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intereses que van más allá de los que

In document Renovación nº 69 Mayo 2019 (página 66-68)

nos atrevemos a

reconocer, y

mucha gente

dispuesta a todo

por defender el

testimonio y la

credibilidad de “su

iglesia”, así como

la silla que ocupan

dentro de ella

Carlos Osma es protestante, licenciado en Ciencias Matemáticas, diplomado en Ciencias Religiosas y Posgrado en Diálogo Interreligioso Ecuménico y Cultural. Colabora con la Associació de Families LGTBI. Está casado y tiene dos hijas.

LA CUMBRE VATICANA sobre pederas- tia acababa el pasado 24 de febrero de- jando de nuevo una gran decepción en- tre las víctimas que esperaban algo más que palabras y buenas intenciones. Mi- guel Hurtado, portavoz español de la Organización Global de Víctimas ECA (Ending Clergy Abuse) afirmó tras co- nocerse las conclusiones de la cumbre que: “El papa Francisco ha dado un guantazo a todas las víctimas de pede- rastia que hemos venido de los cinco continentes para pedir explicaciones. Se ha pasado la mitad del discurso ha- blando de los abusos fuera de la Iglesia. A nosotros nos abusaron dentro de la Iglesia, eran sacerdotes, monjes, profesores católicos. Esperábamos una respuesta que no nos ha dado”.

Dos días después, un tribunal austra- liano ordenaba detener al cardenal cató- lico George Pell que había sido declara- do culpable de violar a un menor (y por otros cuatro cargos de abusos). George Pell era ni más ni menos que el número tres del Vaticano e incluso estuvo en las quinielas en la última elección papal. Su abogado Robert Richter, en su defensa, comentó que el incidente con el menor había durado pocos minutos y que no fue premeditado, sino producto de un impulso, “un simple caso de penetra- ción sexual convencional en el que el niño no participa voluntaria ni activa- mente”. Al leer las declaraciones de

Iglesias, abusos

y hashtags

absurdos

Robert Richter, yo me pregunto:¿Quién paga a este abogado? ¿La Iglesia católi- ca? ¿De verdad que el cardenal George piensa que está es la mejor defensa que tiene? ¿Era esta la idea de justicia, de trato con las víctimas, que hubiera pro- movido si hubiera llegado a ser papa? ¿Esta es la moralidad que se necesita para ser papable? ¿Cuántos George Pell había en la cumbre vaticana sobre pede- rastia que no llegó a una conclusión que pudiera satisfacer a las víctimas?

El tema de la pederastia dentro de la Iglesia católica es un drama que no tie- ne que ver únicamente con esta confe- sión cristiana, ya que es evidente que los controles educativos a instituciones escolares que pagamos toda la pobla- ción con nuestros impuestos (indepen- dientemente de lo que creamos o deje- mos de creer) no parece que hayan sido los más adecuados, (como tampoco lo fueron en el caso de bebés robados en centros médicos que pertenecían tam- bién a esta iglesia). Actualmente la so- ciedad está más sensibilizada ante estos dramas y espera algo más que buenas intenciones y palabras huecas, tanto de la Iglesia católica como de los Estados donde se han producido los abusos a menores. ¿Qué hubiera ocurrido si los casos de pederastia a este nivel hubieran ocurrido en otro entorno? Evidentemen- te la respuesta hubiera sido otra. El tema del silencio en los casos de abusos a menores tiene que ver tanto con el po-

der del adulto que ejerce sobre un menor, como del poder de la Iglesia católica sobre los Estados. Que en Estados Unidos (un país donde la Iglesia católica no es mayoritaria) haya 7000 sacerdotes acusados de abuso, mientras que en España las cifras se mantienen ocultas, no me parece que sea un dato anecdótico. El jueves pasado la organización #ConMisHijosNoTeMetas España promovió una campaña en redes so- ciales. Si como la mayoría del mun- do no conoces esta organización, probablemente habrás pensado que, al coincidir con la cumbre vaticana, su campaña pretendía defender la vida de los niños y niñas, la libertad que tiene cualquier menor de poder vivir con seguridad en todos los en- tornos, (iglesia, centros educativos, familia…), animar a denunciar los abusos y maltratos, pedir trasparen- cia a la Iglesia católica e implica- ción al Gobierno español. Pues no, este movimiento tan sensibilizado con la infancia, y con su protección, pretendía que sus seguidoras y se- guidores denunciaran en las redes sociales la demoniaca, y por tanto inexistente, ideología de género que están recibiendo sus hijos en los centros educativos. Una de estas ac- ciones consistía en utilizar el hash- tag #ConMisHijosNoTeMetas en las redes, y otra en cambiar la foto del perfil de Facebook, Twitter, Ins- tagram o WhatsApp por una imagen que denunciara al gigante de la Ideología de Género (aquí lo pongo en mayúsculas para que parezca más importante y de algo más de miedo). La verdad es que no consi- guieron su propósito, al menos en Twitter, porque no aparece en la lis- ta de los 100 trendings topics de ese día, algo que sí hizo #XavierArza- l l u z # S t o p t o n t e r i a s o #LeyLGTBIya. Y aunque no tengo ningún dato, creo que tampoco tu- vieron mucho éxito con el cambio de la foto del perfil porque, aunque no sirva como prueba, de las perso- nas que conozco en mis redes socia- les únicamente una se sumó a la ini- ciativa en WhatsApp.

