Esfuerzo desde la inferioridad hacia
la superioridad
Inferioridad Finalismo ficticio
La unidad de la personalidad
Estilo de vida
Estilos de vida errados y sanos
El desarrollo de la personalidad
Conducta de los padres Constelación familiar
Salud psicológica
Interés social
Las tres tareas de la vida
Intervenciones basadas en la teoría
de Adler
Escuela TerapiaResumen
C A P Í T U L O
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Si n o p s i s d e l c a p í t u l o
Alfred Adler nació en un suburbio de Viena (Penzing) en 1870; fue el segundo hijo de una familia de cuatro hombres y dos mujeres. Su papá fue un comerciante de cereales. Su familia tenía una buena situación económica y era una de las pocas familias judías del pueblo. En protesta contra el aislamiento del judaísmo ortodoxo, Alfred se convirtió al cristianismo.
Cuando era niño, Alfred fue enfermizo y sufrió de raqui- tismo. Su más temprano recuerdo reportado fue a la edad de dos años, vendado de tal manera que apenas podía moverse, mientras que su hermano mayor deambulaba li- bre. Su niñez, dijo, fue triste por los grandes logros de su hermano mayor, contra quien Alfred compitió sin éxito. A la edad de cinco años escuchó a un médico decirle a su pa- dre que la neumonía de Alfred era tan seria que moriría; el tratamiento era inútil. Esto podría suceder puesto que su hermano menor, con quien compartía un cuarto, había
muerto en cama dos años antes. Sin embargo, con la supervisión de un segundo médico, Alfred recibió tratamiento y se recuperó. Decidió convertirse en médico “a fin de superar la muerte y el temor a ella” (Ansbacher y Ansbacher, 1956, p. 199). Además de esto, fue atropellado dos ve- ces cuando tenía cuatro o cinco años de edad.
Con el tiempo, con el coraje que luego tuvo para estimular a sus pacientes, Adler superó sus dificultades físicas. Fue activo en los deportes y se volvió popular con sus compañeros de clase (pero no con su hermano mayor). También compensó sus desventajas tempranas en el área académica, especialmente en matemáticas, convirtiéndose, como Bottome (1947) dijo, en un “pro- digio de las matemáticas, solucionando los problemas tan rápidamente como se los ponían” (p. 28). A través de la vida, Adler amó la música, asistiendo a varios conciertos y cantando con una maravillosa voz de tenor que, algunos pensaron, lo hubiera llevado a ser un cantante de ópera.
Adler se casó con una emigrante rusa, quien era miembro de la inteligencia y cuyas ideas eran por mucho más liberales que las de la Austria de aquel tiempo. Indudablemente ella influ- yó en Adler para que denunciara las restricciones de las actitudes tradicionales hacia las muje- res. Por ejemplo, Adler dirigió un estudio en el cual encontró que las mujeres exitosas con frecuencia tuvieron madres con carreras. Adler y su esposa, Raissa, procrearon cuatro hijos.
Adler recibió su grado de médico de la Universidad de Viena en 1895. Empezó a practicar como oftalmólogo, para convertirse más tarde en médico general. Estaba interesado en la con- tribución de los factores psicológicos a la enfermedad y a su cura, pero no limitó su práctica a la psiquiatría sino hasta 1910, después de su rompimiento con Freud. Como médico general, el interés de su vida por el contexto social de la enfermedad se ejemplifica en su folleto “La salud de los sastres”, en el cual expuso las condiciones de trabajo que llevaban a tasas altas de enfer- medades en ese grupo ocupacional. Durante la Primera Guerra Mundial, Adler sirvió como mé- dico en el ejército austriaco, tratando las neurosis de guerra (más tarde llamadas neurosis causadas por bombardeo).
Adler (como Jung) se impresionó por el libro de Freud sobre los sueños y lo defendió por escrito en contra de las críticas, aunque en ese tiempo no conocía personalmente a Freud. Éste respondió con gratitud. En 1902, Freud invitó a Adler a unirse a su grupo de discusión semanal, más tarde conocido como la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Aunque Adler no fue psicoanali- zado por Freud o por alguien más, participó en estas discusiones. Se convirtió en el sucesor de
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Capítulo 4 ADLER: Psicología individualBi o g r a f í a d e A l f r e d A d l e r
Freud como presidente del grupo en 1910 y coeditó su revista. Tomó muchos de los casos de Freud y fue su médico personal.
