Capítulo 6. Hombres y mujeres entre el compromiso y la huída
6.1 Motivaciones de hombres y mujeres para hacer parte de un actor colectivo
6.1.3 Redes sociales, organizaciones formales e informales
Se ha demostrado ampliamente que las redes sociales y la participación en organizaciones formales e informales desempeñan un papel fundamental en la socialización política. Los estudios empíricos han indicado que el reclutamiento de los movimientos sociales se produce en redes sociales densas (Zald y Ash, 1966;
150 “Tradicionalmente las FARC han sido caracterizadas como una guerrilla rural. Según Eduardo Pizarro todos los grupos guerrilleros colombianos, a excepción de las FARC, fueron formados y dirigidos por intelectuales urbanos, estudiantes, profesores y elites políticas marginales provenientes de la clase media”.
Klandermans, 1984), lo cual sucede de manera semejante en las organizaciones radicales, como lo comprobaron Della Porta (1995), en Italia y Alemania, y Kampwirth (2007), en su investigación sobre la participación de mujeres en movimientos guerrilleros en Nicaragua, El Salvador, Chiapas y Cuba151.
En esta misma dirección encontramos que la participación en diversas organizaciones formales e informales fue una clave importante para el ingreso al Ejército de Liberación Nacional. Un número significativo de hombres y mujeres entrevistados participaron previamente en procesos organizativos, y fue a través de éstos que empezaron a acercarse al movimiento insurgente.
Pese a la anterior afirmación, no podemos hacer generalizaciones, y nuevamente se nos presentan diferencias y semejanzas entre el ámbito urbano y el rural. Con relación a lo urbano, los hombres generalmente habían pertenecido a grupos estudiantiles en los colegios o en la universidad donde estudiaron o estudian. Fue en esos grupos donde empezaron a conocer a personas del movimiento insurgente. También encontramos que habían formado parte de sindicatos, de grupos comunitarios, entre otros. Encontraron en esos grupos fuertes lazos de amistad y, además, espacios de discusión sobre la realidad nacional, que les permitían exponer sus ideas y a su vez aprender de otros. Valoraron positivamente esos aspectos para su “compromiso político”.
Las mujeres urbanas, a su vez, formaron parte de ciertos procesos organizativos, como grupos de estudiantes, grupos eclesiales, entre otras formas y tipos de organización; por ejemplo, las Juventudes Obreras Cristianas (JOC). La labor eclesial consistía en alfabetizar a niños de sectores marginales de algunas ciudades colombianas, tarea que tenía acompañamiento de sacerdotes. En algunos casos, por inquietud propia, después pasaron a otras organizaciones que se ocupaban especialmente de trabajo con
151 En la investigación referida se plantea que las mujeres formaron organizaciones que no tenían nada de radicales y tampoco eran feministas. Las primeras organizaciones incluían una variedad de cooperativas populares, como cocinas, guarderías, clínicas, programas de alfabetización, asociaciones para el mejoramiento de los vecindarios. Pero para muchas mujeres éste fue sólo el principio, y su activismo pudo haber terminado ahí. Sin embargo, no fue así debido al autoritarismo y la arbitrariedad de las dictaduras (Kampwirth, 2007: 23).
derechos humanos y que tenían vínculos con organizaciones eclesiales152. Es a través de estos procesos que conocieron más acerca de la realidad del país y tuvieron oportunidad de relacionarse con otros y otras que trabajaban por procesos de cambio. A su vez, la pertenencia a estas organizaciones también les permitió crear y afianzar lazos de amistad y solidaridad, no sólo con quienes hacían parte de las organizaciones, sino también con otros grupos de mujeres y de organizaciones. En este sentido es importante señalar que algunas mujeres militantes urbanas que llegaron al Ejército de Liberación Nacional siendo adultas mayores lo hicieron a través de esta vía153.
En la misma dirección, las mujeres adultas mayores, militantes urbanas, también pertenecieron a sindicatos, y manifiestan que la vinculación a estas organizaciones les permitió entender la necesidad de “luchar” para que las condiciones de injusticia y miseria cambiaran. En estrecho vínculo encontramos la existencia de ideologías políticas como razón fundamental para ingresar a los grupos insurgentes. Las mujeres (especialmente las urbanas) manifestaron que su ingreso se debió a la necesidad de luchar en contra de la exclusión política, económica, social, y por las prácticas represoras y violentas del Estado colombiano154.
