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Capítulo 6. Hombres y mujeres entre el compromiso y la huída

6.1 Motivaciones de hombres y mujeres para hacer parte de un actor colectivo

6.1.4 Represión, violencia institucional y no institucional

La participación en redes sociales, en procesos organizativos, no implica por sí misma que todos los que participaron y participan de dichos procesos necesariamente vayan a terminar en organizaciones político-militares como la que nos ocupa. Consideramos que, aunado a ello, deben confluir otros factores contextuales y de experiencias de los sujetos (hombres y mujeres). Estos espacios pueden ser importantes para la participación y la socialización política, pero no se pueden considerar necesarios para el ingreso en acciones insurgentes, sino que también pueden llevar a otros tipos de acciones colectivas, o no trascender mucho. En este sentido, merece explicar cuáles son los “espacios de intermediación” para que hombres y mujeres que participan de esos procesos pasen a conformar organizaciones radicales.

En ese orden de ideas, exploraremos tres vías de explicación: la primera está relacionada con la “criminalización de la protesta” y con la violencia política en el contexto colombiano; la segunda, con las ideologías políticas y con la represión del Estado; y la tercera, con experiencias personales de los militantes.

En cuanto a la criminalización de la protesta, históricamente en Colombia se ha asumido que las protestas, las manifestaciones y otro tipo de acciones colectivas deben ser rechazadas, porque interfieren con el normal desarrollo de la sociedad y cuestionan la institucionalidad, además son portadoras de ideologías de izquierda que atentan contra la democracia156. De esta manera, tanto la protesta en sí misma, como

lo que fueron las vacaciones recreativas y era nosotros la gente uniformada, la gente organizando toda la parte cultural y recreativa con la misma gente. A los elenos eso les daba risa y decían vea éstos si son muy bobos y se burlaban de nosotros, nosotros hacíamos jornadas culturales grandísimas en el coliseo e hicimos jornadas culturales y deportivas como en una semana donde gente de nosotros que sabe mucho de deporte organizó torneos, campeonatos, el grupo de los elenos y grupos de la gente, en partido de básquetbol con la gente, de microfútbol, bueno todos los deportes que podían haber, pero éramos nosotros jugando con la gente, despojados del uniforme, despojados de las botas, era jugando con la gente; y que vamos a hacer una jornada cultural, bueno entonces estaba lo cultural que teníamos acá gente que escribe poesía, recita, mujeres indígenas que cantan hermosísimo, gente de teatro, grupos de danza que organizamos entre nosotros y compartir eso con la gente, entonces nosotros éramos ahí rodeados construyendo con la gente y los compañeros mirándonos y no entendían la lógica nuestra. Organizamos hasta baile, por ejemplo, entonces que las cosas de baile y ya los elenos ahí bailando con la gente, entonces poder reconocer esa relación pueblo-guerrilla donde uno sentía que no era una relación de miedo, sino que era una relación de reconocimiento”. [ACGMO3C3, líneas 1.490-1.565]. 156 El acto legislativo N.o 6 de 1954 declara prohibida la actividad política del comunismo nacional, ley que sirvió para perseguir todo tipo de organización y protesta e incluso cualquier intento de oposición democrática al gobierno de turno, poniéndole la etiqueta de comunista e ilegalizándola en consecuencia (Giraldo, 2003: 27).

quienes participan en ella, han sido criminalizados y paralelamente valorados como desviados.

Los gobiernos han considerado que cualquier forma de manifestación social que cuestione o proteste en su contra tiene carácter subversivo (incluso antes de que los grupos insurgentes hicieran presencia en el territorio nacional, como ya lo mencionamos en otro apartado de este mismo trabajo). Por tanto, es frecuente la persecución, el encarcelamiento, y en algunos casos las ejecuciones extrajudiciales de dirigentes sociales, sindicales, líderes de organizaciones sociales, líderes estudiantiles, e incluso comunidades de paz, entre otros157. No es el objetivo de este trabajo hacer un

amplio debate al respecto y no porque deje de ser relevante, sino porque el tema de este capítulo es otro. Sólo queremos aludir a un hecho persistente en la realidad colombiana158, a “un clima” que influye para que emerjan las motivaciones individuales para unirse a la clandestinidad.