En 1911, sin embargo, Freud rompió con Adler, incapaz de reconciliar las contribuciones teóricas de Adler con las suyas propias. Freud cuestionó la capacidad intelectual de Adler y lo acusó de fracasar en el reconocimiento de la importancia del inconsciente y, por tanto, errando fundamentalmente el punto del psicoanálisis. Adler, por su lado, consideró a Freud como un niño malcriado quien nunca había podido superar su autoindulgencia de la niñez y quien se aferraba a la autoridad como defensa.
Adler tenía muchos seguidores. Cuando dejó el círculo de Freud, renunciando a la presidencia de la sociedad psicoanalítica en 1911, nueve de los 35 miembros se fueron con él. En 1912, es- tableció una asociación psicoanalítica independiente. La Sociedad de la Psicología Individual, y en 1914 fundó su propia revista.
Adler estaba particularmente interesado en los problemas con los niños, incluidos la prevención de la delincuencia y las dificultades psicológicas debidas a las discapacidades físicas, educa- ción pobre por parte de los padres y problemas en la relación con los otros niños (Ansbacher, 1992). Estableció cerca de 50 clínicas de ayuda a niños en Viena y en otras partes de Europa. Se reporta que hacía empatía con gran éxito, aun en casos difíciles. Los cirujanos le pedían que calmara a sus jóvenes pacientes y era especialmente exitoso con los pacientes depresivos. Sin embargo, dirigió su mensaje más al público que a los expertos médicos y no le gustaban los es- tudios de investigación empíricos. Esta orientación popular le impidió su reconocimiento entre los académicos; sin embargo, fue eco de los que piden a los psicólogos que “dejen la psicolo- gía” (G. Miller, 1969) al público.
Adler escribió mucho, publicando más de 300 artículos y libros (Dinkmeyer y Dinkmeyer, 1989). Su reputación se extendió internacionalmente y dio conferencias tanto en Estados Uni- dos como en Europa. Como muchos europeos durante los tiempos políticamente turbulentos anteriores a la Segunda Guerra Mundial, Adler se fue a Estados Unidos en 1935. Impartió clases en el Long Island College of Medicine. En 1937, a la edad de 67 años, murió de problemas car- díacos, sin haber tenido antecedentes y después de una edad adulta saludable, mientras daba una serie de conferencias en Escocia.
Adler reconoció que su teoría resultó de sus propias experiencias de vida. Es fácil ver cómo un chico enfermo y diagnosticado como un caso terminal aspiraría a ser médico y describiría el vencimiento de los defectos físicos como una fuerza motivacional.
Biografías ilustrativas
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Bi o g r a f í a s i l u s t r a t i v a s
La psicología individual de Adler ofrece perspectivas sobre la psicohistoria y la psicobiografía que, más que el psicoanálisis, reconocen la influencia mutua del individuo y la sociedad (Poz- zuto, 1982). Algunos análisis adlerianos ponen énfasis en el deseo por el poder, por ejemplo, en las vidas políticas de Winston Churchill (Rintala, 1984) y Gordon Liddy (T. D. Lewis, 1983). La biografía de Hellinga (1975) sobre Sir Henry Morton Stanley, el explorador que encontró al Doctor Livingstone en África y pronunció la bien conocida frase “Dr. Livingstone, ¿supongo?”, se enfocó en la inseguridad de Stanley y su meta de la aceptación y de la fama. Un psicobiógra- fo, analizando la personalidad del científico Francis Galton, se sorprendió de que la teoría con frecuencia desvalorada de Adler tuviera más que ofrecer que la teoría de Freud. Explicaba por qué el hombre que sufría de sentimientos de inferioridad desarrollaría una teoría científica so- bre la superioridad de la herencia, y por qué el hijo menor desarrollaría un estilo humorístico, aun en su serio trabajo científico (Fancher, 1998).