Hombres y mujeres urbanos, a partir de su participación en grupos y organizaciones, comienzan a conocer sobre los grupos insurgentes a través de personas que también hacían parte de las organizaciones formales e informales y con quienes tenían fuertes lazos de amistad. De esta manera se entrecruzan los lazos de afecto y las actividades políticas. Estas relaciones se pueden entrever en algunas entrevistas; en palabras de una mujer adulta mayor militante:
152 Es importante señalar que ninguna de las mujeres entrevistadas (jóvenes o adultas mayores, militantes urbanas) plantearon tener algún tipo de participación previa en organizaciones feministas u organizaciones de mujeres.
153 Una característica de la participación de las mujeres en este tipo de organizaciones en los diversos lugares del mundo donde han existido y existen: en América Latina (Colombia, Nicaragua, El Salvador, Chiapas) o en otros lugares del mundo (Irán, Irak, Indonesia, Burundi, Kurdistán, entre otros) es que su vinculación se da cuando son muy jóvenes. En el actor de referencia hay mujeres que se han vinculado siendo adultas mayores, han llegado a la organización después de haber sido madres y haber criado a sus hijos.
154 Resultados semejantes plantea Mazurana para la participación de mujeres en grupos armados en Guatemala, India, Irán, Iraq, Kosovo, Sudan y Turquía (2004: 31).
Entré muy joven a trabajar; entonces pues como te digo empiezo a entender toda la situación y pues participaba a nivel sindical en las asambleas que se hacían, bueno en todo, yo era activista, muy activista, yo era muy activa a nivel sindical, aunque yo no era dirigente, a mí nunca me gustó ser dirigente pero sí participaba, estaba pendiente de todas las tareas, las ayudaba a organizar, iba a los eventos; entonces es en los eventos en donde yo comienzo a diferenciar las diferentes posiciones que se mueven en la izquierda, ya en los discursos, todo eso; entonces, yo me identifico más con los discursos del ELN y además también se repartía propaganda, entonces allá llegaba la propaganda y yo también la leía, pero cuando yo leía en los inicios la propaganda, yo ni siquiera sabía que eso era prohibido. Como anécdota te cuento que yo me iba leyendo esos documentos en el bus [ACGO5MC1, líneas 638-660].
Otras investigaciones con organizaciones radicales han demostrado que la participación en redes interpersonales adquiere importancia en las fases de implicación en grupos insurgentes (Della Porta, 1995; Kampwirth, 2007).
En la continua y obligada diferenciación entre lo urbano y lo rural, sustentamos que para los militantes rurales la situación es significativamente diferente. Es difícil plantear que existen organizaciones formales e informales, en el mismo sentido que lo hemos hecho para los militantes urbanos, porque éstas no se evidencian de igual manera en el ámbito rural.
La participación en procesos organizativos a los cuales aludieron los y las militantes rurales, en la gran mayoría de casos, había sido generada o inducida por la organización insurgente. Desde nuestro punto de vista, diríamos que dichos procesos tienen, entre otras, dos funciones específicas: la socialización política de la organización y la generación de tejido solidario.
En esos procesos se presentó una alta participación femenina. Son las mujeres las que con mayor frecuencia y en mayor número participan de las reuniones y los “grupos de estudio”. Sin embargo, de acuerdo con las cifras aportadas por los entrevistados, el ingreso de hombres y mujeres en el área rural es muy semejante. El contacto de hombres y mujeres con los grupos insurgentes en las zonas rurales se da de manera directa, especialmente porque éstos se encuentran en las regiones, en ocasiones ejerciendo funciones de control de la población, de resolución de conflictos o en procesos organizativos y culturales155.
155 “Nosotros no sólo somos armas, entre nosotros hay gente con muchas posibilidades. En ese sentido pensamos cómo ponemos toda esa potencialidad en función de la gente, decidimos trabajar con la parroquia en