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La necesidad de la determinación proveniente del objeto nace, según S Tomás, de la finitud del ser inteligente y, en general,

CAPITULO V. LA ESPECIE INTELIGIBLE O DETERMINACIÓN OBJETIVA DE LA INTELIGENCIA

3. La necesidad de la determinación proveniente del objeto nace, según S Tomás, de la finitud del ser inteligente y, en general,

cognoscente- creado, y, en nuestro caso, de la inteligencia y alma humanas, que no poseen por identidad real ni como virtualmente o en causa (como sucede en Dios, la realidad de los objetos

conocidos.

El acto del conocimiento, por una parte, es una identificación intencional con el objeto, y por otra, como acto, procede

eficientemente de la potencia intelectiva. Por consiguiente, si el entendimiento al producir su acto, en este mismo y único acto llega a identificarse con la cosa conocida, quiere decir que antes de

producir tal acto, poseía ya en sí mismo, como en causa (in acto primo), semejante identificación intencional. Ahora bien, puede suceder una de dos: o que se encuentre realmente identificado con la forma del objeto conocido -tal como acontece según vimos, con

toda forma puramente inmaterial respecto a sí misma, poseyéndose no sólo real sino también objetivamente (Cfr. c. III, n. 14) o que

realmente no lo esté y que para llegar a esa identificación necesite recibir la determinación del objeto. Pero es el caso que toda alma y entendimiento creado es esencialmente finito y coartado en su ser, por consiguiente, á su propia forma. Fuera de ésta -de la que está en posesión también objetiva, al menos virtualmente- no posee por identidad real las formas de los demás seres. Precisamente el conocimiento viene a superar esta limitación del propio ser al ponerlo en posesión objetiva de las realidades extrínsecas, como nos decía S. Tomás en un texto ya citado (Cfr. c. III, n. 17). ¿Cómo ha podido el entendimiento llevar hasta sí esta realidad exterior -no materialmente desde luego, sino inmaterial u objetivamente tan sólo- que no posee por identidad real, para que al irrumpir de su potencia el acto de entender se realice poseyendo intencionalmente en su seno la realidad objetiva? ¿Cómo se ha cargado y como fecundado la potencia intelectiva (in acto prim o) con el objeto en cuanto objeto distinto de ella, para que al determinar su acto, éste no sea tan sólo el acto perfectivo de una potencia psicológica subjetiva, sino

también y sobre todo y en el seno de la propia inmanencia el acto del objeto trascendente?

Si la inteligencia en su acto intelectivo posee intencionalmente el objeto, con el que está identificada realmente, es evidente que en el acto primero, como en su causa, ha recibido la forma del objeto como objeto. Enseña S. Tomás que en la visión beatífica esta información del objeto sobre la inteligencia creada es inmediata y sólo requiere la confortación de la potencia intelectiva. Dios

infinitamente inteligente en acto, es inmediatamente poseído como objeto de la inteligencia, sin medio o especie alguna de objeto

creado [183]. Pero en el conocimiento intelectivo de la vida terrena la

inteligencia no alcanza las formas objetivas sin algún intermediario. Aunque gnoseológicamente esté en inmediato contacto e identidad intencional con el objeto conocido, psicológicamente necesita de un medio que la ponga en posesión de ese objeto, para que cuando ella produzca su acto, se halle éste fecundado y sea a la vez el acto del objeto en la inmanencia del sujeto. Porque si, por una parte, la forma del sujeto cognoscente no está identificada ni posee los objetos conocidos, coartada como está a su propia esencia, por otra, las formas inteligibles objetivas tampoco pueden informar directamente y por sí mismas la facultad intelectiva. En efecto, la forma es

esencialmente acto substancial de tal sujeto y constitutivo de tal ser y no puede -sin auto-destruirse- serlo de otro. Toda forma en la

realidad es individual y coartada a su propio ser concreto y no

puede coexistir realmente con otra forma [184], como ocurriría si

físicamente determinase, como forma suya, a la facultad cognoscitiva.

La conclusión de este raciocinio, tomado todo él de las premisas del Doctor Angélico, se impone: es menester que la potencia intelectiva - y en general, la potencia cognoscitiva- de toda creatura sea

determinada por una imagen vicaria o substituta de la realidad, que la ponga en posesión intencional del objeto, a fin de fue al proferir ella su acto, en éste sea alcanzado aquél en su misma alteridad. Ahora bien, semejante imagen del objeto, que pone en posesión intencional de su forma a la facultad cognoscitiva, es lo que llama S.

Tomás la "species intelligibilis impressa” [185].

En esta "species intelligibilis", debemos distinguir cuidadosamente dos aspectos bien definidos, que responden a los dos aspectos de la potencia y acto de la inteligencia. Psicológicamente considerada, la especie inteligible es una imagen del objeto que modifica a la potencia intelectiva disponiéndola a pasar a la realización de su acto. Se trata de una forma accidental que modifica actualizando el acto primero de la inteligencia, con el cual ésta queda constituída en causa total y determinada a la realización de su propio acto

estrictamente tal o segundo, del acto de entender [186]. Bajo este

aspecto, la especie impresa es una forma subjetiva que actúa y completa una potencia también subjetiva, como es la inteligencia, determinándola a la realización de su propio acto o perfección

inmanente. Toda esta función de forma accidental del sujeto, propia de la especie inteligible, está subordinada a su segunda actuación, que responde también al siguiente segundo aspecto de la potencia y acto intelectivo. Gnoseológica o cognoscitivamente, la especie

inteligible realiza la identidad intencional del objeto y la potencia en su acto primero o causal, es el medio por el que la facultad queda objetivamente identificada con el objeto, pero todavía

inconscientemente, como en causa, dispuesta así para causar y recibir no sólo su acto perfectivo, sino también la identificación formal y consciente con su objeto. Bajo el primer aspecto la especie inteligible impresa informa material o entitativamente a la facultad intelectiva, es un acto que determina y perfecciona una potencia. Bajo el segundo -realizado gracias a su primera actuación- la especie determina inmaterial u objetivamente la potencia

cognoscitiva, poniéndola en posesión e identificación intencional causal con la forma del objeto que es recibido como objeto, como

otro, sin modificar para nada el ser de la potencia. Gracias a esta segunda función de la. especie inteligible, la forma del objeto informa inmaterial u objetivamente la facultad, que queda

constituída así en potencia completa y próxima no sólo de su acto, como acto psicológico, sino de la identificación intencional formal y consciente con el objeto conocido. Con esta información la

inteligencia pasiva y destituída de todo acto o esencia objetiva, es determinada cognoscitivamente, puesta en posesión e identificada intencionalmente con su objeto, y capacitada así en principio o acto primero -y por eso inconscientemente- a realizar su acto como la identificación inmaterial con el objeto, en que formal y

conscientemente se realiza la intelección estrictamente tal. Desde ese punto de vista, la especie inteligible realiza una suerte de fecundación objetiva sobre la "inteligencia posible" o potencial, la cual una vez así objetivamente determinada, grávida de objeto,

engendra inmaterialmente en su acto la misma realidad conocida -de donde que al término de tal acto se le llame verbo o conceptus

mentis [187]. (Cfr. c. VI).

CAPITULO VI. LOS DOS ENTENDIMIENTOS: AGENTE Y

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