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Capítulo 4 ADLER: Psicología individualDonald Trump se convirtió en multimillonario a través de un desarrollo emprendedor de los bienes raíces, al inicio en la ciudad de Nueva York. Además de sus ne- gocios de bienes raíces, Trump adquirió un equipo de fútbol, los New Jersey Generals. Se casó y después se di- vorció de una modelo de modas, Ivana, con quien tuvo tres hijos. Un subsecuente matrimonio con Marla Ma- ples también terminó en divorcio.
Nacido en 1946, Donald fue el cuarto de cinco hi- jos. Fue el segundo hijo varón de un contratista quien acumuló riqueza al construir casas subsidiadas por el gobierno en las afueras de la ciudad de Nueva York. Su padre, aunque su oficina era sencilla y estaba en un humilde vecindario, tenía una limusina y un negocio millonario que había empezado él mismo. Pocos hijos podían esperar sobrepasar a tal padre.
La lucha de Trump a lo largo de su carrera fue diri- gida hacia la construcción de proyectos ambiciosos, más elegantes que los desarrollos residenciales de su padre. Construyó edificios de oficinas, departamen- tos, un casino y mucho más. Demandaba excelencia: mano de obra de alta calidad, término a tiempo y den- tro del presupuesto. Trump con frecuencia caracterizó su nombre prominentemente en sus edificios: Torre Trump, Plaza Trump, Parque Trump, etc. Durante un proyecto de rehabilitación, tenía un cartel con el nombre Trump sobre la Gran Terminal Central; era visible en la mitad del área de Manhattan, creando la especulación de que Trump estaba rehaciendo la propia estación del tren. Trump extendió su experiencia en construcción a un proyecto de la ciudad de Nueva York, para ver- güenza de los funcionarios de la ciudad. La ciudad de Nueva York tenía un registro continuo de retrasos, tra- bajos mal elaborados y costos sumamente altos para reparar una pista externa de patinaje sobre hielo, Wollman Rink, en el Parque Central. Trump se ofreció voluntariamente para tomar el proyecto y terminar la renovación con rapidez y dentro del presupuesto.
Trump (1987) reconoció su éxito en parte a su “en- foque total”, el cual describió como “casi... una neuro- sis controlada, la cual es una cualidad que he notado en muchos empresarios muy exitosos” (p. 47). Dijo que no apostaba, pero que tomaba riesgos calculados y que no fumaba ni bebía. Dijo que confiaba mucho en su intuición, su reacción instintiva para un posible compromiso. Sostenía no estar motivado por el dinero mismo, “excepto como una manera de seguir anotando” (p. 63). De tal manera que, cuando su inteligencia y su arduo trabajo se combinaban con un clima económico favorable, lo hacían un ganador. No obstante, cuan- do el mercado de bienes raíces tambaleó, la situación se tornó en su contra.
Do n a l d T r u m p
La teoría de Adler, en contraste con las teorías de Freud y Jung, pone énfasis en la lucha cons- ciente de los individuos por mejorar sus vidas. Ofrece conceptos para comprender a la gente que, a través de un arduo trabajo, tiene éxito. ¿Qué hay con los que no lo intentan? En lugar de aceptar su carencia de esfuerzo como una consecuencia de las fuerzas más allá de su control conscien- te, la teoría de Adler hace responsables a estos individuos por sus decisiones erradas.
Dos personalidades modernas que ilustran los conceptos de Adler son Donald Trump, quien se basó en el éxito de su padre para convertirse en un magnate multimillonario de los bienes raíces, y Tina Turner, quien superó las adversidades de la pobreza, un hogar destruido y del abuso físico para lograr el éxito como una cantante popular.
Psicología individual
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Tina Turner, una famosa cantante de ritmo y de blues, grabó éxitos como “A Fool in Love”, “Honky Tonk Wo- men” y Nutbush City Limits”. Como muchas superestre- llas, en su vida personal hubo momentos humildes y dolorosos antes de que fuera famosa.
