III. GUATEMALA
7) Interesante descubrimiento
1109. Entonces no sólo principiamos a ubicar en el mapa real de Guatemala a los diferentes grupos étnico-nacionales indígenas, sino que comenzamos a conocer su condición económico-clasista. Descubrimos que existía una relación constante entre el arraigo étnico-cultural y la condición económica de los autoconsumidores que habitaban la selva y la vertiente norte de la cordillera. En otras palabras, descubrimos que entre las relaciones de producción y la cultura hay una relación de causa y efecto, aunque naturalmente ésta no es mecánica. Por esa época supimos que en la vertiente norte de los Cuchumatanes hay aldeas donde en algunas épocas del año las comunidades indígenas sobreviven de la captura de pájaros migratorios, atrayéndolos con fuegos que encienden por la tarde en los filos nublados, de manera que confundan con el sol la nube iluminada y se estrellen en barreras de pajón y cañas de carrizo. Con el producto de la venta compran maíz para uno o dos días.
Es una manera de resistirse al proceso de proletarización que los despersonaliza y que degrada su cultura.
1110. Constatamos, además, algo que ya sabíamos de manera genérica, pero que ahora se nos reveló en toda su crudeza; la increíble situación de miseria en que viven cuatro millones de
connacionales; el grado de penuria, de subalimentación, de insalubridad, de analfabetismo y demás carencias vitales en que subsisten los más pobres entre los pobres. Y aparejada a ésta condición material, la discriminación, el rebajamiento, el desprecio de que son objeto, desde las sutiles formas del paternalismo —forma disfrazada de la discriminación— hasta las más brutales manifestaciones de la sujeción y degradación que sufren por parte de hacendados, ricos y funcionarios locales. 1111. La idea de que las relaciones capitalistas de producción descomponen la cultura indígena terminó de hacérsenos clara cuando ascendimos al altiplano quichelense. Nebaj, Cotzal y en menor medida Chajul, son municipios ixiles donde el proceso de proletarización del campesinado indígena se halla muy avanzado. Miles de campesinos pobres minifundistas emigran anualmente a las plantaciones capitalistas de la costa sur, donde la economía de agroexportación tiene su principal asiento, en busca de trabajo que les permita obtener el salario indispensable para sobrevivir durante los meses en que el maíz escasea. La producción de este grano en el minifundio no es suficiente en la mayoría de los casos para alimentar a la familia durante todo el año.
1112. Esta relación económica ha sido calculada así históricamente por los beneficiarios del sistema latiminifundista. La erosión que el fenómeno migratorio anual provoca en la cultura indígena salta a la vista inmediatamente. El tiempo social-libre que exigen la mayoría de las expresiones culturales indígenas se ve reducido cuando el tiempo de trabajo comienza a ser regido por la ley del valor. Los varones de Nebaj y Cotzal no tienen ya tiempo, ni fondos, para elaborar o adquirir sus vistosos trajes regionales autóctonos y han adoptado la vestimenta común de los ladinos. La mujer, sin embargo, en la medida en que no migre a la costa con el esposo, tejerá todavía el huipil tradicional en el telar de mano, siendo cada vez más contradictorio para la economía doméstica el tiempo de trabajo invertido para hacerlo.
1113. Conforme la economía mercantil se impone y generaliza, la bota de hule sustituye al caite de cuero, la camisa de tela sintética suplanta al cotón de lana y el radio de transistores pasa a ocupar el lugar de la tradición oral. El tiempo libre social que en el contexto de las relaciones precapitalistas de producción —sobre la base de las cuales floreció la cultura indígena— se requería para fiestas tradicionales y ceremonias, se ve progresivamente restringido. Los indígenas regresan de la costa hablando un poco de castellano, vestidos como ladinos y agobiados por las deudas en dinero que en forma de adelantos les ha suministrado el contratista para la próxima temporada.
1114. Sin embargo, el sentido de identidad étnico-cultural se manifiesta en mil formas y su
raigambre y permanencia en el ser del indígena sorprende por el vigor con que se manifiesta. Saber que son explotados e intuir que las nuevas relaciones económicas que les permiten obtener un salario para no morirse de hambre son contradictorias con su cultura propia; que ambos fenómenos se refuerzan, se complementan y forman el marco en el que su condición étnico-cultural es vista con menosprecio y como condición humana que justifica el sojuzgamiento de clase, es lo que le da al indígena el extraordinario potencial revolucionario de que son capaces los seres humanos que sufren al mismo tiempo explotación, opresión y discriminación. Haber descubierto estos nexos económicos, sociales y conceptuales es lo que consideramos nuestro principal aporte a la explicación científica revolucionaria del complejo, preterido y vigoroso mundo indígena guatemalteco. Explicación, por otra parte, que quizá sólo es posible para quienes en épocas de revolución se ven forzados a llegar a las vetas mas hondas y ricas de la vida.
Cuándo tú dices que las poblaciones indígenas de la sierra ya estaban siendo trabajadas por
cuadros clandestinos al llegar ustedes a ellas, ¿de qué procedencia eran esos cuadros? ¿Eran miembros de la guerrilla?
1115. Mario Payeras: —Para penetrar al altiplano del Quiché no utilizamos los mismos métodos
de que nos valimos para hacer contacto con la población en los primeros meses de nuestro ingreso al país. Esto demuestra no sólo que nos manteníamos apegados a la línea original, sino que además aprendimos algo sobre la marcha. Como se narra en Los días de la selva, los primeros contactos con los ixiles de San Juan Cotzal los hicimos en la selva. Allí acordamos con aquellos lideres recién conocidos la forma de enviar cuadros clandestinos al altiplano e iniciar el trabajo organizativo. No fue, pues, que la guerrilla emprendiera la marcha a ciegas, sin antecedentes, a la aventura, sino que nos valimos de la penetración por medio de cuadros clandestinos que nos precedieron y prepararon las condiciones para que la guerrilla llegara. Porque esto lo considerábamos básico.
1116. La población se entusiasma cuando conoce al pequeño ejército insurrecto, colabora cuando hay una fuerza a la que debe proteger y alimentar, se incorpora cuando ve la perspectiva de las armas de manera tangible. El campesino no cree en abstracciones ni en ofrecimientos futuros, sino en lo que ve y en lo que toca. Esto nos sirvió además para que la guerrilla conociera el terreno y fuera sentando bases de apoyo sobre la marcha. El día que salimos a los primeros poblados, en el mundo azul y frío de la altiplanicie, comprendimos que habíamos dejado atrás la etapa inicial y que habíamos comenzado a ganar la guerra. Los cuadros clandestinos eran miembros del destacamento guerrillero inicial. Es decir, eran cuadros probados, conocedores de la línea y de las necesidades vitales de la guerrilla. Por lo tanto, había poco riesgo de que se acomodaran, de que perdieran la perspectiva o de que ignoraran los métodos con que el trabajo clandestino debe hacerse. Y algo fundamental: eran campesinos indígenas, aunque no hablaran el dialecto de la zona. De ahí que les fueran ajenas la vida, la idiosincrasia ni las costumbres de la comarca. Este aspecto de la selección de los cuadros es decisivo y en gran medida fue la clave de nuestro éxito.