III. GUATEMALA
1) Reestructuración del partido para la guerra
En 1978 se produjo la división del PGT motivada —según me decías— por el abandono de la
lucha armada como vía para la toma del poder por un sector dirigente de este partido. No quiero llevarte a profundizar en las causas de esta división; se que la herida está demasiado abierta todavía como para mirar las cosas con la perspectiva necesaria y creo que es de mucho mayor interés para el movimiento revolucionario el conocer que hicieron ustedes —que defendían esa vía— para integrarse en forma efectiva a la lucha armada, sobre todo ahora que el otro sector del PGT ha manifestado su intención de incorporarse a la guerra revolucionaria, fortaleciendo de ésta manera el proceso unitario iniciado en 1980 por las organizaciones revolucionarias armadas, que ha tenido tan calurosa acogida en el seno del pueblo guatemalteco, acrecentando su fe en la victoria. Concretamente, entonces, ¿cuáles fueron las tareas a las que ustedes se abocaron una vez constituidos cómo Núcleo de Dirección Nacional para implementar, en la práctica, la lucha armada?
971. Mario Sánchez: —Después de haber resuelto los problemas más urgentes producto de la
lucha interna, nos hemos abocado con energía al problema de adecuar las estructuras del partido a las condiciones de guerra que existen en nuestro país, lo cual no es fácil, pues demanda, a la vez que una gran responsabilidad para que no se diluya el partido en otro movimiento, una clara decisión para situarlo a la altura de las necesidades que la situación y las masas exigen, en una etapa histórica en que la revolución guatemalteca ya está en pleno desarrollo enfrentando todas las dificultades propias de un proceso de este tipo.
972. Actualmente estamos más convencidos que nunca que para dirigir una guerra revolucionaria, si se quiere avanzar y triunfar, una organización no puede participar en ella y contribuir a dirigirla aplicando una amplia democracia interna, sino un gran centralismo. Naturalmente que éste debe
estar basado en la confianza que las bases tengan en sus dirigentes y en la honradez revolucionaria con que estos respondan a la confianza que se ha depositado en ellos. Estamos archiconvencidos por otra parte, de que es necesario integrar a la juventud en el seno del partido con plenos derechos y obligaciones.
973. Hemos estado leyendo y estudiando las experiencias de otros partidos y movimientos que obtuvieron el poder después de una larga lucha, y vemos que estamos en el camino justo en el enfoque de este problema. Es obvio que, fundidos todos en una sola organización, en una situación como la nuestra, se facilita el trabajo y el cumplimiento de los acuerdos.
974. Personalmente, pienso que tuvimos serios problemas para adoptar una nueva estructura para la lucha político-militar porque ya existía un determinado patrón orgánico con toda una trayectoria, trabajo con mística, con méritos, y también con debilidades, y entonces a muchos militantes nos costaba entender que había que dar un vuelco y convertir al partido, como ahora lo estamos haciendo, en un organismo político-militar.
Me interesa que me expliques con mayores detalles este tema, porque ya el compañero Schafik,
secretario general del partido comunista salvadoreño, ha planteado que para que su partido se integrara realmente a la lucha armada fue necesaria su transformación orgánica.
975. Mario Sánchez: —Esa es la misma tesis que nosotros sostenemos: tiene que haber una
transformación orgánica del partido en otra cosa a la que no estamos acostumbrados. Leyendo mucha de la literatura partidaria internacional, siempre uno se encuentra la misma estructura: células, sectoriales, seccionales, regionales, etcétera, obligación de cotizar, obligación de opinar sobre la línea y de ahí va subiendo la discusión hacia arriba por todos los órganos hasta llegar a los congresos y regresar elaborado, recorriendo el mismo camino, nuevamente a las bases. Pero todo esto debe transformarse cuando se quiere que el partido participe en la dinámica de una guerra y tenga éxito. Aún falta mucho por estudiar y profundizar acerca de este tema, sobre todo estudiar más a Lenin, que dirigió triunfalmente la revolución rusa con el Partido Bolchevique al centro de toda la acción.
¿Y en que debe transformarse?
976. Mario Sánchez: —Sin pretender dar lecciones, sino apenas exponer algo de la modesta
experiencia que estamos viviendo con muchas imperfecciones, lo primero que nos ha quedado claro es la inconveniencia ideológica, política y práctica, de tener en ésta etapa de la lucha una comisión militar al margen de la comisión política que en nuestro partido equivale al buró político de otros partidos.
977. Estamos evitando el error que se cometió cuando se fundaron las FAR como el “brazo armado del partido”. Ahora, el partido mismo es el órgano de los comunistas para la lucha revolucionaria armada, la comisión política es al mismo tiempo comisión político-militar. Ahí están los cuadros políticos y militares que nos esforzamos por ser todos y cada uno. El comité central, o Núcleo de Dirección, como le llamamos, es al mismo tiempo el mando nacional del partido. Ahí están articulados los cuadros políticos y los militares, pero todos nos esforzamos por tener el doble conocimiento en cuestiones ideológico-políticas y militares.