Nació como Anna Mae Bullock en 1939. Creció en el pequeño pueblo de Nut Bush, Tennessee, oficial- mente segregada de los blancos debido a su herencia negra y de indígena americano. Sus padres pelea- ban, tanto de manera verbal como físicamente. Desde los tres años de edad, cuando sus padres se separa- ron, Turner creció con parientes por etapas. Dio a luz un hijo ilegítimo justo después de su graduación de preparatoria y un segundo hijo después cuando tenía 20 años. El padre de su segundo hijo era Ike Turner, un exitoso músico de rock quien la había llevado a su grupo y que luego la incluyó entre sus muchas aman- tes. Conforme su carrera como cantante tenía más éxito, Ike Turner grababa y viajaba con ella (con la desapro- bación de su esposa), se cambió el nombre al de “Tina Turner”, y luego se casó con él.
El matrimonio de Ike y Tina Turner tuvo problemas por la infidelidad y el abuso de él. La golpeaba fre- cuentemente, dejándole moretones y heridas visibles. Ella trató de suicidarse una vez, con una sobredosis de valium. Finalmente, dejó a su marido; pero ella ya no tenía dinero, dependía de la buena voluntad de los amigos y de la asistencia social hasta que su carrera como solista despegó.
¿Cómo pudo una niña pobre, de raza mezclada, insegura, de una familia separada alcanzar el estrella- to? ¿Por qué se casó con Ike Turner aunque tuviera dudas y se quedó con él a pesar de las repetidas palizas? Aunque la teoría de Adler reconoce el papel esencial de la elección y del libre albedrío al determinar el cur- so de la vida, él ofrece conceptos que nos ayudan a entender la historia de éxito de Tina Turner.
T
i n a T u r n e r
Alfred Adler fue uno de los primeros y de mayor influencia que disentían del círculo interno de los primeros psicoanalistas. A diferencia de Freud, quien ponía énfasis en los conflictos univer- sales que toda la gente experimenta, Adler enfocó su atención en que cada persona es única. Llamó a su teoría psicología individual. Sus ideas han influido tanto en otros psicoanalistas, incluidos a Karen Horney, Erich Fromm y Harry Stack Sullivan, que quizá debieron llamarse neo-adleria- nos en lugar de neo-freudianos (Wittels, 1939). Incluso Freud fue influido. Tomó prestadas muchas de las ideas adlerianas, aunque con frecuencia las llamaba con un nuevo nombre: mecanismos de defensa (de las tendencias de salvaguarda de Adler), yo-ideal (del sí mismo-ideal de Adler) y superyó (de contra-ficción de Adler) (Ansbacher y Ansbacher, 1956, pp. 21-22). Las discusiones de Adler sobre la protesta masculina contribuyeron al postulado de Freud sobre el complejo de Edipo.
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Capítulo 4 ADLER: Psicología individualAdler sostuvo que la gente debe ser entendida desde una perspectiva social, no biológica. Se opuso al énfasis exclusivo de Freud sobre el sexo como una fuente de energía y afirmó que cualquier método determinístico que no considere las metas individuales está incompleto y no puede proporcionar una terapia efectiva. Sus enfoques presentan un reto para desarrollar una teoría consistente con el determinismo (Christopher y Leak, 1982). El énfasis de Adler sobre la tendencia innata hacia el interés social y sobre el enfoque holístico de la personalidad es un precursor histórico del concepto humanístico de los psicólogos sobre la autorrealización (Runyon, 1984). Su énfasis en el crecimiento y el libre albedrío es una fuerza opositora a la actitud determinista de Freud. Podemos decir que Adler defendió el papel del alma o del sí mismo en la teoría psicológica (cf. Ansbacher y Ansbacher, 1956, p. 62; Weiss-Rosmarin, 1958/1990).
A lo largo de la historia subsecuente de la teoría de la personalidad, la influencia de Adler es clara. Su énfasis en toda la persona se refleja en el trabajo de Allport, Maslow y Rogers. Su aten- ción al contexto social se repite en el trabajo de Horney y en los psicólogos sociales modernos. Algunos conceptos adlerianos se han vuelto tan populares que se parecen más al sentido común que a la teoría psicológica (por ejemplo, el complejo de inferioridad).