Lo sorprendente es que esta mujer que cambió la foto del perfil, y con la que hace tiempo no tengo rela- ción debido a su homofobia, hace más de cuarenta años tuvo que en- frentarse a una situación muy com- plicada en su familia: su hermano, que era el pastor de una iglesia evangélica, abusó de unas niñas, y no de unas niñas cualquiera, sino de las hijas de otra de sus herma- nas. Y tras reunirse varias personas, entre las que se encontraba esta mujer, con el pastor-hermano-abu- sador, en vez de ponerle un cartel que dijera #ConMisSobrinasNoTe- Metas, se decidió que la mejor so- lución era el silencio. Sacarlo a la luz podría producir males peores, el padre de las niñas podría matar al pastor-abusador, dijeron. Pero la verdadera razón del silencio fue otra, tenían miedo a que el testimo- nio de la iglesia evangélica de esa ciudad, por la que tanto habían lu- chado en momentos tan difíciles, quedara desacreditado para siem- pre. Tenían miedo también a perder la posición que cada uno de ellos y ellas tenía dentro de aquella iglesia que pensaban quedaba amenazada por la Verdad (esta sí en mayúscu- las). Así que lo mejor para el evan- gelio, lo mejor para el pastor-abu- sador, y lo mejor para la iglesia evangélica, fue el acuerdo de que todas y todos se callarían si el pas- tor-abusador no volvía a repetir los abusos. Evidentemente ese acuerdo tan satisfactorio para las partes, no lo fue para las víctimas, y todo el mundo prefirió mirar hacia otro lado y no saber si se siguió respe- tando con esas niñas, o con otras. En todas las iglesias hay intereses que van más allá de los que nos atrevemos a reconocer, y mucha gente dispuesta a todo por defender el testimonio y la credibilidad de

“su iglesia”, así como la silla que ocupan dentro de ella. Tras las de- nuncias, las portadas de periódicos, o los informativos de televisión, únicamente ven el daño que esto hace a su credibilidad. Y al poner la vista allí, la apartan de las vícti-

mas. Ese es el resumen de todo, al mirar sus intereses, o los de la igle- sia de la que forman parte (que sue- len ser los mismos), se alejan de lo más básico, de lo más humano, del evangelio mismo. Los abusos se dan en todos los entornos, eso es cierto, pero encubrirlos en nombre de Dios es repugnante, diabólico e indecente. Propongo que las iglesias organicen otro tipo de cumbres para hablar sobre abusos, y que en esas cumbres únicamente hablen las víc- timas, que sean ellas las que saquen a la luz la verdad, y propongan las soluciones que consideran justas. Únicamente poniendo en el centro a quienes padecieron los abusos, el silencio y la negación, se resolverá de verdad esta lacra. Lo importante no son las instituciones, ni cómo les afectará que la Verdad salga a la luz, lo esencial, lo decente, lo hu- mano, es responder con celeridad a las demandas de las víctimas. R

homoprotestantes.blogspot.com

En todas las

iglesias hay

intereses que van

más allá de los que

nos atrevemos a

reconocer, y

mucha gente

dispuesta a todo

por defender el

testimonio y la

credibilidad de “su

iglesia”, así como

la silla que ocupan

dentro de ella

Carlos Osma es protestante, licenciado en Ciencias Matemáticas, diplomado en Ciencias Religiosas y Posgrado en Diálogo Interreligioso Ecuménico y Cultural. Colabora con la Associació de Families LGTBI. Está casado y tiene dos hijas.

Los hay que ni siquiera en fiestas de guar- dar descansan en el ejercicio de despre- ciar y humillar a los que consideran

diferentes. Cristianos se llaman a sí mismos porque dicen seguir las en-

señanzas de Jesús de Galilea, aun- que lo que creen y lo que ejecutan para nada tiene que ver con el evangelio del Maestro. Buscan ver- sículos bíblicos para justificar lo que afirman porque sin estos no se sienten ni seguros ni respaldados. Sus propias voces no valen nada y lo saben. Necesitan re- afirmarse con la Palabra de Dios, aunque la Palabra de Dios en absoluto los reafirme. Enarbolan la bandera de si eres diferente no eres de los míos y si no eres de los míos no eres de Dios, y ahí queda eso para enmarcarlo en grande. Transmiten tristeza pues creen ser los únicos bienaventurados.

Nuestro mundillo cristiano está repleto de insulsos fanáticos intransigentes que sólo se miran el orgullo que anida dentro de sus sucios ombligos, y lo peor es que hay payasos que les aplauden igual que si estu- vieran sentados en las gradas eclesiales dis- frutando de un espectáculo de circo con en- trada gratuita.

Son personas que a través de la amenaza bus- can seguidores, porque si estuvieran solos se morirían de miedo. Atizan, apuñalan, agra- vian, matan con actitudes y palabras  ya que las leyes no les permiten hacerlo de otro modo, si no lo harían. Si las leyes permitieran el uso de las armas veríamos como, de un día para otro, mermarían muchas iglesias hasta quedar solas con el fanático de temporada, con el que no conoce para nada el amor y está deseoso de poder llevar a cabo su necesi- dad de hacer daño y torturar al máximo.

Isabel Pavón

In document Renovación nº 69 Mayo 2019 (página 66-68)