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EL JUEGO DE LA SEDUCCIÓN

In document Curso Asertividad Practica Completo (página 189-192)

El territorio es perfecto. Hay gran cantidad de machos

congregados y la hembra sabe que al ingresar recibirá mucha atención. Mientras camina, recibe muchas miradas y las

devuelve intermitentemente. Se ha fijado en uno de los

machos, luego voltea su rostro para después volver a mirar. La hembra sigue avanzando y se ubica en el lugar preciso para continuar con su juego. Al cabo de unos minutos, a las miradas suceden las sonrisas, el arqueo de cejas, el

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arreglo de la ropa y el humedecimiento de los labios, pues esta hembra es una mujer joven que empieza a desplegar sus técnicas de flirteo en un bar en el que el único requisito de entrada es ser soltero.

Conductas como esta fueron las que dieron cuerpo a la

investigación de la Psicóloga estadounidense Mónica Moore, de la Webster University, Missouri.

La especialista observó 2. 000 horas de grabación sobre las conductas de mujeres jóvenes en diferentes lugares, como fiestas, malls, bares y restoranes. Además de reivindicar algunas de las técnicas que por más de tres décadas se han estudiado en animales, las conclusiones de Moore sirvieron para desenmascarar el juego de seducción que despliegan las mujeres al momento de buscar pareja. Y le permitió

establecer que ellas no son ni tan sumisas ni ellos tan dominantes como se había creído.

Moore logró identificar que, la mayoría de las veces, el cortejo no es verbal y que se manifiesta en 52 conductas (ver recuadro). "Siempre el flirteo comienza con las miradas hacia el hombre, que van y vienen.

Luego, viene la sonrisa y el acicalamiento. Después pueden observarse comportamientos de juego, como el inclinarse y el acariciarse", explicó a Qué Pasa Mónica Moore.

Incluso, la psicóloga calculó que aquellas mujeres que usaban, al menos, 34 de estos gestos lograban el

acercamiento de cuatro varones en el lapso de una hora. También comprobó que es ese tipo de conductas las que garantizan el éxito del flirteo en más del 60 % de los

casos. Con este descubrimiento, Moore, además, descartó que la cintura de la mujer -que según algunos especialistas debía medir entre el 60 % y 70 % de sus caderas- y la simetría en el rostro de los hombres fueran los factores determinantes para el éxito del flirteo.

Moore observó que la mujer es capaz de enviar un mensaje de rechazo sin palabras: mediante bostezos, estiramientos o moviendo su cabeza de lado a lado, como diciendo que no. También al evitar la mirada del hombre o descaradamente al empezar a coquetear con otro.

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Además, se dio el tiempo para observar a adolescentes y descubrir que ellas manifiestan las mismas técnicas que las adultas, pero son menos sutiles en sus movimientos.

"En definitiva, un hombre puede pensar que está dando el primer paso porque es él quien literalmente se desplaza desde donde esté para ir al lado de la mujer o para tener una mejor vista de ella, pero frecuentemente es él quien ha sido tentado y no al revés", explicó la sicóloga en el

último número de la revista norteamericana Psychology Today.

Por mucho tiempo, los especialistas en evolución han

mantenido la creencia de que las hembras son sumisas y que el macho es el dominante.

Sin embargo, Marcial Beltrami, etólogo de la Universidad de Ciencias de la Educación, asegura que "la hembra es

preferentemente selectiva y que es ella quien determina si las técnicas de cortejo cumplirán o no su objetivo. El

macho, por su parte, es preferentemente el competidor, pues debe luchar contra otros por el éxito de su flirteo". Beltrami agrega que estas pautas de conducta son

perfectamente extrapolables a los seres humanos: "Los

hombres, como machos de la especie, tratan de conquistar a diferentes mujeres y la tendencia biológica en ellas las hace ser naturalmente más selectivas". Sin embargo, el especialista asegura que estas características innatas al mezclarse con la cultura y las costumbres sociales pueden ser más o menos acentuadas. Por eso, el flirteo en los

seres humanos es plástico y no responde a patrones rígidos. Aunque ello no significa que los varones no tengan sus

técnicas. Diversas investigaciones han permitido establecer que ellos hacen movimientos que muchos etólogos

considerarían como una conducta dominante: por ejemplo, dar vueltas alrededor de una mujer o hacer alarde de su

musculatura.

También se arquean y sus movimientos son más exagerados. Otras de sus actitudes pueden ser sumisas, como bajar la cabeza a un nivel más bajo que el de la mujer y mirarla hacia arriba.

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El objetivo de los animales, en general, es asegurar la descendencia y mejorar la eficacia biológica, es decir, encontrar una pareja fértil, genéticamente especial y lo suficientemente saludable para garantizar la supervivencia de la especie. Sin embargo, en mujeres y hombres el

razonamiento y la conciencia hacen que, a diferencia del resto de los animales, éstos no sólo manifiesten la

necesidad de cortejar para encontrar la pareja adecuada, sino también como un método de reivindicación personal frente al sexo opuesto.

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