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Otros intérpretes, admitiendo que se trata de una potencia que

CAPITULO VI. LOS DOS ENTENDIMIENTOS: AGENTE Y POSIBLE III EL ENTENDIMIENTO POTENCIAL Y PASIVO

9. Otros intérpretes, admitiendo que se trata de una potencia que

está en un sujeto, dicen ser éste algo corporal [218].

Mas semejante afirmación es contraria a los más evidentes

principios doctrinales de Aristóteles (contenidos especialmente en el C. I V d e este libro 111 De Anima). Por de pronto hemos dejado asentada su doctrina de la inmaterialidad perfecta como raíz de la inteligencia. Por otra parte, la inteligencia es una facultad, no es algo

que entiende, sino algo por lo que la substancia entiende [219], hace

entender a la substancia o alma, de quien es propiedad. Por

consiguiente, si de acuerdo a estos intérpretes su sujeto substancial no fuese el alma espiritual, sino el cuerpo, tendríamos que la materia

pensaría por la inteligencia, contra las más claras afirmaciones de Aristóteles de que la materia es precisamente el impedimento de la inteligencia e inteligibilidad y de que por la inmaterialidad perfecta se obtiene el conocimiento de la inteligencia, según dejamos

expuesto ampliamente más arriba (c. III, n. 7 y sgs.). Fuera de que ni la misma inteligencia, precisivamente considerada, como pura

facultad, podría seguir siendo espiritual, pues como propiedad o modificación accidental de un cuerpo, también ella sería material. 10. Sin embargo y pese a su doctrina de la inmaterialidad de la

inteligencia, parecería a primera vista -y así lo han creído algunos de sus expositores- que Aristóteles otorga constitución material y

corruptible a esta inteligencia potencial y, consiguientemente, a su principio substancial -al alma humana- de quien es propiedad, en oposición al entendimiento agente. "Sólo cuando está separado [el entendimien to agente] es solamente lo que realmente es, y esto sólo es inmortal y eterno. Pero no tenemos entonces memoria porque esto [que así sobrevive], es impasible; el entendimiento pasible (patetikos nous), por el contrario, está sujeto a la muerte y

sin él nada entiende" [220]. Este célebre y obscuro texto, que tanta

tinta ha hecho correr y sobre el que habremos de volver después a propósito del entendimiento agente, afirma prima facie la corrupción y, consiguientemente, la materialidad del entendimiento potencial, pues sólo lo compuesto de materia y forma es pasible y corruptible. Apoyándose en él, Trendelemburg, Kampe y otros, admiten dos entendimientos: uno orgánico y corruptible (nous dinamei kai nous patetikos) -que sería una facultad sensitiva, de la que Aristóteles se ocupa en el c. IV del libro III De Anima-, y otro espiritual, propio de la naturaleza humana, con el cual entendemos y del que el Filósofo trata en el c. V del mismo libro.

Para Averroes este entendimiento propio del hombre, el nous patetikos o pasible, es mortal, en oposición a los otros dos

entendimientos, potencial y agente (nous dinamei nous poietikos), de que habla Aristóteles en la primera parte de este capítulo V del libro III De Anima, ambos espirituales e impersonales, distintos del hombre y entre sí. Además este entendimiento es llamado potencial y se dice que para entender necesita de la acción del entendimiento

agente en acto [221]. Podría parecer que se trata de un

entendimiento o facultad material, desde que la potencia está en razón de la materia. En confirmación de estas interpretaciones se puede añadir el silencio absoluto de Aristóteles de la vida inmortal personal. ¿Cómo es posible que no se haya referido a ella,

especialmente aquí en su tratado De Anima al referirse a la espiritualidad, y en el de su Etica a Nicó maco al tratar de la

felicidad, sanción, etc., las cuales parecería no derivarlas sino de la vida terrena, sin acentuarlas mucho por lo demás? Por las razones apuntadas estas teorías no dejan de tener, históricamente hablando, su probabilidad y no es inverosímil reflejen el pensamiento auténtico de Aristóteles. Sin, embargo, ni son las únicas probables y en todo caso están contra el propio pensamiento aristotélico. De ser

admitidas, semejantes interpretaciones o han de conceder que Aristóteles se ha contradicho -lo cual, tratándose de un filósofo de su talla y de una lógica proverbial en sus razonamientos, aunque posible, es poco menos que inadmisible y menos si hay otra

interpretación que lo evite, o han de acudir a exégesis caprichosas, arbitrarias, abstraídas de todo fundamento real, cuando no opuestas también ellas al sentido obvio y natural- como acontece con lo de Trendelembug y de Kampe,cuando sostienen que el entendimiento del c. IV del libro III De Anima es una facultad sensitiva, o con la de Averroes, de que el entendimiento con el que entendemos no es nuestro (Cfr. el párrafo siguiente).

Por eso, si cabe otra interpretación que sin deformar el texto

concuerde con el corpus doctrinal aristotélico, hemos de decidirnos por ella.

Ahora bien, tal interpretación existe y veremos más adelante que es la de S. Tomás y muchos otros (Cfr. parte V de este capítulo). Según ella, nos encontramos no frente a dos sino frente a tres

entendimientos de que habla Aristóteles: el nous dinamei o potencial, que llega a entender gracias a la iluminación de un segundo entendimiento: el nous poietikos o agente, y luego este otro nous patetikos o pasible, mortal, "sin el cual nada

entiende" [222].

Hemos expuesto antes (n. I y II de este cap.) que la iluminación del entendimiento agente no se verifica directamente sobre el

entendimiento sino sobre el objeto, por la abstración de sus notas materiales con que existen las imagenes de la fantasia, las:cuales, impedian :su inteligibilidad en acto. El entendimiento está en- potencia en cuanto no está en posesión de su objeto a causa de la materialidad de éste que se lo impide, y llega a estar en acto gracias a la desmaterialización del mismo. Tal el sentido del capítulo V, exigido por todo el capítulo IV, donde la espiritualidad e

con ella -de acuerdo a la doctrina aristotélica de la corrupción, que

implica composición de materia prima [223], su incorruptibilidad. Y

que el entendimiento espiritual -facultad del hombre, según hemos visto también- del que ampliamente trata Aristóteles en el cap. IV, sea el mismo que el del comienzo del cap. V, es evidente.

Precisamente en razón de toda la doctrina de la inmaterialidad perfecta como constitutivo de la inteligibilidad del objeto de la inteligencia, de que se habla en el cap. IV, se exige en el cap. V el entendimiento activo o agente (nous poietikos) para iluminar el entendimiento potencial o posible (nous dinamei o nous panta gignestai), que consiguientemente no es sino la inteligencia

espiritual, potencia del hombre, con "cuya ayuda" éste puede llegara conocer o "ser todas las cosas" inteligiblemente. El nous dinamei (potencial) y el nous to panta gignestai (posible, que traduce S. Tomás) son un mismo entendimiento: facultad espiritual del alma humana e individual, por ende. Este entendimiento que por su espiritualidad es simple y carece de partes, propias de los seres materiales, es ipso facto incorruptible e inmortal.

11. De todo lo cual dedúcese que el nous patetikos del que

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