de disidentes del M-19. En el siguiente cuadro describimos a estos actores:
Tabla No 2. Actores colectivos político-insurgentes del conflicto colombiano
Generación Grupo
Insurgente Fecha de inicio Características
1ª Generación FARC
27 mayo de 1964 -Es el mayor grupo guerrillero del país tanto en número de militantes que lo componen, como en número de frentes.
- Su nacimiento se remonta a la creación de las autodefensas campesinas.
-Está vinculado con el Partido Comunista Colombiano. -La esencia de su táctica política es la combinación de todas las formas de lucha.
-Es de ideología marxista-leninista.
-Nace en zonas rurales con militancia netamente campesina. 1ª Generación ELN 4 de julio de 1964. Apareció públicamente el 7 de enero 1965
-Es el segundo grupo guerrillero más grande del país. -Surge como una repercusión nacional de la Revolución Cubana.
-Se configura con base en remanentes de la guerrilla liberal y sectores radicales del movimiento estudiantil y sindical.
-Es de ideología marxista-leninista.
-Nace en zonas rurales con militancia diversa:
73 En este apartado no haremos ninguna otra referencia al EPL, porque no es nuestro objetivo y porque no es un grupo con posicionamiento importante en el actual conflicto colombiano.
estudiantes, campesinos e intelectuales. 1ª Generación EPL Fundado en 1965 e inicia acciones militares en 1968. Se desmoviliza en 1991, en el gobierno de César Gaviria
-Fue el brazo armado del Partido Comunista (marxista- leninista).
-Surge bajo el influjo del conflicto chino/soviético. - Se caracterizó por ser uno de los grupos más ortodoxos en los comienzos de su acción política militar.
-Es de influjo maoísta.
-Nace en zonas rurales con militancia campesina.
2ª Generación M-19 Surge el 17 de enero de 1974 y se desmoviliza el 8 de marzo de 1990; funda el movimiento político Alianza Democrática M- 19
- Es el primer grupo de la segunda generación que