Aunque hay una cierta especialización...
978. Mario Sánchez: —Naturalmente. Esa especialización no es sólo voluntad del militante, ni
mandato del partido. Algunos tienen de manera natural más cualidades para un trabajo que para otro. Lo que sí nos empeñamos en evitar es una separación absoluta de esos cuadros: que unos se preocupen sólo de lo político y otros sólo de lo militar; luchamos por una mayor integración, colaboración y trabajo obligatorio político-militar.
979. Pero sí, deben existir órganos dirigentes y organismos intermedios y de base, porque ello le da una estructura al partido que facilita su funcionamiento clandestino, aunque entonces, para que no pase lo de aquel momento de burocracia, enredos organizativos y discusiones eternas, hay que limitar las reuniones al mínimo cuando ya se tienen líneas. Las células, de tres a cinco miembros, deben ser al mismo tiempo unidades político-militares de combate, de resistencia y milicias, según su capacidad y limitaciones. Los militares deben estar divididos también en mandos, combatientes y milicianos. Esa estructuración —dicho brevemente— que estamos ensayando con regular éxito, pero no hacemos un dogma de esto y seguimos haciendo reajustes, porque el trabajo político-militar no es sólo esto, sino algo muy complejo, multifacético y dinámico. Y del centralismo democrático aplicamos preferentemente el centralismo, sin excluir periódicamente las reuniones colectivas, tipo conferencias parciales sobre temas precisos político-militares, y las reuniones del Núcleo de Dirección Nacional y su comisión político-militar sólo dentro de lo necesario. También luchamos porque los asistentes a las reuniones mejoremos nuestros estilos de intervenir y trabajar.
¿Y el estudio?
980. Mario Sánchez: —Se mantiene, pero con otro carácter. No la lectura de grandes textos
teóricos, sino un estudio más ligado a las tareas concretas: pequeños textos, píldoras de lo fundamental pudiéramos decir, fácilmente digeribles por la base, para que no se transformen en obstáculos al trabajo práctico.
981. Toda ésta reestructuración orgánica del partido no es fácil de implementar y todavía no está acabada y mucho menos perfeccionada. Para las otras organizaciones hermanas no fue tan difícil, pero es que no debemos olvidar que desde el primer día ellas surgieron como movimientos político-armados con un fin determinado y nosotros somos un partido cuyos objetivos son más amplios y complejos, aunque teniendo al centro también el objetivo del poder.
982. Ahora bien, hoy todo el partido, dirigido por el Núcleo de Dirección, está integrado en la lucha armada de diferentes formas: unos, como mandos político-militares; otros, como combatientes en un frente, en la resistencia o en tareas concretas de abastos, explosivos, información, etcétera; y los demás, que por sus limitaciones, edad y distintos impedimentos reales, tienen el carácter de milicianos que es una categoría de luchador que estamos desarrollando en el seno del partido. Todos, por igual, tenemos la obligación de practicar la guerra en su dimensión política, buscando la vinculación con las masas trabajadoras urbanas y rurales, pues es una guerra del pueblo.
983. Insisto en que éste es un proceso que está todavía en pleno desarrollo, pero ya ha empezado a dar buenos resultados, aunque todos quisiéramos ver más frutos. El partido ha entrado de pleno en la aplicación de su línea, creando incluso su propio frente armado con su debida estructura, recogida de las mejores experiencias de las otras organizaciones hermanas, que fraternal y solidariamente nos las han proporcionado.
984. El frente ha nacido precisamente con el nombre de Frente Huberto Alvarado Arellano, nuestro secretario general, asesinado en diciembre de 1974, en el momento que luchaba denodadamente por revalidar al partido y su línea. Es apenas un pequeño homenaje. Entre nuestros planes del futuro está la creación de otros frentes o zonas que llevaran los nombres de destacados compañeros como Alvarado Arellano, Silva Jonama y Víctor Manuel Gutiérrez, como la de muchos compañeros, cuyas vidas estuvieron consagradas a la clase obrera, a los campesinos y al pueblo humilde de nuestro país.
¿En que región del país está ubicado el frente?
985. Mario Sánchez: —Eso no se puede decir, aunque, claro, el enemigo puede tener ya una idea
de cuál es su ubicación, porque ya se siente su presencia. ¿Pero ya están realizando acciones militares?
986. Mario Sánchez: —Sí, ya las están haciendo, sin alardes, limitadas, dentro de un proceso de
desarrollo y maduración.
¿Sin reivindicarlas como del partido?
987. Mario Sánchez: —Todavía no, porque estamos en una especie de etapa de asentamiento y
fortalecimiento del apoyo de la región escogida.