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Juárez como paradigma de la ciudad de frontera, en el marco de la

Ciudad Juárez, en el Estado de Chihuahua se ubica a orillas del Río Bravo que delimita la frontera con Estados Unidos de Norteamérica; al otro lado se encuentra la ciudad del Paso, en el estado de Texas. En los años cuarenta esta ciudad experimentó una primera expansión con la instalación de industrias locales, y la intensificación del comercio y el tránsito de personas con el vecino del norte. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, Juárez se convirtió en lugar de tránsito de miles de migrantes que acudieron masivamente a suplir mano de obra que se requería en E.U.A. Al amparo del acuerdo migratorio llamado “Programa Bracero”, los campesinos provenientes del centro del país, llegaban por tren a los centros de reclutamiento establecidos en Ciudad Juárez, y de allí eran llevados al Paso donde los enviaban a diferentes regiones agrícolas (Bracero History Archive). Este movimiento, trastocó la economía regional, pero además, como señala Guadalupe Santiago, historiadora:

… la guerra propició la concentración de soldados en Fort Bliss, mismos que visitaban Ciudad Juárez y requerían otro tipo de actividades en las ramas del turismo y los servicios. Se creó - aunque ya existían precedentes- una fuente de empleos y la entrada de divisas por esta vía, que finalmente dieron origen a la transformación de las actividades económicas de la ciudad (Santiago, 2007).

Entre las actividades del turismo y los servicios que requerían los soldados, se encontraba la prostitución que incrementó la migración femenina a la zona, iniciando en la región un esquema en el que la mano de obra barata y el comercio sexual se convirtieron en un modelo de negocios que persiste en la actualidad:

El desarrollo de la zona fronteriza está inevitablemente ligado a la captación del trabajo de la mujer. Ciudad Juárez mientras tanto tiene una antigua historia como proveedora de placer sexual, drogas y diversión baratos para los turistas internacionales, soldados estadounidenses y trabajadores migrantes. La venta de trabajo sexual de las mujeres representa una de las fuentes de ingresos más estables para los empresarios locales, y menos visiblemente para el Estado (Schmidt, 2007: 28).

Cuando en los años sesenta concluyó el Programa Bracero, era urgente incentivar la economía de Ciudad Juárez por lo que se implementó el Programa de Industrialización Fronteriza (PIF) en 1965, acuerdo a través del cual se establecieron del lado mexicano

plantas de producción que requerían de mano de obra no especializada de bajo coste, mientras que en el lado de EUA, se instalaron los procesos que requerían especialización tecnológica e inversiones elevadas. En la década de los setenta, Ciudad Juárez tenía una industria maquiladora muy bien establecida, que se consideraba la estrategia número uno para el crecimiento de las ciudades fronterizas en la administración del presidente Miguel Alemán (1946-1952). Entre 1974 y 1990, la industria maquiladora experimentó periodos de crecimiento explosivo alternados de crisis relacionadas con el sistema económico internacional y se fueron ampliando y re-localizando las plantas de producción a partir de incorporar terrenos ejidales destinados originalmente para el cultivo, se crearon enormes parques y zonas industriales, lejos del área urbana. En diciembre de 1994, el peso sufrió una devaluación del 110% frente al dólar80, esto abarató enormemente los costes de mano de obra mexicanos, y nuevas maquiladoras se instalaron en Juárez: “para 1996 había ya 330 maquiladoras que empleaban a 168 mil personas” (Santiago, 2007).

El auge de la industria maquiladora y las sucesivas crisis, tuvieron un importante efecto de género en la mano de obra; el PIF inicialmente pensado para dar trabajo a los re-patriados varones del Programa Bracero, pronto vio un incremento en la mano de obra femenina que en 1975 tuvo una relación de 28 hombres contratados por cada 100 mujeres, de acuerdo a datos del INEGI81, para en años posteriores re-masculinizarse gradualmente en ciertos sectores conforme se especializaba el trabajo y aumentaban los salarios:

Estos hechos dan como balance un largo proceso de segmentación ocupacional por género en las maquiladoras, en primer lugar, con respecto al tipo de oportunidades de trabajo para mujeres en comparación con los varones y, en segundo lugar, al tipo de garantías laborales a los que se enfrentan debido a los nuevos esquemas de contratación, los que propician vulnerabilidad ocupacional al incrementarse los trabajos temporales, inestables y con menores beneficios (De la O, 2006: 410).

Los abundantes estudios académicos respecto a las maneras en las que la instalación de la industria maquiladora en México afectó la vida laboral y familiar de las mujeres, no

80 Al liberar la banda de flotación del mercado de dólares, el peso pasó en una semana, de 3.4 pesos por

dólar a 7.2 pesos por dólar.

son uniformes en tanto sus perspectivas de análisis ni sus conclusiones; para algunas mujeres ha representado un mayor poder adquisitivo e independencia económica, mientras que para otras ha producido peores derechos laborales y mayor explotación. De cualquier manera, existe el reconocimiento de la interacción compleja entre fenómenos de oportunidad de movilidad social y empoderamiento, tanto como el aumento de la doble jornada para las obreras al colocarlas como jefas de familia sin descargarlas de las actividades de reproducción de la fuerza de trabajo; y también el señalamiento de que los procesos de las políticas neoliberales han promovido la percepción de que el trabajo de las mujeres es “no calificado, débil y marginal, así como mano de obra temporal y parte del ejército industrial de reserva (De la O, 2006: 415)”, visión estereotipada que define a las mujeres obreras como más dóciles, delicadas, diligentes y adecuadas a los patrones de explotación capitalista, lo que entrecruzado con los intereses económicos transnacionales, promueve la contratación de mujeres jóvenes, a las que se les paga poco.