157 Como ejemplo, ver la página de la comunidad de Paz de Apartadó: http:/www.cdpsanjose.org/: Cronología de la agresión a la comunidad de Paz de San José de Apartadó. El sacerdote jesuita Javier Giraldo plantea al respecto: “[...] Empresarios, bananeros, ganaderos y narcotraficantes, con la aprobación tácita de la fuerza pública, decidieron recurrir durante estos años no sólo al asesinato de líderes populares sino también a la estrategia atroz de los asesinatos colectivos para intimidar a la movilización popular mediante el terror y destruir los nexos entre la población y la guerrilla [...]. Entre 1988 y 1990 se calcula que fueron asesinadas cerca de 400 personas por motivos políticos, entre obreros, líderes sindicales y políticos” (Cfr. informe Colombia: Violencia y Democracia, de la Comisión de Estudios sobre la Violencia, creada en enero de 1987 por el Ministro de Gobierno, Centro Editorial Universidad Nacional de Colombia, 1987, p. 49).

Estas circunstancias explican que una comunidad campesina como la de San José de Apartadó, inserta en esa zona bananera, sintiera simpatías hacia los movimientos cívicos, sindicales y políticos que se desarrollaban en la zona, y que algunos de sus jóvenes ingresaran también a las filas de la guerrilla. Consta la simpatía de muchos pobladores de San José por el partido legal Unión Patriótica, así como por iniciativas que significaban algún grado de emancipación del campesinado, como las cooperativas agrarias.

Todo esto puso a esa comunidad en la mira del bloque en el poder, que trataba de aniquilar militarmente las disidencias sociales o políticas. “El ensañamiento contra su población fue tal, que en 1996 se produjo un éxodo desde San José hasta Apartadó, en protesta por la represión. Una comisión enviada por el gobierno central tuvo que negociar el retorno en el Coliseo de Apartadó, donde se habían concentrado los desplazados, pero una vez retornados los campesinos a sus parcelas, todos los líderes de la protesta fueron asesinados. Los últimos lo fueron en la masacre del 6 de septiembre de 1996, perpetrada por supuestos “paramilitares” mientras tropas del Ejército observaban la matanza pasivamente a corta distancia” (www.javiergiraldo.org/spip.php?article62) 158 Las ejecuciones y asesinatos de dirigentes y activistas sociales no sólo se han ejercido por fuerzas estatales, sino por el paramilitarismo, que aunque actualmente tiene mucho auge en la realidad colombiana, no es un fenómeno nuevo, por el contrario, también emergió acompañado de la institucionalidad antes de que surgieran las guerrillas, como también lo ilustramos en otro lugar de este mismo trabajo.

La atmósfera de criminalización159 de la protesta tiene influencia especial en aquellos militantes entrevistados (hombres y mujeres), especialmente los urbanos, que comienzan a interesarse en actividades políticas que no se enmarcan dentro de la participación política convencional, y que además comparten “ideologías de izquierda”. En la medida en que hay mayor participación en grupos y organizaciones también hay mayor exposición a la represión del Estado y a la violencia paramilitar, lo cual genera miedo y la sensación de que la participación política desde lugares no convencionales no es posible y que, por tanto, es necesario optar por la vía armada. Generalmente, quienes deciden ingresar a estas organizaciones han tenido experiencias personales que acentúan la sensación de estar en un laberinto donde la única posibilidad de salida es la clandestinidad. Hombres y mujeres expresan haber tenido experiencias de represión e injusticia relacionadas con familiares, amigos o parientes cercanos, como detenciones, desapariciones o actos de violencia por parte de agentes del Estado160, que también influyeron para tomar la decisión de ingresar a las filas insurgentes161.

La represión violenta del Estado estimula el sentido de una “injusticia absoluta” (Manconi, 1988, en Della Porta, 1998: 229), lo cual lleva a concebir al Estado como un “enemigo imperioso” al que hay que combatir, no sólo a través del “trabajo político”, sino que es “necesario pasar a la acción”. Cuando se refieren a la acción, no aluden sólo al ejercicio de la violencia (toma de poblaciones, hostigamiento y ataques

159 “En muchos países se ha criminalizado a la oposición. Además en países como Argentina e Italia muchas personas creían que los aparatos del Estado estaban implicados en la protección de la derecha radical y, por consiguiente, inmersos en una guerra sucia en contra de la oposición política de izquierda” Della Porta (1998: 228).

160 “me llamó la atención para entrar a la guerrilla la represión del Estado contra las marchas de los estudiantes, de los campesinos, por eso entré a la guerrilla, para poder actuar contra ellos” [ACGH14, líneas 670-673]. 161 En las entrevistas realizadas fue reiterativo en los militantes urbanos, hombres y mujeres jóvenes, plantear que se habían visto enfrentados a vivir realidades que impactaron sus vidas, tales como la desaparición y exterminación de personas pertenecientes al partido político Unión Patriótica (UP). Los mayores (de 50 años o más), hombres y mujeres que llevan una militancia mayor de 20 años, relatan haber crecido durante el tiempo de la llamada Violencia política, o haber padecido las historias o vivencias de ese período.