A
VANCE: S
INOPSIS DE LA TEORÍA DEA
DLERLa teoría de Adler tiene implicaciones en las principales preguntas teóricas, como se presentan en la tabla 4.1.
E
SFUERZO DESDE LA INFERIORIDAD HACIA LA SUPERIORIDADEl motivo fundamental de la teoría de Adler es el esfuerzo sin fin para moverse a una mejor ma- nera de vivir. La lucha toma diferentes formas para diferentes personas y parece imposible pa- ra algunos, los que se resignan a la derrota.
Inferioridad
Casi todo mundo ha oído el término complejo de inferioridad, el cual describe el ser embarga- do por un sentimiento de carencia de valor. Este concepto fue desarrollado y popularizado por Alfred Adler, aunque él pudiera no haber originado este término en particular (Ansbacher y Ansbacher, 1956, p. 256). Para Adler, la motivación básica humana es esforzarse “desde una si- tuación sentida como menor, hacia una situación mayor, de un sentimiento de inferioridad hacia la superioridad, perfección, totalidad” (p. 1). Éste es un proceso disparado por la insatisfacción de lo “sentido como menor”.
L
AS IDEAS EVOLUTIVAS DE ADLER ACERCA DEL ESFUERZO POR MEJORAR¿Qué es este “sentimiento de menos”? Toda la gente empieza la vida como lactante. Se sienten inferiores y desamparados debido a que su supervivencia depende de los demás. Con el desa- rrollo, el sentido de cada persona de lo que es negativo y lo que podría ser más positivo emer- ge de una manera única y personal. La terminología de Adler cambió conforme él desarrollaba su teoría con los años, aferrándose a entender este proceso. Estas cinco etapas del pensamien- to de Adler son más o menos sinónimas, conforme se esforzaba por describir el desarrollo de la personalidad con más precisión, culminando en su descripción final: esfuerzo por lograr la per- fección.
Esfuerzo desde la inferioridad hacia la superioridad
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La inferioridad del órgano Al principio, influido por su práctica médica, Adler (1923/1929)
se refirió a la inferioridad del órgano como la fuente del sentimiento de menos. Las inferiorida- des heredades intensifican “el sentir normal de la debilidad y la impotencia” que todos los ni- ños experimentan (p. 18). Una persona con extremidades débiles (como Adler mismo, que había sufrido de raquitismo) considera a sus piernas como inferiores. Un niño con problemas de audición se sentiría inferior en capacidad auditiva. La pubertad tardía puede también ser una fuente de este sentido de inferioridad del órgano, llevando a la noción de que uno siempre permanecerá como niño (1921/1927, p. 72).
Es la experiencia subjetiva la que es importante al determinar el sentido de inferioridad. El lactante hace las comparaciones con otros niños y las demandas de su mundo social. La socia- lización severa y las demandas ambientales pueden producir un sentimiento de inferioridad que podría evitarse, dada la misma condición física, en un ambiente más benigno.
El órgano débil puede convertirse en la base de un desajuste neurótico, en el cual la perso- na explota la deficiencia física como una excusa para evitar las tareas de la vida. Los niños físi- camente discapacitados enfrentan este peligro psicológico. Se requiere de un padre o un maestro con habilidades particulares, como Anne Sullivan (la maestra inspiradora de Helen Ke- ller), para ayudar a ese niño a vivir con más valentía.
Sin embargo, en un ajuste saludable el niño se esfuerza por compensar el órgano inferior. Adler (1926/1988c) sugirió que los niños con oídos defectuosos pueden compensar esa defi- ciencia con el desarrollo de una capacidad musical, como Beethoven, quien siendo adulto se quedó completamente sordo. Las últimas investigaciones revelan que la gente con deficiencias visuales de color o auditivas compensan estas inferioridades de órgano, confirmando la teoría de Adler (Overton, 1958).
Por supuesto, no todo aquel que tenga un órgano deficiente, es capaz de compensarlo de manera exitosa. No obstante, el intento por hacerlo dirige la motivación. Si fracasa la compen-