Las acciones de violencia por parte de agentes del Estado (Ejército), o en asocio con agentes paraestatales, como los paramilitares, lleva a una deslegitimación del mismo, lo cual influye para que sea percibido como un enemigo injusto, que utilizaba y utiliza la represión brutal, y al que, por tanto, hay que combatir con su misma forma de acción: la violencia.

a la fuerza pública), sino a otro tipo de acciones, como el trabajo con sectores desfavorecidos o con población vulnerable (trabajo de masas), para así contribuir a la construcción de una conciencia colectiva.

Finalmente, debemos referirnos al “círculo vicioso” que se establece entre la acción violenta de las organizaciones insurgentes y la acción violenta de actores políticos institucionales. En Colombia, la violencia ejercida por actores políticos institucionales y por las fuerzas coercitivas del Estado genera un sentimiento de legitimidad para la participación en grupos insurgentes y la utilización de medios violentos. En los discursos de estos grupos hay una continua alusión a que es mayor la violencia estructural y la violencia ejercida por los agentes del Estado asociados con los grupos paraestatales, que la violencia ejercida por los grupos insurgentes.

Aunque hay un reconocimiento claro a la violencia ejercida por agentes del Estado y el resentimiento e ilegitimidad que ésta genera, también fue contundente en los entrevistados revelar que su ingreso a la insurgencia no había ocurrido por represalias. En las entrevistas realizadas no se encontró este tipo de motivación explícita.

“… el hecho de pertenecer en este caso a las insurgencias no es un problema de retaliaciones; ahora, otra cosa es cierta, es que en muchas zonas que han sido literalmente amenazadas y arremetidas por las masacres mucha gente igualmente decide incluirse en la insurgencia y eso podría traer ese tipo motivos, pero el proyecto político tiene que ver es con una lógica que es más estructural, por llamarlo de alguna manera, pero no tenemos por ejemplo el mismo discurso de Castaño162 que porque mataron a mi papá entonces decido montar esto, sino que ha sido una cosa más de pensarse el modelo de sociedad”. [ACGHO1C2, líneas 563-584].

En síntesis, las motivaciones de hombres y mujeres para ingresar a las organizaciones político-militares tienen puntos de encuentro entre los militantes urbanos (hombres y

162 Carlos Castaño Gil consolidó y conformó las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), una alianza de grupos paramilitares que tenían por objetivo derrotar a las guerrillas colombianas como las FARC y el ELN, y que estaba fuertemente ligada al tráfico de drogas.

Desde los 16 años, Carlos Castaño ingresó a grupos de autodefensas junto con su hermano Fidel, quien era un narcotraficante y terrateniente que en la década de 1970 había conformado un grupo armado ilegal para defender su actividad económica de las guerrillas que por décadas habían mantenido una importante presencia en el país. En 1979, el padre de los Castaño, Jesús Antonio Castaño González, es secuestrado en su finca de Antioquia por el 4.o frente de las FARC. Fidel Castaño paga un rescate de 10 millones de pesos pero su padre muere víctima de un infarto antes de que se produzca su liberación; desde entonces, Fidel y Carlos alimentaron la idea de vengar la muerte de su padre.

mujeres) y significativas diferencias entre los combatientes y militantes rurales (hombres y mujeres). En este sentido podemos establecer algunas diferencias por género, pero fundamentalmente los contrastes están relacionados con el ámbito de actuación, sea éste urbano o rural. En el siguiente cuadro resumimos lo concerniente a las motivaciones, no sólo las explicadas en este apartado, sino en otros en los que las dejamos enunciadas porque su análisis no era pertinente en ese momento.

Es importante resaltar que entre hombres y mujeres militantes urbanos se establecen diferencias con relación a experiencias personales y cambios en la estructura organizativa del movimiento insurgente. Por otro lado, ninguna de las mujeres entrevistadas (rurales y urbanas) ingresó al ELN por relaciones afectivas con algún miembro de la organización. En algunos casos en los que manifestaron haber tenido relaciones afectivas, éstas surgieron posteriormente a su ingreso.

Tabla No 4 Motivaciones de hombres y mujeres para ingresar al ELN Factores de motivación Hombres militantes urbanos Mujeres militantes urbanas Hombres militantes y combatientes rurales Mujeres militantes y combatientes rurales Factores Políticos Represión del Estado y violencia institucional. Necesidad de cambio social y político Motivación significativa Motivación significativa Influyente, más no significativo en las motivaciones No influyente Factores estructurales Exclusión social, política, económica y cultural Motivación significativa Motivación significativa Motivación significativa Motivación significativa Factores familiares Violencia intrafamiliar, abuso sexual, abandono por condición de género.

No influyente No influyente Motivación significativa

Motivación significativa